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Economía

Cartas y tarjetas

Por 6 julio, 2016 Etiquetas: , , Comentar (6 Comentarios)

Todos los días se aprenden cosas nuevas. Me ha quedado patente que es más importante saberte el número de teléfono de tu cartero que el de la tarjeta de crédito.

Grecia no es canción del verano este año, la liquidez de los tiempos ha hecho que se olviden las tonadillas del último estío. Pero las cosas siguen igual o peor. La subida del IVA ha disparado los precios ya estratosféricos y las pensiones y sueldos se han reducido a la mitad. Encima seguimos con el “corralito”, aunque ya nadie hable de él y tan solo se puede sacar del cajero 400 € a la semana; eso hoy en día no da para mucho. Nadie quiere oír hablar de transferencias ni tarjetas, porque el dinero se queda en el banco, hacienda sospecha que tienes muchos ingresos y te quita la mitad más otra mitad para el año siguiente. Así que ha florecido una microeconomía paralela en el que muchos andan a lo John Wayne, con los bolsillos abultados de billetes y otros a lo Chaplin, intentando cocinar un zapato. Cuando vas a pagar cualquier cosa y sacas la VISA te miran como si fuera un cromo del anticristo y prefieren fiarte y decirte que ya lo pagaras otro día; cuando consigas reunir la cantidad a base de pequeños ahorrillos de los 400 € semanales. Se inicia así un ciclo de deudas aplazadas que se pueden ir endosando a terceros. Si tú le debes a Nikos y este a su vez tiene una deuda con Sotiris, pues le pagas a este último tú mismo y todos tan felices. Bueno, esto no es verdad a todos los niveles; también hay grandes empresas con cuentas en el extranjero y algunas del norte del país, más afortunadas, desplazadas a Bulgaria para pagar mucho menos. Así que los búlgaros están que lo tiran y vienen a Grecia cargados de billetes para comprárselo, comérselo y bebérselo todo. ¿Serán los próximos en explotar? Bueno, así es este sistema que inventamos: una huida desbocada hacia adelante sin ninguna pizca de conmiseración ni de intención de arreglar nada, solo de seguir cuesta abajo hacia el abismo.

Pero lo que realmente me ocupa hoy no es esto sino una historia de un paquete y sus peripecias para llegar hasta mí, una aventura cargada de prejuicios, modernidades, berrinches y métodos tradicionales.

Como ya va siendo una maldición habitual en mí, este verano volvía a tener problemas con el móvil; con otra compañía diferente a la del año pasado, pero en el fondo todas son iguales. Le pedí a una amiga que me mandara un duplicado de mi SIM. El tema era peliagudo, ya que cuando emiten un duplicado te anulan la vieja y te quedas sin teléfono, y para mí, en estos momentos y por motivos de trabajo era fatal. El método más económico era enviarlo por correo exprés, pero me dio repelús, pensando sobre todo en la parte griega del trasiego y sus frecuentes huelgas, así que decidí gastarme el dinero y enviarlo por SEUR, empresa líder de paquetería y mensajería en España. Una pasta, pero con la promesa de que llegaría a su destino en 3 días. Como toda empresa moderna, SEUR tiene una aplicación donde puedes ver el estado de tu envío en cada momento: Mira, está en Madrid. Mira, está en el avión. Mira ha llegado a Grecia ¡Cielos está en Salónica! ¿Y qué hace allí? Aparecía en la pantalla una señal de admiración indicando algún problema y una sutil sugerencia de que te pusieras en contacto con ellos, a través de un 902, of course, al que es imposible llamar desde fuera de España.

Realmente me fascinan las teleoperadoras de los 902, bragadas en todo tipo de técnicas orientales de meditación y control de impulsos y emociones. Muy amablemente pasó mi queja al departamento correspondiente.
Pasaban los días, ya fuera de plazo, y yo seguía atenta a la pantalla de la aplicación. Una mañana desapareció la señal de alarma ¡Bien! Pero enseguida leí que el paquete había sido entregado en Salónica, a 500 km de su destino ¿Quién sería el afortunado que se quedó con mi número de teléfono? Esta vez la dulce señorita aguanto todo tipo de improperios sin soltar una interjección. Y no tardé en descubrir que había hasta páginas en internet de afectados por SEUR donde dejaban a la gente con casos similares al mío desgañitarse y berrear como método terapéutico.

Pedí un nuevo duplicado de SIM y esta vez lo mandaron por Correos. El seguimiento del envío tanto en la página de Correos España como de ΕΛΤΑ en Grecia eran impecables, te decían hasta la hora en que lo cargaban en el camión. Cuando por fin llegó a Lefkada yo andaba tan impaciente que me fui directamente a la oficina de correos para asegurarme de que había llegado y saber cuándo lo entregarían.

-¿Cómo se llama tu cartero?
-¿Mi qué?
-Vale, dime en que pueblo vives.
-Evgiros.
-Estupendo. Se llama Giorgos y apunta su número de teléfono.
-¿Le llamo?
-Pues claro.

Un poco cortada y esperando un desplante llamé al tal Giorgos, en adelante “mi cartero”, que naturalmente me dio pelos y señales de mi paquete y concertó fecha y hora para entregármelo en mano. Y así fue, puntual como un reloj llegó con su moto al pueblo y todos le saludaron. Apunte su número de teléfono en todo tipo de agendas y recordatorios, porque hoy por hoy me es mucho más útil que el PIN de mi tarjeta de crédito.

-Siempre que esperes un envío, me llamas. Yo te traigo cualquier tipo de paquete. Bueno, si es muy grande y no me cabe en la moto te indicaré que pases por la oficina.

Perro moto

Me ha venido a la cabeza esta deliciosa música de una película entrañable; de un tiempo en que los carteros eran indispensables. Parece que an algunas partes del mundo sigue siendo así.

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Hijos de emigrantes

Por 4 febrero, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (6 Comentarios)
Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: emigrantes. 
Pero emigración significa éxodo. Y nosotros 
no hemos salido voluntariamente eligiendo otro país 
para en él establecernos, mejor si es para siempre. 
Nosotros hemos huido. Expulsados somos, desterrados… 
Bertolt Brecht
Estos días pasados leíamos la noticia de los tres bomberos españoles, que habían acudido como voluntarios de una ONG para ayudar en la avalancha de inmigrantes que llegan desde Turquía, apresados por las autoridades griegas en Lesbos. Se les acusaba de tráfico ilegal de personas. Muchos se llevan las manos a la cabeza leyendo esos artículos no muy bien explicados por la prensa. Así que últimamente se repiten las preguntas al respecto y mis amigos se sorprenden cuando conocen la ley. Me gustaría aportar mi grano de arena.Las leyes internacionales marítimas hace obligatoria la asistencia y el auxilio en el mar; ningún capitán se puede negar a ello, sea barco profesional o de recreo. Pero si el salvamento requiere el embarcar personas ilegales a bordo, las circunstancias se complican porque no se puede trasladar individuos sin papeles y desembarcarlos en ningún país sin permiso de las autoridades. Es decir, los puedes embarcar, pero desde ese momento no puedes arribar a ningún puerto y debes esperar a que algún país te deje entrar. Esto fue lo que le paso al pesquero español “Francisco y Catalina” hace algunos años, que rescató a 51 inmigrantes a cien millas de las costas maltesas. Esa ocasión fue especialmente dura, ya que problemas burocráticos impidieron durante ocho días el desembarco de los inmigrantes en tierra; creo recordar que se les acabaron hasta los víveres.El caso de los bomberos es algo diferente ya que sí tenían permiso griego para asistir y trasladar a los náufragos pues colaboraban con proem-aid, organización española no gubernamental para el rescate de personas en el mar. Según sus propias palabras, copiadas de un artículo del Pais:
“Eran las tres y estábamos en la costa ayudando a las personas que acababan de llegar en una embarcación. Entonces, un compañero nos alertó de que otra se estaba hundiendo en mitad del mar. Así que nos fuimos con un barco hacia la zona. Pero no lo encontramos. Navegábamos bastante alejados de la costa. Entonces, otro de los españoles, Manuel Blanco, comentó que nos estábamos acercando a aguas turcas. Decidimos volvernos. Y a los cinco minutos apareció la policía portuaria.
De acuerdo a la versión de los guardias costeros, los bomberos navegaban en una embarcación particular, propiedad al parecer de uno de los voluntarios daneses, también detenido, que no estaba autorizada para llevar a cabo rescates de refugiados.La verdad nunca la sabremos, sobre todo cuando hay por medio juicios y abogados. El caso es que las leyes están para cumplirlas, desgraciadamente incluso cuando nos parecen injustas, pero mucho más en zonas de conflictos como son las fronteras entre Grecia y Turquía. Este último país no ha parado de denunciar violaciones de sus aguas a cargo de las embarcaciones de salvamento. Los turcos no se andan con chiquitas y que no se nos olvide que derribaron un avión de combate ruso por motivos parecidos. Es posible que por estas u otras razones, ciertas autoridades griegas estén empezando a atársela con papel de fumar.Quién sabe.

El inconveniente de esta reglamentación es que las consecuencias son atroces tanto para los refugiados como para los griegos. Numerosos barcos de crucero o embarcaciones deportivas alteran sus recorridos para no verse inmiscuidos en fregados interminables con la policía y arruinar las vacaciones de sus pasajeros. Un país que vive casi exclusivamente de los ingresos del turismo y unas personas desesperadas que huyen de una guerra que no provocaron. Por no hablar de los casos de hacer la vista gorda a un naufragio en el mar; algunos contrastados y, desgraciadamente, cientos que nunca conoceremos. La crueldad humana es inimaginable.

Hasta ahora los socios de la UE tan solo han acogido a una ínfima parte de los refugiados que se comprometieron dentro del programa de re-ubicación. Pero en Europa, cada vez más, se alzan las voces pidiendo eliminar a Grecia  de la zona Schengen. Solo la mera petición revuelve el intestino y sobrepasa lo más rastrero alcanzado jamás por la Unión Europea en esta crisis. Los problemas del vecino no son los míos. Algo tan brutal como la reclusión de los leprosos de por vida en los Lazaretos.

Yo solo he tenido una experiencia de encuentro con embarcaciones ilegales, pero las condiciones no fueron tan dramáticas. A unas millas al sur de Formentera localizamos un pequeño pesquero a la deriva que llevaba unas 6 personas a bordo. Solo pedían gas oil y agua para proseguir su viaje. Nos pusimos en contacto con la estación radio costera que nos ordenó permanecer en sus inmediaciones hasta la llegada de la patrullera de la Guardia Civil. Siempre me he preguntado qué hubiera hecho si las circunstancias hubieran sido críticas ¿Los hubiera embarcado? Creo que la respuesta es que sí. Porque las leyes están para incumplirlas cuando son injustas y crueles; si no lo hiciéramos  ¿dónde nos quedaría nuestra dignidad?esa sin la cual es imposible levantarse por las mañanas. Quién de nosotros no ha oído, en boca de nuestros padres y abuelos, historias de desarraigo, éxodos y exilios; conversaciones de recurso tras las largas comilonas familiares. Todos somos hijos de emigrantes.

En la  peor crisis humanitaria a la que se enfrenta Europa desde la Segunda Guerra Mundial salvan el tipo los de siempre; los ciudadanos de a pie, sencillos y anónimos de las islas griegas con algo más de sensibilidad que nuestros representantes. Empatía es una palabra griega. Los casos son innumerables pero voy a poner el ejemplo que más trascendencia ha tenido en los medios: el panadero de Kos.
Su familia huyó de la invasión turca de Esmirna en 1922, que desplazó a un millón de griegos, muchos de los cuales se refugiaron en Australia.  Dionisis, el panadero, sabe  lo que es ser hijo de refugiado. Todos los días, sobrepasa la producción habitual de su panadería en 100 kilos de bollos. Con su furgoneta se presenta frente a la comisaría de la policía y organiza la larga fila para repartir gratis el pan.
Cuando Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, visitó la isla dijo: “Europa no es un grupo de ultras que se reúnen para quemar un albergue de sirios. Europa es el panadero de Kos, que ofrece su pan gratis para paliar el hambre de los refugiados”.  Cinismo es una palabra europea pero tiene origen griego.

Desde el comienzo de la crisis de refugiados, pescadores, amas de casa, pensionistas, profesores de las islas griegas y otros voluntarios han abierto sus casas y sus corazones para salvar a niños, hombres y mujeres refugiados que huyen de la guerra y el terror por lo cual se les ha propuesto para el premio nobel de la paz. La iniciativa, secundada por Avaaz  ya cuenta con más de 600.000 firmas. Si se lo conceden me alegraré mucho. Pero me imagino a la academia sueca entregando el galardón en un acto solemne y pomposo. La hipocresía, otra vez más, es un término griego que significa sobre-actuar, representar lo que no eres.

 

Μουσική: Zülfü Livaneli
Στίχοι:Λευτέρης Παπαδόπουλος
Ερμηνεία:Μαρία Φαραντούρη


Σαν τον μετανάστη στη δική σου γη,
μέρα-νύχτα λύνεις-δένεις την πληγή
κι όλα γύρω ξένα κι όλα πετρωμένα
και δεν ξημερώνει να ‘ρθει η χαραυγή.

Στράγγισε η ζωή σου που αιμορραγεί,
κάθε ώρα πόνος, τρόμος και κραυγή
και σ’ ακούν οι ξένοι κι ο αδερφός σωπαίνει.
Αχ, δεν είναι άλλη πιο βαθειά πληγή!

Σύρμα κι άλλο σύρμα και χοντρό γυαλί,
μάτωσε ο ήλιος την ανατολή.
Κλαις κι αναστενάζεις, λευτεριά φωνάζεις,
μα η ελπίδα μαύρο, άπιαστο πουλί.

Música:Zülfü Livaneli
Letra: Lefteri Papadopulos
Canta: María Faranduri


Como el emigrante en tu tierra
noche tras noche venda y desvenda su herida
y todo en torno a él es extraño y petrificado
y no amanece ni viene la aurora

Agotada tu vida en una hemorragia
a cada instante dolor, miedo y grito
y te oyen los extranjeros y el hermano calla
¡Aj, no existe herida más profunda!

Valla y otra valla y un vidrio grueso
ensangrientan el sol de oriente
Lloras y suspiras, libertad gritas
pero la esperanza es un negro pájaro intangible.



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Calabacines con sentimiento

Por 6 julio, 2015 Etiquetas: , , , , Comentar (7 Comentarios)
Los tiempos son duros y todos los que tienen un pequeño trozo de tierra se han puesto a plantar hortalizas y a dejar corretear gallinas ponedoras, picadoras  y escampadoras de porquería. Como todo agricultor sabe, las verduras no salen por demanda, si no cuando les toca fructificar, así que un mes te puedes encontrar con la despensa llena de berenjenas y al mes siguiente enrojecida por el zumo de tomate triturado. Ahora es el momento de los calabacines. Está siendo un año de buena cosecha.

Si vives en un pueblo y tienes buenos amigos lo normal es que te paren y te digan: tengo unos calabacines para ti. Muchas gracias les respondo, me encantan. Así que abro la nevera y se me caen todos encima.
Me hace gracia, porque te los dan a escondidas. No creo que se deba a que otros vecinos puedan sentirse celosos. Realmente, la única persona que no cultiva calabacines soy yo, todos tienen los suyos. Así que pienso que la clandestinidad se puede deber al temor de que los propios no sean tan gordos y brillantes como los del otro, con las flores tan tersas o las pieles finas y el dadivoso pueda ser considerado como un pésimo agricultor. Abro la nevera y los tengo de todos los tamaños, acostados unos sobre otros, como las botellas de buen vino, con sus florecillas como plumeros amarillos. Uff ¡Qué voy a hacer con vosotros!

He repasado y ejecutado todo la farmacopea calabacitil: rellenos de carne, con salsa de avgo-lemono, flores rellenas de arroz, fritos, en tortilla, con queso. Para no volver a empezar desde el principio, como el CD de un coche en un viaje largo, esta noche voy a inventarme una receta para dar salida a unos cuantos. Los voy a cubrir con una bechamel de mejillones y al horno. No sabía cómo titularlos, por si me salen buenos y tengo que volver a repetirlos, es necesario poder dirigirme a ellos con un nombre. ¿Calabacines del No? ¿Calabazas para Europa? ¿Calabacines a la importancia? ¿Mejillones en carroza? ¿La furia del Eurogrupo? ¿Calabacines enrojecidos de la vergüenza por la prensa tendenciosa? Pero creo que he dado con el apelativo: Calabacines a la Varufakis;o Varukolokizakia que suena mejor en griego. Así, cuando invite a cenar a algunas amigas mías, estoy segura de su aprobación casi sin llevarselos a la boca.

¡Qué bueno!

Pero no solo por eso. Si no porque creo que el gesto de hoy de este político es el digno colofón a una semana de nervios, rumores, desdichas, mentiras y una decisión rotunda a no ser humillados más. Se merece un buen plato histórico de sencillos ingredientes, tal que el pollo Marengo del famoso Napoleón; ese que ideó su cocinero con los pocos víveres que encontró en el campo de batalla. Como se lo merecen todos los griegos, cultivadores o no de verduras. Porque cada vez me emocionan más y me siento más cerca de ellos y de sus calabacines, de su pobreza compartida, de su miseria sonriente, de sus gustos humildes. A todo esto, espero que me salgan bien para estar a la altura de las circunstancias y no me tenga que arrepentir de la dedicatoria y tener que buscarles un nombre de última hora.

Mientras escribía estas notas han llamado a la puerta. Era Kostas, mi viejo amigo pescador últimamente retirado del mar y reconvertido a la agricultura de autoconsumo. Me ha dado una bolsita llena a rebosar y me ha dicho.

– Toma, esta es vuestra parte.
– ¿Nuestra parte?
– Sí, porque vosotros sois de los míos, tanto como mi familia.

Me he quedado inmóvil, sin poder hablar y he metido la cabeza de lleno en la bolsa, como queriendo captar el aroma de la fruta recién cortada. El plástico se inflaba y se desinflaba con mi respiración. Todo antes de mostrarle las lágrimas que me salían solas y sin llamarlas.

Afortunadamente entre muchos calabacines había un pepino y podré hacer ensalada, pero no tengo más remedio que idear otro plato para mañana. Lo titularé calabacines sentimentales, como si fueran unos nocturnos de Chopin. Se admiten sugerencias.

Calabazas de agosto

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Mareados

Por 24 enero, 2015 Etiquetas: , Comentar (10 Comentarios)
Una noche me invitaron a cenar en el restaurante que hay bajo un oceanográfico. Yo imaginaba una sala sumergida en un acuario lleno de peces de diversas formas y colores entre sinuosas plantas tropicales, pero me encontré una sala circular rodeada de una pecera cilíndrica e iluminada. Un ejército de jureles daba vueltas sin descanso. El jurel es una especie pelágica que nada sin tregua para encontrar alimento y huir de sus depredadores, pero hay otras variedades que tiene  la misma estrategia; no acababa yo de entender porque solo habían jureles en aquel estanque.

Los primeros cinco minutos fueron de desconcierto frente a ese pasacalles interminable de peces,  me pareció ridícula esa rueda infinita, la del tiempo, la de la fortuna, la de los jureles dando vueltas. Al cabo de media hora, su presencia fue obsesiva, sus ojos se clavan en los míos; con esa mirada liquida que tienen los peces y que deja la duda de si te ven o te interrogan;  intentas no fijarte y no lo consigues, las orbitas oculares giran y giran. A los postres mi cabeza daba tantas vueltas como ellos y sus caras estresadas y cansadas por esa migración infinita  hacia ninguna parte no me dejaban en paz. Solo nosotros, los seres orondos, bien comidos, satisfechos y estáticos, sentados al otro lado del cristal, sabíamos que su viaje era un absurdo múltiplo de 2πr.

Estos peces parecen lelos ¿por qué no paran? o bien los estúpidos somos nosotros, quietos, boquiabiertos, observándolos a través del vidrio separador hasta sentirnos mareados. ¿Es posible que también seamos objeto de su contemplación? ¿O de su terror?

Entre toda la corriente jurelera, de vez en cuando aparecía un individuo que se paraba, se daba la vuelta aturdido e intentaba nadar en contra dirección, hasta que la masa general le sacaba de su error  y le arrastraba otra vez al giro vulgar de todo el cardumen. No es que me parecieran peces excéntricos, más bien mareados, desesperados, aburridos, vencidos por la sinrazón.

La relación del mareo con el mar es de todos conocida, hasta la propia palabra lo dice. Pero todavía hay más; nauseas en griego es ναυτία. No hay que rebuscar mucho para saber que viene de nave. El mareo y el transporte en barco son tan antiguos como la civilización.

Una vez leí un artículo de un zoólogo alemán que había conseguido inducir la cinetósis a unos peces, lo que vulgarmente llamamos mareo.  Puso un acuario en una aeronave, durante la fase de gravedad 0 algunos peces empezaron a nadar en círculos, haciendo cabriolas y actuando confundidos, perdieron su sentido de balance completamente, comportándose como humanos mareados y parecía que estuvieran a punto de vomitar. Los peces tienen un sistema de oído interno que les ayuda a mantenerse derechos, similar al sistema de equilibrio del hombre y cuando al cerebro le llega información contradictoria de diversas fuentes sensoriales se cortocircuita y sobreviene el malestar. Es posible que la perdida de contacto de los ojos con el movimiento y las vibraciones del agua tuvieran como resultado la desorientación y el mareo.

Un pez mareado, como un hombre, es presa fácil para sus enemigos. Un individuo mareado puede poner en peligro también a sus compañeros. Eso lo sabían los aliados y durante los preparativos para  el desembarco de Normandía, en el que se pretendía que los soldados fueran en busca de su misión suicida sin pasmarse, tambalearse o pestañear, se dedicaron a buscar un fármaco alternativo a la peligrosa escopolamina, alcaloide de la planta del estramonio que evita el mareo pero produce alucinaciones, para proteger a las unidades de desembarco; inventaron algo parecido a la biodramina.

Volviendo a los peces pálidos del restaurante. Yo no creo que hiciera muy bien la digestión esa noche, ni me acuerdo de lo que comí; los jureles transmitían tal nerviosismo que aunque me hubieran dado alpiste no lo hubiera notado. Pero de pronto sucedió algo muy raro. Un grupo de peces que había detenido su marcha, los mareados, choco contra los que venían de frente. Se montó un barullo de colas, escamas y aletas. Los peces que llegaban se agolpaban contra el montón recién formado, movían sus agallas hasta el paroxismo;  presentían algo malo. Pronto todos estuvieron acumulados en una esquina boqueando. Pero tras la inmovilidad inicial y guiados por uno de esos primeros individuos que habían invertido el movimiento, comenzaron todos a girar en sentido contrario. El baile tardó unos minutos en armonizarse. No pasó nada más que eso. Todos siguieron bajo la fórmula circular de antes, pero la nueva dirección, la expectativa de que el destino había cambiado, los hizo relajarse y moverse más tranquilos, como si el cambio de luz de un costado al otro del cuerpo y el dejar de ver por un ojo a esos seres espectrales sentados a la mesa y con copas en las manos, para verlos por el otro ojo,  fuera presagio de que sus suerte había mejorado.

Todos pensaron que los peces eran bobos. Pero a mí me quedó la duda de si fuimos nosotros los que cambiamos. Una pecera más grande. Un observador más lejano e inteligente. Al final, que más daba, durante el resto de la cena parecieron  nadar entusiasmados.

Dedicado a todos mis amigos griegos que me escriben con una emoción que hasta ahora habían olvidado. Posiblemente acabemos todos haciendo el recorrido 2πr otra vez, pero lo cruel es creer que tu destino no puede cambiar por más vueltas que des.

Δυνατά

Σαν γυναίκα γεννά
στο χώμα η νύχτα το πρωί
κι όλα αντέχουν ξανά
και γίνονται ζωή.

Ποια παλιά κιβωτός
μέσα απ’ του χρόνου τις στοές
βγάζει ακόμα στο φως
ζευγάρια αναπνοές.

Δυνατά, δυνατά
γίναν όλα δυνατά τ’ αδύνατα
Δυνατά, δυνατά
σ’ ένα θέαμα κοινό
Δυνατά, δυνατά
κι όπως πάνε του χορού τα βήματα
με τα χέρια ανοιχτά
όλα τα περιφρονώ

Μα σαν γυναίκα γεννά…

Κι όλο κάτι λέω
κάποια αγάπη κλαίω
κι όλο μέσα μου θρηνώ χαλάσματα
Με τα χρόνια μου
στα σεντόνια μου
σαν φαντάσματα.

Δεν υπάρχουν πολλά
που να τα ελπίζουμε μαζί
κοίτα, κοίτα ψηλά
κι άλλος αιώνας ζει.

Posible


Como una mujer, pare
sobre el suelo la noche a la mañana
y todo lo soporta de nuevo
para que se haga la vida.

En que antiguo cofre
dentro de los corredores del tiempo
saca a la luz todavia
aspiraciones parejas.

Con fuerza, con fuerza
todo lo imposible se hace posible
Con fuerza, con fuerza
en un espectáculo público
y como se dan los pasos en un baile
con las manos abiertas
el resto me importa poco.

Como una mujer, pare….

Y cuando esto digo
por algún amor lloro
y mi ruina lamento.
Con los  años pasados
entre mis sabanas
como fantasmas.

No hay muchos
para que los esperemos juntos
Mira, mira alla arriba
otro siglo nace.

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