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Ana Capsir

Bióloga y Patrona de Altura de la Marina Mercante

Os deseo lo imprescindible

Por 22 diciembre, 2016 Etiquetas: , , Comentar (24 Comentarios)

El karabaki de Lefkada cargado de deseos

Dice Plutarco que dijo Pompeyo a sus amedrentados marinos que los rayos del cielo no eran importantes, sino llevar a Roma el trigo recogido en Sicilia. Dice Plutarco que decían los marineros que: ¡No! que bajo ningún concepto se harían a la mar ese día tan terrible. Y dice Plutarco que Pompeyo les dijo, con un tono vibrante y autoritario le celebérrima frase de:

Navigare necesse est, vivere non est necesse. Navegar es necesario, vivir no es necesario.

Así que los marineros se callaron ante la evidencia y se dispusieron a zarpar.

Y esta frase pasó a la historia de boca ilustre a boca distinguida, se hizo lema de la liga Hanseática, apareció hasta en discursos de Mussolini, le tocó la fibra sensible a Fernando Pessoa, e inspiró una canción de Caetano Veloso. Y cada uno ha creído ver en la oración metáforas diversas de entregas del individuo a fines superiores tales que la patria, como Mussolini, o a la belleza y la creación, como dice Pessoa. En cualquier caso, no sé qué puede haber más importante que la vida pues sin ella no hay navegación posible. Aunque bien pensado; triste la vida que no tiene una motivación fuera de ella misma, porque sin esta tampoco vale la pena vivirla.

Llegado este momento del año, ese sol tan lejano que ahora se irá acercando para calentarnos un poco, es tiempo de desearnos buen futuro. Si no es el navegar necesario será cualquier otro anhelo vuestro propio, así que rellenar la frase con vuestros oportunos empeños para que yo os los desee de todo corazón. Por eso sí vale la pena vivir. El placer y la vida están en el viaje más que en la arribada y en el deseo.

Os argonautas. Caetano Veloso
O barco.
Meu coração não agüenta
Tanta tormenta, alegria
Meu coração não contenta
O dia
O marco
Meu coração
O porto
Não
Navegar é preciso viver não é preciso
O barco
Noite no teu tão bonito
Sorriso solto, perdido
Horizonte e madrugada
O riso
O arco
Da madrugada
O porto
Nada
Navegar é preciso viver não é preciso
O barco
O automóvel brilhante
O trilho solto, barulho
Do meu dente em tua veia
O sangue
O charco
Barulho lento
O porto
Silêncio
Navegar é preciso viver não é preciso

Los argonautas. Caetano Veloso
El barco.
Mi corazón no aguanta
Tanta tormenta, alegría
Mi corazón no contenta
El día
El límite
Mi corazón
El puerto
No
Navegar es preciso vivir no es preciso
Barco
Noche en tu tan linda
Sonrisa suelta, perdido
Horizonte y madrugada
Risa
Arco
De madrugada
Puerto
Nada
Navegar es preciso vivir no es preciso
El barco
Automóvil brillante
Vereda suelta, ruido
De mi diente en tu vela
Sangre
Charco
Lento ruido
Puerto
Silencio
Navegar es preciso vivir no es preciso

Caetano Veloso compuso la canción Os Argonautas tras su paso por la cárcel en 1969 y su exilio. Veloso se basó en el poema de Pessoa, y con música de fado expresa su lamento por las personas que luchan, como Jasón y los Argonautas, buscando lo esencial cada dia.

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Recetas de replicantes

Por 15 diciembre, 2016 Etiquetas: , , Comentar (15 Comentarios)

Hasta los seres más simples pueden haber visto cosas que jamás creeríamos, pero como nos comunicamos tan poco con ellos, o incluso más bien solo los depredamos sin miramientos, todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

Si hay una especie intrigante esta es la sepia. Un animal veloz e inquieto. Su ciclo de vida corto, su metabolismo acelerado, su madurez sexual temprana, su desove prolongado, su desarrollo embrionario breve y sin metamorfosis (del huevo sale ya una sepia minúscula pero con forma de adulto); todo en unos frenéticos 24 meses tras los cuales muere. ¿Quién la impulsan a ir tan rápido? ¿Sus genes? Es una verdadera bomba termodinámica que en poco tiempo pasa de pesar unos gramos a alcanzar un tamaño de hasta un kilo.

La sepia nada bailando en el agua con movimientos ondulatorios de sus aletas y se mantiene estable gracias al sepión o barquilla, que llena y vacía de aire para flotar a la profundidad adecuada como los tanques de lastre de cualquier submarino. Puede transportarse por propulsión a chorro, como un cohete, con un gran control muscular y un sistema nervioso un tanto complicado. Esta dotada de quimiorreceptores en su piel que recogen información del medio que le rodea y la transmiten a los cromatóforos, estos a su vez son capaces de generar colores, efectos ópticos y cambiar texturas, para comunicarse o camuflarse. Pueden imitar los colores del fondo y pasar desapercibidas, o bien dibujar dos ojos amenazadores sobre su espalda para asustar a los incautos. También pueden generar un estampado móvil que se desplace en dirección contraria a la suya, con lo que los depredadores se desorientan al no saber su dirección ni su velocidad.

Estos comportamientos tan complejos los han adquirido tras milenios de evolución y esconden el secreto relacionado con la supervivencia. Pero esta posibilidad de crear una realidad virtual en estos animales aparentemente tan simplones es un tanto preocupante. Si sigo ofreciendo datos todavía os inquietaré más: se han podido observar hasta 300 patrones diferentes en la superficie de su piel que les sirve para comunicarse con sus congéneres, intercambiar información sobre su sexo, disponibilidad para la puesta, o presencia de depredadores. Pero es que además las sepias son capaces de mentir, habilidad propia de una inteligencia elaborada como la nuestra. Los machos jóvenes pueden travestirse para pasar desapercibidos frente a otros machos y poder cortejar a las hembras sin peligro. Y lo último que leí sobre experimentos con sepias ya me ha dejado turulata. La experiencia consistía en mostrarles una X a unas sepias momentos antes de distribuir su comida en la pecera. Transcurrido un tiempo, los animales mimetizaban la X en su dorso cuando tenían hambre ¡La madre! Así que ahora, cuando las veo inertes, sosas y bicolores en los puestos del mercado, solo imagino naves venidas de otros mundos lejanos, más allá de Orión, platillos repletos de seres inteligentes deseando compartir experiencias con los humanos. Principes y princesas convertidos en sapos sabiondos buscando nuestros besos. Nosotros les respondemos metiéndolas en la cazuela con aceite hirviendo.

Está claro que hoy vamos de recetas y en concreto de sepia, un recurso alimenticio muy mediterráneo, desde el principio de los tiempos. No conozco muchos países norteños donde este cefalópodo sea tan apreciado como aquí. A la plancha, con garbanzos, con guisantes, con patatas, el recetario abarca una gran variedad de platos muy nutritivos y apetitosos. La habilidad que tiene la especie para adaptarse a cambios de temperatura o salinidad en su habitad posiblemente ha facilitado su abundancia y que fuera muy asequible para todos los bolsillos; eso explica la enorme colección de fórmulas para cocinarlas; los pescadores aprovechan las migraciones estacionales de los individuos adultos hacia la costa con fines reproductivos para capturarla.

Sus usos culinarios vienen desde antiguo; los griegos clásicos la consumían con asiduidad y la consideraban un bocado delicado, aunque pensaban que su tinta tenía un veneno o anestésico y su mordedura podía ser ponzoñosa. Así que fue ampliamente descrita en la Historia natural de Plinio y la Reproducción de los animales de Aristóteles, quien observó que los huevos de la sepia, como los de muchos otros animales marinos, estaban poco diferenciados y necesitaban se rociados con el esperma del macho para desarrollarse. Opiano también la nombra en su poema dedicado a los peces; la Haliéutica.

La parte mitológica de hoy corre a cargo de Tetis, madre de Aquiles, una nereida, nieta de Ponto, que habitaba tanto en la superficie del mar como en las profundidades; su belleza era tan abrumadora que dos grandes dioses pugnaban por hacerla suya: Poseidón y Zeus. Prometeo les revela a ambos una profecía según la cual Tetis concebiría un hijo que sería más grande y poderoso que su propio padre. Los vanidosos dioses se quedaron preocupados por el oráculo, buscaron un mortal que no tuviera tronos olímpicos que perder, para desposarlo con Tetis, y eligieron a Peléo, rey de los mirmidones.

Peléo corrió a rodear a Tetis con sus brazos y esta comenzó a transformarse para huir de la opresión. Se revolvió en forma de jabalí y le atacó, tomó la esencia del fuego y le abrasó, se transformó en agua fluida que le permitiera deslizarse suavemente. A cada una de esas mutaciones respondió Peléo comprimiendo más su abrazo. Como última salida, se convirtió Tetis en sepia, le arrojó su tinta a los ojos e intentó esfumarse. Peléo, aunque ciego, apretó todavía más su cuerpo contra el de ella que cayó rendida por el esfuerzo. Al lugar del encuentro se le llamó cabo Sepia, en el monte Pelión.

Ya sea por esta leyenda o por su facultad de escabullirse de sus depredadores, en Grecia siempre se ha asociado la sepia a mujeres astutas y maliciosas que todo lo consiguen a base de cegar a los hombres. Y en las canciones de Rebética clásicas también hacían alusión al “mangas” que se deslizaba sin ser visto y que se escapaba de la poli inmaculado.

 

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La receta de hoy, venida de Mesolonghi de la mano de mi amigo y cocinero Xenakis es la de Sepia con espinacas. Yo creo que merece la pena que nos acerquemos a los fogones.

Ingredientes:
6 sepias medianas
1 kg de espinacas
Un puñado de arroz
1 garba de cebollas tiernas
1 manojo de eneldo
Sal pimienta y aceite.

Elaboración:
Limpiar las sepias y reservarlas enteras abierta por la mitad. Picar las cebollas y el eneldo y sofreírlos en una sartén, añadiendo las espinacas a trozos. Cuando estén casi listas se añade un puñado de arroz, se cocina 10 minutos y se deja reposar.
Rellenar las sepias con el arroz y las espinacas, salpimentar y rociarlo con aceite. Meter media hora al horno a 180º tapado con papel de cocina. Destapar en los últimos minutos para que se dore por arriba.

 

Η σουπιά

Έμαθα πως έχεις φίλο πονηρή σουπιά,
πριν να παίξουμε και ξύλο μάζεψε τα πια.
Χτύπησε το ξυπνητήρι για το θύμα σου,
τώρα όμως θα πληρώσεις για το κρίμα σου.

Ήρθε η ώρα να σε διώξω
όσο και να σε αγαπώ
κι ας το ρίξω στο πιοτό.
Τ’αντρικό φιλότιμο μου
το `χεις παίξει μια ζαριά,
φύγε πονηρή σουπιά

Τη μελάνη σου αμολούσες πάντα πονηρά
σαν τυφλό με περπατούσες στα θολά νερά,
μια φορά δε με έχεις βγάλει ασπροπρόσωπο,
τώρα έχεις και παρτίδες με άλλο πρόσωπο.

La sepia

Μe he enterado de que tienes un amigo, taimada sepia
antes de pelearnos recoge todo y vete.
Sonó la hora de tu victima
ahora, sin embargo pagaras por tu daño.

Llegó la hora de echarte
y tanto como te amé
lo arrojo en la bebida.
Mi reputación masculina
te la jugaste a los dados
Lárgate, ruin sepia.

Tu tinta arrojabas siempre maliciosamente
como un ciego me paseabas por las aguas turbias
Una vez me hiciste quedar mal
ahora tienes negocios con otro.

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El príncipe de los ríos

Por 6 diciembre, 2016 Etiquetas: , , Comentar (12 Comentarios)

Hubo una vez un dios, príncipe de todos los ríos y padre de todas las aguas dulces del mundo, llamado Aquelóo; Αχελώος, “el que ahuyenta el pesar”; que se enamoró de una hija del rey de Calidón, Deyanira, y pidió a su padre que se la diera en matrimonio. La pobre muchacha no amaba al espantoso rio en absoluto y así se lamentaba de su destino en Las Traquinias de Sófocles:

Yo, cuando habitaba aún en Pleurón en la casa de mi padre Eneo, experimenté una repugnancia muy dolorosa por el matrimonio, en mayor grado que cualquier mujer etolia. En efecto, tenía como pretendiente un río, me refiero a Aquelóo, el cual, bajo tres apariencias, me pedía a mi padre. Se presentaba, unas veces, en figura de toro, otras, como una serpiente de piel moteada y, otras, con cara de buey en un cuerpo humano. De su sombrío mentón brotaban chorros de agua como de una fuente. Mientras yo esperaba temerosa a semejante pretendiente, pedía una y otra vez, desventurada, morir antes que acercarme nunca a este tálamo.

Heracles también procuraba a la dulce Deyanira y ella le prefería entre los dos; porque la muy ingenua ignoraba que este último la abandonaría tras contraer matrimonio. Hubo un duelo y tuvieron que medir su amor en un enfrentamiento carnicero el rio y el héroe. En el transcurso de esta batalla, el dios fluvial utilizó la astucia, pues se sabía inferior en fuerza al semidiós, y adoptó la forma de diversos animales para derrotarlo. Primero se transformó en una serpiente escabrosa y curvilínea pero fue estrangulado casi hasta la muerte por su rival, más tarde adoptó la forma de un toro enorme pero Hércules lo tomó por las astas, lo arrastró por los suelos, le arrancó uno de sus cuernos y lo tiró al rio. El cuerno cercenado fue recogido por las náyades que lo llenaron de flores y frutas como un cuerno de la abundancia.

Se puede decir que los mitos representan una ingenua respuesta a los interrogantes más complejos y profundos del ser humano: lo que le asombra, lo que le espera en el futuro, de dónde venimos, cual es la fuerza de la naturaleza, cómo se organiza la realidad y qué produce los fenómenos físicos observables. Estrabón interpreta este mito de Aquelóo atendiendo a la naturaleza del mismo río cuyas frecuentes inundaciones asolaban los campos de Calidón, confundiendo las fronteras y provocando por esto varias guerras entre los pueblos limítrofes. La forma de serpiente de Aquelóo alude a la sinuosidad de su trazado, y la de toro, a la fuerza de sus inundaciones y al rugido de sus aguas precipitándose en torbellinos. Heracles uniformó su cauce poniéndole diques y reuniendo en un sólo lecho los dos brazos de su curso, de aquí que le dejara con un cuerno sólo. La cuenca transformada del Aqueloo fue responsable de la riqueza del país que regaba con sus aguas, que guardaría buena relación con el cuerno de la abundancia.

Seguimos echando mano de explicaciones fantásticas cuando la realidad nos sorprende, cuando nos levantamos una mañana y contra todo pronóstico ha ganado un toro rubio y furibundo las elecciones en Estados Unidos. Como no quedan dioses que construyan historias y nos muestren las razones, buscamos entre entelequias como los Big Data los rastros que dejamos en nuestro paso por el inframundo de las redes, que son manipulados sin que apenas nos demos cuenta para que gane el toro antes que el héroe. Y Deyanira se desmaya.

Pero volvamos al rio que derrotado y solitario, fluyendo entre Etolia y Acarnania pensaba solamente en venganza. Unas Ninfas habían preparado un sacrificio para honrar a un dios y convidaron a todas las divinidades de las aguas para que asistieran a la ceremonia. Se olvidaron, sin embargo, de invitar a Aqueloo. Toda la cólera del dios-rio se enardeció con este nuevo desprecio. Aquelóo hizo subir las aguas hasta el límite de las tierras y las inundó. En su torrente arrastró, implacable, a las cuatro Ninfas y al lugar que ellas habían adornado para realizar la ceremonia del sacrificio. No satisfecho aún con su propia violencia, transformó a las jóvenes en islas, las Equinades del mar Jónico, que quedaron flotando para siempre en su desembocadura. Después, aplacado no del todo su odio, volvió a correr entre Etolia y Acarnania, pero siguió llevando consigo toda su amargura en sus aguas, dejando sedimentos aquí y allá, crecidas devastadoras, sequias y plagas a su antojo; donde había tierras firmes las separó en islas y donde había islas y penínsulas las anegó con sus limos y las transformó en valles y lomas. Son las cosas que pasan cuando se enrabietan los dioses ríos-toros-serpientes, rubios o no.

Es cierto que cuando navegas por la zona debes dar buen resguardo a su desembocadura, que plagada de sedimentos, avanza año tras año mar adentro cambiando la distribución de lo que son tierras o aguas y ha dejado un paisaje muy característico de marismas, salinas, lagunas e islotes, como si fuera un enorme plato de sopa con menudillos, y que para entrar en Mesolongi hay que hacerlo atravesando con atención un canal balizado con poco calado en sus extremos. Pero el paisaje que deja es sorprendente, un reino lodoso y acuático donde los humanos habitan, con consentimiento del Aqueloo, los cachitos firmes que les ha ido dejando como por olvido. Los palafitos, empalizadas, plataformas de pesca y las ciudades que aparecen flotando, como nenúfares, en las superficies especulares de los pantanos tienen una quietud y hasta una modorra genuina. Sirva de ejemplo la pequeña y curiosa ciudad de Etóliko, unos 600 km2 de terreno, secuestrados a la laguna y unidos por una carretera de entrada y otra de salida a la tierra firme, si se puede hablar de algo firme en este universo de charcos, bancos y ríos vengativos, donde sus habitantes deben pasear despacio para no precipitarse al agua en un traspiés.

Si hay un sitio emocionante cerca del Aquelóo, en su ribera oeste, es la antigua Oiniades, una ciudad portuaria importante de Acarnania fundada en el siglo V a. C. sobre una colina rodeada de marismas y protegida por unas fuertes murallas del invasor, que estaba obligado a llegar por mar. La ciudad debió tener mucha importancia comercial en la antigüedad con un considerable tráfico marítimo. Hoy en día  descansa sobre un montículo tierra adentro gracias a los depósitos y aluviones fluviales de 26 siglos. Las excavaciones arqueológicas han conseguido recuperar parte de sus murallas, su precioso teatro, y unas atarazanas.

Yo aquel día reservaba mi entusiasmo para esto último, para el varadero, pues significaba para mí la confluencia de mis pasiones: el mar, los barcos y Grecia. Siempre que visito algún punto de la costa donde se ubicó un puerto griego clásico, me deleito contemplando sus contornos e imaginando las idas y venidas de naves de diversos tamaños impulsadas a vela o a remos entre los espigones, cómo azotaban los vientos dominantes, cuál era la calidad de su abrigo. Incluso cuando no queda ya el más mínimo vestigio de lo que fue, como en los restos micénicos, mi imaginación disfruta sin límites ni ataduras de estos lugares. Pero sabía, por alguna fotografía, que las atarazanas que íbamos a ver no eran simples piedras dispersas para hacer trabajar a nuestra imaginación sino algo más imponente.

Era un precioso día de septiembre, húmedo pero luminoso, cuando llegamos acompañados por unos hospitalarios amigos de Mesolongi. Los robles empezaban a deshacerse de parte de su frondosidad que crujía a nuestros pies dando una atmosfera de suspense e intriga y el cercano rio se deslizaba casi dormido y sin torbellinos.

 

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El astillero solo es visible al doblar un recodo, momento en el cual te quedas tan de piedra como él desde hace 25 siglos. Te quita el aliento la envergadura del edificio, excavado en la montaña, que albergaba hasta 7 naves de 40 metros de eslora. Te mete en escena las enormes charcas que consiente, por el momento, el nivel freático del Aquelóo. Te anestesia el fru-fru de los robles perdiendo sus hojas, el zumbido de los insectos y las nubes estáticas de una mañana exactamente igual a la de hace 2500 años. Te embriaga el olor a rio y humedales. Te hipnotiza el tic-toc de tu corazón que reclama tiempo recorriendo el varadero.

Era sorprendente ver aquel imponente perímetro sin un solo visitante a parte de nosotros y eso, aunque egoístamente podríamos pensar que era un privilegio, implica que muchas veces estos lugares se tienen que cerrar por no poder mantenerlos. Y ese era también el temor de mis generosos anfitriones. El mundo es así de absurdo: el turista solo quiere ir a lugares ya famosos y contrastados por hordas anónimas, con muchos likes y followers. A quién leches le va a importar tu selfie si no tienen ni la más remota idea de donde está hecho. La cosa cambiaría si consiguieran traer aquí a Cristiano Ronaldo; entonces sería la bomba. Igual Deyanira cambiaría de parecer y se desposaría a gusto con el rio.

Το ποτἀμι

Γύρισα πάλι στα ίδια μέρη
Κι εκεί που όλα μοιάζαν ξένα
Κάτι μου θύμισε εσένα
Κι είπα, εδώ είναι η πατρίδα
Το φως που ξέρω και με ξέρει.

Κοίταξα μέσα από το τζάμι
Κι είδα στρωμένο το τραπέζι
Δίπλα η κόρη μου να παίζει
Κι είπα, εδώ θέλω να ζήσω
Εδώ κυλάει το ποτάμι.

Άλλοτε πέτρα, άλλοτε σφαίρα
Που δεν μπορεί να κάνει πίσω
Σαν να κρατιέμαι απ’ τον αέρα
Ψάχνω μια γη για να πατήσω.

Έφευγα πάντα σαν το βέλος
Βρήκα ανοιχτό ουρανό και πήγα
Έψαξα αλλού και βρήκα λίγα
Κάποτε ήμουνα των άλλων
Τώρα δικός σας ως το τέλος.

El río

Regresé de nuevo al mismo sitio
y allí donde todo parecía extraño
algo me recordó a ti
Y dije: aquí está mi patria
la luz que conozco y me conoce.

Miré tras el cristal
Y vi la mesa preparada
A un lado mi hija jugar
Y dije: aquí quiero vivir
Aquí fluye el rio.

A veces piedra, a veces esfera
que no puede volver atrás
Para mantenerme contra el viento
busco una tierra firme.

Salí siempre como una flecha
encontré el cielo abierto y me fui.
Busque en otros lados y encontré poco.
Una vez fui de los demás
ahora, tuyo siempre hasta el final.

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Diciendo adiós a L. Cohen

Por 15 noviembre, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (9 Comentarios)

Esta semana ha desaparecido uno de los cantantes más inseparables e imprescindibles para mí, posiblemente porque él a su vez también se ha conservado fiel a un estilo de música y poesía, sin ceder un ápice a modas ni tendencias, humilde y atormentado como pocos y que por vicisitudes de la vida se ha mantenido componiendo hasta el fin de sus días. Mi devoción por Leonard Cohen, igual por sus partisanos que por sus Aleluyas, por sus dioses angustiados o por su último disco de despedida, que todavía no he tenido ocasión de oír y que seguro que duele tanto como su pérdida, tiene también algo de hermandad, por el gran cariño por Grecia que nos unía y por la aventura de poseer ambos una casa de pueblo en una isla. Decía Cohen que un poeta no puede lamentarse sin sentido ni profundidad, ni siquiera de la muerte, si no busca la belleza por encima de todo; y en eso radicó el poder de sus canciones.

 

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Leonard Cohen en Hydra



Siempre hay una favorita, aparte de esas que suenan a épocas hermosas de juventud. Yo elegí la de Alexandra leaving, primero porque la música me parece preciosa y después porque a la letra le había yo asignado un significado, mejor dicho inventado, que hasta ahora no he podido resolver. Imaginaba la perdida de una Alexandra muy querida por el autor y hasta le inventé una relación amorosa o familiar intensa, aunque me sorprendía esa melodía dulce, sensual y envolvente; como la increíble voz de Cohen; que casi te transportaba a la alegría y la celebración. Los buenos poetas no son tan inmediatos y juegan a ocultar secretos en sus versos para hacernos pensar y elucubrar; en sí cada poema es un auténtico tratado extraído de un pedazo minúsculo de existencia, pero con toda una vida a sus espaldas; es una clara invitación a que nos detengamos y saboreemos algo que no salió de su pluma veloz sino de días y noches, después de mucho idear, recapacitar y pulir, así que el que lee tiene un hermoso cometido por delante.
A raíz de su muerte, esperada pero no menos triste, una amiga me dio la pista tanto tiempo ignorada y debo decir que me emocionó, porque comprendí nítidamente sus palabras: La belleza por encima de todo, como bien expresó mucho antes Pericles en su famoso discurso. El taimado Cohen había cambiado una letra y la tal Alexandra no era más que la legendaria Alejandría, como un intento del autor de distanciarse de un poema de Kavafis, “El dios abandona Antonio”, al que no intenta versionar sino hacerlo propio. Yo había leído ambas cosas varias veces pero no se me ocurrió casarlas.

Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes
no digas que fue un sueño.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.

K. Kavafis

Σαν έξαφνα, ώρα μεσάνυχτ’, ακουσθεί
αόρατος θίασος να περνά
με μουσικές εξαίσιες, με φωνές—
την τύχη σου που ενδίδει πια, τα έργα σου
που απέτυχαν, τα σχέδια της ζωής σου
που βγήκαν όλα πλάνες, μη ανωφέλετα θρηνήσεις.
Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος,
αποχαιρέτα την, την Aλεξάνδρεια που φεύγει.
Προ πάντων να μη γελασθείς, μην πεις πως ήταν
ένα όνειρο, πως απατήθηκεν η ακοή σου·
μάταιες ελπίδες τέτοιες μην καταδεχθείς.
Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος,
σαν που ταιριάζει σε που αξιώθηκες μια τέτοια πόλι,
πλησίασε σταθερά προς το παράθυρο,
κι άκουσε με συγκίνησιν, αλλ’ όχι
με των δειλών τα παρακάλια και παράπονα,
ως τελευταία απόλαυσι τους ήχους,
τα εξαίσια όργανα του μυστικού θιάσου,
κι αποχαιρέτα την, την Aλεξάνδρεια που χάνεις.

Κ. Καβἀφης

Kavafis a su vez inicia su poema a raíz de un pequeño fragmento de “Las vidas paralelas” de Plutarco, en concreto la dedicada a Marco Antonio y a sus últimos momentos antes de ser vencido y suicidarse en Alejandría. Kavafis era alejandrino y nadie más apropiado para sentir en su propia piel la pérdida y el final en su ciudad inolvidable.

Plutarco intenta contar la historia tal cual fue, sin adornos ni embellecimientos, pero sí con una cierta intención moralizante y puntualizando que, como ya dijo Platón, los caracteres extraordinarios producen tanto grandes vicios como grandes virtudes. Describe a Marco Antonio como: “genio hueco, hinchado y lleno de vana arrogancia y presunción, con un aspecto en lo varonil que le asemejaba con los retratos de Hércules pintados y esculpidos… Antonio se jactaba de pertenecer a Hércules por el linaje y a Baco por la emulación de su tenor de vida, haciéndose llamar el nuevo Baco.” Pero lo disculpa añadiendo: “se le agregó por último mal el amor de Cleopatra, porque despertó e inflamó en él muchos afectos hasta entonces ocultos e inactivos, y si había algo de bueno y saludable con que antes se hubiese contenido lo borró y destruyó completamente…Su alma de amante vivió en un cuerpo ajeno; fue él arrastrado por aquella mujer como si estuviera adherido y hecho una misma cosa con ella”.

La historia de los dos amantes es tan densa y tormentosa, a parte de su importancia histórica, que ha sido el refugio de muchos escritores y artistas. Shakespeare es uno de los primeros en caer bajo los encantos de la intriga de Plutarco, intentado desmenuzar esos complejos personajes. Posteriormente los directores se turnaron por llevarla al cine en varias ocasiones; mi favorita es la de un Richard Burton perdidamente enamorado de una Liz Taylor que ya no cabía más en sí de guapa; aunque también dice Plutarco que Cleopatra no era excesivamente hermosa pero sí tremendamente irresistible y seductora.

Cuando ambos se repliegan, ya asediados por Octavio, en Alejandría, cuando siguiendo con su vida disoluta y desesperada pasan sus últimos días entre banquetes y festines bautizando su relación como “la confraternidad de los que mueren juntos”, el desenlace se torna trepidante, a modo del de Romeo y Julieta: él se suicida creyendo muerta a su amante, que en el fondo le ha traicionado, y ella arrepentida rescata su cadáver para dar fin a su vida también con una famosísima picadura de serpiente. Entre esas líneas hay un pasaje secundario, casi desapercibido para el común lector apabullado por tantos sucesos dramáticos e intrigantes superpuestos, donde fija Kavafis su fija mirada de miope y construye el precioso poema de más arriba: El dios abandona a Antonio. El fragmento de Plutarco es el siguiente:

Se cuenta que en aquella noche, como al medio de ella, cuando la ciudad estaba en el mayor silencio y consternación con el temor y esperanza de lo que iba a suceder, se oyeron repentinamente los acordados ecos de muchos instrumentos y griterío de una gran muchedumbre con cantos y bailes satíricos, como si pasara una inquieta turba de bacantes: que esta turba movió como de la mitad de la ciudad hacia la puerta por donde se iba al campo enemigo, y que saliendo por ella, se desvaneció aquel tumulto, que había sido muy grande. A los que dan valor a estas cosas les parece que fue una señal dada a Antonio de que era abandonado por aquel Dios a quien hizo siempre de parecerse, y en quien más articularmente confiaba.

Y luego llega Cohen y compone la canción que a tantos nos ha enamorado, pero con su acostumbrada humilde discreción deja patente que no copia al maestro y altera una letra en el título para que nos quedemos confusos, desorientados y nos calentemos la cabeza, como yo acabo de hacerlo ahora; por ello estaremos eternamente agradecidos. Y versionando, yo esta vez, a Platón puedo añadir que los caracteres extraordinarios producen tanto monstruosidades como enorme belleza, depende de quién los mire.

De pronto la noche se ha tornado más fría.
El dios del amor se prepara para partir
Alexandra alzada sobre sus hombros
Deslizándose entre los centinelas del corazón.
Mantenidos por las simplezas del placer,
Alcanzan la luz, se entrelazan informes
Y radiantes más allá de toda medida
Caen entre voces y vino.
No es una trampa que a tus sentidos engañan
un sueño interrumpido que la mañana apagará
Dile adiós a la Alexandra que se va
Después dile adiós a la pérdida de Alexandra.
Incluso aunque ella duerme sobre tus satenes
Incluso aunque te despierta con un beso
No digas que el momento fue imaginado
No te rebajes a estratagemas como esa
Como alguien preparado para ello por mucho tiempo
Ve firmemente a la ventana y bébelo
Música exquisita, Alexandra riendo.
Tus primeras promesas tangibles de nuevo
Y tú que tuviste el honor de su velada
y que por su honor tuviste tu sanación
Dile adiós a Alexandra que se va
Alexandra que se va con su señor.
Incluso aunque ella duerme sobre tus satenes…

Como alguien preparado  para la ocasión
Con total mando sobre cada plan que hiciste naufragar
No elijas una explicación cobarde
Que se esconda detrás de la causa y el efecto
Y tú que te desconcertaste por un significado
Cuyo código estaba roto, crucifijo descruzado
Dile adiós a Alexandra que se va
Después, dile adiós a la perdida de Alexandra.

L. Cohen

PD. Muchas gracias, Carmen Roibó, que siempre me dejas miguitas e hilos, no solo para que encuentre la salida sino para que me adentre en laberintos estimulantes.

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