Dos mujeres y un cadaver egregio

Por 13 agosto, 2016 Etiquetas: , , Comentar (5 Comentarios)

La Edad Media tiene para muchos unas connotaciones de oscuridad, barbarie y decadencia cultural, pero en verdad, el Imperio Romano solo cayó en occidente. El que se trasladó a oriente era un ejemplo de ilustración y permitió conservar y transmitir el gusto por la arquitectura, el derecho, la pintura o la literatura. Cuando la mayoría de capitales europeas eran pueblos inmundos y pestilentes, cubiertos de lodazales, con habitantes totalmente analfabetos, había una ciudad en oriente rica en oro y obras de arte, maravilla y admiración de todos los que la conocían y codicia de aquellos que nunca la habían visto; Constantinopla.

Este trozo de la historia europea, que leíamos de pasada y de forma sesgada en los libros de texto, es casi un desconocido para los alumnos de esta parte del Mediterráneo, sin embargo representa una época de lo más fructífera para la ciencia y el conocimiento. Tampoco nos enseñaban que la caída del Imperio Bizantino fue en parte propiciada por la avaricia y avidez de un occidente barbarizado y codicioso.

Hay una obra muy interesante escrita en 1148 por Anna Comneno, hija del emperador Alexis Comneno, en la que recoge el periodo de reinado de su padre: La Alexiada. Yo solo he leído trocitos, pues está escrita en un griego arcaico y rimbombante difícil de digerir. Aunque dicen que su visión es un poco parcial y solo dirigida a exaltar las hazañas del padre, tiene el interés de la narración desde el punto de vista de una bizantina y su descripción de cómo se desarrolló la primera cruzada; la manera en que aquellos portadores de la cruz se desparramaron por el continente en busca del infiel, con la idea de recuperar Jerusalén, pero con la mirada puesta en Bizancio y sus tesoros deslumbrantes.

Anna Comneno nació y creció entre la púrpura y recibió una educación exquisita. De niña leía la Odisea a escondidas de sus padres que consideraban perniciosas las obras de esa época politeísta. Pero en su madurez, Anna recitaba a Homero o la Biblia de memoria. Se convirtió en una mujer culta y refinada que intentó manejar las riendas del poder, camuflada bajo el manto de su marido, como es de esperar para la época, incluso conspirando contra su propio hermano; por ello acabó sus días en un convento donde tuvo el tiempo suficiente como para escribir la extensa obra.

Pero haciendo zoom sobe los detalles de la historia, me gustaría centrarme en un hecho concreto que me interesa: la historia del Conde Guiscardo y sus peripecias en tierra Helena; más adelante veréis porque me concierne.

El Conde Roberto Guiscardo era un caballero normando (nor-man-do; hombres venidos del norte) descrito por Anna como duro, astuto, ávido de riquezas y gloria, determinado, cruel y con una ambición desmedida. Reinaba sobre Sicilia, Regio, la Puglia, pero sus ansias de poder no tenían límites y con la disculpa de perseguir infieles se dedicó a conquistar territorios griegos. Dicen del conde que era un bruto iletrado que se casó con la bien educada y también ambiciosa Sichelgaita. Su mujer frecuentemente le acompañaba en sus conquistas e incluso comandaba tropas por derecho propio. Aunque al principio intentó persuadir a su marido de no atacar al imperio bizantino, acabó metida de lleno en su campaña contra ellos. Según Anna Comneno era la viva reencarnación de la feroz Palas Atenea y hasta le dedicó un pasaje de la Iliada.

Llegaba el conde escaldado de sus escaramuzas en golfo Anvrákiko, donde había perdido varias batallas contra las tropas imperiales y venecianas, cuando decidió reunirse con la armada de su hijo que había sitiado Cefalónia; la capital de la isla era ese tiempo una pequeña fortaleza en lo alto del monte. Pero la obstinación de Roberto era imparable pues le habían vaticinado los aduladores adivinos grandes triunfos y que solamente moriría una vez hubiera llegado a Jerusalén; se sabía invencible. Detuvo sus naves en la costa oeste de Cefalonia esperando la llegada de la otra flota, acompañado de su guerrera esposa, cuando se sintió indispuesto. Comenzó a subir la fiebre y a sufrir deshidratación y clamó a sus hombres que le trajeran agua fresca. La nave fondeó en el golfo de Atheras y los marineros salieron despavoridos en busca de manantiales, con poco éxito, pero desde tierra se oían los bramidos de su señor que no daba opción a abandonar.

Cuenta Anna que dieron con un lugareño que les dijo dos cosas:

-Esos montes que veis son la patria de Ulises. Un poco más allá hubo una gran ciudad que se llamaba Santa Jerusalén, hoy desaparecida, donde hay un pozo con agua.

En cuanto a la primera premisa me parece poco creíble que si el paisano les hubiera hecho referencia a la Odisea ellos lo hubieran recordado más allá de 10 minutos para que llegara a oídos de Anna Comeno, teniendo en cuenta que la marinería era entonces totalmente analfabeta.

En cuanto a la segunda, es también extravagante que una ciudad así de grande hubiera desaparecido sin dejar rastro. Sí, es verdad que en la costa occidental de la isla hay una pequeña playa con un muelle donde iban a cargar uva los caiques para fabricar vino que se llama Agia Ierusalim (Santa Jerusalén). En esa playa hay una pequeña iglesia católica y un pozo. El caso es que cuando Guiscardo oyó hablar de Jerusalén pensó que la profecía se había cumplido, se aterrorizó y sucumbió a la fiebre; agonizó para morir a los 6 días.

Iglesia católica de Agia Ierusalim

Dicen las malas lenguas que no murió de tifus ni de disentería como cuenta la historia, sino de los venenos de su mujer, Sichelgaita, persona ilustrada y conocedora del uso de plantas medicinales. Y puestos a elucubrar ¿No sería ella la que se inventó lo de la Santa Jerusalén cercana para que le diera un rápido patatús y luego mandó construir la iglesia? Bueno, qué más da, la verdad se esconde en los profundos pozos de la historia y sus autores ya nunca van a hablar.

Pero vamos al grano y así desvelo porqué me ha interesado esta historia. El cadáver de Guiscardo debía ser devuelto a su tierra rápidamente, pero antes debían pertrechar las naves para el viaje. Como la costa occidental de Cefalónia es algo peligrosa y con pocos refugios, le dieron la vuelta al cabo norte y entraron en Panormos, un pequeño puerto natural. Y la gracia de la lengua hizo que el puerto donde entró el féretro de Guiscardo fuera tomando y dejando letras y acabara convertido en Fiskardo, uno de los pueblos más visitados del mar Jónico donde hay que ir para dejarse ver y vestirse como dios manda.

En Fiskardo hay, según entras por el mar, un cementerio romano descubierto recientemente con preciosos sarcófagos. Deberían haberlo sepultado aquí para que todos pudieran visitar la tumba de tan famoso personaje. El problema es que la mitad del cementerio está ocupada por una taberna a cuyo dueño le habrá hecho poca gracia el hallazgo, pues ya no puede ampliar y volverse de oro. Y a los pobres fantasmas romanos, pues tampoco. Eso de penar eternamente oyendo sirtakis y chunda-chunda es una verdadera maldición.

Miles de turistas van y vienen cada día a Fiskardo sin saber nada de la historia del extraño nombre del lugar, que no suena a griego ni a nada. Como tampoco sabían nada los marineros de Guiscardo cuando les hablaron de la Odisea. El tiempo va dejando pátinas de olvido sobre la realidad y así, solo así, da lugar a los cuentos primero y a las fábulas más tarde. Eso está bien.

Μουσική-Μανος Χατζιδάκις
Στίχοι-Νίκος Γκάτσος

Στα Κακοτράχαλα τα βουνά,
με το σουραύλι και το ζουρνά.
Πάνω στην πέτρα την αγιασμένη,
χορεύουν τώρα τρεις αντρειωμένοι.
Ο Νικηφόρος και ο Διγενής
και ο γιος της Άννας της Κομνηνής.

Δική τους είναι,μια φλούδα γης,
μα εσύ Χριστέ μου,τους ευλογείς,
για να γλιτώσουν αυτή τη φλούδα,
απ’το τσακάλι και την αρκούδα.
Δες πως χορεύει ο Νικηταράς,
και αηδόνι γίνεται ο ταμπουράς.

Από την Ήπεορο ως το Μωριά,
και απ’το σκοτάδι στη λευτεριά,
το πανηγύρι κρατάει χρόνια,
στα μαρμαρένια του χάρου αλώνια.
Κριτής και αφέντης,είναι ο Θεός
και δραγουμάνος του ο λαός.

Música: Manos Hatzidakis
Letra: Nikos Gatsos

En las escarpadas montañas
Con la flauta y el clarinete
sobre la piedra bendita
bailan ahora tres valientes
Nikiforos, Digenís
Y el hijo de Anna Comnena

Suya es la corteza terrestre
pero tú, Cristo mío, los bendices,
para que protejan esta corteza
del chacal y del oso
Mira como baila Nikitarás
y el tambor se transforma en ruiseñor.

Desde el Epiro hasta Moréa
y desde la oscuridad hasta la libertad
la fiesta dura años,
en los marmóreos campos de la muerte.
Juez y dueño es el Señor
y el intérprete suyo el pueblo.

Mis agradecimientos, como otras  tantas veces a mi amigo Rodi que siempre me da pistas y que me regaló el libro de Gerásimos Likoudis  “la Alexiada, Roberto Guiscardo y la Itaka homérica” y me llegó al corazón. Espero haber sido merecedora de tales honores.

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Golondrinas, mosquitos y avispas

Por 6 agosto, 2016 Etiquetas: , , Comentar (11 Comentarios)

Este ha sido un año de golondrinas. Anidan en los porches sombreados de las casas y hasta en los hoteles y restaurantes, abrigadas por la permisividad de sus dueños. Todos los tejados están repletos de sus nidos de barro donde los pollos berrean con los picos abiertos de par en par mientras sus progenitores se afanan en interminables viajes trayendo sustento. Este ha sido un año de pocos mosquitos. Pero sin embargo las playas están plagadas de avispas. Es el sutil equilibrio de la naturaleza, cualquier ínfima variación da al traste con la armonía pasada hasta que se crea una nueva y estable.

golondrinas

Encontré un cabo entre las rocas. Estaba nuevo y ordenado, adujado por unas manos cuidadosas. Era un primor, trenzado, con vetas amarillas y unos 5 metros de largo ¿Quién lo habría dejado allí? No alguien que debió de salir con prisas en una noche tormentosa, más bien una segunda persona que como yo, lo vio, se enterneció y lo dejo esperando que su dueño volviera a por él.

Solo un armador de barco comprende el fetichismo y la superstición que provocan estas amarras halladas por azar. ¡Justo lo que necesitaba! Yo nunca lo hubiera comprado en una tienda, pero ahora, ante mí, descansando sobre la piedra, sus cordones ambarinos invitaban a confeccionar bozas, andariveles, barriletes, desenganchar fondeos cruzados y hasta amarras de la auxiliar. Era el cabo soñado. Lo cogí prestado y me entretuve en hacer todo tipo de estupideces con él, dispuesta a llevarme al final y para siempre ese talismán de la buena suerte conmigo. Pero cuando ya lo había guardado en el tambucho me acordé de una historia sucedida la semana anterior: un amigo dejó olvidadas sus aletas frente al barco. Eran sus aletas de toda la vida, de las de goma negra con solera, de las que habían pataleado con él por diversos mares y en en diversas épocas; se quedó desconsolado pensando en quien se las encontraría y si serían felices con su maldito nuevo dueño que con un poco de suerte quizás le parta un rayo. Cuál fue su sorpresa cuando al volver, tras una semana de navegación, las aletas seguían en el mismo sitio, cruzadas de brazos y preguntándose porque las habían abandonado. Nos entró un ataque de risa y una inmensa felicidad. Nunca, por muchas veces que me ocurran anécdotas parecidas, acaba de sorprenderme la luminosa existencia de este país, aunque le aceche la oscura miseria. Acto seguido me aterrorizo de que la llegada de un turismo masivo pueda desvirtuar este trozo de arcadia feliz. Pensando en esto, volví a dejar el cabo en su sitio con la esperanza de que su dueño, o cualquier otro, tuvieran la misma revelación.

Unos días después me llamó un amigo desolado; había recogido su motor fueraborda del mecánico y le habían entregado un derrelicto viejo y costroso, en nada parecido a su flamante máquina casi nueva. El mecánico, también sorprendido, nos dijo que se lo había adjudicado por error a otro español que también le había dejado el motor; este sí, dueño del desecho arañado y deslucido que mi amigo sostenía entre las manos. Se había llevado el nuevo sin rechistar. Logramos encontrar su teléfono y lo localizamos en la isla de al lado. ¡Vaya! No se había percatado del cambio del motor.

– Es que estos griegos son una calamidad. La culpa es del mecánico que se equivocó y yo no me di cuenta hasta hoy.

El mecánico esbozó una sonrisa socarrona mientras acariciaba a sus gatos. Tenía unos 20 y se solazaban entre bielas y bujías como en un paraíso felino.

-Si tengo gatos no vienen los ratones.

Me entró mucha rabia porque el sujeto en cuestión era uno de esos que nos habían perseguido hasta el catre con mensajes y ruegos para que le buscara sitio en el varadero donde yo dejo el barco y que al estar lleno necesita de recomendación. Cuando lo consiguió, si te he visto no me acuerdo, como otras tantas veces.

Me entró mucha vergüenza por el posible menoscabo de la simpatía que hacia los españoles tienen en este país hasta el momento y por el temor a que nos pudieran meter en el saco común de navegantes avidos por lo ajeno, como nosotros hicimos en España cuando aparecían los primeros capitanes franceses e italianos, algunos de cuyos representates arramplaban con defensas, mangueras o lo que se terciase y pronto toda su comunidad quedó estigmatizada con el tufo de la inseguridad; supongo que muchos se avergonzaron como yo. Y me apené porque ya hubieran empezado a aparecer por aquí algunos pizarros tontorrones con sus cuentas de colores. Los que no tienen paladar para apreciar sutileza alguna y luego, en privado, hablan y critican soberbios. Los que rompen el equilibrio.

Fue un consuelo el ir y venir de las golondrinas. Se habían colocado en línea sobre el pasamanos del barco y cotorreaban agudas y complacidas dejando la cubierta perdida de porquerías moradas, originarias de un cerezo cercano. Al final, lo importante es lo que uno vive y si todo se acababa corrompiendo, como es natural en nuestra especie, lo que tiene valor es el recuerdo de las aguas que nos dejaron una hermosa placidez entre los dedos.

Έλα εδώ κοντά
να σου δώσω ένα φιλάκι
έλα μη μου κλαις
άσπρο μου χελιδονάκι

Ο Θεός να μας φυλάει
από μάτι που κοιτάει πονηρά
Ο Θεός να μας σκεπάζει
όταν η ψυχή τρομάζει την χαρά
Πες μου, τι σε πολεμάει;

Γέλασε ξανά
κρυσταλλένιο μου αγγελούδι
η άνοιξη να `ρθει
να φωτίσει το τραγούδι

Μέλισσες και πεταλούδες
να στολίζουν τις φτερούγες που φοράς
και τα σύννεφα ν’ ανοίξουν
τον Θεούλη να σου δείξουν, να μιλάς
Να σταθώ κι εγώ στο πλάι

Με τραγούδια και ζαφείρια
θα σου κάνω τα χατίρια
Μην πονάς
θα σου στείλω εγώ δελφίνια
απ’ την Πάφο ως την Κερύνεια να γυρνάς
όλες του νησιού τις χάρες να φοράς
χελιδόνι, τη ζωή να τραγουδάς

Acercate
para que te de un besito
Venga, no llores
blanca golondrina mía.

Dios nos guarda
De los ojos que nos miran con maldad
Dios nos protege
Cuando el espíritu espanta a la dicha
Dime ¿Quién te aterroriza?

Vuelve a reír
Angel mío cristalino
Que la primavera viene
Para iluminar la canción.

Abejas y mariposas
Adornan las alas que llevas
Y las nubes se abran
Para mostrarte a dios, para que hables
Me quedaré esperando en la orilla.

Con canciones y zafiros
Satisfaceré tus caprichos
No sufras
Te enviaré delfines
Desde Pafos a Kerinia para que vuelvas
y lleves todas las alegrías de la isla
Golondrina, canta a la vida.

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Los Mangas de Meganisi

Por 26 julio, 2016 Etiquetas: , , Comentar (8 Comentarios)

El fenómeno del turismo es uno de los más curiosos de la humanidad. Seguro que dentro de muchos siglos algún extraterrestre llegará a la tierra y encontrara un vasto y enorme archivo de material donde indagar en nuestra civilización. No sé qué pensará de los trillones de instantáneas de raros especímenes sonrientes con mares y precipicios detrás ni de los muy interesante yacimientos de palos metálicos telescópicos cercanos a las cataratas de Iguazú, las pirámides de Egipto o las islas Seychelles. Así como los enigmáticos jeroglíficos con el dibujo del Tripadvisor; bueno eso ellos no lo adivinarán y se devanaran los sesos intentando descifrarlo, porque yo tampoco lo entiendo.

Todos hemos hecho el turiston alguna vez. Yo misma me recuerdo subida en un autobús en el parque del Timanfaya, Lanzarote, donde ponían música de volcanes en erupción y acababan el trayecto frente a un asador de pollos a la fumarola. Fue esa vez cuando decidí que prefiero no ver las cosas a verlas de esa forma tan estabulada, porque al fin y al cabo ¿Qué me importaba a mí el antiguo volcán y qué hacía yo allí, con los pelos de punta, la piel de gallina y las gafas de sol puestas para camuflarme?

El turista es una presa fácil: no conoce el país, no conoce el idioma y lo único que desea es hacerse fotografías para mostrárselas a los amigos; el “yo estuve aquí”; así que no es improbable que acabe comprando alfombras persas made in china y oyendo o bailando bailes prefabricados para la ocasión que nada tienen que ver con el folclore local.

Hay una taberna en Meganisi donde durante la cena ponen música; siempre la misma; para amenizar a las flotillas de barcos que pasan la noche. Me sé de memoria la selección: primero El “Sirtaki”, el” Frankosiriani” y luego “Supe que eres un mangas”. Después ya se desparraman con los Bee Gees, Abba y por último la Macarena. El dueño les baila un poco, les enseña cuatro pasos y luego una especie de baile por parejas que se asemeja mucho a un, yo diría que…un rock and roll lento. Ellos lo aprenden con esmero ¡No se darán cuenta que les están tomando el pelo!

-Pero eso que enseñas es un chiste. Tu sí que eres un mangas—Le digo yo al dueño cuando no hay actuación. Tengo que apostillar que los mangas eran los personajes chulos y descarados de la rebétika.

-Y ¡qué más da! ¿Ellos se lo pasan bien o no? Además tengo piedras en el riñón y ya no puedo dar los brincos de antes.

En Meganisi hay otro reclamo turístico famoso que todos los días atrae a cientos de barcos y visitantes: La cueva de Papanikolis. Es una cueva accesible por mar donde las barcas meten sus proas entre el tumulto de neumáticas, surfistas, motos y nadadores arriesgados. Las colas en el puerto por las mañanas para embarcarse y visitar la famosa cueva son escalofriantes. Todos guardan su turno armados con sus palos selfie, como guerreros hoplitas.

Papanikolis fue un submarino griego heroico y famoso de la segunda guerra mundial. Forjo su leyenda por el arrojo de sus marineros; creo que este año murió el último tripulante con más de 100 años; y por haber hundido a un convoy italiano a pesar de la precariedad de sus medios. De hecho no podía mantenerse sumergido más de 10 horas y necesitaba emerger frecuentemente para renovar el aire. El puente del submarino se conserva en el museo del Pireo y el nombre de Papanikolis todavía hoy se utiliza para denominar unos modernos submarinos de fabricación germana que Grecia encargó en medio de la actual crisis con el anterior gobierno ¡Qué cosas!

Παπανικολις
Una de las hazañas del Papanikolis fue el esconderse en una cueva en las aguas del Jónico, rozando el límite de sus resistencia. Esta cueva se encuentra a bastante profundidad al sur de Lefkada, en un sitio que los locales llaman “aguas negras”. Pero los antiguos pescadores reconvertidos en capitanes de barcas turísticas decidieron que mejor metían al Papanikolis en Meganisi y así todos se hacían la foto con el telón de sus aguas azules.

 

Meganisi cueva

Yo siempre pensé que había gato encerrado pues la cueva no tiene suficiente tamaño como para albergar un submarino con puente y todo. Y aún si lo hubieran metido con calzador, la limpidez de sus aguas hubiera hecho imposible el pasar desapercibido; se vería una mancha oscura en un fondo turquesa. Así que un día se lo pregunte a un antiguo marino amigo mío. Todavía se está riendo. Me dijo: pásate por el museo naval del Pireo y dime si eso cabe en la cueva. Se lo inventó un dia el capitán de un caique y ahora todos se lo creen.


Pues lo que decía, que los futuros visitantes de la tierra verán las tropecientas fotos de la cuevecita de Meganisi con diferentes rostros humanos y fliparan.

Έμαθα πως είσαι μάγκας
είσαι και μερακλής
πως γυρίζεις στις ταβέρνες
είσαι και μπελαλής

Τουρνέ και τούρνε
τουρνενέ
πες το βρε μάγκα
βρε μάγκα μου το ναι

Έμαθα πως παίζεις ζάρια
στις λέσχες πως γυρνάς
και στο σπίτι σου τα βράδια
ποτέ σου δεν πατάς

Τουρνέ και τούρνε…

Supe que eres un mangas
Que te gusta la buena vida
Que frecuentas las tabernas
Y te gustan las peleas.

Gira y gira
Gira
dilo, manga
Dime que sí.

Supe que juegas a los dados
Que frecuentas los clubs
Y que en tu casa por las noches
Nunca pisas.

Gira y gira…

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Cartas y tarjetas

Por 6 julio, 2016 Etiquetas: , , Comentar (6 Comentarios)

Todos los días se aprenden cosas nuevas. Me ha quedado patente que es más importante saberte el número de teléfono de tu cartero que el de la tarjeta de crédito.

Grecia no es canción del verano este año, la liquidez de los tiempos ha hecho que se olviden las tonadillas del último estío. Pero las cosas siguen igual o peor. La subida del IVA ha disparado los precios ya estratosféricos y las pensiones y sueldos se han reducido a la mitad. Encima seguimos con el “corralito”, aunque ya nadie hable de él y tan solo se puede sacar del cajero 400 € a la semana; eso hoy en día no da para mucho. Nadie quiere oír hablar de transferencias ni tarjetas, porque el dinero se queda en el banco, hacienda sospecha que tienes muchos ingresos y te quita la mitad más otra mitad para el año siguiente. Así que ha florecido una microeconomía paralela en el que muchos andan a lo John Wayne, con los bolsillos abultados de billetes y otros a lo Chaplin, intentando cocinar un zapato. Cuando vas a pagar cualquier cosa y sacas la VISA te miran como si fuera un cromo del anticristo y prefieren fiarte y decirte que ya lo pagaras otro día; cuando consigas reunir la cantidad a base de pequeños ahorrillos de los 400 € semanales. Se inicia así un ciclo de deudas aplazadas que se pueden ir endosando a terceros. Si tú le debes a Nikos y este a su vez tiene una deuda con Sotiris, pues le pagas a este último tú mismo y todos tan felices. Bueno, esto no es verdad a todos los niveles; también hay grandes empresas con cuentas en el extranjero y algunas del norte del país, más afortunadas, desplazadas a Bulgaria para pagar mucho menos. Así que los búlgaros están que lo tiran y vienen a Grecia cargados de billetes para comprárselo, comérselo y bebérselo todo. ¿Serán los próximos en explotar? Bueno, así es este sistema que inventamos: una huida desbocada hacia adelante sin ninguna pizca de conmiseración ni de intención de arreglar nada, solo de seguir cuesta abajo hacia el abismo.

Pero lo que realmente me ocupa hoy no es esto sino una historia de un paquete y sus peripecias para llegar hasta mí, una aventura cargada de prejuicios, modernidades, berrinches y métodos tradicionales.

Como ya va siendo una maldición habitual en mí, este verano volvía a tener problemas con el móvil; con otra compañía diferente a la del año pasado, pero en el fondo todas son iguales. Le pedí a una amiga que me mandara un duplicado de mi SIM. El tema era peliagudo, ya que cuando emiten un duplicado te anulan la vieja y te quedas sin teléfono, y para mí, en estos momentos y por motivos de trabajo era fatal. El método más económico era enviarlo por correo exprés, pero me dio repelús, pensando sobre todo en la parte griega del trasiego y sus frecuentes huelgas, así que decidí gastarme el dinero y enviarlo por SEUR, empresa líder de paquetería y mensajería en España. Una pasta, pero con la promesa de que llegaría a su destino en 3 días. Como toda empresa moderna, SEUR tiene una aplicación donde puedes ver el estado de tu envío en cada momento: Mira, está en Madrid. Mira, está en el avión. Mira ha llegado a Grecia ¡Cielos está en Salónica! ¿Y qué hace allí? Aparecía en la pantalla una señal de admiración indicando algún problema y una sutil sugerencia de que te pusieras en contacto con ellos, a través de un 902, of course, al que es imposible llamar desde fuera de España.

Realmente me fascinan las teleoperadoras de los 902, bragadas en todo tipo de técnicas orientales de meditación y control de impulsos y emociones. Muy amablemente pasó mi queja al departamento correspondiente.
Pasaban los días, ya fuera de plazo, y yo seguía atenta a la pantalla de la aplicación. Una mañana desapareció la señal de alarma ¡Bien! Pero enseguida leí que el paquete había sido entregado en Salónica, a 500 km de su destino ¿Quién sería el afortunado que se quedó con mi número de teléfono? Esta vez la dulce señorita aguanto todo tipo de improperios sin soltar una interjección. Y no tardé en descubrir que había hasta páginas en internet de afectados por SEUR donde dejaban a la gente con casos similares al mío desgañitarse y berrear como método terapéutico.

Pedí un nuevo duplicado de SIM y esta vez lo mandaron por Correos. El seguimiento del envío tanto en la página de Correos España como de ΕΛΤΑ en Grecia eran impecables, te decían hasta la hora en que lo cargaban en el camión. Cuando por fin llegó a Lefkada yo andaba tan impaciente que me fui directamente a la oficina de correos para asegurarme de que había llegado y saber cuándo lo entregarían.

-¿Cómo se llama tu cartero?
-¿Mi qué?
-Vale, dime en que pueblo vives.
-Evgiros.
-Estupendo. Se llama Giorgos y apunta su número de teléfono.
-¿Le llamo?
-Pues claro.

Un poco cortada y esperando un desplante llamé al tal Giorgos, en adelante “mi cartero”, que naturalmente me dio pelos y señales de mi paquete y concertó fecha y hora para entregármelo en mano. Y así fue, puntual como un reloj llegó con su moto al pueblo y todos le saludaron. Apunte su número de teléfono en todo tipo de agendas y recordatorios, porque hoy por hoy me es mucho más útil que el PIN de mi tarjeta de crédito.

-Siempre que esperes un envío, me llamas. Yo te traigo cualquier tipo de paquete. Bueno, si es muy grande y no me cabe en la moto te indicaré que pases por la oficina.

Perro moto

Me ha venido a la cabeza esta deliciosa música de una película entrañable; de un tiempo en que los carteros eran indispensables. Parece que an algunas partes del mundo sigue siendo así.

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