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Animales

Peces enamorados

Por 3 octubre, 2016 Etiquetas: , , Comentar (4 Comentarios)

Hoy me adentro en un laberinto pavoroso y sin salida, porque hablamos de peces comestibles y cuando intentas emparejar sus denominaciones en diferentes lenguas te sumerges en un lio donde cada pez recibe varios nombres y cada nombre corresponde a varios peces, dependiendo de la localidad en la que busquemos. Para mí, el colmo del despiste tiene lugar en Valencia, donde se llega a llamar mero al emperador y besugo al atún, lo cual puede provocar que el visitante se quede a la deriva y desorientado, sin saber muy bien lo que está comiendo y preguntándose porque en esta tierra no hay bocadillos de atún con aceitunas sino de besugo con olivas.

Dentro de los peces comestibles hay especies que llevan el sambenito del desprecio como presentación. Un ejemplo de ello son los mújoles, peces aerodinámicos y nadadores, sin herramientas depredadoras, que se alimentan de materia orgánica y de fango y que se pescan tanto en el mar como en marismas o lagunas de aguas salobres. Solo con oír su nombre los comensales salen corriendo de la mesa con las servilletas aun puestas. Pero una cosa es el corcón de los puertos contaminados y otra el pardete, el capitán, la llisa llobarrera , la llisa de galta roja, el kéfalos, el mexinari, la bafa griega o la bosega de los venecianos, especies todas de aguas limpias y carnes prietas y sabrosas. En el fondo estos animales son lo que comen, como nosotros. Y aquí es donde empieza el embrollo.

Mesolonghi es una ciudad flotando entre lagunas saladas y el principal centro de producción de avgotarajo, las huevas de mújol que se venden como sucedáneo de caviar en los supermercados y el ingrediente fundamental de la típica taramosalata griega. Me contaba Xenakis, un amigo y excelente cocinero, que en la laguna se pueden diferenciar decenas de especies diferentes del mújol, todas ellas exquisitas, que se preparan de formas diferentes. Esta es la tierra donde murió Lord Byron; Lordos Bíronas en griego; dicen que de peste, quizás de un atracón. Diferencian el “Kéfalos” macho, el “Stiradi”, de la hembra cargada de huevos o “Bafa” y de los más menudos “Mexinari” que se salan y se emplean para hacer la “pastá”, un semi salazón delicioso que merece la pena probar; el pez se deja con sal unas horas y se come inmediatamente rociado con aceite y limón. El caso es que en las orillas de las saladas lagunas, al caer de la tarde y antes de que se ponga el sol en un espectáculo grandioso, andan todos los mesolonghitas rebuscando entre las algas esos tesoros plateados y escurridizos que serán cocinados de acuerdo a su edad y condición.

Laguna de Mesolonghi

También los venecianos hablaban de “Bosega” cuando el mújil tenía tres años, “Boseghetta” cuando tenía dos y “Boseghin” en referencia al recién nacido en su primer año de vida. Me rindo ante la ardua faena de buscar concordancias entre unos y otros.

El poeta griego Opiano (S II-III d.C.) se afanó en escribir una obra que versaba sobre la pesca; la Haliéutica, Αλιευτικά, en la que elogiaba o descalificaba a los peces según su propio estado de ánimo, más que por su sabor o propiedades culinarias. En su extenso poema manifiesta con dulzura una gran admiración por el mújol. Lo describe como un animal virtuoso porque se alimenta de algas y lodo sin dañar a otras especies ni manchar su boca de sangre. Su conducta ejemplar tenía su recompensa y el mújol no era depredado por otros peces más grandes. Yo creo que eso debía ser en su época, porque hoy en los puertos puedes ver llisas con unas heridas espantosas resultado de mordiscos enormes; ni siquiera el mar es lo que era. Opiano se lamentaba de las tristes técnicas de captura que engañaban a los machos románticos con hermosas “bafas” de cabellos dorados:

Una terrible condena de amor para los Kéfalos; seducidos por una hembra que va dejando su rastro sobre las olas…son arrastrados tras de ellas, olvidándolo todo, seducidos por los dulces aromas de Afrodita.”

¡Ay los hombres! Siempre perdidos por el frufrú de unas faldas. Y las mujeres, las bafas, orgullosas de su condición deseada, los llevan a la perdición. Pero en el fondo ¿Qué ha sido siempre la pesca si no un engaño? Un espejismo fantástico para los inocentes peces del mar: hembras, señuelos, cebos, rápalas y redes invisibles. Hasta que llegaron los modernos pesqueros con sonares y radares y drones que lo pillan todo, lo arramplan todo y lo esquilman todo. Al final, la estrategia evolutiva de los sucios corcones es la mejor: por prejuicios nadie los requiere ni los desea, así que ellos pueden correr felizmente detrás de cualquier Afrodita cargada de huevas.

Pues después de estos prolegómenos vamos a por la receta que publicó Rodi en Αιχμή el periódico de Mesolonghi.
Bafa Yiajní con patatas

Ingredientes:
I kg de llisa llobarrera hembra o Bafa
2 cebollas
3 o 4 tomates
Patatas
Ajos, laurel, pimienta de Jamaica y canela.
Flor de sal (de Mesolonghi a ser posible)

Elaboración:
Cortamos la bafa en 4 trozos la salamos y la reservamos.
Sofreímos la cebolla picada con los ajos en láminas. Se añade laurel, pimienta, canela y sal. Dejar que se poche la cebolla y unir a los tomates troceados con una pizca de azúcar para matar su acidez. Se deja cocer a fuego lento, añadiendo agua y luego el pescado. Transcurridos 10 o 12 minutos sacamos el pescado y añadimos las patatas en trozos (pueden estar sofritas previamente)
Buen provecho.

Πάγαινα να πιάσω ψάρια
με βαρκούλα, στα κουπιά
πιάνει η βάρκα μια κοπέλα,
μου `φερνε γεροβολιά.

Έγια μόλα έγια λέσα
οι βαρκούλες μας οι δυο,
η αγάπη στο τιμόνι κι άστα ψάρια
να τρέχουν στο γιαλό.

Δόλωσα να πιάσω ψάρια,
καλαμάρια ή σουπιές,
μα αντί να πιάσω ψάρια
με ψαρέψαν δυο ματιές.

Έγια μόλα έγια λέσα…

Δυο βαρκούλες γίναν μία
χέρι χέρι η συρτή
και τα ψήνουμε τα ψάρια
μες στο ίδιο πια τσαρδί.

Είτε πάμε στ’ ακρογιάλια
είτε πάμε στ’ βαθιά
είτε πάνω στα βραχάκια,
η αγάπη μας από κοντά.

Iba a coger peces
con la barquita de remos
coge la barca una muchacha
que me trae de cabeza.

Adelante y atrás
nuestras barquitas, las dos.
El amor en el timón y deja a los peces
que corran por el mar.

Cebé los anzuelos para coger pescado
calamares y sepia
pero en vez de atrapar peces
me pescaron dos ojos.

Adelante y atrás…

Dos barquitas hacen una
mano a mano con el curricán
y asamos el pescado
en la misma caseta de pesca.

O vamos a la orilla
o vamos a lo hondo
o vamos a las rocas
nuestro amor de cerca.

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Golondrinas, mosquitos y avispas

Por 6 agosto, 2016 Etiquetas: , , Comentar (11 Comentarios)

Este ha sido un año de golondrinas. Anidan en los porches sombreados de las casas y hasta en los hoteles y restaurantes, abrigadas por la permisividad de sus dueños. Todos los tejados están repletos de sus nidos de barro donde los pollos berrean con los picos abiertos de par en par mientras sus progenitores se afanan en interminables viajes trayendo sustento. Este ha sido un año de pocos mosquitos. Pero sin embargo las playas están plagadas de avispas. Es el sutil equilibrio de la naturaleza, cualquier ínfima variación da al traste con la armonía pasada hasta que se crea una nueva y estable.

golondrinas

Encontré un cabo entre las rocas. Estaba nuevo y ordenado, adujado por unas manos cuidadosas. Era un primor, trenzado, con vetas amarillas y unos 5 metros de largo ¿Quién lo habría dejado allí? No alguien que debió de salir con prisas en una noche tormentosa, más bien una segunda persona que como yo, lo vio, se enterneció y lo dejo esperando que su dueño volviera a por él.

Solo un armador de barco comprende el fetichismo y la superstición que provocan estas amarras halladas por azar. ¡Justo lo que necesitaba! Yo nunca lo hubiera comprado en una tienda, pero ahora, ante mí, descansando sobre la piedra, sus cordones ambarinos invitaban a confeccionar bozas, andariveles, barriletes, desenganchar fondeos cruzados y hasta amarras de la auxiliar. Era el cabo soñado. Lo cogí prestado y me entretuve en hacer todo tipo de estupideces con él, dispuesta a llevarme al final y para siempre ese talismán de la buena suerte conmigo. Pero cuando ya lo había guardado en el tambucho me acordé de una historia sucedida la semana anterior: un amigo dejó olvidadas sus aletas frente al barco. Eran sus aletas de toda la vida, de las de goma negra con solera, de las que habían pataleado con él por diversos mares y en en diversas épocas; se quedó desconsolado pensando en quien se las encontraría y si serían felices con su maldito nuevo dueño que con un poco de suerte quizás le parta un rayo. Cuál fue su sorpresa cuando al volver, tras una semana de navegación, las aletas seguían en el mismo sitio, cruzadas de brazos y preguntándose porque las habían abandonado. Nos entró un ataque de risa y una inmensa felicidad. Nunca, por muchas veces que me ocurran anécdotas parecidas, acaba de sorprenderme la luminosa existencia de este país, aunque le aceche la oscura miseria. Acto seguido me aterrorizo de que la llegada de un turismo masivo pueda desvirtuar este trozo de arcadia feliz. Pensando en esto, volví a dejar el cabo en su sitio con la esperanza de que su dueño, o cualquier otro, tuvieran la misma revelación.

Unos días después me llamó un amigo desolado; había recogido su motor fueraborda del mecánico y le habían entregado un derrelicto viejo y costroso, en nada parecido a su flamante máquina casi nueva. El mecánico, también sorprendido, nos dijo que se lo había adjudicado por error a otro español que también le había dejado el motor; este sí, dueño del desecho arañado y deslucido que mi amigo sostenía entre las manos. Se había llevado el nuevo sin rechistar. Logramos encontrar su teléfono y lo localizamos en la isla de al lado. ¡Vaya! No se había percatado del cambio del motor.

– Es que estos griegos son una calamidad. La culpa es del mecánico que se equivocó y yo no me di cuenta hasta hoy.

El mecánico esbozó una sonrisa socarrona mientras acariciaba a sus gatos. Tenía unos 20 y se solazaban entre bielas y bujías como en un paraíso felino.

-Si tengo gatos no vienen los ratones.

Me entró mucha rabia porque el sujeto en cuestión era uno de esos que nos habían perseguido hasta el catre con mensajes y ruegos para que le buscara sitio en el varadero donde yo dejo el barco y que al estar lleno necesita de recomendación. Cuando lo consiguió, si te he visto no me acuerdo, como otras tantas veces.

Me entró mucha vergüenza por el posible menoscabo de la simpatía que hacia los españoles tienen en este país hasta el momento y por el temor a que nos pudieran meter en el saco común de navegantes avidos por lo ajeno, como nosotros hicimos en España cuando aparecían los primeros capitanes franceses e italianos, algunos de cuyos representates arramplaban con defensas, mangueras o lo que se terciase y pronto toda su comunidad quedó estigmatizada con el tufo de la inseguridad; supongo que muchos se avergonzaron como yo. Y me apené porque ya hubieran empezado a aparecer por aquí algunos pizarros tontorrones con sus cuentas de colores. Los que no tienen paladar para apreciar sutileza alguna y luego, en privado, hablan y critican soberbios. Los que rompen el equilibrio.

Fue un consuelo el ir y venir de las golondrinas. Se habían colocado en línea sobre el pasamanos del barco y cotorreaban agudas y complacidas dejando la cubierta perdida de porquerías moradas, originarias de un cerezo cercano. Al final, lo importante es lo que uno vive y si todo se acababa corrompiendo, como es natural en nuestra especie, lo que tiene valor es el recuerdo de las aguas que nos dejaron una hermosa placidez entre los dedos.

Έλα εδώ κοντά
να σου δώσω ένα φιλάκι
έλα μη μου κλαις
άσπρο μου χελιδονάκι

Ο Θεός να μας φυλάει
από μάτι που κοιτάει πονηρά
Ο Θεός να μας σκεπάζει
όταν η ψυχή τρομάζει την χαρά
Πες μου, τι σε πολεμάει;

Γέλασε ξανά
κρυσταλλένιο μου αγγελούδι
η άνοιξη να `ρθει
να φωτίσει το τραγούδι

Μέλισσες και πεταλούδες
να στολίζουν τις φτερούγες που φοράς
και τα σύννεφα ν’ ανοίξουν
τον Θεούλη να σου δείξουν, να μιλάς
Να σταθώ κι εγώ στο πλάι

Με τραγούδια και ζαφείρια
θα σου κάνω τα χατίρια
Μην πονάς
θα σου στείλω εγώ δελφίνια
απ’ την Πάφο ως την Κερύνεια να γυρνάς
όλες του νησιού τις χάρες να φοράς
χελιδόνι, τη ζωή να τραγουδάς

Acercate
para que te de un besito
Venga, no llores
blanca golondrina mía.

Dios nos guarda
De los ojos que nos miran con maldad
Dios nos protege
Cuando el espíritu espanta a la dicha
Dime ¿Quién te aterroriza?

Vuelve a reír
Angel mío cristalino
Que la primavera viene
Para iluminar la canción.

Abejas y mariposas
Adornan las alas que llevas
Y las nubes se abran
Para mostrarte a dios, para que hables
Me quedaré esperando en la orilla.

Con canciones y zafiros
Satisfaceré tus caprichos
No sufras
Te enviaré delfines
Desde Pafos a Kerinia para que vuelvas
y lleves todas las alegrías de la isla
Golondrina, canta a la vida.

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Los peligros del monte

Por 6 junio, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (8 Comentarios)

De vuelta y todo sigue en su sitio. Las conversaciones a mi llegada al país son las mismas que hace 5 meses, pero más enconadas. Han subido los impuestos, han bajado los sueldos y las pensiones a la mitad y los precios se han disparado hasta la estratosfera estelar. Muchos negocios prósperos cierran porque no les sale a cuenta seguir trabajando y todos son más pobres que hace unos meses. En Grecia se da la peculiaridad de que cuando haces la declaración, pagas por lo que has ingresado más una provisión estimada para el año siguiente. Se puede dar la casualidad de que acabes pagando más de lo que cobras y frente a tal expectativa muchos deciden echar el cerrojo.

Pero sigo encontrando chispas en esta tierra peculiar. El recibimiento en el pueblo ha sido excepcional y cálido. Aceitunas, huevos, cariño y muchos abrazos. La panadera está enferma, el pescador vende su barca y el mundo da giros y giros sin que nadie podamos detenerlo. ¿Será que Grecia me la invento o sigue siendo un sitio excepcional?

El caso es que todo el mundo se prepara para la temporada estival: llegan los primeros barcos, llegan las furgonetas, llegan los coches de matrículas extranjeras, pero hay una desesperación general, una sensación de que estos malos tiempos han venido, y como siempre por siglos en este país, para quedarse. Ya no se creen que aparezca ningún Leónidas que les salve milagrosamente por su bravura y heroicidad.

Lefkada es una isla abrupta; los saben sus vientos que la circundan para evitarla, los mares que son tan diferentes en uno y otro lado, los turistas que ruedan y ruedan por sus carreteras circulares para bañarse en sus playas de piedras, nunca adentrándose en su frío, rocoso, pelado y remoto interior. Hay una muralla virtual coronando la cima de la montaña que separa a un mundo de otro, cuando traspasas su puerta, entras en un espacio tan diferente al conocido que imaginas vivir dentro de un espejo. A mí me gusta atravesarlo de vez en cuando para buscar conejos malhumorados y gatos sonrientes.

Estábamos sentados bajo un frondoso árbol, charlando con mi amiga María mientras ella acababa de preparar sus albondiguitas con hierbabuena. De repente, como por ensalmo, en silencio y sin movimiento alguno apareció un hombre desaliñado en la puerta.

– Ay, Tasos, Tasulis, que bueno eres. – Exclamó María.

Y era tan bueno que le traía boñigas de cabra para abonar sus tomates. Dejó caer la bolsa oscura y olorosa frente al portón y se sentó en una mesa a tomarse una cerveza. Era muy delgado y algo deforme y tenía un hablar gangoso que me impedía entender lo que decía. Pero debía necesitar conversación porque se disparó a hablar como si le hubieran dado cuerda, y María no tuvo otro remedio que ir traduciendo la jerga incomprensible. Tasos era pastor y se tiraba gran parte de tiempo en la montaña a solas con sus cabras y sus ovejas. De vez en cuando fruncía el ceño, se quedaba en silencio y afilaba las orejas muy circunspecto, intentado escuchar ruidos que nosotros no oíamos.

-¿Qué oyes, Tasos?

-Los perros están ladrando.

Con la crisis, la cantidad de perros abandonados en la isla, como en todos los sitios, había ido en aumento. Los canes forman jaurías y suben a las montañas, donde está el ganado, atacándolo para alimentarse. Cientos de cabras, dijo Tasos, que había perdido este invierno.

Pero cuando veía pasar el peligro, volvía a su extravagante conversación, mezcla de rebaños y perros, mezcla de sus viajes alrededor del mundo como marino y contrabandista y mezcla de sus múltiples accidentes de los que había salido milagrosamente ileso pero que le habían dejado la cabeza, los brazos, las rodillas y la mayor parte del cuerpo ensamblada con tornillos y tuercas.

-Tasulis siempre se salva porque tiene un buen alma y le protege el cielo. -Me explicó mi amiga mientras el aludido sonreía tanto que parecía que se le fuera a partir el rostro en dos.

-Etoy eno de ecambios.

Mientras nos reíamos aparecieron unas vacas paseando por el pueblo. Parece ser que la CEE subvenciona aquí la cría de vacuno con 3000 € la cabeza. El avispado propietario las deja sueltas por el monte y ellas viven del pillaje, es decir de los huertos y jardines de los vecinos.

-Todos los días tiene una denuncia, pero le da exactamente igual.

Una negra y más grandota se metió en la casa de al lado y la emprendió con la parra. María empezó a gritar y cogió un buen palo para darle en la cabeza.

– Oooo, Maía, ooo. Ete e un macho.

María, llevada por su adrenalina, sin escucharle, cerró el portón del vecino y dejó al toro dentro que empezó a mugir enloquecido. Tasos se desternillaba y yo con mantilla y peineta me disponía a vitorearla y sacarla en hombros cuando a cámara lenta, con la misma velocidad con la que abríamos nuestras bocas de palmo, el torito pegó un brinco y se saltó la valla de dos metros, cayendo de cabeza en la calle y espatarrándose como una bailarina rusa. Para que voy a ser más explícita, yo metí un pie en la casa por precaución española y María levanto el palo como un cruzado. No sonaron las cornetas ni flamearon pañuelos, a lo sumo las carcajadas de Tasos y algún bufido del atontado animal. Este, sacudió la cabeza de un lado al otro y se fue tras una vaca que paseaba entre la maleza resoplando.

-Qué onito, qué onito…- Palmeaba Tasos en la mesa.

vacas en el monte
Pasado el trance disfrutamos de lo lindo recordando los detalles y hasta alguna tonadilla de Mari Fe de Triana. Así que cuando Tasos me invitó a subir a verle a la montaña, no lo dudé un solo momento

-¿Qué día te viene bien?

-Uando ieras.

Había una vez un hombre
tranquilo e inofensivo
tenía casa y campos
y rebaños y perros.
Y una red para cazar pájaros.

Tenía una fuente en su jardín
y un negro ciprés en sus sueños.
Amaba a una mujer
que cantaba a menudo
y hablaba quedamente.

No entendió como la pudo matar
ni como quemó todo lo que amaba
Los campos, los rebaños,
las canciones, los besos.
Y nadie le saco una palabra.

Se quedó de pie frente a las ruinas
y se le salían las lágrimas, ¡dios mío!
“Ojalá tuviera una casa y una mujer
y campos y perros”
Y más tarde se lo llevaron los pájaros.

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La madre de todas las tartas

Por 22 marzo, 2016 Etiquetas: , , , , Comentar (7 Comentarios)

Hay una corriente moderna que bajo los deseos de emular a la naturaleza promueve la placentofágia; es decir la ingestión de la placenta o corión tras el parto. Sé lo que estáis pensando y es exactamente lo mismo que pienso yo: ¡Puaj! Cruda debe ser un horror, pero el que haya hasta recetarios para cocinarla o deshidratarla no sé si da risa o llanto. Hay quien va más allá y organiza el “placenta party”, donde se invita a familiares y a amigos de la recién parida a degustar juntos las distintas especialidades condimentadas de… placenta. Estar atentos; sobre todo los que tengáis amigos naturistas; por si os tocara asistir a alguno. Yo mi disculpa ya la tengo preparada.

Como siempre, los seguidores del rito sacralizan el comportamiento animal para imitarlo. Sí que es verdad que muchas hembras de los mamíferos se comen su placenta tras el alumbramiento, incluso especies herbívoras, pero la madre tierra no siempre es tan sabia como parece, o mejor dicho, no siempre sabemos interpretarla correctamente. Mucho se ha publicado sobre esta autofagia de las madres irracionales y nadie se pone de acuerdo sobre si los motivos son alimenticios, hormonales o simplemente de ahuyentar depredadores que podrían ser atraídos por el olor, en esos momentos tan críticos y de enorme debilidad. Según estudios recientes, la ventaja podría radicar en que el líquido amniótico contiene hormonas y moléculas que simulan endorfinas y alivian el dolor del parto. Pero el tema de las autofágias entre especies animales suelen acabar mal. Solo hay que recordar la encefalopatía espongiforme bovina, o mal de las vacas locas, alimentadas con piensos fabricados con sus propios restos. El organismo no sabe, ni quiere, defenderse de lo que considera suyo propio.

La moda surgió en América del Norte en la década de 1970, y por supuesto, entre la clase acomodada. En los últimos años, los defensores y los medios de comunicación han difundido los beneficios  de esta práctica para la salud, y más mujeres la están considerando como una opción para la recuperación postparto. El caso es que numerosas estrellazas del celuloide han aireado a los cuatro vientos sus experiencias en el tema. Y ahí están ellas, guapas guapísimas con bebes hermosos y rollizos que revientan las cuentas de Instagram. ¿Y esos cutis? ¿Y esos cabellos lustrosos? Y los niños crecen más y son más listos que cualquiera de los de madres tratadas con paracetamol y lentejas. La placenta del glamur, el placer placentero de parecerse a ellos.

Antes de adjudicarle este nombre al órgano fetal, se llamaba así a un popular pastel de la cocina romana elaborado con queso y miel. Realmente, la placenta materna se comenzó a denominar de ese modo allá por el Renacimiento, pues su forma plana recordaba a una torta. Y curiosamente, el termino viene del griego, πλακοῦντα. El πλακοῦς era una torta plana elaborada normalmente con harina y queso. Bueno, pues aquí están los orígenes de nuestras pizzas, empanadas, tortas y cocas. Al final, he empezado con cochinadas y casquería pero acabaremos con buen apetito.
La receta de placenta genuina que nos ha llegado hasta hoy proviene de Marco Porcio Catón, que en uno de sus libros define, no muy claramente, la elaboración del dulce a base de: una masa tipo tartaleta que sirve de contenedor, crema de queso con miel alternada a capas y unas cintas de masa crujiente para cubrir y rematar, algo así como las obleas o la “carta di música” sarda.

Hay otra confluencia curiosa entre las dos acepciones del vocablo. Igual que en el caso de los romanos y su placenta, en griego el término anatómico es χόριον, exactamente el mismo que designa a unos arcaicos pastelillos de harina, miel y leche. El mundo de las palabras y el de los seres vivos muchas veces se asemeja: dos estrategias evolutivas que parten de puntos diferentes y llevan como resultado a idénticas soluciones. Estos hechos son a menudo aprovechados por los “creacionistas” para explicar la necesidad del “diseño inteligente”, pero a mí me parece simplemente la hermosa armonía del cosmos.

Después de esta entrada de inicio tan gore, los placentivoros van a tener razón y acabaremos comiéndonosla. Me refiero a la receta que nos trae Ioanna de la mano de Rodi hoy: Placenta de queso y chocolate, o korión, o tarta,o torta, o tartaleta o pizza, como gustéis.

Base de pizza

Receta: tarta de queso y chocolate

Ingredientes:

la base
80 gramos de Mantequilla
225 gramos galletas trituradas

 el relleno
225 gr. chocolate negro puro
400 gr. de queso cremoso
100 gr. Azúcar
4 huevos
280 ml. crema de Leche
5 cucharadas soperas de Kalúa (licor de café)

la capa superior
200 ml de yogur griego escurrido
2 cucharadas soperas de Kalúa
4 cucharadas soperas de crema de leche
cacao rallado

Elaboración

Aceitamos bien un recipiente para bizcochos. Fundimos la mantequilla y la mezclamos bien con la galleta. Ponemos la mezcla en el recipiente y presionamos bien, amasamos hasta conseguir una masa de base.
Batimos el queso con el azúcar, añadiendo los huevos uno a uno y por último el chocolate derretido, la crema de leche y el licor de café.
Extendemos bien sobre la base de galletas y metemos el molde al horno dejándolo aproximadamente 1 hora. Lo dejamos enfriar y lo pasaremos al frigorífico.
Mezclamos bien el yogur, la crema de leche y el Kalúa de la capa superior lo extendemos por encima espolvoreando con cacao.

El licor de café no necesariamente tiene que ser Kalua, no sea que los alcoyanos se vayan a soliviantar, teniendo ellos el café licor ancestral, resultado de batallar entre moros y cristianos durante siglos. Incluso se puede preparar en casa, dejando macerar café molido con orujo durante un tiempo y añadiéndole sirope de agua y azucar. 

Buen provecho

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