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Animales

La madre de todas las tartas

Por 22 marzo, 2016 Etiquetas: , , , , Comentar (7 Comentarios)

Hay una corriente moderna que bajo los deseos de emular a la naturaleza promueve la placentofágia; es decir la ingestión de la placenta o corión tras el parto. Sé lo que estáis pensando y es exactamente lo mismo que pienso yo: ¡Puaj! Cruda debe ser un horror, pero el que haya hasta recetarios para cocinarla o deshidratarla no sé si da risa o llanto. Hay quien va más allá y organiza el “placenta party”, donde se invita a familiares y a amigos de la recién parida a degustar juntos las distintas especialidades condimentadas de… placenta. Estar atentos; sobre todo los que tengáis amigos naturistas; por si os tocara asistir a alguno. Yo mi disculpa ya la tengo preparada.

Como siempre, los seguidores del rito sacralizan el comportamiento animal para imitarlo. Sí que es verdad que muchas hembras de los mamíferos se comen su placenta tras el alumbramiento, incluso especies herbívoras, pero la madre tierra no siempre es tan sabia como parece, o mejor dicho, no siempre sabemos interpretarla correctamente. Mucho se ha publicado sobre esta autofagia de las madres irracionales y nadie se pone de acuerdo sobre si los motivos son alimenticios, hormonales o simplemente de ahuyentar depredadores que podrían ser atraídos por el olor, en esos momentos tan críticos y de enorme debilidad. Según estudios recientes, la ventaja podría radicar en que el líquido amniótico contiene hormonas y moléculas que simulan endorfinas y alivian el dolor del parto. Pero el tema de las autofágias entre especies animales suelen acabar mal. Solo hay que recordar la encefalopatía espongiforme bovina, o mal de las vacas locas, alimentadas con piensos fabricados con sus propios restos. El organismo no sabe, ni quiere, defenderse de lo que considera suyo propio.

La moda surgió en América del Norte en la década de 1970, y por supuesto, entre la clase acomodada. En los últimos años, los defensores y los medios de comunicación han difundido los beneficios  de esta práctica para la salud, y más mujeres la están considerando como una opción para la recuperación postparto. El caso es que numerosas estrellazas del celuloide han aireado a los cuatro vientos sus experiencias en el tema. Y ahí están ellas, guapas guapísimas con bebes hermosos y rollizos que revientan las cuentas de Instagram. ¿Y esos cutis? ¿Y esos cabellos lustrosos? Y los niños crecen más y son más listos que cualquiera de los de madres tratadas con paracetamol y lentejas. La placenta del glamur, el placer placentero de parecerse a ellos.

Antes de adjudicarle este nombre al órgano fetal, se llamaba así a un popular pastel de la cocina romana elaborado con queso y miel. Realmente, la placenta materna se comenzó a denominar de ese modo allá por el Renacimiento, pues su forma plana recordaba a una torta. Y curiosamente, el termino viene del griego, πλακοῦντα. El πλακοῦς era una torta plana elaborada normalmente con harina y queso. Bueno, pues aquí están los orígenes de nuestras pizzas, empanadas, tortas y cocas. Al final, he empezado con cochinadas y casquería pero acabaremos con buen apetito.
La receta de placenta genuina que nos ha llegado hasta hoy proviene de Marco Porcio Catón, que en uno de sus libros define, no muy claramente, la elaboración del dulce a base de: una masa tipo tartaleta que sirve de contenedor, crema de queso con miel alternada a capas y unas cintas de masa crujiente para cubrir y rematar, algo así como las obleas o la “carta di música” sarda.

Hay otra confluencia curiosa entre las dos acepciones del vocablo. Igual que en el caso de los romanos y su placenta, en griego el término anatómico es χόριον, exactamente el mismo que designa a unos arcaicos pastelillos de harina, miel y leche. El mundo de las palabras y el de los seres vivos muchas veces se asemeja: dos estrategias evolutivas que parten de puntos diferentes y llevan como resultado a idénticas soluciones. Estos hechos son a menudo aprovechados por los “creacionistas” para explicar la necesidad del “diseño inteligente”, pero a mí me parece simplemente la hermosa armonía del cosmos.

Después de esta entrada de inicio tan gore, los placentivoros van a tener razón y acabaremos comiéndonosla. Me refiero a la receta que nos trae Ioanna de la mano de Rodi hoy: Placenta de queso y chocolate, o korión, o tarta,o torta, o tartaleta o pizza, como gustéis.

Base de pizza

Receta: tarta de queso y chocolate

Ingredientes:

la base
80 gramos de Mantequilla
225 gramos galletas trituradas

 el relleno
225 gr. chocolate negro puro
400 gr. de queso cremoso
100 gr. Azúcar
4 huevos
280 ml. crema de Leche
5 cucharadas soperas de Kalúa (licor de café)

la capa superior
200 ml de yogur griego escurrido
2 cucharadas soperas de Kalúa
4 cucharadas soperas de crema de leche
cacao rallado

Elaboración

Aceitamos bien un recipiente para bizcochos. Fundimos la mantequilla y la mezclamos bien con la galleta. Ponemos la mezcla en el recipiente y presionamos bien, amasamos hasta conseguir una masa de base.
Batimos el queso con el azúcar, añadiendo los huevos uno a uno y por último el chocolate derretido, la crema de leche y el licor de café.
Extendemos bien sobre la base de galletas y metemos el molde al horno dejándolo aproximadamente 1 hora. Lo dejamos enfriar y lo pasaremos al frigorífico.
Mezclamos bien el yogur, la crema de leche y el Kalúa de la capa superior lo extendemos por encima espolvoreando con cacao.

El licor de café no necesariamente tiene que ser Kalua, no sea que los alcoyanos se vayan a soliviantar, teniendo ellos el café licor ancestral, resultado de batallar entre moros y cristianos durante siglos. Incluso se puede preparar en casa, dejando macerar café molido con orujo durante un tiempo y añadiéndole sirope de agua y azucar. 

Buen provecho

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Unas fieras lanudas

Por 16 septiembre, 2015 Etiquetas: , , , Comentar (8 Comentarios)
Estoy en Grecia, estoy en una isla y quiero comer pescado. Yo explico que el pescado aquí es caro, que la pesca es muy artesanal y que si se salen de la sardina, la marida y el boquerón, los precios son elevados; que el mejor pescado fresco se come en Madrid. Bah. ¡Qué me dices! Si quieres comer algo rico lo mejor es el cordero o la cabra. Me miran como si hubiera bajado de Marte. ¿No os dais cuenta de que esas piedras inmóviles que pretendéis ver por el monte son en realidad ovejas? Fieras lanudas, que diría Sófocles, que llevan pastando en esa tierra desde que el hombre es hombre; tanto que dejaron estas islas tan peladas como ahora comprobáis. Tras los minutos de “se está quedando con nosotros” todos acaban por aceptar que tengo parte de razón. Y acaban degustando cordero.

Una tarde de septiembre en una playa del sur de Naxos, cuando el meltemi empezaba a arreciar y todos nos refugiábamos a sotavento de la isla, los pocos turistas que quedaban se bañaban en unas aguas cristalinas y nosotros esperábamos que el viento dejara de ulular. La tarde, pese al vendaval, era apacible y nos deleitábamos viendo a una pareja de águilas planear sobre nuestras cabezas. De repente algo cambió en el ambiente, se oyó como un trueno y un tremolar de la tierra; una nube ascendió a los cielos y cubrió los rayos tardíos del sol. En instantes un estruendo de cacharreos y campanillas nos dejó a todos aturdidos y expectantes. Apareció tras un recodo del camino un rebaño incalculable de bestias peludas que bajaban por el valle despendoladas como piedras de un alud. Debió de ser el mar, el apremio de los pastores, el terror al encontrase con extraños en la playa; el caso es que emprendieron la carrera y se produjo una estampida tremebunda, unas chocaban con las delanteras, más pelmazas; las traseras eran azuzadas por el perro nervioso, todas al unísono desbocadas hacían temblar el suelo, hollaban la arena y se oía un potoblom potoplom de alta frecuencia de patas en la tierra que acalló el trino de los pájaros.

Una pareja había dejado sus toallas y pertenencias bajo un árbol frondoso cuando se disponían a darse un baño; el escándalo los frenó en seco y cuando vieron venir la desbandada de animales con los ojos desorbitados y los badajos a tumba abierta, ellos también se asustaron; ella se metió en el agua hasta el cuello, él, más valiente, esperó donde cubre por las rodillas intentando protegerla; ellas pasaron ajenas a todo y sobre todo, especialmente sobre sus toallas; allí recurvaron en una esquina del camino y más serenas retomaron el paso monte  arriba hasta su redil. La nube de polvo, ya silenciosa y oscura, se continuó viendo durante casi media hora, hasta que la polvareda se sedimentó y tuvimos tiempo de apreciar lo sucedido. La playa era un campo tras la batalla.

Esta mal reírse de estas cosas, pero debo confesar que nos desternillamos cuando la pareja desenterró sus toallas de la arena, sepultadas por las pezuñas de las locas. Las sacudieron para quitarles la arena; y quien sabe que otras cosas que no pudimos apreciar en la distancia; y apenas tuvieron valor para secarse un poco. Se pusieron la ropa con aprensión y se fueron con su coche rumbo al hotel a darse una buena ducha caliente. Las playas griegas son con frecuencia bastante peligrosas, uno no sabe lo que se va a encontrar.

Después de esos deportes, nervios y carreras tienen las carnes prietas y sabrosas. Convendréis conmigo que vale la pena probarlas.

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Perros de la revolución

Por 25 marzo, 2015 Etiquetas: , , , Comentar (4 Comentarios)
No hay dos perros iguales cada uno tiene su carácter exclusivo y su apasionamiento. En el fondo son animales obsesionados con un tema que convierten en el leitmotiv de su existencia; pelotas, ovejas, liebres, hasta la lucha política. No bromeo; así que de perros legendarios pasemos a darle un repaso a los chuchos de la revolución.

Un ejemplo de animal muy especial fue Dick el perro amigo de los deportados, en el campo de concentración de Limnos para disidentes políticos, bajo la dictadura de Metaxas. Dick odiaba a los guardas, a los que enseñaba feroz los dientes cuando se acercaban; protegía a su forma a los cautivos inventando perras triquiñuelas. Los policías tenían la costumbre de esconderse entre los barracones por la noche para espiar las conversaciones de los reclusos, denunciarlos como conspiradores y arruinarles la vida, un poco más si cabe. Dick agazapado los sorprendía y se arrancaba a ladrar con estruendo para alertarlos; cuando los reclusos le oían gruñir ya sabían que era hora de callar o de hablar del tiempo.  En dos ocasiones comió veneno el pobre Dick, pero hay que reconocer que su vida de proscrito le agudizó el ingenio hasta hacerlo más listo que el propio hambre. Cuentan quienes lo conocieron, que sintiéndose morir, se fue arrastrando en silencio hasta el barracón donde mantenían un servicio médico improvisado los propios reclusos; allí le realizaron un lavado de estómago y lograron salvarlo por los pelos. Dick se hizo asiduo de aquel centro de salud especial; se acercaba  si se clavaba un pincho, se cortaba la pata o le arañaba un gato. Un día, Dick pasó por delante de una larga fila de reclusos que esperaban su turno para ver al doctor. “Dick, no te cueles” le increparon en broma; el perro agacho las orejas, se dio la vuelta y se colocó en el el lugar más apartado.

Mataron a su novia, mataron a sus cachorros, por si Mendel tenía razón y se organiza un pelotón indiscreto de retoños muerde-polis. Lo mataron a él al fin, cuando los presos fueron trasladados al penal de Makronisos y no pudieron llevarlo con ellos. Lo mataron, por celos, por despecho y por mala baba.

El célebre poeta  Yianis Ritsos, uno de los testigos de primera línea,  le dedicó un poema al compañero Dick,  para que nadie olvidara a ese héroe cuadrúpedo, camarada, respetable y cariñoso con quien era de los suyos, que perdió su vida peleando por un mundo más justo a su irracional manera. El poema está recogido en su Cantata de Makronisos y esta es la versión musicada, no muy buena por cierto, pero pertenece a una época en que la melodía era acompañante secundario de las canciones protestas.

Να μη ξεχάσουμε και το μνημείο του Ντικ
Ναι, ναι του σκύλου μας του Ντικ
Της ομάδας του Μούντρου
Που τον σκοτώσαν οι χωροφυλάκοι
Γιατί αγάπαγε πολύ τους εξόριστους
Να μην ξεχάσουμε σύντροφοι τον Ντικ
Τον φίλο μας τον Ντικ
Που γάβγιζε τις νύχτες
Στην αυλόπορτα αντίκρυ στη θάλασσα
Κι αποκοιμιόταν τα χαράματα
Στα γυμνά πόδια της λευτεριάς
Με τη χρυσόμυγα του αυγερινού
Πά στο στυλωμένο αυτί του

Τώρα ο Ντικ κοιμάται στη Λήμνο
Δείχνοντας πάντα το ζερβί του δόντι
Μπορεί μεθαύριο να τον ακούσουμε πάλι
Να γαβγίζει χαρούμενός σε μια διαδήλωση
Περνοδιαβαίνοντας κάτου απ’ τις σημαίες μας
Έχοντας κρεμασμένη στο ζερβί του δόντι
Μια μικρή πινακίδα «κάτω οι τύραννοι»
Ήταν καλός ο Ντικ.

No olvidemos la memoria de Dick
Sí, sí, nuestro perro Dick
Del campamento de Mudros
Al que mataron los guardas
Porque amaba a los presos
No olvidemos a nuestro compañero Dick
Nuestro amigo Dick
Que ladraba en la noche
En la puerta frente al mar
Y dormitaba al amanecer
A los pies desnudos de la libertad
Con la luz dorada del lucero del alba
Pero con una oreja tiesa.
Ahora Dick descansa en Limnos
Mostrando siempre sus colmillos
Quizás lo oigamos pasado mañana
Ladrando contento en la manifestación
Desfilando bajo nuestras banderas
Y colgando de su boca
Un pequeño letrero “abajo los tiranos”.
Era bueno el Dick.
Kanelo apareció por primera vez en
los años 90 en la calle Patission, con los colmillos desafiantes. Residía a
medias entre las aulas y los jardines del politécnico; de infausto recuerdo en
la lucha contra la dictadura de los coroneles; y las calles de Exarchia, el
barrio de los anarquistas. Murió en 2007 cuando contaba ya 17 años y la lucha
callejera había mermado mucho sus facultades. 
Los estudiantes le protegían, lo alimentaban y le curaban las heridas
después de cada altercado en el que se había dejado el alma como el primero;  respondía ladrando sin reservas a los policías
que los acosaban y persiguiendo a “secretas” que detectaba olfateando entrepiernas,
con esa astucia de sabuesos que solo ellos tienen. No había asamblea en la que no
estuviera Kanelo presente codeándose con los cabecillas y dejándose acariciar
por sus camaradas.
Fotografiar de www.enikos.gr/
Por orden del decano de la escuela de
arquitectura lo detuvieron y lo llevaron a la perrera de Markopulo.  Más de 200 personas firmaron y presentaron
una denuncia y consiguieron que liberaran a Kanelo a cambio de encontrarle un
techo en el apartamento de un estudiante que se hizo cargo de él. Dicen que en
sus últimos momentos le fallaban las patas traseras y alguien le fabricó un artilugio
con ruedas para sacarlo a pasear, para que, aun orgulloso y egregio, siguiera
saludando al mundo, el que le conocía y admiraba. 

También Kanelo pudo presumir de su canción

Θα μιλήσω για τον φίλο τον Καννέλο
που ‘χει μια καρδιά και τέσσερα ποδάρια
Που γυρίζει στα Εξάρχεια τα βράδια
κι όλοι τον σέβονται του βγάζουν το καπέλο
Στη γωνιά Πολυτεχνείου και Πατησίων
κυνηγούσε λένε έναν ασφαλίτη
Και μια μέρα εθεάθη στο Θησείο
να γυρνάει με μια σκυλίτσα από σπίτι.
Ένα τραγούδι για το σκύλο τον Καννέλο
που με δάγκωσε μα τον καταλαβαίνω
Υποστήριξε την άποψη με πάθος
ότι είχα πάρει τη ζωή μου λάθος.
Χίλια πρόσωπα αλλάζει αυτή η πόλη
μα κανένα δεν τρομάζει τον Καννέλο
Κι αν καμιά φορά τον βλέπεις λυπημένο
την ουρά του σπάει κι αρχίζει γυροβολεί
Φυλακίζει όσα κόκαλα πετάνε
όλοι αυτοί που ασχημαίνουν τη ζωή μας
Και το ξέρω όταν στα μάτια τον κοιτάμε
πως γουστάρει, πως γουστάρει τη σιωπή μας.
Ένα τραγούδι για το φίλο τον Καννέλο
…..
Φυλακίζει όσα κόκαλα πετάνε
όλοι αυτοί που ασχημαίνουν τη ζωή μας
Και το ξέρω όταν στα μάτια τον κοιτάμε
πως γουστάρει, πως γουστάρει τη σιωπή μας.
Ένα τραγούδι για το σκύλο τον Καννέλο

……
Hablare del amigo Kanelo
Que tiene corazón y cuatro patas
Que regresa a Exarchia por la noche
Y todos lo respetan y levantan el sombrero
En la esquina de Politecníu y Patissión 
Dicen que cazó a un secreta
Y una mañana fue visto en Thisio
Volviendo con una perrita de casa
Una canción para el perro Kanelo
Que me mordió pero lo entiendo
Defendiendo su postura con pasión
De que había cometido un error en mi vida
Mil rostros tiene esta ciudad
Pero ninguna asusta a Kanelo
Si alguna vez lo ves entristecido
Moverá el rabo y empezara a girar
Guarda cualquier hueso que le arrojan
Todos aquellos que afean nuestra vida
Y sé, cuando miro sus ojos
Como le gusta, como le gusta nuestro silencio
……
Cuando en
diciembre de 2008, un perro de color crema se abalanzó rugiendo contra la
policía antidisturbios, en defensa de los manifestantes en Atenas, todo el
mundo pensó que Kanelo estaba vivo y había vuelto. Desgraciadamente no era así,
si no otro can atacado y amante de las manifestaciones; Lukaniko. Esta vez fue
la prensa la que siguió sus andanzas y lo convirtieron en un perro mediático. Fue
protagonista de reportajes de la CNN, BBC o Al Jazeera que hicieron de él un
símbolo mundial de la “resistencia griega” frente a la troika. Su fama llegó al
punto de ser considerado en el 2011 por la revista Time como una de las cien figuras
más reconocidas en el mundo.  Este pulgoso
tiene infinidad de canciones dedicadas, pero puestos a elegir me ha gustado más este
montaje con música de Morricone: El bueno, el feo y el malo. También porque no
tiene letra y yo ya me he cansado de traducir.

Esta entrada
está dedicada a la memoria de estos invencibles insensatos. Y a la de Ramiro al
 que le encantaba la canción de Dick; él me puso tras su pista.
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Perros de la historia

Por 20 marzo, 2015 Etiquetas: , , Comentar (10 Comentarios)

Uno debería casarse con un perro para estar seguro de que nunca le abandonarán sin razón. No hay otro enamorado más devoto que se aprenda tus ruidos propios, tus olores, que espere con impaciencia con el hocico pegado al quicio de la puerta tu llegada y que se emocione tanto cuando te vuelve a ver, como si fuera el primer encuentro. También que te destroce media casa de la rabia de verse solo o se coma las chuletas mientras se descongelan, pero en fin Quid pro quo nos dirían ellos si tuvieran cuerdas vocales, porque latín ya saben. Hoy voy a dedicar la entrada a un
puñado de podencos valientes, arrojados y legendarios. Yo, que no me considero imparcial pues no he conocido perro feo, voy a intentar que no me venza el entusiasmo y atenerme al rigor histórico. Pero buscando historias de canes llevo días enteros y me enrollo tanto que mejor divido el tema en dos entradas para no aburrir al personal con mis locuras.

Los griegos tienen una relación con los perros callejeros, con los llamados “adespotas”, un tanto peculiar. Son perros cien-mil-leches que acumulan en su genoma todas las mutaciones necesarias para sobrevivir en la dura polis. Se amontonan en las estaciones de autobús o de tren, en los puertos, en la entrada de los recintos arqueológicos; en cualquier sitio donde haya tránsito. Son serenos, calmados, lentos, indiferentes; parecen dotados de una sabiduría ancestral y hay hasta quien afirma que son los mismísimos dioses reencarnados. Llevan a cuestas todo un muestrario de mugre, pulgas saltarinas y sustancia acumulada. Nadie les molesta ni a nadie molestan, ahora bien si te cruzas con uno no tendrás más remedio que saltar por encima pues él dudo que mueva algo más de un párpado.
Hubo un movimiento filosófico y literario a principios del siglo IV a. C. el cinismo, representado por Diógenes, el que tenía un tonel por morada, se masturbaba en el ágora ateniense, mandaba a paseo al mismísimo Alejandro Magno, y se pitorreaba de Platón lanzándole a sus pies un gallo desplumado, mientras aquél disertaba sobre el hombre como un ”bípedo-implume”. La palabra
”cínico” kynikoi parece ser que viene de ”perro” κυόν. Hacía referencia a su frugal modo de vida, su desfachatez y su desvergüenza, ya que los cínicos deambulaban tomando el sol en el ágora ateniense o el mercado de Corinto, practicando su sabiduría, envueltos en un atuendo mínimo y mendicante. Los filósofos cínicos tomaron al perro como su emblema y lo adecuaron a la
perfección a sus fines. El perro, animal urbano y familiar, no se oculta para cubrir sus necesidades ni para sus contactos sexuales. Es impúdico por naturaleza, roba alimentos a los dioses y mea en las estatuas sin ostentar reparo alguno. Los cínicos vieron en la figura del perro la oposición a las reglas del respeto mutuo y el decoro, y eso era exactamente lo que buscaban.

A parte de esta utilización despectiva de la figura del perro, también valoraron su vertiente protectora. En la Grecia antigua se confiaba a los perros la custodia de los templos y las fortalezas. En el siglo VI a. C. mientras se celebraban en Corinto las fiestas en honor de Afrodita, Soter, un alano, defendía con cuarenta y nueve compañeros las explanadas de la ciudad. Los festejos debilitaron la vigilancia de la población, momento que aprovecharon las tropas de Navplia para perpetrar un ataque imprevisto por mar. Solo los perros velaban y empezaron a gruñir, pero nadie se percató de la amenaza. Se lanzaron con fiereza contra los agresores y muchos cayeron atravesados por las flechas, pero Soter corrió a la ciudad para alertar a los corintios para que abandonaron las ceremonias y se prepararan para rechazar la invasión. No se sabe bien si el perro se llamaba ya así o le pusieron el nombre después, porque Soter en griego quiere decir“Salvador”. Le regalaron un collar de plata con su nombre grabado: El salvador de Corinto.

También Peritas, el valiente perro de Alejandro Magno pasó a la posteridad. Era un mastodonte de raza moloso que le acompañaba en sus batallas y peleaba contra elefantes. Murió combatiendo
durante la conquista de la India. Plutarco cuenta que Alejandro, desolado ante la pérdida del animal a quien tanto quería, decidió fundar una ciudad con su nombre en la confluencia de dos ríos. Peritas llego a ser un importante puerto fluvial de la India.

Sobre los molosos griegos tengo una anécdota que os cuento: nos perdimos un día por una carretera de Limnos. El lugar parecía desierto y me bajé a preguntar. Un perro lanudo y un negro moloso descomunal descansaban a la sombra. Comprobé con tranquilidad que el gigante oscuro estaba atado con una cadena. Se pusieron a ladrar al verme y el pequeño azuzó al grande, más lento de reflejos. Se lanzaron los dos contra mí y esperé unos segundos infinitos a que el Darth Vader canino se detuviera en seco con el estirar de la cadena, pero esta era tan larga que nunca llegó a suceder. No corras, norma número uno. No demuestres miedo, norma dos. Me volví con cuidado y me dirigí despacio hacia el coche. En la ventanilla se reflejó mi cabeza y otra
negra más alta detrás. Cerré los ojos esperando lo peor y…recibí un lametón en la coronilla que me dejó toda pringosa.

 

vga_mastin-napolitano.jpg.Perros de la historia

 

Pero si hablamos de la faceta de fidelidad del mejor amigo del hombre, posiblemente uno de los primeros protagonistas de esta entrada debería ser Argos, el perro de Ulises, el único que lo reconoció a su vuelta a Itaca a pesar de ir disfrazado. El pobre Argos, ya viejo y ciego, solo pudo mover el rabo para morir con dulzura después. Así lo relataba Homero:
 
 

Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que
partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos. Allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo.

Seguiré con otros canes ilustres en la próxima entrada. Ya, ya sé que creéis que me he enajenado, a estas alturas. Pero no, el tema lo merece. Os dejo con esta hermosa canción de Andreou en homenaje al poeta Nikos Gatsos, en la que habla de Argos, el perro más fiel.

Γράμμα στον κύριο Νίκο Γκάτσο
Μουσική-στίχοι: Γιώργος Ανδρέου
Τραγούδι: Τάνια Τσανακλίδου

Το σπασμένο βιολί του κόσμου ακόμα ουρλιάζει
Στα νωπά σπαρμένα χωράφια η μέρα χαράζει
Φαντάροι χορεύουν τις νύχτες σε άδειες ταβέρνες
Δελφίνια στο πέλαγο μόνα, νεράκι στις στέρνες
Νησιά ταξιδεύουν στον ήλιο, κανείς δε μιλάει
Την Άνοιξη όλοι προσμένουν
Κι αυτή προσπερνάει

Όλα κύριε Νίκο είναι εδώ
Όπως τα άφησες εσύ κι όπως τα ξέρεις
Από της λύπης τον καιρό
Κι όταν γυρίσεις και σε δω
Μέσα στη στάμνα τη χρυσή νερό να φέρεις
Της λησμονιάς πικρό νερό

Το πιστό σκυλί της Ιθάκης στα πόδια σου κλαίει
Και η καλή, παλιά Περσεφόνη τραγούδια σου λέει
Η φωτιά πληγή που σε καίει, δε λέει να γιάνει
Το πικρό το όνειρο φταίει του αδελφού Μακρυγιάννη
Πόσο ακόμα ραγιάδες η Κρήτη κι η Μάνη
Σκοτεινές μαυροφόρες, μανάδες στου Οδυσσέα το χάνι

Carta al Señor Nikos Gatsos
Letra y música: Giorgos Andreou
Canta: Tania Tsanklidou.

El roto violín del mundo todavía suena
En los recién sembrados campos raya el alba
Soldados bailan las noches en vacías tabernas
Solitarios delfines en el mar, agua en las albercas
Islas que viajan en el sol, nadie habla
La primavera todos aguardan
Pero ella pasa de largo.

Todo Señor Niko está aquí
Como lo dejaste y conoces
Desde el tiempo del dolor
Y cuando vuelvas y te vea
Lleva agua de oro en tu cratera
El agua amarga del olvido

El fiel perro de Itaca se lamenta a tus pies
Y la buena y antigua Perséfone te canta canciones
La herida de fuego que te quema, dice que no sanará
el sueño amargo del hermano Makrygiani tiene la culpa
Hasta cuando siervas Creta y el Mani
Sombrías madres enlutadas en la posada de Odiseo.

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