Hace 2100 años, una nave romana navegaba en las proximidades del temido cabo Maleas, al sur de Grecia, en el Peloponeso. Transportaba múltiples tesoros saqueados de diferentes islas; puede ser que algunos fueran de Rodas; los llevaban a Roma, para homenajear a Julio Cesar en un gran desfile nacional. Un temporal, un fallo del piloto…nunca lo sabremos, pero el barco, la tripulación y los tesoros fueron engullidos por el mar; y con ellos uno de los secretos más fascinantes de la arqueología y de la astronomía. Y así permaneció; secreto, durante más de 2000 años, en el profundo silencio del profundo mar.
 
En el año 1901, Elías Stadiatos buceaba en los alrededores de Antikythira, una pequeña isla griega, pescando esponjas. Elías descubrió el pecio romano, a unos 60 metros de profundidad, e inmediatamente se montó un revuelo de arqueólogos en busca de botín. De todos los restos rescatados hubo uno que llamó particularmente la atención y que afortunadamente no fue a parar a manos británicas, si no al Museo Arqueológico de Atenas. Era una rueda de engranaje, fuertemente corroída. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El sorprendente artilugio tenía  inscripciones en griego Koiné (griego del periodo helenístico que se hablaba en diversas partes del mediterráneo), pero se descompuso al salir a la superficie y perder la humedad  que le había protegido durante tanto tiempo. Otros 81 fragmentos han sido encontrados desde entonces.

El cómo se desentrañó el secreto del llamado “Mecanismo de Antikythira”, mediante tomografía computerizada y  rayos X,  sin sacarlo de su alojamiento en el museo Arqueológico Nacional, es todo un ejemplo de investigación bien hecha.

 

 

 
 
 
Esta es la reconstrucción que hizo Derek de Solla Price y que se encuentra en el mismo museo:
 
 
 
 
 
 
 
 
Y una recreación que hizo uno de los investigadores del proyecto, Michael  Wright, sobre el funcionamiento de dicho mecanismo.

Bello, preciso, elegante…todos los calificativos le valen. Sorprendente, increíble, misterioso.
 
 
Los científicos lo datan del 81 al 200 AC y sobre su autoría se ha especulado mucho. Unos hablan de Arquimedes ( 287-212 AC). Según descripciones de Cicerón el instrumento pudiera haber sido construido por el filósofo estoico griego Poseidonios (135-51 AC), que creó una prestigiosa escuela astronómica en la isla de Rodas, similar a la de Alejandría. Y es posible que ya Tales de Mileto (639-547 AC)  ideara uno, más precario, con anterioridad.

 

 
Se trata de un mecanismo que usa engranajes diferenciales, lo cual es curioso dado que los primeros casos conocidos datan del siglo XVI. O eso, creíamos. Está constituido por cinco cuadrantes, agujas móviles y unas 30 ruedas (aunque M. Wright ha sugerido hasta 70) dentadas (triángulos equiláteros) movidas, con toda probabilidad, por una manivela. 
 
 
Es triste que una buena parte del artefacto se perdiera, especialmente su parte frontal, pero ha dado lugar a múltiples teorías; algunas  de lo más descabelladas, como viajeros en el tiempo en naves romanas y cosas similares. Existe un numeroso grupo de personas obsesionadas con recrear el dichoso mecanismo al que se le dio el título de “primer ordenador analógico”.  La verdad es que no es para menos. Yo, mientras escribo esto, creo que también me estoy obsesionando.

 

 
Como prueba de ello: este video del ingeniero en software de Apple, Andrew Carol y su réplica impresionante, construida totalmente de piezas de Lego. 
 
 
 

El mecanismo era  técnicamente más complejo que cualquier otro instrumento conocido, al menos en el siguiente milenio. Solo hay que comparar sus delicados engranajes con el sencillo Astrolabio que se utilizó durante mucho tiempo después como medidor de la posición de un astro.
 

 

Tenía un dial en el frente con dos círculos concéntricos; uno con el zodiaco griego y otro con el calendario Egipcio, basado en el ciclo Sótico; o  ciclo en la estrella Sirio. Una vez más la importante Sirio. Con tres manecillas, una para la fecha y dos para la posición de la luna y el sol y debió llevar alguna más para posicionar los planetas, según rezan sus inscripciones. También predecía la fase lunar y tenía un  almanaque que daba los ortos y los ocasos de astros importantes.
 

 

La parte trasera tenía dos escalas espirales (hechas de semicírculos con dos centros) que indicaban la posición dentro de los ciclos astronómicos más importantes:

 

El  Metónico, el Sarico, el Calípico… Todos ellos relaccionados con las fases y los eclipses lunares.
Es decir; servía para  predecir eclipses. Esto habría sido importante para establecer el cronograma de festivales agrícolas y religiosos y para calcular la fecha de la celebración de los juegos olímpicos.
 

 

Los historiadores dudan de si llegó a ser un instrumento de navegación, porque era muy delicado para transportarlo en los barcos de la época. Bueno, no me parece una razón fundamental ya que iba encerrado en su caja y lo podían estibar en lugares resguardados de las inclemencias del tiempo y solo sacarlo en momentos excepcionales.

 

Lo que sí está claro es que el retroceso producido tras la desaparición de estos mecanismos y la adquisición del astrolabio o incluso el sextante, con sus farragosos almanaques, fue mayúscula. Por no comentar los siglos que sufrieron los navegantes sin poder determinar la longitud de su posición, por no disponer de un cronómetro preciso, cuando hacía ya 20 que alguien había construido un mecanismo de tal sensibilidad.

 

¿La quema de Alejandría? ¿El oscurantismo religioso medieval?  No sabemos a quién debemos el honor de tamaño retraso histórico. Pero mirémoslo de otro modo: más tarde se descubrió América, más tarde los vuelos al espacio,  los combustibles fósiles, las centrales nucleares…. El planeta tuvo un respiro de muchos, muchos, años. Paradójico.

 

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