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Animales

Los días de Alcione

Por 11 diciembre, 2013 Etiquetas: , , Comentar (8 Comentarios)
El Alcedo atthis, o Martín pescador, es un pájaro muy pinturero. El dorso del cuerpo, cabeza y alas es azul-turquesa con destellos verdes; el vientre y los ojos son de color naranja, mientras que las zonas de la garganta, orejas y orificios nasales son blancas; todo un arcoíris pajaril. Pero esta ave, además de colorida, es un símbolo de paz y tranquilidad. Anida en pequeñas grutas y cuevas cercanas a la orilla que adornan con escamas de pescado, conchas y ramas de plantas del litoral. Es especie migratoria y aparece en el Mediterráneo cuando el verano termina y permanece aquí hasta el final de marzo. Por lo general, ponen sus huevos en enero en las grietas de la costa, coincidiendo con las calmas invernales mediterráneas y con las menguas; es decir con la bajada del nivel del mar que se produce después del solsticio de invierno. Calmas y menguas facilitan que el Martín pescador anide en oquedades cercanas al agua y no tenga que desplazarse mucho para pescar para su futura prole.

El alción era venerado por los polinesios, que creían que controlaba el mar y las olas. Pero más cerca nuestro, en Grecia como no, su presencia en las costas era mítica y relacionada con los “días de Alcione”
Alcíone, ἀλκυών, era la hija de Eolo y se casó con Ceyx, rey de Tesalia, hijo de Eosfóro, el que trae a Eos, el que trae la aurora. Y dicho sea de paso, sobrino de Fósforo, el que trae la luz; si lo ponemos de otra forma: Lucifer. Uy que fácilmente me voy por las ramas, algo bastante normal cuando hablamos de mitología.

Alcione y su marido vivían felices, pero Ceyx quiso consultar algo en el oráculo de Apolo; pertrechó su nave y zarpó una buena mañana, negándose en redondo a que les acompañara la desconsolada Alcione. Nunca volvió a saber su esposa de él, ni tampoco le llegaron noticias de su triste naufragio; ella permanecía impertérrita esperando su regreso. Fue Morfeo quien se compadeció de su inocente inopia y le hizo ver en sueños amargos a su amado desapareciendo en el mar en medio de una furiosa tempestad. Para que contar más; ella se lanzó desde un acantilado, como es natural. Alcione sufrió una verdadera transmutación en su caída y se convirtió en pájaro de colores y anidó en una grieta del precipicio. Eolo se apiadó de su hija e intercedió ante Zeus para que permitiera que durante un tiempo, el mar permaneciera en calma y el pájaro pudiera poner los huevos tranquilo; los días de Alcione.

El fenómeno meteorológico existe, aunque no es fijo ni constante en el tiempo; hay años que no se produce; pero sí que hay un periodo de días, localizados entre el 15 de diciembre y el 15 de febrero, en que el anticiclón invade el Mediterráneo, solazándose y expandiéndose, para dar muy poco gradiente barométrico y casi nada de viento. En España solemos llamarle “calmas de enero”, aunque no siempre coinciden con este mes.

Hay otra Alcione, pero esta es estrella; de hecho la más brillante de las Pléyades; las siete hijas del titán Atlas y la ninfa marina Pléyone. Si el pájaro y la estrella están relacionadas ¿quien lo sabe a ciencia cierta? pero sí que es verdad que los griegos hablan siempre de las Pléyades, cómo τα πουλιά, “los pájaros”.

Aκολούθα τα πουλιά                                                    Sigue a los pájaros
Θέλει δύναμη να φεύγεις                                                  Se necesita coraje para partir
συ μου είπες μια βραδιά                                                  me dijiste una noche
κι αν δεν ξέρεις πια τι θέλεις                                             y si no sabes más lo que quieres             
ακολούθα τα πουλιά                                                       sigue a los pájaros
ακολούθα τα πουλιά                                                       sigue a los pájaros
Πέταξε μαζί τους κι έλα                                                   Vuela con ellos y ven
όταν θα ‘σαι πιο καλά                                                     cuando estés mejor
και η αγάπη μου για σένα                                                y mi amor sea para ti
κλουβί δε θα ‘ναι                                                             no una jaula
μα φωλιά                                                                        si no un nido
Θέλει δύναμη να ελπίζεις                                                Se necesita coraje para esperar
στην αγάπη στη φωτιά                                                    en el amor el fuego
κι αν κι αυτό δεν το γνωρίζεις                                           y si esto no lo sabes 
ακολούθα τα πουλιά                                                      sigue a los pájaros
ακολούθα τα πουλιά                                                      sigue a los pájaros
Πέταξε μαζί τους κι έλα…                                               Vuela con ellos y ven…
Το πουλί αν θε να φύγει                                                  Si el pájaro quiere irse
άνοιξε του το κλουβί                                                       abre la jaula
μα την πόρτα μη την κλ είσεις                                          pero no le cierres la puerta
θα γυρίσει στη βροχή                                                      regresará con la lluvia
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La sirena de Milos

Por 25 octubre, 2012 Etiquetas: , , Comentar (16 Comentarios)

Este país, incluso
tras años de familiaridad, a menudo inspira esos sentimientos de cándida
gratitud ¿Qué maravillosa vida es esta que llevo?
Patrick Leigh Fermor (Mani.
Viajes por el sur del Peloponeso)
Estaba yo releyendo el libro de Fermor en la bañera del
barco, fondeados en el cráter de Milos. Y pensaba en la cantidad de escritores,
pintores, fotógrafos, músicos o personas corrientes que se quedan enganchados a esta
tierra sin remedio. Cuando caes en la cuenta de que un simple plato de
aceitunas  puede ser glorioso, de que
hay verdadera emoción en el aburrimiento, en mirar la sombra de un arbol moverse, las cabras sestear en los riscos, el mar agitarse o el pesado baile de una mosca a medio día, si reconoces que esta luz no es luz de ver, si no de respirar y de sentirse vivo, estas a punto de entrar en el club de los afectados. Y todo eso a pesar de ser un país en ruinas; más o menos como el Mani de 1958 de Fermor; como si no hubiera pasado el tiempo.
Un gran crucero descargaba sus pasajeros con lanchas en el
puerto de Adama. ¿Qué verán estos turistas que a lo sumo van a pasar 4 horas en
la isla? Si esto es inacabable. Y no solo Milos, si no todo su universo: la
perforada Kimolos, las rocas rojas de Poliagos, el vacío de Antimilos, la isla
de la tiza… Siempre que algún amigo me pregunta por una isla para pasar las
vacaciones le recomiendo Milos; sé que
no tendrá tiempo de verlo todo.
Estas islas volcánicas están agujereadas como un queso,
llenas de oquedades tanto por arriba como por abajo. Muchas de las cuevas
terrestres, habitadas, decoradas y repintadas forman verdaderos pueblos muy llamativos
y entretenidos; entre los islotes, los huecos y las rocas, se componen pasadizos,
arcos y puentes con mucha gracia. Y bajo la superficie del mar, incalculables más
que no conocemos.
Yo miraba el ir y venir del desembarco del crucero cuando
sentí el ruido de un escape de un motor…

FLOPS. GRUAFS. GRUAFS
…pero sin motor…ni barco…ni nadie. Un buceador con traje
de neopreno se zambullía muy cerca del barco.
GRUAFS. GRUAFS. FLOPS
¡Qué buceador ni que demonios! ¡Es una foca! Llevaba algo en
la boca  y lo dejaba caer de sus fauces
para volverlo a coger más tarde. Agitaba la cabeza, jugando como un perro con
un trapo.
Me quedé quieta, muy quieta; me tumbé en la bañera y la
observé por debajo del balcón.
FLOPS. GRUAFS. GRUAFS
Se la veía feliz. Con gran descaro se acercó a escasos
metros del barco para seguir refocilándose con sus monadas. Ni toser, ni
respirar, ni mucho menos ir a por la cámara; me convertí en una estatua. Me
miró y la miré. Pero ella nada podía sospechar porque yo era inanimada.
Rebuscando en internet encontré este video de una foca en
Kimolos. Hacía exactamente lo mismo que ella. O era la misma o había ido a la
misma escuela.

Los humanos somos unos impacientes. No podía esperar más
cuando me acerque a la popa y comencé a deslizarme lentamente en el agua. Me
miró y la miré. Se tragó el pez de un bocado y se sumergió como una bala.


– Noooo. ¡No te vayas!

La perdí de vista de inmediato; se fue veloz hacia lo más
profundo con un fundido en verde. Se fue en busca de su guarida, de su cueva
sin pintar o de las múltiples cuevas que no vemos y ella sí; las de su mundo.

– ¿Y yo
qué?

Me sumergí tras ella y nadé y nadé hacia abajo buscando su sombra ¡Quien
fuera pez!  pero no tengo agallas.
Hubiera seguido allí, en el silencio, si no fuera por que… dicen que respirar
es un acto involuntario.


Asomé la cabeza y aunque me cegaba el sol pude ver las
lanchas del crucero que iban y venían llenas de turistas.

Me vino a la cabeza una
canción.

Lluis Llach-Abril 74

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Mi vecino no es muy discreto, que digamos.

Por 7 marzo, 2011 Etiquetas: , Comentar (12 Comentarios)

Otra vez he vuelto.  Yo aquí y Grecia allí. Y tantas veces he ido como tantas veces he vuelto. Pero siempre me pasa lo mismo, me vengo con la maleta llena de historias importantes; historias que enriquecen y alegran la vida. La vida entendida al modo griego es más vida, aunque la agencia Moody’s se emperre en lo contrario.
Llegamos a Lefkada por la noche, sin maletas; perdidas éstas por los infinitos campos de la comunidad económica europea. Y Evgiros, mi pueblo griego, como boca de lobo. Cuando me dirigía por la tremenda cuesta que sube a mi casa, convertida en la jungla por las lluvias del invierno, convertida en jardín, por los primeros vientos templados de la primavera al caer, noté una presencia. Un terrible animal me cerraba el paso. El resoplaba, yo temblaba. Pero todavía tuve el valor de sacar el móvil y disparar unas fotos. Salieron movidas, por supuesto; el miedo.
El sonido de la cámara debió de llamarle la atención y se acercó.

 Esta vez el flash le dejó atontado, pero siguió acercándose.
Ví a la fiera en toda su magnitud. Estaba sumida en uno de los mayores terrores paralizantes que se pueda imaginar, cuando oí a mis espaldas una potente voz:

–          – Quieres hacer el favor de pasar. No ves que es solo un burro.
 Comenzó a rebuznar como poseido por Satanas y a enseñar sus afilados dientes.
Tuvimos que subir a trompicones con los paquetes, empujando al burro, para no ser descubiertos: los autores del gran escándalo; en un pueblo dormido, a altas horas de la noche. Llorabamos de la risa.
Al día siguiente, seguía en el mismo sitio.

Le encantan las zanahorias, claro.


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