Hace ya muchos años que llegamos a Grecia, desde el oeste, y
nos adentramos por el golfo de Patras, que luego es Corinto y luego un canal,
para dar con la proa en el Egeo. La primera vez es la mejor, porque descubres
cosas nuevas y casi todo fascina; igualito que a los niños. Pero aparte de los buenos y
malos momentos, de los vientos en contra o los favorables, de lo que más me
acuerdo; y algunos amigos que vinieron a vernos también, es del frio pelón que
venía de las montañas, todas blancas. Nada menos que del Parnaso. Yo no sé si
fueron las musas desde el monte sagrado, o quizás fue  Apolo desde Delfos, o todos al unísono; aullaban y soplaban su aliento
corrosivo y paralizante.

Después he realizado la misma travesía en uno y otro sentido
en muchas ocasiones y aunque, la iniciática es la primera, siempre alcanzo a sacarle
el jugo a tabernas, puertos y personajes, una y otra vez. Ya no me sorprende el
canal de Corinto como aquel día…

Paso del canal de Corinto

…Pero sí que he encontrado interesante el ver a los
pescadores apostados en la entrada del istmo a los que el mismo práctico tiene
que ir ordenando:
-Eh, muchachos, cambiaros de sitio que viene un barco
grande.
O al gasolinero que deja a un barco colgado porque ha visto
correr su sedal, ante la estupefacción del cliente.
– ¡Ahhhh! Tiene que ser enorme lo que he pillado.
Ya Messolongui es la Messolongui de siempre, sin los mosquitos
que picaron a Lord Byron. Pero la última vez descubrí una psarotaberna que era la
bomba.
Y Trizonia y Galaxidi…y tantos sitios por los que he pasado
muchas veces que siempre desvelan secretos emocionantes. Porque aunque algunos
prestigiados periodistas se afanen en demostrar lo contrario, en Grecia ocurren
cosas buenas.
¿Esto qué quiere decir? Pues que me voy a Grecia otra vez. Me voy a navegar de nuevo desde Atenas, por Corinto y por Patras, por Trizonia,
Messolongui, por Galaxidi. Y aunque es un transporte, no una navegación de
placer, seguiré contando las cosas que me ocurran, que serán muchas, como
siempre allí, muy interesantes.
Algún día abriré un capítulo sobre transportes, que seguro que
algún lector oculto, de los que nunca escribe comentarios, sabrá apreciar ¿Verdad
Martín? El primero se llamará “Carbonilla”, ya os contaré. Porque los
transportes son lo más parecido a una carreara de fondo, en la que hay que
llegar cuanto antes, con el mínimo número de averías posibles, con un barco que no es el tuyo, que hay que “comprender”,
averiguar sus vicios e intentar entregarlo en perfecto estado.
Pero os prometo que cuando pase por el Parnaso y me escupa
su viento envenenado, me quedaré en silencio para escuchar lo que dice el
oráculo; a ver si puedo oír los murmullos de las fuentes y los susurros de las Pitonisas de
Delfos. ¿Hay alguna solución Pithia?

 

Esta canción, que me ha costado bastante traducir y
seguramente tendrá muchos fallos, es un poco enigmática; pero daré algunas
pistas para comprenderla:
La pitonisa, la Pithia, del templo de Apolo, en Delfos, era
la encargada de transmitir los mensajes que el dios daba a los visitantes.
El día del oráculo, la pitonisa se purificaba en las aguas de la cercana fuente
Castalia, tomaba asiento sobre un trípode de oro, masticaba hojas de laurel,
árbol consagrado a Apolo, aspirando los vapores que emanaba una grieta situada
en el suelo, entraba en trance y comenzaba a emitir palabras incongruentes que
había que interpretar; eran  transcritos por el sacerdote en mensajes divinos en
forma de poemas.

ΦAΛTΣOΣ XPHΣMOΣ

Όλα στραβά
πηγαίναν στη ζωή μου
κι απάνω που ‘χα
χάσει την αντοχή μου
ανοίξανε οι
ουρανοί, κι ανάμεσα στα φλάς
κοντά μου η Πυθία
ήρθε τρεκλίζοντας.
Ένα τσιγάρο πρώτα
έκανε τράκα
κι ύστερα
ανέκραξε: “Φτωχέ μου βλάκα,
μες στα βαθιά
νερά τι θες και κολυμπάς;
Oτι φάμε, ότι
πιούμε, κι ότι αρπάξει ο κώλος μας.”
Mα πριν προλάβω
καν να την ρωτήσω
το γρίφο που
έκρυβε ο χρησμός της να λύσω,
του νόμου οι
φύλακες μας κύκλωσαν γιαβρούμ
στα χέρια
βραχιολάκια της περνούν,
ντρούμ ντρούμ
λέει, ντρούμ ντρούμ.
Kι ενώ μες στη
στενή με βία την οδηγούνε
γυρνάν σ’ εμένανε
και μ’ εξηγούνε,
μέσα σε κούφιο δόντι είχε κρυμμένο
μιά δαχτυλίθρα μαύρο κατεργασμένο.
Στα πρωτοσέλιδα την άλλη μέρα
είδα τα μάτια της ξενυχτισμένα,
“EΠITYXIA” με μεγάλα γράμματα
θα ξέρετε θαρρώ πως πάνε αυτά τα πράγματα.
Mε τα πολλά αναγκάστηκε να ομολογήσει
αντί για δάφνη έπερνε λέει χασίσι,
κι αν ξέφευγε για αιώνες τούτη η κυρία
πάντα νικά στο τέλος η αστυνομία.
EL FALSO ORACULO
Todo iba del revés en mi vida

Y encima había perdido mi resistencia
Se abrió el cielo y entre flashes
Cerca de mi apareció la Pithia tambaleandose
Primero me gorroneó un cigarro
Y después me gritó: “Pobre tonto
¿Quieres nadar en las aguas
profundas?”
Lo que comemos, lo que bebemos,
lo que agarramos; en nuestro culo.
Pero antes de conseguir
preguntarle
La solución al enigma que
escondía el oráculo,
Los guardianes de la ley nos
rodearon ¡Yiabrum!
Y en sus manos pusieron las
esposas
Brum brum, dijo, brum brum
Y mientras la llevaban con
violencia al calabozo
Se volvieron a explicarme
Que en un diente hueco tenía
escondida
Una china.
En primera plana, al día
siguiente
Vi su mirada ojerosa,
“ÉXITO” con letras grandes.
Supongo que sabéis como suceden
estas cosas
Con las muchas presiones para
confesar
Dijo que había tomado como laurel lo que era  Hashis,
Y aunque se esfumó por los siglos
esa mujer
Siempre gana al final la policía.

Y por cierto, a mi la Pithia, con un soplo de aire helado, me pronosticó que volvería a pasar por allí; la primera vez.

 

 

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