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Anecdotas

La Cartera

Por 28 julio, 2011 Etiquetas: , , Comentar (10 Comentarios)
-¿Qué os pasa? Vaya caras.
-Hemos perdido el monedero con el dinero del fondo.
-¿Habéis buscado bien?
-Hasta en el último rincón del barco. Creo que nos lo dejamos en algún sitio. Posiblemente en la taberna donde cenamos ayer, en la otra isla, en…no me acuerdo el nombre
-Kastós
-Si, esa.
-Como cuando acabamos de cenar, sonó el móvil y yo me fui al baño y la música estaba alta y la luna salía por las montañas y el mantel tenía un mapa de la isla y…nos habíamos tomado varios kilos de vino. Como sucedió todo eso a la vez, pues nos dejamos la cartera en la mesa; tenía todo el dinero que nos quedaba.
-Tranquilos, si lo encontró alguien de la isla, griego, de Grecia, de la Grecia en crisis, de la Grecia que no puede pagar, de la Grecia a la que se le insinúa que ponga sus islas y su Partenón como avales;  si lo ha encontrado él, no hay problema.  Ahora bien, si después de nosotros se sentó a la mesa algún extranjero, de país rico, de país civilizado, de país de alta productividad, de país que hace gala de sistemas fiscales intachables, de país que no se fía de Grecia; todos los griegos son corruptos; de país que le pide sus islas y que les pide su Partenón, como garantía, para prestarle el dinero a intereses usureros; entonces… ya no lo tengo tan claro.
-¡Vale, acción¡ Cambiar de cara.  Voy a intentar localizar el teléfono de la taberna, para no hacer un viaje en balde.
Y que mejor manera de localizar un teléfono de una taberna que… en otra taberna; aunque sea de una isla diferente.
-¿Jristos?
-Si.
-Soy la española, ayer estuvimos cenando…
-¡Os dejasteis una cartera con dinero!- me interrumpió-  Me la dió el camarero. La guardé hasta que volvierais por aquí. No sabía cómo localizaros.
-Gracias Jristos, mañana pasare por ahí.
Esa misma noche ya cayeron varios kilos más, para celebrarlo, en la otra taberna; la  de la otra isla. Y brindamos por Grecia; por la de verdad, la de la gente corriente, la de la gente humilde, la de la gente honrada, la de las casas abiertas y las bicis sin candar; la que tiene un futuro gris.
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El señor del perrito

Por 19 junio, 2011 Etiquetas: Comentar (7 Comentarios)
Le di las instrucciones precisas a mi enlace:
–  Debes buscar a un señor con un perrito, llevará un bolsa de Lidl; el te la pasará al bajar del Ferry.
Nada más salir del puerto, el día anterior, había tenido el primer problema: la cadena se salía de la roldana y se quedaba aprisionada entre la puntera de proa y el artilugio basculante. Grave problema y nada más empezar la temporada. Si solo alguien pudiera soldarle dos orejetas estaría solucionado. Pero ¿Cómo? Si estoy en una isla con tres pueblos mal contados. Si solo la pudiera llevar a Lefkada, allí conozco a un soldador. Pero ¿Cómo? Si no puedo fondear con el barco y mucho menos volver a Lefkada. Si pudiera desmontar la pieza basculante y que alguien la recogiera en Lefkada. Pero ¿Cómo?. Si, ese alguien existía,ya era algo, pero tengo que mandarla y yo no me puedo mover de aquí. ¿Cómo? Pues en el ferry, está claro.
El dueño de la taberna me decía: El ferry sale a las 7:45, tú dejas la bolsa en un rincón y que le recojan en Nidrí.
A las 7:30 me dirigí hacia el Ferry con mi bolsa de lidl, con mi pieza dentro y pensaba: Y si alguien se la lleva, y si alguien piensa que es basura; y si alguien piensa que es una bomba. De pensar en mi preciosa pieza de inox pulido, de valor incalculable para mí, perdida, robada, arrojada al cubo de la basura, vendida como chatarra; me recorrían escalofríos.
Llegó el Ferry, amarró y vi un señor que llevaba un perro y que se sentó cerca de la proa, en una silla.
¡El señor del perrito! ¡El señor del perrito! ¡Tengo que hablar con él!
El hombre, muy amable accedió casi de inmediato a transportar la pesada bolsa, con toda normalidad, sin hacer muchas preguntas, solo las precisas: ¿Hombre o Mujer? ¿Edad aproximada?¡Ah español! ¿Del Barsa o del Real Madrid? El perrito movía su cola ante la expectativa de una nueva bolsa de contenido inesperado, pero prometedor.
 Satisfecha me di la vuelta para desembarcar cuando: pánico, horror, desolación; el ferry había largado amarras.
Yo veía mi barco, allí solito, alejarse; lo veía desde el ferry, sin saber cuándo podría volver; con sus pasajeros dentro, durmiendo, ajenos a la historia del señor del perrito, del ferry y de cualquier otra cosa.
Solté un bramido que dejó sordo a toda la tripulación, a pesar del ruido de los motores, del ruido del ferry al acelerar. Y salió el capitán; salió de su puente con cara de pocos amigos, con mirada blasfema, con puños apretados. Pero al fin, tras un silencio sepulcral y unos segundos que perecieron horas el ferry dio la vuelta y volvió a amarrar. Bajé ante la cara sorprendida de los turistas y el adiós del señor del perrito. Este último, se tumbo aburrido, percatado ya de que en aquella bolsa no había nada de su interes.
-¿has encontrado al señor del perrito?
-Si lo he encontrado.
-Y ¿tienes la bolsa de Lidl?
– Si la tengo.
Bufff
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