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Evgiros.

La Primavera

Por 28 mayo, 2011 Etiquetas: Comentar (8 Comentarios)
La primavera… la primavera. Cantaba el Camarón. Y la primavera viene, aunque el crudo invierno nos engañe. Y vendrán buenos tiempos. Y  la primavera, a veces se hace de esperar, pero viene. Las lluvias  perduran, de vez en cuando, pero un día…zas…La primavera. 

Para muestra de lo que digo os cuento la historia de una higuera, un sicomoro; mi sika.
Eran finales de Septiembre cuando yo estaba ya harta de pisar higos, de barrer higos, de espantar moscas. Sentada a su sombra, bajo sus ramas, entre sus hojas, mi cerebro abrasado por las canículas estivales, recapacité, como un día  Isaac Newton. Cogí el serrucho.
La madera de higuera es blanda y la sierra rápida y con un poco de ris y otro poco de ras… la dejé como recién nacida. Escondida entre sus nudos oía caer las ramas y me protegía la cabeza, del estruendo. Ris-ras, ris-ras
Ris –ras. Cuanto trabajo.
Ris-ras. Otro poco más.
Ris-ras. Como me miran extrañados.
Ras. Acabé; me sentí  orgullosa. O no.
Como soy urbana, como soy bióloga  y de sicomoros puedo hablar largamente; de sus peculiares flores encerradas en deliciosas capsulas que comemos en verano y de ciertos insectos que ayudan a su polinización;  pero no sé ni un pimiento de higueras, cuando vi su aspecto invernal, una corriente fría recorrió mi espina dorsal: la he matado. 
No era  solo un árbol, era la higuera del pueblo.
Tengo que confesar que en las noches de insomnio, el árbol casi centenario ; años que se pueden certificar; aparecía en mis duermevelas clamando venganza. Y cuando volví a mi tierra  (¿España?) me remordía la conciencia.
Pero… llegó la primavera y lo que creíamos acabado renace de sus cenizas.  Mi higuera reverdeció. Más fuerte que nunca, mas verde que nunca.
 
Y ofrecerá sus mejores higos; más gordos que nunca.
Se “abre la cámara de las Horas”, Ὧραι, las diosas de las estaciones y la naturaleza. Y θαλλω’, una de ellas, la Hora de la primavera, complacida, nos adorna las más bellas islas, los más bellos mares, los recién  estrenados animales. El mundo también se abre; a infinitas posibilidades.
Y la primavera se enciende en cada esquina con multitud de colores, en las puertas al sol, en las de sintagma; en otras que están por florecer. Y  lo increíble se puede hacer realidad.
Grecia se ha llenado de canciones protestas que lamentablemente no puedo compartir aquí, aparte de que la calidad musical de muchas deja bastante que desear, pero esta me pareció tremenda:
“Welcome to Greece…Welcome to Greece

Have a nice holyday”…dududduuu  dududuuuu
Y seguía en griego:
“Yo siempre estoy de vacaciones

Porque no tengo trabajo”… uououoo
¡Turistas europeos venir a Grecia! es un chollo, el país de las vacaciones eternas.
El domingo la cantaremos en la Plaza de Lefkada.
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Mi vecino no es muy discreto, que digamos.

Por 7 marzo, 2011 Etiquetas: , Comentar (12 Comentarios)

Otra vez he vuelto.  Yo aquí y Grecia allí. Y tantas veces he ido como tantas veces he vuelto. Pero siempre me pasa lo mismo, me vengo con la maleta llena de historias importantes; historias que enriquecen y alegran la vida. La vida entendida al modo griego es más vida, aunque la agencia Moody’s se emperre en lo contrario.
Llegamos a Lefkada por la noche, sin maletas; perdidas éstas por los infinitos campos de la comunidad económica europea. Y Evgiros, mi pueblo griego, como boca de lobo. Cuando me dirigía por la tremenda cuesta que sube a mi casa, convertida en la jungla por las lluvias del invierno, convertida en jardín, por los primeros vientos templados de la primavera al caer, noté una presencia. Un terrible animal me cerraba el paso. El resoplaba, yo temblaba. Pero todavía tuve el valor de sacar el móvil y disparar unas fotos. Salieron movidas, por supuesto; el miedo.
El sonido de la cámara debió de llamarle la atención y se acercó.

 Esta vez el flash le dejó atontado, pero siguió acercándose.
Ví a la fiera en toda su magnitud. Estaba sumida en uno de los mayores terrores paralizantes que se pueda imaginar, cuando oí a mis espaldas una potente voz:

–          – Quieres hacer el favor de pasar. No ves que es solo un burro.
 Comenzó a rebuznar como poseido por Satanas y a enseñar sus afilados dientes.
Tuvimos que subir a trompicones con los paquetes, empujando al burro, para no ser descubiertos: los autores del gran escándalo; en un pueblo dormido, a altas horas de la noche. Llorabamos de la risa.
Al día siguiente, seguía en el mismo sitio.

Le encantan las zanahorias, claro.


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