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Esto es Grecia. Skinousa

Por 20 septiembre, 2015 Etiquetas: , , , Comentar (13 Comentarios)
Αυτό είναι Ελλάδα. Esto es Grecia. Esta frase se repite con frecuencia entre los griegos cuando no quieren dar explicaciones. Tiene múltiples significados que van desde el haz lo que quieras, nadie te lo va a prohibir, mientras no molestes al vecino, que es en sí su versión  envidiable y la esencia del libre albedrío responsable; hasta llegar a esa resignación del “¡Qué le vamos a hacer!” ese pesimismo conformista de que en este país no hay forma de cambiar nada y es mejor dejarlo correr. Esa pereza de los griegos frente a su futuro, frente a sus políticos, frente a sus miserias, como si pensaran que solo los antiguos héroes eran capaces de alterar los designios divinos. Aquiles murió en Troya y Ulises en Itaca, ya no existen, por lo tanto confórmate y no protestes, nada puedes hacer. De ahí la desgana frente a las elecciones, tras un verano de infarto, en el que lo único que han conseguido es acostumbrase a vivir en un corralito perpetuo. Y si no está en tu mano solucionar nada, pasemos a la primera premisa y por lo menos vivamos haciendo lo que nos venga en gana. Αυτό είναι Ελλάδα.

Buscando un buen abrigo del meltemi fuimos a parar a Skinousa, una de las pequeñas Cícladas, cercana a Naxos. Fondeamos en el sur frente a un puñado de pequeñas playas, protegidas por un promontorio en el que se veía una actividad frenética de camiones y excavadoras a pesar de ser domingo. Estaban construyendo varias villas a la vez, distanciadas las unas de las otras y todo el recinto protegido por un muro de piedra; debía de ser una urbanización de lujo. Decidimos dar un paseo hasta el pueblo, distante apenas 2 kilómetros y para ello desembarcamos en una de las playas. En la arena había dos chicas tomando el sol en unas tumbonas, nos miraron con desprecio e indiferencia. Al subir para encontrar el camino un enorme letrero advertía de que era propiedad privada y alertaba de la existencia de perros peligrosos. Miramos por todas partes buscando una senda alternativa pero no existía, así que tuvimos que desembocar en el jardín de una de las enormes mansiones, encerrada como todas por una muralla bien alta ¿Alguien está recreando un castro medieval?

 A la primera señora que nos encontramos le pedimos respetuosamente permiso para atravesar por la casa y acceder a la carretera. No puso mucho inconveniente pero se la veía algo violenta; realmente todo aquello era un poco raro ¿Cómo podían cerrar el acceso a una playa? ¿No existe servidumbre de paso en Grecia? Los camiones y las palas excavadoras no paraban de ir y venir con materiales de construcción; quienquiera que fuera el promotor tenía bastante prisa en acabar las obras.

El paseo fue corto porque nos imaginábamos el desastre de que alguien cerrara la puerta y nos tocara saltarla con dos feroces molosos esperándonos al otro lado; o lo más probable, quedarnos a dormir en la carretera, así que volvimos a entrar en el recinto fastuoso. Esta vez se acercó un joven a preguntar a dónde nos dirigíamos. La historia comenzaba a ponerse interesante y  decidimos tirarle un poco de la lengua, le tentamos con la pregunta acerca de una posible bajada alternativa. ¿No? ¿Y cómo es eso?

– Αυτό είναι Ελλάδα.- Acabáramos. Le debió de dar un poco de vergüenza, pues puntualizó rápidamente que él no era el dueño.- Yo no tengo tanto dinero como para esto.- Dijo sonriendo y añadió bien bajito, para que nadie le oyera- Todo esto pertenece a un armador griego- Evidentemente no quiso pronunciar su nombre; tampoco nosotros le presionamos porque supusimos que trabajaba para él.

Al bajar, las chicas seguían desparramadas al sol, sorbiendo refrescos con una pajita y esta vez no nos tomamos la mínima molestia en saludarlas.

Rebuscando en internet sobre la ley de costas en Grecia dio la casualidad de que encontrasemos un artículo, publicado ese mismo día en un periódico local, que hablaba de los desmanes de un armador griego, propietario de un terreno descomunal, en Skinousa. El problema no era el acceso a las pequeñas playas en las que estábamos nosotros, si no que lo grave es que había ocupado el camino que llevaba al arenal de Livadi, al otro lado del promontorio que es, por así decirlo, la playa oficial de la isla. Cuando se produjo la venta de los terrenos, la escritura reflejaba claramente la existencia de una servidumbre de paso, pero el nuevo propietario se había pasado la cláusula por donde se suelen pasar estas cosas los poderosos sin escrúpulos.

Los vecinos se habían enfurecido con el cierre de una senda por donde ellos y sus antepasados llevaban toda la vida pasando. Y no solo estaba la cuestión sentimental, si no que la riqueza turística de la isla dependía de esas playas ¿Cómo iban a alquilar habitaciones si los clientes no se podían bañar? Habían intentado caminos secundarios para acceder; a la mañana siguiente estaban ya cerrados por cultivos sembrados milagrosamente por la noche.

La protesta había llegado al pleno del gobierno en Naxos; la isla pertenece a la administración territorial de Naxos y pequeñas Cícladas; y se les preguntaba a los representantes municipales sobre qué acciones se habían emprendido frente a tales irregularidades y quien había otorgado la licencia de obras. Las respuestas fueron algo vagas y como sacó a relucir en las intervenciones algún miembro de la oposición, el secretario del ayuntamiento trabajaba para el propio magnate dueño de los terrenos.

La historia de los adinerados navieros de este país, sus corruptelas, sus desmanes y sus conexiones políticas se repite una y otra vez como la estrofa de una vieja canción llamada “Esto es Grecia”. Seguiremos atentos a las noticias de esta pequeña isla a ver si esta vez el concierto acaba de otra manera y podemos aplaudir.

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Cosas de cabras

Por 2 agosto, 2015 Etiquetas: , , , , , Comentar (15 Comentarios)
Que todo vuelva a ser como al comienzo
En los dedos, en los ojos, en los labios
Y dejar la vieja enfermedad
Como la camisa que dejan las serpientes
Amarilla entre los verdes tréboles.
Yorgos Seféris

Cuando las cabras andan por los riscos a veces sucedan cosas indeseadas. Hay playas en Lefkada, de un azul apabullante, de cantos pulidos, redondos y blancos en la orilla, donde se puede correr un peligro inimaginable. El traspiés de una presurosa cabra, saltando de mata en mata, desprende un piedra que resbala dando tumbos por las paredes. Con el impulso que va tomando en su caída, acelera, se precipita con fuerza y choca con los acantilados, desgajando esquirlas y rocas que se suman al tumulto, colisionan a su vez y desatan la debacle de piedras estrelladas contra piedras de la playa que saltan y se sumergen en el azul apabullante del que hablaba. Como el sordo descorchar de una botella espumosa, a un clinc, le sigue un pam y un potoplom de trozos de montaña que se vienen abajo en un alud. Arriba solo el sonar del badajo del rebaño inocente, balando como si el mundo inferior no se desplomara bajo sus pies. Si no eres precavido, una sola cabra puede acabar con tu vida.
Miraba yo las piedras caer. Pensaba en cómo se magnifican las cosas; de una simple piedra a un exponencial estruendo. Y como unos pensamientos llevan a otros sin aparente conexión, acabé meditando sobre cómo ha cambiado esta isla desde que la conocí hace ya muchos años.
La tranquila belleza de este paisaje pasó mucho tiempo desapercibida a los turistas. De hecho Lawrence Durrell escribió de ella que era una isla carente de interés frente a la hermosa Corfú. Un poco presuntuoso, pienso, o quizás falto de tiempo para recorrerla, o pluma rápida; nadie que la conozca puede hacer una afirmación tan superficial e inexacta.
Esta isla fue realmente descubierta por los navegantes que pasaban por aquí en su viaje a las islas griegas, sin percibir que esto ya era una isla y ya era Grecia, y al recalar en alguna bahía en su derrota, se quedaban boquiabiertos ante el paraíso terrenal. Tantas millas para confesar que el famoso poema de Kavafis tenía más verdad en un verso que cientos de derroteros aprendidos de memoria. Yo, después de tantos años y pese a mis creencias, a veces sospecho que en estas islas existe la mano de un  “diseño inteligente” y que realmente son un Disney-archipielago para navegar en familia.
De estos principios  hippies al gran público, la rusa millonaria que se compró Skorpios, los enormes yates o  los  fotones remarcables de Instagram disparados desde ferries y cruceros, enfocando siempre la misma ermita, han pasado unas décadas. Pero Grecia se apiada de nosotros y hace que las cosas vayan lentas; las buenas, pero también las malas. Y si el ser humano tiene una extraña obsesión de ver levantarse una casa allí donde le sorprendió la belleza de una tierra inmaculada, yo veía que la isla se resistía a que le aparecieran construcciones como el moho de un pan bueno. Pero…la piedra primero cae…luego libera otras piedras. En los últimos tiempos las viviendas han tomado carrerilla y avanzan como ejércitos insensibles entre la maleza y los bosques. El otro día me comentaba una amiga de Itaca que el clamor popular ha conseguido parar la construcción de una urbanización de estilo “micénico”. ¿Hasta dónde aguantarán? No lo sé.Hay que aclarar que para construir una casa de 100 metros cuadrados aquí, hace falta excavar la montaña; siempre en pendiente; hacer un camino; siempre en zig-zag, y explanar medio monte para asentar los cimientos potentes de estas construcciones reglamentadas por una normativa antisísmica muy escrupulosa. Es decir para hacer una villa que se habita a lo sumo 2 meses en verano hay que destrozar medio bosque. La calva que dejan en el monte de este paisaje tan verde se ve a la distancia y perdura con los años, a pesar de que la vegetación indómita se empecina en lo contrario.

La crisis actual creo que le ha dado un empujón a la cabra. Los griegos, incluso los humildes, suelen poseer numerosos terrenos heredados de generación en generación. Como no se tributaba por ellos los mantenían sin problema y gracias a ello encontrabas esas islas virginales, sin edificaciones; repletas de rebaños autónomos que pastaban a su antojo. Al aplicarles de golpe un impuesto sobre la propiedad, muchos no pueden pagarlo y acaban vendiendo. La mayoría de los compradores son extranjeros. Poco  a poco, como hacen las hormiguitas, se va cimentando el hormiguero.
La explosión del turismo náutico en la zona ha sido exponencial. Es una de las periferias; provincias en Grecia, que más ingresos perciben durante el año y que hasta se ha permitido hacerle préstamos al gobierno central, en bancarrota. No solamente son los propietarios de barcos de toda Europa que vienen a conocer el archipiélago y que gastan su dinero en tabernas, mecánicos, veleros, varaderos y supermercados;  si no los miles de barcos de alquiler que todas las semanas aparecen como un estallido de velas blancas corriendo en pos de calas ignotas. No conozco a mucha gente que esté en paro en la isla.
Todo tiene que tener un límite, a partir del cual la naturaleza dice que ya no puede más, pero cuando alguien me pregunta si prefiero barcos o casas, la respuesta es evidente: los barcos en invierno se retiran y dejan al agua renovarse, las casas permanecen para siempre, mostrando la vergüenza de nuestra soberbia, vivir unos días ahí donde no llega nadie. Y les muestro el ejemplo español, pan para hoy, hambre para mañana. Y bocadillo para las grandes constructoras.
Así que tras la publicación, emocionante, de que en el cometa 67P  la nave Roseta ha identificado compuestos orgánicos capaces de sintetizar moléculas primordiales fundamentales para la vida, como los aminoácidos, fantaseo sobre la posibilidad de recrear una evolución parecida a la nuestra. Pero enseguida me invade la desazón de imaginar, con el tiempo, a un cometa dando vueltas al universo transportando una Marina D’or llena de turistas en su superficie.

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La alegría de vivir. Grecia

Por 26 junio, 2015 Etiquetas: , , , , Comentar (11 Comentarios)
En la playa, suceden cosas interesantes.
Una llamada del proedros y ya estábamos abajo. El proedros es el secretario del pueblo. La llamada es por tam-tam. Es decir; el proedros llama a la tabernera que como tiene el local en medio del pueblo sale a  terraza y empieza a vocear:
– Anaa
– Sí
– Que dice el proedros que bajes a la playa
– ¿Para qué?
– Ni idea. Algo pasa con un barco.
No sé qué nos imaginamos. Naves a la deriva, pecios, corsarios, invasiones por mar, un ataque de tiburones sanguinarios, avispas asesinas, gatos rabiosos, arañas peludas ¡Ha llegado el fin!
Cogimos el coche y nos despeñamos durante un kilómetro entre precipicios para llegar a la playa, donde todo, aparentemente, permanecía en calma; las barquitas flotando, los arboles serenos, las sillas esperando traseros  y las mesas ordenadas en fila. El coche viejo del viejo Kosta, el coche destartalado del destartalado pescador oficial, Vangelis, y el coche del proedros, que aunque se llama Spiros hace años que no se oye pronunciar su nombre.  Es secretario desde tiempos  homéricos y su nombre de pila solo lo mienta su madre, en circunstancias muy solemnes, casi aterradoras. Lo normal es que todos le saludemos con un simple
– Eh ¡Proedre!
Deslumbraba, ya desde arriba, el blanco de un catamarán de unos 14 metros amarrado entre  rojos y amarillos de redondeadas amuras y azules agua de una tarde apacible. Era curioso que no se hubiera colocado en cualquier otro sitio que no implicara ir sorteando obstáculos de botes y amarras, pero el patrón había visto el pequeño muelle que utilizan los pescadores para aproximarse cuando trapichean con sus redes y se había puesto nervioso. Sólo es un volado de cemento, sobresaliendo de la roca, como una mano abierta que desafía las leyes temporales, gravitatorias y meteorológicas; una plataforma obstinada que sigue en pie año tras año mientras hacemos apuestas sobre cuando caerá. Pero él vio el “muelle”, pensó en lo estupendo que sería en bajar a tomar una cerveza sin mojarse y allá que fue como un obús. La maniobra, toda una obertura rossiniana.
– Os he llamado porque hoy tenemos juerga.
– Ya veo.
Los tres estaban sentados en una mesa sorbiendo sus pajitas de café frapé. Vangelis, que suele hablar con coloratura, como si fuera el gallo Claudio, les decía que más fácil si se iban al otro lado, pero se lo decía con su sube y baja declamado y en griego. El patrón le respondía con una mirada de desprecio y aires de tunosabesquiensoyo. Siguieron sorbiendo sus pajitas.
A mí me admira el temple que tiene estos griegos; aquel mastodonte moviéndose bajo maniobras de torpes manos entre sus barcas me daba espanto. Si hubiera sido mi barco me hubiera tirado a degüello. Ellos sorbían pajitas.
¿Cuántos caballos tendrá? ¿Cuánto cala? Como lleva dos motores debe de girar en el sitio ¿Por qué hace eso? ¿Dónde habrá sacado el título? Si tira ahí el ancla enganchara todos nuestros muertos. ¿De donde será? ¿Por qué le chilla tanto a su mujer? Se habrá enfadado con ella.
Consiguieron amarrar el barco tras mucho esfuerzo y se quedó allí como un Gulliver grotesco en un Liliput de cascarones balanceantes. Bajaron en un exabrupto a tomarse una cerveza casi al gallete para seguir su periplo de mil calas en 6 días. Todo un estrés.

El trío había terminado sus cafés y ante la falta de espectáculo se disponían a salir cada uno por un lado, pero el aguerrido capitán ¿De dónde salen estos capitanes? quiso hacer una demostración de su valía marinera. Soltó las amarras y dio avante con los dos motores, de dos hélices para ser más exactos, en vez de cobrar el fondeo para alejarse despacio ¿Qué podríamos esperar? Enganchó la tela de araña con la que tejen los pescadores las amarras de sus barcos y se quedó tieso como un jamón. Se pararon los motores y las risotadas se oyeron en Itaca; sobre todas las de Vangelis que tiene risas de tres octavas. Y Kostas impertérrito viendo como la auxiliar que utiliza para llegar a su Dina, su barca en mayúsculas, sucumbía bajo el tirón de la amarra enredada en la hélice del héroe vespertino.

– La va a hundir.

Pidieron otro frapé y continuaron riendo a moco tendido. Mucho más cuando el capitán se tiró al agua con un puñal en la boca, en ese momento nos caímos de las sillas.

Me dieron una lección; la vida no hay que tomársela tan en serio ni a brazo partido es tan simple como verla pasar.

Una dedicatoria a aquellos que siembran cizaña y piensan que Grecia se acaba en sus telediarios.
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Al desguace con la belleza

Por 19 junio, 2015 Etiquetas: , , , , Comentar (16 Comentarios)
Ayer leía una noticia en un periódico griego, To Bima,  un artículo que me llenó de tristeza. De los 17.500 barcos de pesca tradicionales que hay en Grecia, 7.500 tienen que ser desguazados. Desmembrados. Hechos pedazos. Kaiques y Tratas, los pesqueros ancestrales de madera, deben ser reducidos a serrín por una normativa comunitaria. El objetivo es disminuir la flota en aguas mediterráneas para intentar atajar la sobrepesca. Sus propietarios se enfrentan bien a cambiar de profesión, bien a cambiar de bandera, bien a adquirir barcos más grandes. Ahí no pillo bien esa normativa ¿Es de suponer que uno grande esquilma menos que dos pequeños? O quizás es todo cuestión de una media ponderada, la estadística de que del pollo que nos comimos a medias me lo zampé yo sola mientras tú mirabas.
Es un hecho ineludible que como no pongamos coto a desmanes pronto el Mediterráneo será un charco sin vida y que estamos obligados a idear todos los medios a nuestro alcance para evitarlo. La pesca indiscriminada de alevines, con la consiguiente ruptura de la cadena reproductiva de muchas especies, ha borrado del mar muchas variedades antes abundantes. La mejor forma de evaluar la presión pesquera en una zona es mediante el “esfuerzo pesquero”;  el  producto de la capacidad; número de licencias y tamaño de los buques, y de la actividad; el número de días que un buque pasa en el mar. Pero todas estas entelequias, con fórmulas que yo alguna vez estudié, manejadas en un despacho de Estrasburgo, poco tienen que ver con la cultura y con la vida. No dudo de la buena voluntad de los funcionarios que redactan estas leyes, pero el ver el mundo a través de una pantalla y unas letras ordenadas y justificadas puede tener graves consecuencias colaterales.

La desaparición de esta forma de construir artesanal, que viene evolucionando desde los tiempos de Homero, es también la extinción de  una forma de vida de muchas islas; de hecho no había isla orgullosa de su nombre que no luciera un astillero; donde calafates y carpinteros de ribera, maestros y aprendices, gubias y formones iban dando rienda suelta a los sueños marinos de unos árboles que estaban resabiados en estas cuestiones, de tanto mirar al líquido elemento. De aquí salieron las naves de cóncavas proas que conquistaron tantos puertos y corazones; que llenaron de colorines un mar azul como pocos. Ya he hablado de ellas con antelación.

La mayoría de estos barcos griegos de madera condenados a muerte son de tamaño medio y suelen faenar en aguas costeras, alejándose solo a altamar cuando las condiciones son muy bonancibles. Sus métodos de captura son tradicionales y normalmente carecen de la electrónica sofisticada de las grandes naves que se construyen hoy, capaces de oír el suspiro de un pez a 50 millas. También hay que tener en cuenta que  este Marenostrum no es tan nostrum como quisiéramos, sino más bien es probable que lo que diga Europa se le dé una higa a una gran mayoría de países ribereños que piensa seguir pescando con lo que haga falta. Dinamita o bombas nucleares, lo necesario para sobrevivir. Es decir, a veces dudo que la medida provoque algo más que la perdida de estas joyas marineras que alegraron los ojos de muchos. Todo seguirá igual, pero si ellos. Todo será más triste.

El vídeo que os muestro a continuación está en griego, así que los que no conozcan el idioma pueden ir directamente al minuto 10:56. Advierto de antemano de que puede herir la sensibilidad de algunos.

Lo más importante y amargo de todo es que estos barcos eran bellos y elegantes; atributos ambos muy preciados y con una reproducción tan delicada que colapsan y se extinguen con facilidad. Con rapidez se llena el mar de especies oportunistas de plástico y fibra, salidas de moldes facilones y fabricación en serie. Cardumenes de chárter sin diferencias, todos uniformes, efectúan sus puestas cada sábado y conquistan el lecho ecológico que dejaron estas maravillas. Sin estos barcos se desdibuja el Skyline griego, tan lleno para mi de frisos y de columnas como de proas altivas con peces dibujados en sus amuras.

Θανάσης Παπακωνσταντίνου – Η τράτα
Με μια τράτα ολόχρυση
με σουρωτήρι πάτο,
στο σκότος πλέει αβύθιστη
με πλήρωμα φευγάτο.
ψαρεύει αναστεναγμούς
και τους πουλάει στ’ αστέρια.

Ωρέ η βάρκα μας, γκιόσα
Αντί πανιά πουκάμισα
και για κουπιά τα χέρια,

ωρέ η κουρελού, γκιόσα.
Βρε πότε ‘δω και πότε αλλού
μες τα πελάγη τ’ ουρανού.
Ωρέ πότε ‘δω και πότε αλλού
η βάρκα μας η κουρελού.

Χιλιάδες μάτια την κοιτάν
καρδιές την προσκυνάνε,
κι όσοι παραλογίζονται
που πάει τη ρωτάνε.

Πηγαίνω μεσοπέλαγα
με τ’ άλμπουρα της νίκης,
για να χτενίσω τα λυτά
μαλλιά της Βερενίκης

Ωρέ η βάρκα μας, γκιόσα…

Φεγγάρι παλιοφέγγαρο
φεγγάρι μεταξένιο,
τη νύχτα κάνεις φωτεινή
κι εμένα αλλοπαρμένο.

Οι πρώτοι και καλύτεροι
σε ψάχναν στα ρυάκια,
κι εγώ από τη Λάρισα
σου στέλνω τραγουδάκια.

Ωρέ η βάρκα μας, γκιόσα…

Thanasis Papakonstantinos. La barca de arrastre
En una barca dorada
Con los fondos como un colador
En la oscuridad navega insumergible
Sin tripulación.
Pesca suspiros
Y los vende a las estrellas.

Nuestra barca, vieja
En vez de velas una camisa
Y por remos las manos

Nuestra jarapa, vieja
Ahora aquí y luego en otro sitio
Por los mares del cielo
Ahora aquí y luego en otro sitio
Nuestra barca, la jarapa

Miles de ojos la miran
Los corazones se postran
Y los irracionales
Le preguntan dónde va

Voy a altamar
Con el aparejo de la victoria
Para peinar los sueltos
Cabellos de Berenice

Nuestra barca, vieja…

Luna vieja, luna de seda
La noche haces luminosa
Y a mí volverme loco

Los primeros y los mejores
Te buscan en los riachuelos
Y yo, desde Larisa
Ten envío cancioncillas.

Nuestra barca, vieja…

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