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Diciendo adiós a L. Cohen

Por 15 noviembre, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (9 Comentarios)

Esta semana ha desaparecido uno de los cantantes más inseparables e imprescindibles para mí, posiblemente porque él a su vez también se ha conservado fiel a un estilo de música y poesía, sin ceder un ápice a modas ni tendencias, humilde y atormentado como pocos y que por vicisitudes de la vida se ha mantenido componiendo hasta el fin de sus días. Mi devoción por Leonard Cohen, igual por sus partisanos que por sus Aleluyas, por sus dioses angustiados o por su último disco de despedida, que todavía no he tenido ocasión de oír y que seguro que duele tanto como su pérdida, tiene también algo de hermandad, por el gran cariño por Grecia que nos unía y por la aventura de poseer ambos una casa de pueblo en una isla. Decía Cohen que un poeta no puede lamentarse sin sentido ni profundidad, ni siquiera de la muerte, si no busca la belleza por encima de todo; y en eso radicó el poder de sus canciones.

 

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Leonard Cohen en Hydra



Siempre hay una favorita, aparte de esas que suenan a épocas hermosas de juventud. Yo elegí la de Alexandra leaving, primero porque la música me parece preciosa y después porque a la letra le había yo asignado un significado, mejor dicho inventado, que hasta ahora no he podido resolver. Imaginaba la perdida de una Alexandra muy querida por el autor y hasta le inventé una relación amorosa o familiar intensa, aunque me sorprendía esa melodía dulce, sensual y envolvente; como la increíble voz de Cohen; que casi te transportaba a la alegría y la celebración. Los buenos poetas no son tan inmediatos y juegan a ocultar secretos en sus versos para hacernos pensar y elucubrar; en sí cada poema es un auténtico tratado extraído de un pedazo minúsculo de existencia, pero con toda una vida a sus espaldas; es una clara invitación a que nos detengamos y saboreemos algo que no salió de su pluma veloz sino de días y noches, después de mucho idear, recapacitar y pulir, así que el que lee tiene un hermoso cometido por delante.
A raíz de su muerte, esperada pero no menos triste, una amiga me dio la pista tanto tiempo ignorada y debo decir que me emocionó, porque comprendí nítidamente sus palabras: La belleza por encima de todo, como bien expresó mucho antes Pericles en su famoso discurso. El taimado Cohen había cambiado una letra y la tal Alexandra no era más que la legendaria Alejandría, como un intento del autor de distanciarse de un poema de Kavafis, “El dios abandona Antonio”, al que no intenta versionar sino hacerlo propio. Yo había leído ambas cosas varias veces pero no se me ocurrió casarlas.

Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes
no digas que fue un sueño.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.

K. Kavafis

Σαν έξαφνα, ώρα μεσάνυχτ’, ακουσθεί
αόρατος θίασος να περνά
με μουσικές εξαίσιες, με φωνές—
την τύχη σου που ενδίδει πια, τα έργα σου
που απέτυχαν, τα σχέδια της ζωής σου
που βγήκαν όλα πλάνες, μη ανωφέλετα θρηνήσεις.
Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος,
αποχαιρέτα την, την Aλεξάνδρεια που φεύγει.
Προ πάντων να μη γελασθείς, μην πεις πως ήταν
ένα όνειρο, πως απατήθηκεν η ακοή σου·
μάταιες ελπίδες τέτοιες μην καταδεχθείς.
Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος,
σαν που ταιριάζει σε που αξιώθηκες μια τέτοια πόλι,
πλησίασε σταθερά προς το παράθυρο,
κι άκουσε με συγκίνησιν, αλλ’ όχι
με των δειλών τα παρακάλια και παράπονα,
ως τελευταία απόλαυσι τους ήχους,
τα εξαίσια όργανα του μυστικού θιάσου,
κι αποχαιρέτα την, την Aλεξάνδρεια που χάνεις.

Κ. Καβἀφης

Kavafis a su vez inicia su poema a raíz de un pequeño fragmento de “Las vidas paralelas” de Plutarco, en concreto la dedicada a Marco Antonio y a sus últimos momentos antes de ser vencido y suicidarse en Alejandría. Kavafis era alejandrino y nadie más apropiado para sentir en su propia piel la pérdida y el final en su ciudad inolvidable.

Plutarco intenta contar la historia tal cual fue, sin adornos ni embellecimientos, pero sí con una cierta intención moralizante y puntualizando que, como ya dijo Platón, los caracteres extraordinarios producen tanto grandes vicios como grandes virtudes. Describe a Marco Antonio como: “genio hueco, hinchado y lleno de vana arrogancia y presunción, con un aspecto en lo varonil que le asemejaba con los retratos de Hércules pintados y esculpidos… Antonio se jactaba de pertenecer a Hércules por el linaje y a Baco por la emulación de su tenor de vida, haciéndose llamar el nuevo Baco.” Pero lo disculpa añadiendo: “se le agregó por último mal el amor de Cleopatra, porque despertó e inflamó en él muchos afectos hasta entonces ocultos e inactivos, y si había algo de bueno y saludable con que antes se hubiese contenido lo borró y destruyó completamente…Su alma de amante vivió en un cuerpo ajeno; fue él arrastrado por aquella mujer como si estuviera adherido y hecho una misma cosa con ella”.

La historia de los dos amantes es tan densa y tormentosa, a parte de su importancia histórica, que ha sido el refugio de muchos escritores y artistas. Shakespeare es uno de los primeros en caer bajo los encantos de la intriga de Plutarco, intentado desmenuzar esos complejos personajes. Posteriormente los directores se turnaron por llevarla al cine en varias ocasiones; mi favorita es la de un Richard Burton perdidamente enamorado de una Liz Taylor que ya no cabía más en sí de guapa; aunque también dice Plutarco que Cleopatra no era excesivamente hermosa pero sí tremendamente irresistible y seductora.

Cuando ambos se repliegan, ya asediados por Octavio, en Alejandría, cuando siguiendo con su vida disoluta y desesperada pasan sus últimos días entre banquetes y festines bautizando su relación como “la confraternidad de los que mueren juntos”, el desenlace se torna trepidante, a modo del de Romeo y Julieta: él se suicida creyendo muerta a su amante, que en el fondo le ha traicionado, y ella arrepentida rescata su cadáver para dar fin a su vida también con una famosísima picadura de serpiente. Entre esas líneas hay un pasaje secundario, casi desapercibido para el común lector apabullado por tantos sucesos dramáticos e intrigantes superpuestos, donde fija Kavafis su fija mirada de miope y construye el precioso poema de más arriba: El dios abandona a Antonio. El fragmento de Plutarco es el siguiente:

Se cuenta que en aquella noche, como al medio de ella, cuando la ciudad estaba en el mayor silencio y consternación con el temor y esperanza de lo que iba a suceder, se oyeron repentinamente los acordados ecos de muchos instrumentos y griterío de una gran muchedumbre con cantos y bailes satíricos, como si pasara una inquieta turba de bacantes: que esta turba movió como de la mitad de la ciudad hacia la puerta por donde se iba al campo enemigo, y que saliendo por ella, se desvaneció aquel tumulto, que había sido muy grande. A los que dan valor a estas cosas les parece que fue una señal dada a Antonio de que era abandonado por aquel Dios a quien hizo siempre de parecerse, y en quien más articularmente confiaba.

Y luego llega Cohen y compone la canción que a tantos nos ha enamorado, pero con su acostumbrada humilde discreción deja patente que no copia al maestro y altera una letra en el título para que nos quedemos confusos, desorientados y nos calentemos la cabeza, como yo acabo de hacerlo ahora; por ello estaremos eternamente agradecidos. Y versionando, yo esta vez, a Platón puedo añadir que los caracteres extraordinarios producen tanto monstruosidades como enorme belleza, depende de quién los mire.

De pronto la noche se ha tornado más fría.
El dios del amor se prepara para partir
Alexandra alzada sobre sus hombros
Deslizándose entre los centinelas del corazón.
Mantenidos por las simplezas del placer,
Alcanzan la luz, se entrelazan informes
Y radiantes más allá de toda medida
Caen entre voces y vino.
No es una trampa que a tus sentidos engañan
un sueño interrumpido que la mañana apagará
Dile adiós a la Alexandra que se va
Después dile adiós a la pérdida de Alexandra.
Incluso aunque ella duerme sobre tus satenes
Incluso aunque te despierta con un beso
No digas que el momento fue imaginado
No te rebajes a estratagemas como esa
Como alguien preparado para ello por mucho tiempo
Ve firmemente a la ventana y bébelo
Música exquisita, Alexandra riendo.
Tus primeras promesas tangibles de nuevo
Y tú que tuviste el honor de su velada
y que por su honor tuviste tu sanación
Dile adiós a Alexandra que se va
Alexandra que se va con su señor.
Incluso aunque ella duerme sobre tus satenes…

Como alguien preparado  para la ocasión
Con total mando sobre cada plan que hiciste naufragar
No elijas una explicación cobarde
Que se esconda detrás de la causa y el efecto
Y tú que te desconcertaste por un significado
Cuyo código estaba roto, crucifijo descruzado
Dile adiós a Alexandra que se va
Después, dile adiós a la perdida de Alexandra.

L. Cohen

PD. Muchas gracias, Carmen Roibó, que siempre me dejas miguitas e hilos, no solo para que encuentre la salida sino para que me adentre en laberintos estimulantes.

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Habaneras de una goleta

Por 6 noviembre, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (2 Comentarios)

En la esquina más sucia de la dársena, al fondo, donde las corrientes acumulan porquerías, ratas y desechos me encontré con un barco que un día quise. Un amante casi olvidado que a pesar de los años y lo que habíamos cambiado me volcó el corazón. Se mecía con gemidos de barco viejo, aunque no lo era tanto, con hierros podridos y agujereados que ya no ansiaban cortar más mares que los de las aguas sucias y amargas de su amarre prisionero. Había tantas horas de mi vida entre sus cuadernas y baos, horas de pinturas, barnices,  singladuras, olas y calmas interminables que a pesar de la melancolía me acerqué a míralo de cerca. Los barcos suelen dejar alguna historia de amor, incluso aunque no hayamos sido sus propietarios y la relación haya sido estrictamente profesional, siempre deseamos que en nuestra forzosa ausencia queden en las mejores manos posibles para que los cuiden y los mimen como si fueran perros desvalidos.

Todavía era palpable, entre la dejación y el abandono, la esbeltez de aquella goleta de stay de airosos mástiles, uno de los aparejos más elegantes para este tipo de veleros, un buque escuela que causó la alegría y la vocación de muchos. Ahora no era más que un barco enfermo y débil al que le habían negado hasta el derecho, la leyenda y la heroicidad de hundirse por sus propios medios. Sus ocupantes parecían haber salido corriendo atraídos por misiones más importantes, dejando sus cabos desparramados por cubierta sin decoro, sus chicotes como plumeros sin rematar, sus velas reverdecidas por las lluvias de años, las amarras imbécilmente tendidas desde cualquier sitio en vez de por sus nobles gateras, sus toldos y lonas arrancados, descosidos e hirientes, sus barnices despellejados, sus bronces pringosos y con una pátina de inmundicia, sus defensas tan mugrientas que ya no defendían ni de sí mismas ¿Quién podía gustar tan poco del bello arte marinero? Esa ocupación que perdura incluso después de la maniobra de atraque y el descenso de pasajeros, ordenando, estibando, adujando, arranchando y aclarando su cabuyeria, dejándola lista y pulcra para el día siguiente.

Hay barcos que tienen malos comienzos, sobre todo cuando su armador no tiene claro si los quiere y mucho más cuando el propietario no es un individuo sino un ente abstracto como la administración. Ni siquiera en la elección de su nombre tuvieron acierto; cuando se mezclan politiqueos y marinería el resultado suele ser desastroso y se tiende más hacia los lugares comunes que a la solución brillante. La corrección política le privó de un nombre innegable o genuino y la convirtió en una goleta masculina, de un abominable mal fario. Con un gran contrasentido se la bautizó como la representación de un héroe de caballerías terrestres y polvorientas. Esos fueron sus nefastos orígenes. A pesar de ello vivió algunos años de andanzas honestas en su juventud.

Pienso que incluso en el caso de barcos con feos augurios y mala reputación,  sus tripulaciones pueden ser capaces de defenderlos a muerte como si fueran su propia familia. Para ello es obvio que debe haber una marinería competente que se encargue de las necesidades que surgen cuando desarrollan su cometido: navegar. Los técnicos terrestres no conocen sus exigencias como la gente que los marea, nunca se adelantará a sus debilidades o a sus penurias. Los barcos, incluso los más humildes, están bien siempre que los hombres que vayan a bordo sean buenos y afectuosos con ellos, pero si la gente que los tripula está de paso, nunca habrá una relación entrañable que les lleve a desvivirse por ellos. Por eso fue dañino, en un barco de esas características, poner un capitán contratado por días o por horas, para ahorrar gastos, como si se tratase de un conductor de camión. Quien así lo pensó no tiene ni idea de lo que es un barco. En esta ocupación mía de la náutica de recreo profesional, hasta el más nuevo advenedizo imagina que sabe horrores y que tu trabajo bien lo puede ejecutar un primo o sobrino amateur por el simple gozo de pasearse mirando a babor y estribor con complacencia y dar dos voces autoritarias.

Sus verdugos más despiadados fueron la vanidad y la codicia. La necesidad de gloria y mando de aquellos que solamente pensaron en la entrada triunfal a puerto con el timón en sus manos y la voracidad de otros que solo rumiaron venganzas e intereses, utilizando un bien público para sus negocios privados. Decía Conrad que el arte de gobernar barcos es más bello que el de manejar hombres pues a estos se les engaña con facilidad pero los primeros son criaturas traídas al mundo para que nos obliguen a dar la talla. Eso sería en sus tiempos románticos, ahora nada importa y todo vale, incluso dejar a un velero consumirse hasta su espina dorsal y luego abandonarlo.

A pesar de su desolación, en un último truco ilusionista de tapar sus vergüenzas le habían pintarrajeado la matrícula y el mascaron con colores chillones y llamativos, mientras por sus imbornales rezumaban goterones negros desconsolados. Y en el colmo de sus desdichas, unos días más tarde, la llevaron renqueando, mascando lamentos, como un penitente, a exhibir sus castigos en la Valencia Boat Show ; eso sí, la amarraron muy lejos de visitas y miradas, podrida en su dignidad y con unas banderitas de colores colgando sin hermosura como pingajos burlones.

 

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Lagrimas negras



-Pareces una ramera vieja, con el radiante carmín de tus labios, tus abalorios y el rímel corrido por el cansancio.- Me salió del alma, como al protagonista de “Memoria de mis putas tristes”, uno de los inmensos cuentos de García Marquez, cuando descubre que a su amada Delgadina la han transformado en una furcia corriente:

… me aturdieron los artificios: las pestañas postizas, las uñas de las manos y los pies esmaltadas de nácar, y un perfume de a dos cuartillos que no tenía nada que ver con el amor…Un vapor raro me subió de las entrañas.
—¡Puta! —grité.

La canción de hoy es una copla de León y Quiroga, “Ojos verdes”, conocida por todos en múltiples versiones, quizás la más famosa es la de la Piquer. La verdad es que todas tienen su encanto singular y aunque una de mis favoritas es la de Pasión Vega me he decantado por esta de Silvia Perez Cruz porque me parece original. La canción es una historia de prostíbulo que inicia la estrofa con un “apoyá en el quicio de la mancebía”. Me hizo gracia encontrar una antiquísima versión de la Jurado que la cambiaba por: “apoyá en la trama de la celosía”. Supongo que la censura de entonces evitó el referirse de esa forma al lupanar, pero luego el resto de la letra, pensé, ya no tenía ningún significado, y realmente las coplas eran historias cerradas y redondas, con argumentos de culebrón.  Pero estas cosas sin sentido me vien como anillo al dedo para esta entrada.

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Hijos de emigrantes

Por 4 febrero, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (6 Comentarios)
Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: emigrantes. 
Pero emigración significa éxodo. Y nosotros 
no hemos salido voluntariamente eligiendo otro país 
para en él establecernos, mejor si es para siempre. 
Nosotros hemos huido. Expulsados somos, desterrados… 
Bertolt Brecht
Estos días pasados leíamos la noticia de los tres bomberos españoles, que habían acudido como voluntarios de una ONG para ayudar en la avalancha de inmigrantes que llegan desde Turquía, apresados por las autoridades griegas en Lesbos. Se les acusaba de tráfico ilegal de personas. Muchos se llevan las manos a la cabeza leyendo esos artículos no muy bien explicados por la prensa. Así que últimamente se repiten las preguntas al respecto y mis amigos se sorprenden cuando conocen la ley. Me gustaría aportar mi grano de arena.Las leyes internacionales marítimas hace obligatoria la asistencia y el auxilio en el mar; ningún capitán se puede negar a ello, sea barco profesional o de recreo. Pero si el salvamento requiere el embarcar personas ilegales a bordo, las circunstancias se complican porque no se puede trasladar individuos sin papeles y desembarcarlos en ningún país sin permiso de las autoridades. Es decir, los puedes embarcar, pero desde ese momento no puedes arribar a ningún puerto y debes esperar a que algún país te deje entrar. Esto fue lo que le paso al pesquero español “Francisco y Catalina” hace algunos años, que rescató a 51 inmigrantes a cien millas de las costas maltesas. Esa ocasión fue especialmente dura, ya que problemas burocráticos impidieron durante ocho días el desembarco de los inmigrantes en tierra; creo recordar que se les acabaron hasta los víveres.El caso de los bomberos es algo diferente ya que sí tenían permiso griego para asistir y trasladar a los náufragos pues colaboraban con proem-aid, organización española no gubernamental para el rescate de personas en el mar. Según sus propias palabras, copiadas de un artículo del Pais:
“Eran las tres y estábamos en la costa ayudando a las personas que acababan de llegar en una embarcación. Entonces, un compañero nos alertó de que otra se estaba hundiendo en mitad del mar. Así que nos fuimos con un barco hacia la zona. Pero no lo encontramos. Navegábamos bastante alejados de la costa. Entonces, otro de los españoles, Manuel Blanco, comentó que nos estábamos acercando a aguas turcas. Decidimos volvernos. Y a los cinco minutos apareció la policía portuaria.
De acuerdo a la versión de los guardias costeros, los bomberos navegaban en una embarcación particular, propiedad al parecer de uno de los voluntarios daneses, también detenido, que no estaba autorizada para llevar a cabo rescates de refugiados.La verdad nunca la sabremos, sobre todo cuando hay por medio juicios y abogados. El caso es que las leyes están para cumplirlas, desgraciadamente incluso cuando nos parecen injustas, pero mucho más en zonas de conflictos como son las fronteras entre Grecia y Turquía. Este último país no ha parado de denunciar violaciones de sus aguas a cargo de las embarcaciones de salvamento. Los turcos no se andan con chiquitas y que no se nos olvide que derribaron un avión de combate ruso por motivos parecidos. Es posible que por estas u otras razones, ciertas autoridades griegas estén empezando a atársela con papel de fumar.Quién sabe.

El inconveniente de esta reglamentación es que las consecuencias son atroces tanto para los refugiados como para los griegos. Numerosos barcos de crucero o embarcaciones deportivas alteran sus recorridos para no verse inmiscuidos en fregados interminables con la policía y arruinar las vacaciones de sus pasajeros. Un país que vive casi exclusivamente de los ingresos del turismo y unas personas desesperadas que huyen de una guerra que no provocaron. Por no hablar de los casos de hacer la vista gorda a un naufragio en el mar; algunos contrastados y, desgraciadamente, cientos que nunca conoceremos. La crueldad humana es inimaginable.

Hasta ahora los socios de la UE tan solo han acogido a una ínfima parte de los refugiados que se comprometieron dentro del programa de re-ubicación. Pero en Europa, cada vez más, se alzan las voces pidiendo eliminar a Grecia  de la zona Schengen. Solo la mera petición revuelve el intestino y sobrepasa lo más rastrero alcanzado jamás por la Unión Europea en esta crisis. Los problemas del vecino no son los míos. Algo tan brutal como la reclusión de los leprosos de por vida en los Lazaretos.

Yo solo he tenido una experiencia de encuentro con embarcaciones ilegales, pero las condiciones no fueron tan dramáticas. A unas millas al sur de Formentera localizamos un pequeño pesquero a la deriva que llevaba unas 6 personas a bordo. Solo pedían gas oil y agua para proseguir su viaje. Nos pusimos en contacto con la estación radio costera que nos ordenó permanecer en sus inmediaciones hasta la llegada de la patrullera de la Guardia Civil. Siempre me he preguntado qué hubiera hecho si las circunstancias hubieran sido críticas ¿Los hubiera embarcado? Creo que la respuesta es que sí. Porque las leyes están para incumplirlas cuando son injustas y crueles; si no lo hiciéramos  ¿dónde nos quedaría nuestra dignidad?esa sin la cual es imposible levantarse por las mañanas. Quién de nosotros no ha oído, en boca de nuestros padres y abuelos, historias de desarraigo, éxodos y exilios; conversaciones de recurso tras las largas comilonas familiares. Todos somos hijos de emigrantes.

En la  peor crisis humanitaria a la que se enfrenta Europa desde la Segunda Guerra Mundial salvan el tipo los de siempre; los ciudadanos de a pie, sencillos y anónimos de las islas griegas con algo más de sensibilidad que nuestros representantes. Empatía es una palabra griega. Los casos son innumerables pero voy a poner el ejemplo que más trascendencia ha tenido en los medios: el panadero de Kos.
Su familia huyó de la invasión turca de Esmirna en 1922, que desplazó a un millón de griegos, muchos de los cuales se refugiaron en Australia.  Dionisis, el panadero, sabe  lo que es ser hijo de refugiado. Todos los días, sobrepasa la producción habitual de su panadería en 100 kilos de bollos. Con su furgoneta se presenta frente a la comisaría de la policía y organiza la larga fila para repartir gratis el pan.
Cuando Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, visitó la isla dijo: “Europa no es un grupo de ultras que se reúnen para quemar un albergue de sirios. Europa es el panadero de Kos, que ofrece su pan gratis para paliar el hambre de los refugiados”.  Cinismo es una palabra europea pero tiene origen griego.

Desde el comienzo de la crisis de refugiados, pescadores, amas de casa, pensionistas, profesores de las islas griegas y otros voluntarios han abierto sus casas y sus corazones para salvar a niños, hombres y mujeres refugiados que huyen de la guerra y el terror por lo cual se les ha propuesto para el premio nobel de la paz. La iniciativa, secundada por Avaaz  ya cuenta con más de 600.000 firmas. Si se lo conceden me alegraré mucho. Pero me imagino a la academia sueca entregando el galardón en un acto solemne y pomposo. La hipocresía, otra vez más, es un término griego que significa sobre-actuar, representar lo que no eres.

 

Μουσική: Zülfü Livaneli
Στίχοι:Λευτέρης Παπαδόπουλος
Ερμηνεία:Μαρία Φαραντούρη


Σαν τον μετανάστη στη δική σου γη,
μέρα-νύχτα λύνεις-δένεις την πληγή
κι όλα γύρω ξένα κι όλα πετρωμένα
και δεν ξημερώνει να ‘ρθει η χαραυγή.

Στράγγισε η ζωή σου που αιμορραγεί,
κάθε ώρα πόνος, τρόμος και κραυγή
και σ’ ακούν οι ξένοι κι ο αδερφός σωπαίνει.
Αχ, δεν είναι άλλη πιο βαθειά πληγή!

Σύρμα κι άλλο σύρμα και χοντρό γυαλί,
μάτωσε ο ήλιος την ανατολή.
Κλαις κι αναστενάζεις, λευτεριά φωνάζεις,
μα η ελπίδα μαύρο, άπιαστο πουλί.

Música:Zülfü Livaneli
Letra: Lefteri Papadopulos
Canta: María Faranduri


Como el emigrante en tu tierra
noche tras noche venda y desvenda su herida
y todo en torno a él es extraño y petrificado
y no amanece ni viene la aurora

Agotada tu vida en una hemorragia
a cada instante dolor, miedo y grito
y te oyen los extranjeros y el hermano calla
¡Aj, no existe herida más profunda!

Valla y otra valla y un vidrio grueso
ensangrientan el sol de oriente
Lloras y suspiras, libertad gritas
pero la esperanza es un negro pájaro intangible.



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Un romance

Por 24 enero, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (8 Comentarios)

Siempre hubo en mi casa un “Romancero Gitano” de Lorca. Me gustaba mucho el “Romance de la Pena Negra”y “el Romance de la Guardia Civil“;  llegué a aprenderme muchos versos de memoria. Esa tarde venía yo recitando, sin saber por qué unas estrofas repentinas.

Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.

Pudieron ser los hados o la premonición inconsciente. El caso es que cuando finalizaba las clases y me disponía a amarrar, una lancha verdinegra realizó dos trágicos círculos a nuestro alrededor y nos dejó tragando saliva y rociones de salitres en un tumulto de olas que nos cercaron como un tornado. Teníamos prisa por acabar; cerraban el puerto esa noche a partir de una hora y si nos demorábamos tendríamos que dar un gran rodeo a pie para salir.

.. Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.

Yo tiesa y quieta, mirando a todos lados como quien no ve nada y observa sin notar. La lancha que está esperando a la entrada del puerto. Los guardias en tierra. Y el brazo que se alza y la palma extendida. Y la voz potente. Aunque no quieras lo ves.
¡Nos paró la Guardia civil! Espero que sea rápido, les dije a mis acompañantes. Ya que de una clase se trataba yo expliqué la maniobra que debíamos hacer. Arrimarse despacio, dar la amarra de proa y marcha atrás con el timón hacia el muelle para que la popa se acercara poco a poco. Así lo hizo mi tripulante. Así, cogió el guardia la amarra. Así dimos atrás. Así casi destrozamos el barco porque el guardia, ni corto ni perezoso, sin un aviso, nos soltó el cabo en el último instante. La sangre empezó a templarse.

Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.

Por favor, la documentación. Por favor titulación del patrón. Por favor saquen todo el material de seguridad. Yo le dije si quería revisarlo a bordo y él me dijo que no. Yo le sacaba chalecos y él me pedía bengalas. Todos mirando la hora y él escrutando papeles. Yo me atreví con lo del cierre de la marina y él que lo hubiera dicho antes y que vamos, que no faltaba más, que la Guardia Civil es muy comprensiva y que él estaba allí para nuestra seguridad y no para estorbarnos. Y yo dije que ¡oh! pero que no se me había ocurrido hasta ahora decirle a la Benemérita que pasaba de largo cuando me dan el alto. Y él, para demostrarnos que de molestar nada de nada se fue a la patrullera con los papeles. Tardó tres cuartos de hora.

Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

Cuando ya era bien de noche y mis alumnos uno por uno fueron pidiendo permiso para irse por motivos familiares yo seguía allí viendo pasar las horas. Se acercó arrastrando las botas y rechinando sus tacones me devolvió los documentos. Le recomiendo, dijo, que no tarde tanto en encontrar los extintores la próxima vez, podría poner en peligro su tripulación.

Yo para entonces tenía la boca seca y el espíritu amargo. En lo que transcurre un instante infinito se me cayó un cielo encima y me ahogaron vaharadas de poemas. Corre que te corre, la mente en esos segundos nos traiciona. Cállate tonta y quédate quieta. Pero para entonces me hervían todos los fluidos y linfas.

Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo se les antoja
una vitrina de espuela

La voz surgió de mi interior casi sin yo quererlo:

– Y yo le recomiendo, amable guardia, que dado que nuestras profesiones confluyen de algún modo; usted Guardia Civil del mar, yo Patrona de Altura de la Marina Mercante; hagamos prevalecer las costumbres y leyes de la navegación.  También yo me permito aconsejarle que no suelte la amarra a ningún barco sin permiso de su capitán; podría haber generado un accidente. Creo que usted, como yo, queremos ser buenos profesionales.

En el silencio de la noche, en aquel puerto vacío donde el relente iba rozándolo todo con sus dedos de charol, sonó algún trueno terrible en su cabeza de plomo, chispearon sus ojos de muerto  y me arrebató los papeles de un manotazo. Pasaron dos horas más hasta que me entregó la sanción.

Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.

Con las últimas fuerzas del cuerpo rebelado le miré a los ojos y le dije:

– Ve usted cómo no se les puede decir nada. Ustedes son guardias, pero no se equivoque, no se haga a la idea de que son accesibles y comprensivos. Cíñase a poner la multa, no hay otra motivación; y no endulce su conciencia.
Tengo que reconocer que no consiguió devolverme la mirada.

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