Αυτό είναι Ελλάδα. Esto es Grecia. Esta frase se repite con frecuencia entre los griegos cuando no quieren dar explicaciones. Tiene múltiples significados que van desde el haz lo que quieras, nadie te lo va a prohibir, mientras no molestes al vecino, que es en sí su versión  envidiable y la esencia del libre albedrío responsable; hasta llegar a esa resignación del “¡Qué le vamos a hacer!” ese pesimismo conformista de que en este país no hay forma de cambiar nada y es mejor dejarlo correr. Esa pereza de los griegos frente a su futuro, frente a sus políticos, frente a sus miserias, como si pensaran que solo los antiguos héroes eran capaces de alterar los designios divinos. Aquiles murió en Troya y Ulises en Itaca, ya no existen, por lo tanto confórmate y no protestes, nada puedes hacer. De ahí la desgana frente a las elecciones, tras un verano de infarto, en el que lo único que han conseguido es acostumbrase a vivir en un corralito perpetuo. Y si no está en tu mano solucionar nada, pasemos a la primera premisa y por lo menos vivamos haciendo lo que nos venga en gana. Αυτό είναι Ελλάδα.

Buscando un buen abrigo del meltemi fuimos a parar a Skinousa, una de las pequeñas Cícladas, cercana a Naxos. Fondeamos en el sur frente a un puñado de pequeñas playas, protegidas por un promontorio en el que se veía una actividad frenética de camiones y excavadoras a pesar de ser domingo. Estaban construyendo varias villas a la vez, distanciadas las unas de las otras y todo el recinto protegido por un muro de piedra; debía de ser una urbanización de lujo. Decidimos dar un paseo hasta el pueblo, distante apenas 2 kilómetros y para ello desembarcamos en una de las playas. En la arena había dos chicas tomando el sol en unas tumbonas, nos miraron con desprecio e indiferencia. Al subir para encontrar el camino un enorme letrero advertía de que era propiedad privada y alertaba de la existencia de perros peligrosos. Miramos por todas partes buscando una senda alternativa pero no existía, así que tuvimos que desembocar en el jardín de una de las enormes mansiones, encerrada como todas por una muralla bien alta ¿Alguien está recreando un castro medieval?

 A la primera señora que nos encontramos le pedimos respetuosamente permiso para atravesar por la casa y acceder a la carretera. No puso mucho inconveniente pero se la veía algo violenta; realmente todo aquello era un poco raro ¿Cómo podían cerrar el acceso a una playa? ¿No existe servidumbre de paso en Grecia? Los camiones y las palas excavadoras no paraban de ir y venir con materiales de construcción; quienquiera que fuera el promotor tenía bastante prisa en acabar las obras.

El paseo fue corto porque nos imaginábamos el desastre de que alguien cerrara la puerta y nos tocara saltarla con dos feroces molosos esperándonos al otro lado; o lo más probable, quedarnos a dormir en la carretera, así que volvimos a entrar en el recinto fastuoso. Esta vez se acercó un joven a preguntar a dónde nos dirigíamos. La historia comenzaba a ponerse interesante y  decidimos tirarle un poco de la lengua, le tentamos con la pregunta acerca de una posible bajada alternativa. ¿No? ¿Y cómo es eso?

– Αυτό είναι Ελλάδα.- Acabáramos. Le debió de dar un poco de vergüenza, pues puntualizó rápidamente que él no era el dueño.- Yo no tengo tanto dinero como para esto.- Dijo sonriendo y añadió bien bajito, para que nadie le oyera- Todo esto pertenece a un armador griego- Evidentemente no quiso pronunciar su nombre; tampoco nosotros le presionamos porque supusimos que trabajaba para él.

Al bajar, las chicas seguían desparramadas al sol, sorbiendo refrescos con una pajita y esta vez no nos tomamos la mínima molestia en saludarlas.

Rebuscando en internet sobre la ley de costas en Grecia dio la casualidad de que encontrasemos un artículo, publicado ese mismo día en un periódico local, que hablaba de los desmanes de un armador griego, propietario de un terreno descomunal, en Skinousa. El problema no era el acceso a las pequeñas playas en las que estábamos nosotros, si no que lo grave es que había ocupado el camino que llevaba al arenal de Livadi, al otro lado del promontorio que es, por así decirlo, la playa oficial de la isla. Cuando se produjo la venta de los terrenos, la escritura reflejaba claramente la existencia de una servidumbre de paso, pero el nuevo propietario se había pasado la cláusula por donde se suelen pasar estas cosas los poderosos sin escrúpulos.

Los vecinos se habían enfurecido con el cierre de una senda por donde ellos y sus antepasados llevaban toda la vida pasando. Y no solo estaba la cuestión sentimental, si no que la riqueza turística de la isla dependía de esas playas ¿Cómo iban a alquilar habitaciones si los clientes no se podían bañar? Habían intentado caminos secundarios para acceder; a la mañana siguiente estaban ya cerrados por cultivos sembrados milagrosamente por la noche.

La protesta había llegado al pleno del gobierno en Naxos; la isla pertenece a la administración territorial de Naxos y pequeñas Cícladas; y se les preguntaba a los representantes municipales sobre qué acciones se habían emprendido frente a tales irregularidades y quien había otorgado la licencia de obras. Las respuestas fueron algo vagas y como sacó a relucir en las intervenciones algún miembro de la oposición, el secretario del ayuntamiento trabajaba para el propio magnate dueño de los terrenos.

La historia de los adinerados navieros de este país, sus corruptelas, sus desmanes y sus conexiones políticas se repite una y otra vez como la estrofa de una vieja canción llamada “Esto es Grecia”. Seguiremos atentos a las noticias de esta pequeña isla a ver si esta vez el concierto acaba de otra manera y podemos aplaudir.

Share: