Browsing Tag

Actualidad

Sostiene María

Por 7 junio, 2015 Etiquetas: , , Comentar (13 Comentarios)
Sostiene María que esto no hay quien lo sostenga.
Hay razones de peso para subir a la montaña de Lefkada al anochecer. Podrían ser las vistas sobre el  archipiélago al crepúsculo, recorte de islas negras sobre mares en calma, podría ser ver el monte en su plenitud
nocturna, cuando seres vivos se preparan unos para el descanso otros para la caza, podrían ser unas albóndigas. Pero en primavera, si te interesa un espectáculo luminoso, tienes que subir por las luciérnagas voladoras. Cuando la penumbra comienza a sombrear lo oscuro con más oscuro y el azul profundo con negro, entonces y solo entonces comienza el bosque a mostrar chispas y lentejuelas, destellos sutiles y desapercibidos que poco a poco te encantan y te conducen a un cuento pequeño. Si no existen las hadas ¿Qué es esto? Vuelan aquí y allá, sin previo aviso, se esfuman, se agrupan, flotan; dejan los arboles tan llenos de estrellas como un cielo de purpurina. Centellas fugaces que persigoa manotadas sin alcanzarlas. Si no fuera por las serpientes y las tarántulas, me quedaría quieta a esperar al alba sin respirar. Soñar que se vive en un sueño.
Sostiene Maria que yo vine aquí por sus keftedakia. Sí, eso es verdad, pero no solo, que también los genios me llamaron con sus flautas. Pero fundamentalmente es que charlar con ella es un placer, la ninfa buena y amable
del bosque; la de las bolitas de hierbabuena y albahaca.  Y sin hacerse de rogar, a los postres te canta la canción del sol y la luna, mientras mira al techo donde los tiene dibujados; para no perderlos de vista. Sostengo, María, que cenar en tu taberna contigo es un honor impagable.
Cuando la conocí cuidaba a una cría de búho que se había caído de un árbol. Atado con una cinta de raso rosa en una pata para que no escapase. María lo lanzaba al aire entre risas sujetando la cinta con una mano.

-Tiene que aprender a volar. ¡Vuela!-  No supimos qué pensar, si era locura o sadismo; el desdichado
pájaro se daba unos morrones descomunales. Nunca supo volar porque lo mato un gato.

– Era un gato “agrio”.- Dícese en Grecia por salvaje. Lo contó con una cara de misterio;  bajito y exquisitamente
pronunciado lo de agrio; que nos hacía imaginar un tigre de Bengala furibundo.- Se lo comió.
Desde entonces, subir para ver luciérnagas, búhos y albóndigas mentoladas es visita tan obligada como el Partenón en Atenas.
Sostiene María que ha llegado a un punto en que ya no se creen nada. Que ningún futuro es peor al que están viviendo.

– En Atenas. Aj, en Atenas vi a un viejito empujando a un coche con un bebé mientras buscaba en las
basuras para darle de comer.
Y nosotros, haciéndonos pasar por abogados diablescos, le argumentamos que fuera de Europa quizás sería una catástrofe. ¿Más?
Sostiene María. Sostiene que es posible pero que no importa. Que los griegos como ella están cansados de que les llamen vagos y tramposos. Cuando tiene extranjeros a la mesa; de hecho su local es muy famoso entre la población germana que vive en la isla; no quiere ni oír hablar del tema.

– No comento con ellos nada aunque me hagan alusiones o indirectas. Después de levantarme a las 6 de la mañana para regar el huerto, recolectar la verdura, limpiar la taberna, bajar a comprar, cocinar y servir
las mesas, si me dicen que somos indolentes y mentirosos no sé qué les haría. Me pregunto por qué se han venido a vivir aquí, si es qué Grecia no les gusta.-  Sostiene María, como Diógenes, que le quitan el sol y le hacen sombra.

Sombras alargadas y pálidas de bárbaros norteños con garras afiladas que se cierran sobre su cuello sin darle descanso.

Sostiene María que Tsipras es un buen chico y que ella quiere que todo le salga bien para que no se vaya, porque es el primer presidente del gobierno honrado y que no les roba.
Sostiene María que ha trabajado desde que tiene uso de razón y que religiosamente todas sus facturas e impuestos. Sostiene María que es muy doloroso que en Europa los traten como apestados. Y que digan eso de que España no es Grecia ¿Por qué? ¿Es un deshonor?
Y cuando me marcho me da un abrazo emocionado que me levanta en vilo, como un éxtasis de tebeo de  “vidas ejemplares”;  y comienza el baile de luces, en el bosque y en mi cabeza. La bruja buena te hechiza con sus mimos y carantoñas ; te pone polvos en las albóndigas para que te quedes turulato por siempre y no pienses más que en volver a sus dominios. Sostengo.

 Ορφέας Περίδης. Παραμύθι

Τον ήλιο το φεγγάρι τη θάλασσα
ρωτάω μην την είδαν αντάμωσαν
κι ο ήλιος μου απαντάει απ’ το βουνό
θα φέξω όλο τον κόσμο και θα τη βρω

Μου λέει το φεγγάρι και μου γελά
στης μάνας της κοιμάται την αγκαλιά
εγώ θα την ξυπνήσω όταν τη δω
εμένανε μ’ ακούει σαν της μιλώ

Κι η θάλασσα μου λέει απ’ τα βάθη της
εσύ θα ‘σαι για πάντα η αγάπη της
τα κύματα θα στείλω του ωκεανού
να παν να της δροσίσουν καρδιά και νου

Κι η θάλασσα μου λέει απ’ τα βάθη της
εσύ θα ‘σαι για πάντα η αγάπη της
εγώ όλα τα ενώνω να σε χαρώ
τα δυο τα κάνω ένα γη κι ουρανό

Cuento
Letra y música: Orfeas Perídis

Al sol, la luna, el mar
Pregunto si la vieron
Y el sol me responde desde los montes
Iluminaré todo el mundo para encontrarla

Me dice la luna y se ríe
En los brazos de su madre duerme
Yo la despertaré cuando la vea
Ella me escucha cuando le hablo

Y el mar me dice desde sus profundidades
Tú siempre serás su amor
Te mandaré las olas de los océanos
Para le refresquen el corazón y el espíritu

Y el mar me dice desde sus profundidades
Tú siempre serás su amor
Lo uniré todo para agradarte
De la tierra y el cielo haré uno.

Share:

Otra cerveza, por favor

Por 20 abril, 2015 Etiquetas: , , Comentar (24 Comentarios)

A los visitantes de Grecia les acaba entusiasmando la cerveza Mythos. Supongo que el nombre es de lo más sugerente para una cerveza local y además está muy rica. Pero desde que me enteré de que Mythos pertenece ahora a la casa Carlsberg  me agrada más recomendar a mis amigos la Fix, porque es la única genuinamente griega. Igual en este mismo momento, mientras escribo esta entrada, patino porque las cosas corren que vuelan en Grecia y todo cambia de manos sin que nos enteremos. Pero aparte de este arranque patriótico sin excesivo interés en un mundo globalizado, la historia de la cerveza Fix, la más antigua fabricada en Grecia, me parece de lo más curiosa.Cuando Grecia logra su soberanía, libre al fin de la ocupación otomana, en la Conferencia Internacional de Londres se decidió que Otón, el segundo hijo de Luis I de Baviera, sería el rey del recién fundado país. Tiene gracia porque parece que alguien quiso crear una broma onomatopéyica con el nombre del nuevo rey y los antiguos opresores. Otón I llegó al país acompañado por tres asesores y 3.500 soldados y gobernó hasta 1835 con un Consejo de Regencia bastante impopular para los griegos, compuesto por funcionarios bávaros; este periodo fue conocido como la “bavarocracia” (Βαυαροκρατία). El descrédito del rey fue en aumento debido a la subida de los impuestos, que llegaron a ser mayores que los existentes en el periodo otomano, y porque ya sentado en el trono se lo pensó mejor y se  negó a promulgar una constitución; algo que estaba dispuesto en el acuerdo tras la independencia griega. Años más tarde, ante la insistencia de Gran Bretaña y Francia, los bavarócratas fueron relevados por ministros griegos, aunque los bávaros continuaron copando altos puestos de la administración y el ejército, lo que creó gran malestar social.

Johan Fuch viajo desde Baviera buscando a su padre, un funcionario acompañante del rey, pero desgraciadamente no llegó a tiempo de verlo con vida. Tras el sepelio, algo de esta tierra pobre e inexperta debió cautivar al teutón, quizás la excelencia clásica, los humildes olivos, los mares azules, la luz inacabable. O quizás el cómodo estatus que habían alcanzado sus compatriotas, sus fortunas o las grandes posibilidades que ofrecía una tierra nueva y un país por hacer. El caso es que decidió quedarse en Grecia y para ganarse la vida de la mejor forma posible valoró concienzudamente qué podría ofrecer a las clases pudientes, los bávaros, que eran los únicos que tenían dinero para gastar. ¿Qué desea un alemán en una tierra sedienta y calurosa de piedras ancestrales peladas y secas? ¡Una cerveza! Así fue como Johan Fuch creo la primera compañía cervecera de Grecia. Su nombre fue fermentando, como el mosto de cebada, por el decir popular y acabó convertido en Ioannis Fix.

Gracias al favor del rey, a la marca Fix se le otorgó el monopolio cervecero nacional por 100 años. El éxito entre los bávaros fue colosal y contagió a los griegos que empezaron a gustar de la burbujeante bebida milenaria como una manera de equipararse en clase social. La cerveza se convirtió en todo un símbolo nacional cuando en 1957, el famoso arquitecto Takis Zenekis fue contratado para diseñar las nuevas instalaciones de la avenida Singrou, en Atenas. El edificio, modernísimo para su época, estaba parcialmente acristalado, lo que permitía a los viandantes quedarse embobados observando cómo se fabricaba el brebaje. Hoy en día, la estación de metro de Singrou se sigue llamando Fix, aunque el edificio fue medio demolido y reconvertido en el Centro Nacional de Arte Contemporáneo.

 

Todo sube como la espuma y baja si lo dejas reposar. La marca se fue apagando, unos dicen que por corrupción, otros que por malas políticas de mercado, o tal vez porque la competencia entró con ímpetu arrollador. El caso es que Fix  empezó a agonizar en la década de los 60. En 1965, cuando ganó el primer Papandreu las elecciones con un 65% de los votos, el rey Jorge no gustó de la decisión popular y propuso a su candidato, M. Garofalias, en su lugar. Garofalias estaba casado con la viuda de Fix. El pueblo montó en cólera y dejó de tomar cerveza; la marca que ya se tambaleaba acabó por caer.

La firma fue comprada y vendida en varias ocasiones más, hasta que en 2009, tres empresarios griegos, se lanzaron con entusiasmo a fabricar cerveza Fix y reconquistar el mercado, hasta hoy; haciendo mucho hincapié en utilizar solo productos cultivados en Grecia.

Así que yo siempre pido esa cerveza cuando voy a las tabernas. No se trata de hacer publicidad, porque en estos casos nunca tienes claro si son indios o vaqueros, pero al fin y al cabo que más da, la historia es la que uno se monte en un cálido día de verano, mirando al mar, debajo de una parra, meditando sobre porque las cosas parecen repetirse una y otra vez. Tomaros la que gustéis. Si es posible con aceitunas.

 

Πίνω πληρώνω για το χθές
Στίχοι, Μουσική: Σωκράτης Μάλαμας
Πίνω πληρώνω για το χθές μ’ άδειες Κυριακές
μιά μπύρα μία, μία  κι άλλη μια σαν απειλή, σαν βρισιά
ψυχή μου πιές, πιές όσο θές μήπως και πάρεις στροφές.
Στρίβω και πέφτω στο στενό, πόσο σε ζητώ!
Kοιμάσαι αλλού, σκέψη αλλουνού σου
τυραννάει το νού.
Kι είναι πρωί, η πόρτα κλειστή, στόρια
νεκρά, φώτα σβηστά, παίρνω τοδρόμο ξανά.

Bebo pago por ayer
Letra y música: Socratis Malamás
Bebo, pago por ayer con domingos vacíos
Una cerveza una, una y otra más como amenaza, como insulto
Alma mía bebe, bebe lo que quieras, quizás hagas eses.
Giro y caigo en el callejón ¡cuánto te busco!
Duermes en alguna otra parte, pensar en otro te ocupa la mente.
Y es de día, la puerta cerrada, las persianas muertas, las luces apagadas

Emprendo mi camino de nuevo.

PD
Me acaban de corregir, me lo temía. Parece ser que Carlsberg compró el 51% de la empresa el año pasado. Habrá que beber vino a granel. Excelente en Grecia, por otro lado.

Share:

Perros de la revolución

Por 25 marzo, 2015 Etiquetas: , , , Comentar (4 Comentarios)
No hay dos perros iguales cada uno tiene su carácter exclusivo y su apasionamiento. En el fondo son animales obsesionados con un tema que convierten en el leitmotiv de su existencia; pelotas, ovejas, liebres, hasta la lucha política. No bromeo; así que de perros legendarios pasemos a darle un repaso a los chuchos de la revolución.

Un ejemplo de animal muy especial fue Dick el perro amigo de los deportados, en el campo de concentración de Limnos para disidentes políticos, bajo la dictadura de Metaxas. Dick odiaba a los guardas, a los que enseñaba feroz los dientes cuando se acercaban; protegía a su forma a los cautivos inventando perras triquiñuelas. Los policías tenían la costumbre de esconderse entre los barracones por la noche para espiar las conversaciones de los reclusos, denunciarlos como conspiradores y arruinarles la vida, un poco más si cabe. Dick agazapado los sorprendía y se arrancaba a ladrar con estruendo para alertarlos; cuando los reclusos le oían gruñir ya sabían que era hora de callar o de hablar del tiempo.  En dos ocasiones comió veneno el pobre Dick, pero hay que reconocer que su vida de proscrito le agudizó el ingenio hasta hacerlo más listo que el propio hambre. Cuentan quienes lo conocieron, que sintiéndose morir, se fue arrastrando en silencio hasta el barracón donde mantenían un servicio médico improvisado los propios reclusos; allí le realizaron un lavado de estómago y lograron salvarlo por los pelos. Dick se hizo asiduo de aquel centro de salud especial; se acercaba  si se clavaba un pincho, se cortaba la pata o le arañaba un gato. Un día, Dick pasó por delante de una larga fila de reclusos que esperaban su turno para ver al doctor. “Dick, no te cueles” le increparon en broma; el perro agacho las orejas, se dio la vuelta y se colocó en el el lugar más apartado.

Mataron a su novia, mataron a sus cachorros, por si Mendel tenía razón y se organiza un pelotón indiscreto de retoños muerde-polis. Lo mataron a él al fin, cuando los presos fueron trasladados al penal de Makronisos y no pudieron llevarlo con ellos. Lo mataron, por celos, por despecho y por mala baba.

El célebre poeta  Yianis Ritsos, uno de los testigos de primera línea,  le dedicó un poema al compañero Dick,  para que nadie olvidara a ese héroe cuadrúpedo, camarada, respetable y cariñoso con quien era de los suyos, que perdió su vida peleando por un mundo más justo a su irracional manera. El poema está recogido en su Cantata de Makronisos y esta es la versión musicada, no muy buena por cierto, pero pertenece a una época en que la melodía era acompañante secundario de las canciones protestas.

Να μη ξεχάσουμε και το μνημείο του Ντικ
Ναι, ναι του σκύλου μας του Ντικ
Της ομάδας του Μούντρου
Που τον σκοτώσαν οι χωροφυλάκοι
Γιατί αγάπαγε πολύ τους εξόριστους
Να μην ξεχάσουμε σύντροφοι τον Ντικ
Τον φίλο μας τον Ντικ
Που γάβγιζε τις νύχτες
Στην αυλόπορτα αντίκρυ στη θάλασσα
Κι αποκοιμιόταν τα χαράματα
Στα γυμνά πόδια της λευτεριάς
Με τη χρυσόμυγα του αυγερινού
Πά στο στυλωμένο αυτί του

Τώρα ο Ντικ κοιμάται στη Λήμνο
Δείχνοντας πάντα το ζερβί του δόντι
Μπορεί μεθαύριο να τον ακούσουμε πάλι
Να γαβγίζει χαρούμενός σε μια διαδήλωση
Περνοδιαβαίνοντας κάτου απ’ τις σημαίες μας
Έχοντας κρεμασμένη στο ζερβί του δόντι
Μια μικρή πινακίδα «κάτω οι τύραννοι»
Ήταν καλός ο Ντικ.

No olvidemos la memoria de Dick
Sí, sí, nuestro perro Dick
Del campamento de Mudros
Al que mataron los guardas
Porque amaba a los presos
No olvidemos a nuestro compañero Dick
Nuestro amigo Dick
Que ladraba en la noche
En la puerta frente al mar
Y dormitaba al amanecer
A los pies desnudos de la libertad
Con la luz dorada del lucero del alba
Pero con una oreja tiesa.
Ahora Dick descansa en Limnos
Mostrando siempre sus colmillos
Quizás lo oigamos pasado mañana
Ladrando contento en la manifestación
Desfilando bajo nuestras banderas
Y colgando de su boca
Un pequeño letrero “abajo los tiranos”.
Era bueno el Dick.
Kanelo apareció por primera vez en
los años 90 en la calle Patission, con los colmillos desafiantes. Residía a
medias entre las aulas y los jardines del politécnico; de infausto recuerdo en
la lucha contra la dictadura de los coroneles; y las calles de Exarchia, el
barrio de los anarquistas. Murió en 2007 cuando contaba ya 17 años y la lucha
callejera había mermado mucho sus facultades. 
Los estudiantes le protegían, lo alimentaban y le curaban las heridas
después de cada altercado en el que se había dejado el alma como el primero;  respondía ladrando sin reservas a los policías
que los acosaban y persiguiendo a “secretas” que detectaba olfateando entrepiernas,
con esa astucia de sabuesos que solo ellos tienen. No había asamblea en la que no
estuviera Kanelo presente codeándose con los cabecillas y dejándose acariciar
por sus camaradas.
Fotografiar de www.enikos.gr/
Por orden del decano de la escuela de
arquitectura lo detuvieron y lo llevaron a la perrera de Markopulo.  Más de 200 personas firmaron y presentaron
una denuncia y consiguieron que liberaran a Kanelo a cambio de encontrarle un
techo en el apartamento de un estudiante que se hizo cargo de él. Dicen que en
sus últimos momentos le fallaban las patas traseras y alguien le fabricó un artilugio
con ruedas para sacarlo a pasear, para que, aun orgulloso y egregio, siguiera
saludando al mundo, el que le conocía y admiraba. 

También Kanelo pudo presumir de su canción

Θα μιλήσω για τον φίλο τον Καννέλο
που ‘χει μια καρδιά και τέσσερα ποδάρια
Που γυρίζει στα Εξάρχεια τα βράδια
κι όλοι τον σέβονται του βγάζουν το καπέλο
Στη γωνιά Πολυτεχνείου και Πατησίων
κυνηγούσε λένε έναν ασφαλίτη
Και μια μέρα εθεάθη στο Θησείο
να γυρνάει με μια σκυλίτσα από σπίτι.
Ένα τραγούδι για το σκύλο τον Καννέλο
που με δάγκωσε μα τον καταλαβαίνω
Υποστήριξε την άποψη με πάθος
ότι είχα πάρει τη ζωή μου λάθος.
Χίλια πρόσωπα αλλάζει αυτή η πόλη
μα κανένα δεν τρομάζει τον Καννέλο
Κι αν καμιά φορά τον βλέπεις λυπημένο
την ουρά του σπάει κι αρχίζει γυροβολεί
Φυλακίζει όσα κόκαλα πετάνε
όλοι αυτοί που ασχημαίνουν τη ζωή μας
Και το ξέρω όταν στα μάτια τον κοιτάμε
πως γουστάρει, πως γουστάρει τη σιωπή μας.
Ένα τραγούδι για το φίλο τον Καννέλο
…..
Φυλακίζει όσα κόκαλα πετάνε
όλοι αυτοί που ασχημαίνουν τη ζωή μας
Και το ξέρω όταν στα μάτια τον κοιτάμε
πως γουστάρει, πως γουστάρει τη σιωπή μας.
Ένα τραγούδι για το σκύλο τον Καννέλο

……
Hablare del amigo Kanelo
Que tiene corazón y cuatro patas
Que regresa a Exarchia por la noche
Y todos lo respetan y levantan el sombrero
En la esquina de Politecníu y Patissión 
Dicen que cazó a un secreta
Y una mañana fue visto en Thisio
Volviendo con una perrita de casa
Una canción para el perro Kanelo
Que me mordió pero lo entiendo
Defendiendo su postura con pasión
De que había cometido un error en mi vida
Mil rostros tiene esta ciudad
Pero ninguna asusta a Kanelo
Si alguna vez lo ves entristecido
Moverá el rabo y empezara a girar
Guarda cualquier hueso que le arrojan
Todos aquellos que afean nuestra vida
Y sé, cuando miro sus ojos
Como le gusta, como le gusta nuestro silencio
……
Cuando en
diciembre de 2008, un perro de color crema se abalanzó rugiendo contra la
policía antidisturbios, en defensa de los manifestantes en Atenas, todo el
mundo pensó que Kanelo estaba vivo y había vuelto. Desgraciadamente no era así,
si no otro can atacado y amante de las manifestaciones; Lukaniko. Esta vez fue
la prensa la que siguió sus andanzas y lo convirtieron en un perro mediático. Fue
protagonista de reportajes de la CNN, BBC o Al Jazeera que hicieron de él un
símbolo mundial de la “resistencia griega” frente a la troika. Su fama llegó al
punto de ser considerado en el 2011 por la revista Time como una de las cien figuras
más reconocidas en el mundo.  Este pulgoso
tiene infinidad de canciones dedicadas, pero puestos a elegir me ha gustado más este
montaje con música de Morricone: El bueno, el feo y el malo. También porque no
tiene letra y yo ya me he cansado de traducir.

Esta entrada
está dedicada a la memoria de estos invencibles insensatos. Y a la de Ramiro al
 que le encantaba la canción de Dick; él me puso tras su pista.
Share:

La escalera

Por 6 febrero, 2015 Etiquetas: , , Comentar (14 Comentarios)
Algunos, que conocimos Grecia hace ya muchos años,
coincidimos en una cosa; era un pobre país sin pobres. La población humilde
vivía en un nirvana solidario, llamativo a nuestros ojos extranjeros, en el que
ser justo y honrado era elegante. No era infrecuente que gastaran buena parte
del telediario en contar la historia de un niño que había encontrado una
cartera con dinero y la había entregado a la policía. Era el gran héroe del
día. Ellos entonces no podían darse cuenta de que vivían en el cielo, un paraíso
de casas con las puertas abiertas, de automóviles rotos durmiendo con las
llaves puestas, de tiendas sin tenderos, de bicicletas apoyadas en la farola y de
barcos que iban y venían al pueblo cercano para traer el pan de toda una isla.
Esa sensación familiar te acababa por agarrar fuerte el corazón y luego te
echaba mano a la garganta española, atenazándola con una triste sensación de
pérdida, de Arcadia olvidada, y un regusto melancólico que te dificultaba
tragar cuando volvías a tu país. Pronto descubrimos que si allí nos habían llevado héroes, cuentos y dioses, lo que se nos revelaba eran los misterios de
unos habitantes tan peculiares que acababas desarmado y rindiéndote a sus encantos sin oponer resistencia.
El estado era un ente lejano que vivía una existencia
paralela, no ofrecía nada pero tampoco pedía mucho. Era más bien una penitencia
ineludible que llevaban con indiferencia. Tampoco molestaba con su aliento
sobre el hombro diciendo lo que sí y lo que no. Y esta orfandad de papá-estado
propiciaba agudizar el ingenio para sobrevivir y componértelas solo y,  como una presión evolutiva, la selección de
individuos más imaginativos, estrafalarios, autosuficientes, excéntricos y algo
chalados.
Una vez nos invitaron a cenar unos amigos a su casa, todavía
sin finalizar, en el sur de Lefkada, colgada en la pendiente de un monte y con
una vista interrumpida sobre Itaca.
El tema de las casas sin acabar es uno de los primeros que
llama la atención en Grecia. Se completa la planta baja y a lo sumo el primer
piso, pero siempre se dejan las varillas de los pilares sobresaliendo por
encima del último forjado. Así más tarde podían seguir subiendo y como la casa
no estaba acabada no había que pagar los impuestos. A veces encuentras calles
enteras de estas construcciones, casas con pelos erizados que asemejan
guerreros hoplitas con lanzas.
Dejamos el coche en un entrante de la montaña, sobresaliendo
un poco en la carretera, cuando ya anochecía. Al asomarme al arcén me daba un
poco de vértigo, el precipicio, el mar abajo, la nada en medio.
– Buenas vistas sí tendrá.
– Claro que sí.
– ¿Por dónde andará el camino para bajar?
Comenzó a llover. Por mucho que buscáramos a tientas no
encontrábamos ni rastro de calzada, así que iniciamos el descenso por intuición
sobre aquella pista pedregosa. De vez en cuando el pie resbalaba, la piedra
salía despedida y caía dando tumbos para precipitarse en la noche oscura.
Seguía lloviendo. Quizás lo más sensato sería sentarse y bajar arrastrando.
– ¿En el barro?
– En el barro.
Decidimos deslizarnos, como en un tobogán engrasado, hasta
darnos de bruces con la casa. Cuando llegamos estábamos literalmente enfangados
y la vivienda que encontramos era sombría, silenciosa, oscura; una obra
abandonada.
– ¿Dónde viven?
Me asomé por el vano de una puerta que daba al precipicio y
al profundo mar. Dios mío. Apoyada en el quicio había una escala de aluminio
sin aferrar  que crujía con el viento, al
seguir con la mirada sus peldaños vislumbré un resplandor que salía del piso de
abajo como un fuego fatuo.
– Pues habrá que bajar.
Las piernas temblaban, los ojos entrecerrados, el corazón
dando saltos. Cuando por fin conseguí pisar tierra firma un alivio heroico me
recorrió el cuerpo.
– Ah ¡Bravo! – Exclamaron nuestros amigos sorprendidos ellos
también de que no hubiéramos rechistado durante la sorprendente rapelada por la
montaña.
Con la luz me di cuenta de que nuestro aspecto era tan
deplorable como el que cabe imaginar después de sentarse en el suelo, quitarse
los pelos de la cara con la mano y rascarse ocasionalmente la nariz.
Un perro negro se acercó encantado a saludar moviendo la
cola con rapidez y se detuvo a olfatear, con insistencia y entusiasmo; la que
ponen los canes cuando algo les gusta; los pegotes de tierra de mis piernas y
brazos. Debía olerle aquello a delicias;  a tierra, a lombrices, a musgo, a
desperdicios, a mundo al fin y al cabo, a la libertad soñada.
– Es muy bueno. Nunca sale de casa.
Yo miré al perro y a la escalera. El movió el rabo.
– No cómo el gato, ese era malo. Se escapó un día y nunca
volvió.

La cena fue memorable. Nunca había comido la carne de vacas
que viven en libertad en una isla y que se cazan una vez al año. Nunca una
invitación me pareció tan emocionante. Empezaba yo a intuir que en este pais, cualquier cosa, por insignificante que fuera, tenía posibilidades de convertirse en una experiencia increible. 

Το σκαλοπάτι σου
Στίχοι: 
Βασίλης Τσιτσάνης & Γεράσιμος Τσάκαλος
Μουσική:  
Βασίλης Τσιτσάνης
Το σκαλοπάτι σου θα κάνω για κρεβάτι
αφού την πόρτα σου την άφησες κλειστή
θα μείνω έξω μια και το ‘βαλες γινάτι
κι από το κρύο η καρδιά μου θα σκιστεί
Το σκαλοπάτι σου απόψε θα ρωτήσω
γιατί εκείνο μου κρατάει συντροφιά
αν πρέπει να ‘ρθω ή να μην ξαναπατήσω
να δω τα μάτια σου γλυκιά μου ζωγραφιά
Tu escalera
Letra y
música: Basilis Tsitsanis
De la
escalera tuya haré mi cama
Aunque me
dejes la puerta cerrada
Me quedaré
aunque te empecines
Y mi corazón
se rompa con el frio
A tu
escalera esta noche le preguntaré,
Porque me
sostiene como a un camarada,
Si debo
venir o nunca más volver a pisarla
Para ver tu
dulces ojos dibujados.
Share: