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en busca del hades

Buscando el Hades

Por 3 octubre, 2014 Etiquetas: , , Comentar (12 Comentarios)
Hay cosas que no existen a menos que te pongas a buscarlas. Indagar sobre asuntos increíbles puede convertirse en un galimatías. Por ejemplo si buscas la entrada al Hades comprobarás que hay diversos lugares de Grecia que reclaman su paternidad. La falta de datos concretos de los historiadores sobre la geolocalización del ingreso a los infiernos griegos hace que todo se complique mucho. Ya sé que parece que hablo de broma pero es totalmente en serio, no es nada fácil situar la puerta de la morada del dios Hades y su esposa Perséfone. Solamente en el Jónico hay dos desembocaduras de rio que responden a la descripción que da Homero, por boca de Circe cuando quiere indicar a Odiseo como descender al inframundo:

El soplo de Bóreas la llevará, y cuando hayas atravesado el Océano y llegues a las planas riberas y al bosque de Perséfone esbeltos álamos negros y estériles cañaverales , amarra la nave allí mismo, sobre el Océano de profundas corrientes, y dirígete a la espaciosa morada de Hades. Hay un lugar donde desembocan en el Aqueronte…

Yo estuve en las dos, pero nada vi sobre la laguna Estígia. Pero resulta que en  el  Peloponeso, en el Ténaros hay otro posible ingreso a los infiernos. Si mal no recuerdo Heracles, Hércules, bajó por aquí para vérselas con el perro de tres cabezas, el cancerbero, en uno de sus famosos trabajos expiatorios. Nada más lejos de la descripción homérica pues aquí no hay álamos, ni otros árboles, ni mucho menos desembocaduras ni cañaverales. Pero sí un océano de profundas corrientes, porque es frente a este cabo meridional donde el mediterráneo llega a sus máximas profundidades, casi 5000 metros. No sé si los clásicos barajaban este dato para elegir la antesala del más allá, pero, la verdad es que cada día me sorprendo más de las cosas que conocían y perdimos con la bruma de la historia.

Yo venía  releyendo a Patrick L. Fermor, en su libro “Viajes por el sur del Peloponeso”; narración obligatoria si quieres viajar por la zona y entenderla. El también, atraído por el mito, se embarcó en un caique para buscar la improbable entrada, cerca ya del faro del Ténaros. Creo que llegamos a descubrir la cueva de la que hablaba y donde se sumergió, pero tampoco dejaba muy claro que hubiera encontrado nada especial. La verdad es que resultaba difícil dejar el barco solo en un fondeo precario para adentrarse buceando en el abismo sin retorno. Un barco te transporta pero también tiene su servidumbre y sus cuidados; no se merece que bajes la guardia por mucho infierno que busques. Nos quedamos con las ganas.

Unas millas más al norte, en la bahía de Diros, hay unas cuevas muy famosas que, como no,  aspiran a ser las puertas del Hades. Se trata de un conjunto de galerías, cuyo acceso está situado un poco por encima del nivel del mar, pero que en algunos puntos pueden llegar hasta 71 metros bajo la superficie; miden aproximadamente 14 kilómetros de largo y el agua dentro no es salada pero sí de una dureza especial que ha producido la creación de pasadizos interminables adornados con estalactitas y estalagmitas de gran belleza. Las cuevas se conocían desde principios de siglo pasado pero no se empezaron a explorar hasta los años 60. Los primeros aventureros se quedaron sorprendidos de encontrar esqueletos fosilizados de muchos animales extinguidos en el continente europeo; hipopótamos, linces, leones y hasta restos de asentamientos neolíticos. Las cuevas se abrieron al público y hoy en día representan un atractivo turístico para la deprimida zona del Máni. Se accede a ellas por carretera o por mar, fondeando en las cristalinas aguas de la bahía, aunque muy abierta a los vientos dominantes de la zona.

No me entusiasman los sitios donde llegan los autocares, en caravana, y se bajan los turistas, en fila, y te reparten folletos y te estabulan y te sientan en una barca y te dan un chaleco salvavidas y te explican, pero… ¿No había que buscar la bajada a los infiernos? Así que hicimos de tripas corazón y nos encaminamos al posible fuego eterno.

Por un lado tuvimos suerte pues no había nadie ese día, por otro no, pues el nivel del agua había subido; dijeron; y el recorrido por las cuevas quedaba reducido a la mitad; explicación suficiente para que no hubiera nadie. Consideramos la posibilidad de abandonar, aunque era ahora o nunca; no creo que hubiera otra ocasión para obnubilarnos tanto y volver a un sitio así. Nos sentamos en un banco, nos pusieron el chaleco y esperamos. Como no vino nadie más pudimos bajar los dos solos por las escaleras que conducen al pequeño embarcadero donde unas 8 chalupas con banquitos esperaban la llegada de clientes.

Los carteles constantemente advertían de la prohibición de utilizar cámaras o de tocar las paredes de la cueva para no malograr las estalactitas. Lo de las fotos no lo entendía bien pues las cuevas se encuentran iluminadas, con luces de colores, para realzar más el efecto de las formaciones milenarias; pero me lo aclararon en seguida. Nada más sentarnos en la barca, juntos, en crujía y con el chaleco puesto ¡ay señor! emergió un fotógrafo desde las profundidades del Averno  y nos soltó un flash que nos dejó noqueados y viendo estrellitas luminosas.

Subió el barquero como un exabrupto que hizo tambalear la barca, transmitiéndoles el impulso a sus vecinas y quedando todas bailando una danza maldita. Comenzó a recitar a voz en cuello un texto aprendido de memoria sin puntos ni entonaciones pero lleno de cifras, fechas, hipopótamos, nombres y distancias. Nosotros veíamos pasar hermosas galerías a nuestro costado que nunca visitaríamos, pues él seguía en línea recta y voceando, pegando unos tremendos empellones a las bellas estalactitas y estalagmitas para dirigir la barca. Estuve segura de que por fin habíamos llegado al Tártaro y el barquero, el mismísimo Caronte nos torturaba ya desde el inicio del viaje; le hubiera metido un trapo en la boca para que dejara de enumerar nuestros pecados.

Tras recorrer unos 200 metros escasos nos desembarcó en la otra orilla para que saliéramos por nuestro pie a través de corredores que ascendían a la superficie; creo que fue lo mejor de la visita, cuando se alejaba en silencio.

A la salida y como era de esperar, nuestra foto colgaba expuesta para que la adquiriéramos; impresa sobre un folio corriente y con la tinta borrosa de una impresora en mal estado. Pero se alcanzaba a ver la mueca gorgónea que posé para el fotógrafo.

Intentaba encontrar una canción alegre para esta entrada pero me tropecé con Hatzidakis, mi debilidad, y este poema de Nikos Gkatsos. No habla concretamente del Hades pero sí del mito de la resurrección de Perséfone cada primavera para pasar un tiempo con su madre Demeter, diosa de los cereales y los frutos. La vuelta a la vida de la hija alegraba a la madre que permitía una abundante cosecha para el verano y se celebraba en Eleusis con especial devoción mediante el rito iniciático de los “misterios de Eleusis”. Hoy Eleusis, convertida casi en un arrabal de Atenas, carga con los deshechos de la gran ciudad y su silueta queda oculta entre grandes astilleros, refinerías, llamaradas y petroleros fondeados frente a su costa.



Ο εφιάλτης της Περσεφόνης 

Τάνια Τσανακλίδου
Στίχοι: Νίκος Γκάτσος
Μουσική: Μάνος Χατζιδάκις

Εκεί που φύτρωνε φλισκούνι κι άγρια μέντα
κι έβγαζε η γη το πρώτο της κυκλάμινο
τώρα χωριάτες παζαρεύουν τα τσιμέντα
και τα πουλιά πέφτουν νεκρά στην υψικάμινο.

Κοιμήσου Περσεφόνη
στην αγκαλιά της γης
στου κόσμου το μπαλκόνι
ποτέ μην ξαναβγείς.

Εκεί που σμίγανε τα χέρια τους οι μύστες
ευλαβικά πριν μπουν στο θυσιαστήριο
τώρα πετάνε αποτσίγαρα οι τουρίστες
και το καινούργιο πάν να δουν διυλιστήριο.

Κοιμήσου Περσεφόνη…

Εκεί που η θάλασσα γινόταν ευλογία
κι ήταν ευχή του κάμπου τα βελάσματα
τώρα καμιόνια κουβαλάν στα ναυπηγεία
άδεια κορμιά σιδερικά παιδιά κι ελάσματα.

Κοιμήσου Περσεφόνη…

La pesadilla de Perséfone

Canta: Tania Tsanaklidu
Música: Manos Hatzidakis
Letra: Nikos Gkatsos

Allí donde crecía el poleo y la menta fresca
Donde la tierra hacía brotar los ciclámenes
Ahora, campesinos negocian con cemento
Y los pájaros caen muertos sobre las altas chimeneas

Duerme Perséfone
En el abrazo de la tierra
Al balcón de este mundo
no salgas más

Allí donde juntaban las manos los iniciados
Reverentemente antes de entrar en el templo del sacrificio
Ahora tiran colillas los turistas
Y van a contemplar la nueva refinería.

Duerme Perséfone…

Allí donde el mar se bendecía
Y los balidos eran la enhorabuena de los prados
Ahora  camiones transportan a los astilleros
Cuerpos vacíos de niños de chatarra y chapa

Duerme Perséfone…

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Sopas con fundamento

Por 18 mayo, 2016 Etiquetas: , , , , Comentar (8 Comentarios)

Mafalda aborrecía la injusticia, la pobreza, las guerras y…la sopa. Yo la adoraba; a Mafalda y a la sopa.
Los niños suelen encontrar aburrido ese plato caldoso donde flotan estrellas, letras, fideos y mendrugos y desconocen que es una de las formas de cocinar más antiguas que existen, tampoco les importa. Nada más descubrir el fuego debió ser inmediato el poner agua a hervir con alimentos que le confirieran sabor y algo de consistencia a base de cereales. Desde ahí hasta llegar a nuestras reconfortantes sopas de ajo, minestrone o cebolla hay un interesante camino culinario plagado de anécdotas e historias. Y en esta riada de hervores y experimentos creo que el ingrediente estrella es la harina y su manipulación posterior en forma de panes y pastas. El descubrimiento de ese proceso tan mágico y complicado de la fermentación y subida de la masa para su posterior horneado es uno de los momentos estelares de nuestra evolución. Como ya dije en anterior ocasión, Homero discriminaba entre hombres civilizados o no por su costumbre de alimentarse con pan.

Envié a mis compañeros para que indagaran qué hombres eran de los que comen pan sobre la tierra. Odisea Canto X

trigo espigas

Los misterios de Eleusis, fueron durante más de un milenio un símbolo espiritual del renacimiento primaveral en Grecia que conmemoraba la vuelta de Perséfone al mundo de los vivos, para alegría de su madre, Demeter, diosa de los cultivos y los cereales, que hacía fructificar los campos. Como ya he hablado sobre ello y para no hacerlo largo, al que le interese que lo lea aquí. Se realizaba, durante las ceremonias, diversos ritos iniciáticos y ayunos que finalizaban con la comunión con “kykeón”, un caldo hecho con cereales, cebada principalmente, hierbas, queso y vino. Este sacramento producía el éxtasis y la revelación, posiblemente por las hierbas o la presencia de contaminación de la cebada por el cornezuelo del centeno que contiene alcaloides precursores del LSD.

Pero el Kykeon era ya un brebaje muy antiguo que se utilizaba con fines alimenticios y medicinales, citado por Homero en la Iliada XI 623-641

Hecamede acercó una mesa magnífica, de pies de acero, pulimentada… la mujer, que parecía una diosa, les preparó la bebida: echó vino de Pramnio, raspó queso de cabra con un rallo de bronce, espolvoreó la mezcla con blanca harina y los invitó a beber así que tuvo compuesto el potaje.

También, en la Odisea, canto X, Circe prepara una poción parecida cuando quiere hechizar a Ulises y sus hombres para que permanezcan en la isla.

Los introdujo, los hizo sentar en sillas y sillones, y en su presencia mezcló queso, harina y rubia miel con vino de Pramnio. Y echó en esta pócima brebajes maléficos para que se olvidaran por completo de su tierra patria.

Curiosamente, me comentaba Rodi, que este menjunje se parece mucho a la “Zupa” que ingerían por desayuno los abuelos en Cefalonia antes de tomar el camino del campo. Era pan duro tronchado de trigo o de cebada, mojado en aceite y vino fermentado en un botijo. Lo acompañaban de queso feta cortado en trozos o a veces rallado y espolvoreado por encima.

Pero si hay una sopa que intriga sobremanera a los historiadores es la del “caldo negro” μέλας ζωμός, espartano. Esta comida se tomaba durante la “sisitia” o asamblea del pueblo con el ejército y se la considera símbolo de la frugalidad de las costumbres espartanas. Para su elaboración se recogía la sangre de la matanza y se mezclaba con vinagre para impedir su coagulación. En una sartén se freía la carne con grasa de cerdo y se añadía agua y cebada dejándolo cocer largo rato. Se echaba al final la sangre.

No vale poner cara de asco, ya que en Galicia se cocina la Lamprea con su propia sangre y es un plato bien apreciado. Pero sí que algún chistoso dijo que entendía porqué los espartanos no tenían miedo y estaban dispuestos a morir.

Y ya que hablamos de gracias, he leído en algún sitio una anécdota, posiblemente trola, que hace pensar que la leyenda de los “leperos” que tantos chistes generan en nuestro país, tiene raíces muy antiguas; en la propia Esparta:
Invitaron a comer a un guerrero espartano en la orilla de la playa, degustando diversos frutos del mar, moluscos y erizos entre ellos. Al finalizar la comida el espartano manifestó que no estaba mal. Pero cual fue el estupor del anfitrión cuando constató que su invitado no había dejado ninguna cáscara. Se los había comido enteros.

Hoy repito una hermosa canción: la “Pesadilla de Perséfone”, escrita por Nikos Gatsos y con música de Hatzidakis. Ya la puse cantada por Tania Tsanaklidu, versión que me encanta, pero para no repetirme del todo hoy pongo esta otra que me ha parecido muy original.

Disfrutad y nos vemos en Grecia; no creo que pueda seguir con las recetas de momento; haremos un inciso y las retomaremos más tarde. A partir de ahora os contaré historias tan irreales como la pura realidad griega.

Εκεί που φύτρωνε φλισκούνι κι άγρια μέντα
κι έβγαζε η γη το πρώτο της κυκλάμινο
τώρα χωριάτες παζαρεύουν τα τσιμέντα
και τα πουλιά πέφτουν νεκρά στην υψικάμινο.

Κοιμήσου Περσεφόνη
στην αγκαλιά της γης
στου κόσμου το μπαλκόνι
ποτέ μην ξαναβγείς.

Εκεί που σμίγανε τα χέρια τους οι μύστες
ευλαβικά πριν μπουν στο θυσιαστήριο
τώρα πετάνε αποτσίγαρα οι τουρίστες
και το καινούργιο πάν να δουν διυλιστήριο.

Κοιμήσου Περσεφόνη…

Εκεί που η θάλασσα γινόταν ευλογία
κι ήταν ευχή του κάμπου τα βελάσματα
τώρα καμιόνια κουβαλάν στα ναυπηγεία
άδεια κορμιά σιδερικά παιδιά κι ελάσματα.

Κοιμήσου Περσεφόνη…

Allí donde crecía el poleo y la menta fresca
Donde la tierra hacía brotar los ciclámenes
Ahora, campesinos negocian con cemento
Y los pájaros caen muertos sobre las chimeneas

Duerme Perséfone
En el abrazo de la tierra
Al balcón de este mundo
no salgas más

Allí donde juntaban las manos los iniciados
Reverentemente antes de entrar en el templo
Ahora tiran colillas los turistas
Y van a contemplar la nueva refinería.

Duerme Perséfone…

Allí donde el mar se bendecía
Y los balidos eran la enhorabuena de los prados
Ahora camiones transportan a los astilleros
Cuerpos vacíos de niños de chatarra y chapa

Duerme Perséfone…

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De los trabajos y los mitos

Por 11 abril, 2013 Etiquetas: , , Comentar (12 Comentarios)
Dejamos, en la entrada anterior, a Psique enloquecida; sus hermanas la habían engañado y había perdido su dicha. Furiosa, culpable, burlada, traicionada, abandonada; utilizó todas sus artimañas para inducirlas a la muerte, una primero y otra después, desde la misma roca en la que fue ella rescatada por Zéfiro. Pero aquello no la alivió y corrió de un lado a otro, buscando desesperados rastros de su esposo. Supo, por un mensajero, que Afrodita había ofrecido recompensa para quien le informara de su paradero, por lo que sintiéndose acorralada decidió entregarse a la diosa.

Psique fue recibida por una de las criadas, Costumbre, quien insultándola, la llevó a la presencia de Afrodita. Esta la dejo al cargo de otras dos crueles sirvientas, Soledad y Tristeza, para que la torturaran y maltrataran a su antojo, aun sabiendo de su embarazo. Pero la implacable diosa, tenía una venganza preparada para ella que entretendría mucho más que un simple martirio a su orgullo y vanidad heridos: la ilusa esperanza de alcanzar la redención cumpliendo con una serie de trabajos imposibles.

– Si lo cumples… podrás volver con Eros.

A Psique se le encendieron los ojos y casi alcanzó a sonreír. Pero Afrodita, volviéndose con furia le arrojó a la cara un saco de semillas mezcladas.

– Antes del amanecer deberás clasificarlas y distribuirlas por tipos.

Psique, desesperada, ni siquiera se acercó al montón de granos; se deshizo en lágrimas que salían a borbotones de sus ojos, antes luminosos. Y las lágrimas formaron un charquito. Y una hormiga que por allí pasaba casi se ahoga. Y la hormiga miró hacia arriba. Y en vez de enfurecerse se compadeció y llamó al resto del hormiguero:

– Apiadémonos de esta hermosa muchacha, esposa de Eros, y salvémosla del peligro que corre.

Una tras otra se pusieron a la labor, y cuando el trabajo estuvo hecho, desaparecieron sin dejar rastro. Al la mañana siguiente apareció Afrodita, quien al ver la misión completada dijo:

– Ni tú ni tus manos hicieron este trabajo, sino aquel a quien sedujiste para tu desgracia y la suya.- Y se fue  después de arrojarle un trozo de pan.

A día siguiente, le encargó otro trabajo: debía traerle un vellón de lana dorada de unas ovejas que pastan en un bosque cercano. Hacia la arboleda se encaminó Psique, pero no con la intención de cumplir su misión, si no de arrojarse al río que lo atravesaba. Al llegar a la orilla del río, el viento sonó, flautín, en una caña quebrada y le silbó:

– No manches con tu desventurada muerte la claridad de mis aguas, ni tampoco se te ocurra acercarte a esas terribles ovejas, porque mientras reciben el calor del sol suelen ser poseídas por una fiera excitación y atacan a los hombres dándoles muerte. Cuando se haya atenuado la luz del mediodía y las ovejas estén relajadas, podrás recoger la lana dorada que se engancha en el follaje. – Y así actuó Psique, recolectando, casi sin luz, el dorado hilo.

Ni siquiera el peligro de esta segunda acción mereció el reconocimiento de la diosa, impertérrita, quien apenas vio llegar a Psique con el fardo, la mandó a su tercera tarea:

– Tráeme, estúpida, esta vasija de cristal llena con agua del manantial que alimenta las lagunas Estigias.

Para ello debía Psique subir una enorme montaña. Triste, tristísima, su consuelo era la posibilidad de la muerte en su cima y acabar así con su tormento. Pero la angustia de aquella alma inocente no pasó desapercibida; acudió a su lado el águila de Zeus, le quitó la jarra y la llenó con el agua solicitada. Completó Psique su tercera tarea aun sin quererlo.

Atroz e insaciable, la diosa urdió un cuarto trabajo imposible. Debes bajar al Hades y buscar a Perséfone para que deposite en esta caja el secreto de su hermosura, la que yo perdí cuando me arrebataste a mi hijo. Cuando completes este recado y me traigas el cofre lleno, te dejaré ir.

La pobre Psique se desgañitó y pidió clemencia a los pies de la diosa que impasible se dio la vuelta, brutal; mucho tiempo después, otra vez más insensible, haría lo mismo con la dulce Sapho.

Αθάνατη Αφροδίτη

Αθάνατη Αφροδίτη του Διός κόρη,
όλο παγίδες στήνεις της αγάπης.
Δέσποινα παρακαλώ,
μη να χαρείς, μη ρίχνεις άλλο βάρος
από καημούς και πίκρες στην ψυχή μου.
Δέσποινα παρακαλώ, 
μη να χαρείς.

Τι να ‘ναι πάλι τι
εκείνο που ποθεί η τρελή καρδιά μου.
Ποια να ‘ναι πάλι αυτή
που την Πειθώ ικετεύεις να σου φέρει πίσω.
Ποια να πονέσεις σ’ έκανε Σαπφώ?
Ποια να ‘ναι πάλι αυτή
που την Πειθώ ικετεύεις να σου φέρει πίσω.

Έλα λοιπόν ακόμα μια φορά
να με λυτρώσεις απ’ τα βάσανά μου.

Inmortal Afrodita

Inmortal Afrodita hija de un Dios
que siempre tiendes las trampas del amor.
Señora, os ruego que por favor
no os regocijéis y añadáis más carga
de dolor y amargura a mi alma.
Señora por favor, no lo hagáis..

Qué es de nuevo, qué
lo que mi loco corazón anhela.
Por quien de nuevo
a Pitho imploras que te devuelva
¿Quien te infringió el daño, Sapho?
Por quien de nuevo
a Pitho imploras que te devuelva

Ven otra vez más
a redimirme de mis sufrimientos.

Psique sintió más cerca su destino final y se alegró; este trabajo la
llevaba a una muerte segura. Se subió a una torre altísima desde la
cual pensaba arrojarse, pero la propia torre le habló haciendo que
desistiera de su idea y explicándole, paso a paso, cómo podría llegar
directamente al encuentro con la diosa de los infiernos.

Consiguió Psique, por cuarta vez, completar su misión; volvió del Hades con el cofre lleno y cerrado. Al salir y ver la luz, se sintió tentada por la curiosidad de abrir la caja, la destapó y de ella salió una adormidera; cayó sumida en un sueño estigio, del que pocos han sido capaces de despertar.

Eros, conoció el desalmado comportamiento de su madre y el éxito de la pobre muchacha en todas sus misiones, por amor. Salió volando a su encuentro, recogió la adormidera, la volvió a colocar en la caja y despertó suavemente a su esposa.
Solo le quedaba una solución a Eros, dirigirse a hablar con los dioses del Olimpo para exponerles su caso. La decisión salomónica, tomada en divina asamblea, fue dar de beber ambrosía a la muchacha y convertirla en diosa e inmortal.

 Eros y Pisque. Annie Swynnerton (1844-1933)

 La historia de culpa redención y expiaciones imposibles, es una constante de todas las mitologías y religiones. Y bueno…quizás me ha dado… puede ser… me recuerda…uhm…

O quizás…

 También…

Y…

Más…

Pero que raro, aquí no aparecen ni hormigas, ni torres, ni águilas, ni Eros a salvar a nadie. ¿No nos estaremos saliendo  de la historia?

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