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Barbaridades náuticas

Barbaridades marineras. La cortesía

Por 19 julio, 2012 Etiquetas: Comentar (15 Comentarios)

Esto que voy a contar, más que una
barbaridad marinera lo definiría como una “descortesía marinera”.
El mar ha sido siempre un espacio casi
infinito, con infinitos personajes apareciendo y desapareciendo en él; desde los sanguinarios piratas caribeños a los humildes
pescadores de cualquier costa, de cualquier isla. Buenos o malos,
honrados o ladrones, capitanes de grandes naves o tripulantes de
pequeños esquifes, todos tenían algo en común; ser cortés con el
barco vecino; siempre que uno no estuviera en guerra con el, claro.
El medio es duro, ser amable en el mar, era casi una obligación y
una ley no escrita, para poder sobrevivir.
Las cosas han cambiado, querido Sancho,
aunque yo sigo peleándome contra los molinos de cada puerto, donde
“el que venga detrás que arree” es una enmienda a la totalidad
de dicha costumbre universal.
Para muestra esta foto. Está tomada en
un puerto cualquiera de una isla cualquiera. Ha de hacerse notar mi
barco, amarrado de punta frente al resto abarloados al muelle. Lo que
no se aprecia es que tuve que amarrar en el peor sitio del puerto, al
lado de unas piedras preocupantes.
En Grecia, la mayoría de los puertos
son libres y por tanto no se puede reservar el amarre, si llegas
tarde te puedes encontrar sin sitio. En este caso plazas habría de
sobra, pero estos patosos; por decir algo elegante; han llegado antes
y cogido cada uno el espacio de 3 barcos amarrados de punta. Y
¿ Por qué? Porque les importa un pito
el prójimo, porque no saben hacer la maniobra con las anclas, porque
nunca la prueban y siempre garrean, porque son ignorantes y piensan
que un barco amarrado de costado está mejor, cuando es todo lo
contrario.
-No discutas más, es inútil.- Me dijo
el aguador que fumaba un cigarrillo en el muelle.- Cuando pase el
Ferry y llegue su ola ; cuando se suban a tierra firme saltando como
gambas; quizás te entiendan.
Eso es lo que hice.
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Nautiescatología

Por 11 diciembre, 2011 Etiquetas: , Comentar (4 Comentarios)
Navegar, navegar…ese bello arte, noble deporte, hermosa afición, sublimación del transporte alrededor del mundo.
Y un velero ¿Que es un velero?  Una bella criatura que se desplaza sobre los mares para convertir el anterior párrafo en leyenda. Pero tiene un fallo, un descuido de su exquisito diseño, una equivocación en su planteamiento; un barco tiene servicios, toilettes, váteres, WC o como queramos denominarlos .Todo navegante sabe, o si no aprende rápido, que estos son una fuente inagotable y maloliente de problemas.
Esta entrada va dedicada a mi amigo Martín, con quien una vez aposté sobre quien sabía más historias sobre inodoros a bordo. Y de paso a ver si conseguimos sonreír un poco.
Hace ya algún tiempo, no en Grecia, pero en el Mediterráneo veníamos de vuelta de Ibiza con algunos pasajeros, con mala mar, con solo dos váteres a bordo. La gente hacia sus ofrendas a Poseidón por donde podía; pero siempre hay alguien celoso de su intimidad que quiere realizar dichos sacrificios a los dioses en privado; sin ser visto.
Como he dicho había dos inodoros (que risa de nombre) y los dos eran marca  “Lavac”. Para los no doctos en la materia debo hacer un inciso:
Un váter, en un barco, desagua por un agujero en el casco, como normalmente está por debajo de la flotación, el barco se podía inundar; es decir necesita un diseño especial para que esto no ocurra. Los de la marca “Lavac” trabajan haciendo el vacío y para ello llevan unas gomas circulares en la tapa, como las de una olla exprés, de forma que al cerrar esta y bombear con la manivela crean un espacio hermético dentro de la taza y el agua de mar es impulsada para lavar el WC, pero no entra en el barco. Al utilizar un” Lavac” y hacer, por tanto el vacío, hay que esperar unos minutos a que este se deshaga y mientras ocurre, nadie puede abrir la tapa. Está totalmente pegada.

 

Volvamos a la historia. Un pasajero, algo mayor, se dirigió a toda prisa hacia los servicios de a bordo, pero ambos estaban ocupados; el pobre hombre tuvo que esperar en el salón, mientras el estómago, vuelto del revés, le mandaba reflejos amarillo verdosos a su rostro.
Por fin uno quedó libre. El hombre se arrojó sobre el servicio y cerró la puerta. Cual debió ser su desesperación cuando comprobó que el anterior usuario había hecho el vacío, cuando comprobó lo robusto que es un Lavac; cuando constató que no podía abrir la tapa. Lo imaginé estirando con ambas manos desesperado, poniendo el pie en la taza para hacer fuerza y…
Se oyó un forcejeo y luego…un fuerte estruendo. Pero el barco seguía dando saltos sobre las olas y nadie le prestó atención.
Al amarrar, todo el mundo se despedía dignamente, amistosamente; como si nada hubiera pasado. Y llegó el momento fatídico para todo armador: ir a comprobar el estado de los servicios.
 ¡Ohhh!
 ¡Ajjjj!  
¡Dios mío!
Y para terminar ¡Uyyy!  
Una de las gomas circulares del “Lavac” se balanceaba en una de las lamparitas que había sobre el espejo.
¡Que vigor el del  “Lavac”! ¿Había salido despedida al deshacer el vacío a la fuerza? Solo una persona sabe la respuesta. No piensa hablar.  
El resto del relato, del estado de muebles, lavabos y grifos, del color de los mamparos, lo dejo a la libre imaginación del lector. Escatología sí, cochinadas no.
¡Qué bonito es navegar!
Bueno Martín. La pelota está en tu tejado.
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Barbaridades marineras II

Por 21 julio, 2011 Etiquetas: , Comentar (13 Comentarios)
Sigue pasando el verano; sigo, con los nervios ya destrozados, recopilando. Las barbaridades náuticas.
Decía Conrad, en su espejo del mar; excelente libro de obligada lectura para un navegante, en mi opinión, claro; que había que cuidar el lenguaje. Un ancla es un elemento imprescindible de un barco; es la que lo salva en momentos difíciles, la que lo une a tierra firme. Tras una larga travesía, en el momento del fondeo todo el mundo anda nervioso a bordo para hacer una correcta maniobra y cuando el ancla toca fondo hay un silencio sepulcral esperando que haya agarrado; el viaje ha finalizado y el barco queda sujeto a por ese insignificante pedazo de hierro y su cadena.
Pero ese insignificante trozo metálico que llamamos ancla no es tan sencillo como parece, tiene nombres y apellidos, es el resultado de una larga evolución y de constantes estudios, pruebas y mejoras para conseguir que algo, en apariencia tan sencillo, penetre en el fondo y de cómo resultado que el barco permanezca seguro. A la razón de, por ejemplo, 25 kg de ancla para 12 toneladas de barco. Impresionante, casi milagroso.
El ancla es pues, bajo los ojos de Conrad y bajo los míos también, algo serio. No es correcto decir “tirar el ancla”, tan noble e importante elemento no se tira. Se fondea, se larga el ancla, se da fondo; pero no se tira.
Pues ultimamente, los aguerridos hombres de mar que alquilan barcos , no es que la tiren, es que si pudieran la arrojarián a la basura. No es un elemento de seguridad de un barco, es una pesadilla que les amarga las vacaciones. Y por su culpa, por culpa del ancla, todo el mundo le chilla en los puertos. Hacen maniobras marcha atrás que quitan el hipo, por sus velocidades; sobre todo si eres su futuro vecino. El barco les supera y parece animado de un espíritu maligno que lo lleva donde quiere, no a donde quieren ellos y el ancla se deja caer, si saber donde, en su frenética carrera hacia el amarre. Por supuesto, nadie prueba su ancla, antes de dar la amarras e irse corriendo a cenar. ¿Para qué?  ¡Pero si he tirado el ancla y 30 metros de cadena!
Este de la foto, con el ancla a pique y totalmente garreado he tenido que aguantarlo toda la noche apoyado en el costado del barco. Cuando previamente le sugerí que su ancla no estaba bien me dijo
-¡ sono bene! ¡ 25 metri de catena! Tu non sai niente
-Cobra un poco de ancla y veras como se te viene encima, no te ha agarrado.
-¡No!
-Por favor
-Perche sei una donna io lo faró. Soltanto perche sei una donna.
Y el ancla se le vino encima, naturalmente. Pero ante la mirada atónita de todo el mundo, dejó de virar cadena, para que no saliera a del agua el elemento vergonzante, claro. Y exclamó.
-Adesso e buona.
Tuve que poner defensas y armarme de paciencia. Eso si, a la mañana siguiente, salí, al oírlo arrancar y le dije

Buonissima la tua ancora, ma grazie a la mia la tua barca sei a posto . Questo te lo dico perche sono una donna.

Que conste, que alguna vez he deseado ser un hombre, para decirlo de otra forma. Solo alguna vez.
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Barbaridades marineras.

Por 28 junio, 2011 Etiquetas: , Comentar (26 Comentarios)
Hay alguien que haya leído a Conrad? O a London? ¿Stevenson? ¿Moitessier? ¿Alguien?
El mar se ha llenado de basura que los temporales devuelven a la playa. El mar se ha llenado  de plásticos;  y algunos grandes y con palos. El chárter, o alquiler de veleros, ha inundado el mundo marino de hombres tatuados y mujeres con pamela, de mejillas enrojecidas y espaldas desolladas por el sol que no han leído a Conrad; ni saben quien es; ni les interesa. Los hombres tatuados no tienen ninguna aproximación romántica o literaria al mundo de los barcos, ni son mas sabios cuando regresan a Itaca ni jamás en su vida han tenido entre sus manos el Espejo del mar. Usan el barco, por tanto, como si de un coche se tratara y les merece el mismo respeto, el mismo, que una bicicleta de alquiler.
Voy a abrir una serie de entradas sobre barbarides náuticas. A ver si nos reímos un poco.
Un velero siempre ha sido algo bello y elegante; de hecho en los barcos clásicos, la mesa de cartas, una parte importante del barco donde llevar la derrota, se situaba siempre en estribor, en la parte noble del barco y también el camarote del capitán. Daré una explicación de lo anterior:
 Los ingleses, grandes marinos, comenzaron a denominar babor como port side y estribor como starboard, porque al cargar en puerto (port)  se abarloaban por el costado de babor y era, por tanto,  la parte más ruidosa; la zona aristocrática quedaba, de esta manera,  relegada a estribor. Stardboard, estribor, viene además de steering, gobierno, timón y es por tanto la zona del mando, la importante, la parte del Capitán.Y eso siempre ha sido así hasta ahora, hasta la aparición de hombres tatuados surcando mares estivales.
¿Que hubiera dicho London si hubiera visto, como yo, a unos marinos intentando enmendar una maniobra fallida desde el principio, tratando de separar el barco con un mocho?
La foto no hace honor a la barbaridad, en esos momentos nunca tienes la cámara a mano, además no das crédito de lo que ves, así que fiaros de mi si os digo que me pareció tremendo, un insulto a un barco, que aunque de alquiler, barco es y se merece un respeto por parte de su tripulación. Como un jamón de jabugo 4J no se merece una Coca-Cola, ni oír a la Callas  en un movil  patatero, ni…cualquier otra barbaridad que se os ocurra.

 Como veis la tripulación corre de una parte a otra sin parar, sin saber que hacer, pero el señor del mocho, el de gris en cubierta, no abandonó su puesto en ningun momento.
Seguiremos con ello otro día. ¡Ya lo sabeis, hombres tatuados, yo no os pierdo de vista, estaré con mi camara esperando!
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