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Historia

Perros de la revolución

Por 25 marzo, 2015 Etiquetas: , , , Comentar (4 Comentarios)
No hay dos perros iguales cada uno tiene su carácter exclusivo y su apasionamiento. En el fondo son animales obsesionados con un tema que convierten en el leitmotiv de su existencia; pelotas, ovejas, liebres, hasta la lucha política. No bromeo; así que de perros legendarios pasemos a darle un repaso a los chuchos de la revolución.

Un ejemplo de animal muy especial fue Dick el perro amigo de los deportados, en el campo de concentración de Limnos para disidentes políticos, bajo la dictadura de Metaxas. Dick odiaba a los guardas, a los que enseñaba feroz los dientes cuando se acercaban; protegía a su forma a los cautivos inventando perras triquiñuelas. Los policías tenían la costumbre de esconderse entre los barracones por la noche para espiar las conversaciones de los reclusos, denunciarlos como conspiradores y arruinarles la vida, un poco más si cabe. Dick agazapado los sorprendía y se arrancaba a ladrar con estruendo para alertarlos; cuando los reclusos le oían gruñir ya sabían que era hora de callar o de hablar del tiempo.  En dos ocasiones comió veneno el pobre Dick, pero hay que reconocer que su vida de proscrito le agudizó el ingenio hasta hacerlo más listo que el propio hambre. Cuentan quienes lo conocieron, que sintiéndose morir, se fue arrastrando en silencio hasta el barracón donde mantenían un servicio médico improvisado los propios reclusos; allí le realizaron un lavado de estómago y lograron salvarlo por los pelos. Dick se hizo asiduo de aquel centro de salud especial; se acercaba  si se clavaba un pincho, se cortaba la pata o le arañaba un gato. Un día, Dick pasó por delante de una larga fila de reclusos que esperaban su turno para ver al doctor. “Dick, no te cueles” le increparon en broma; el perro agacho las orejas, se dio la vuelta y se colocó en el el lugar más apartado.

Mataron a su novia, mataron a sus cachorros, por si Mendel tenía razón y se organiza un pelotón indiscreto de retoños muerde-polis. Lo mataron a él al fin, cuando los presos fueron trasladados al penal de Makronisos y no pudieron llevarlo con ellos. Lo mataron, por celos, por despecho y por mala baba.

El célebre poeta  Yianis Ritsos, uno de los testigos de primera línea,  le dedicó un poema al compañero Dick,  para que nadie olvidara a ese héroe cuadrúpedo, camarada, respetable y cariñoso con quien era de los suyos, que perdió su vida peleando por un mundo más justo a su irracional manera. El poema está recogido en su Cantata de Makronisos y esta es la versión musicada, no muy buena por cierto, pero pertenece a una época en que la melodía era acompañante secundario de las canciones protestas.

Να μη ξεχάσουμε και το μνημείο του Ντικ
Ναι, ναι του σκύλου μας του Ντικ
Της ομάδας του Μούντρου
Που τον σκοτώσαν οι χωροφυλάκοι
Γιατί αγάπαγε πολύ τους εξόριστους
Να μην ξεχάσουμε σύντροφοι τον Ντικ
Τον φίλο μας τον Ντικ
Που γάβγιζε τις νύχτες
Στην αυλόπορτα αντίκρυ στη θάλασσα
Κι αποκοιμιόταν τα χαράματα
Στα γυμνά πόδια της λευτεριάς
Με τη χρυσόμυγα του αυγερινού
Πά στο στυλωμένο αυτί του

Τώρα ο Ντικ κοιμάται στη Λήμνο
Δείχνοντας πάντα το ζερβί του δόντι
Μπορεί μεθαύριο να τον ακούσουμε πάλι
Να γαβγίζει χαρούμενός σε μια διαδήλωση
Περνοδιαβαίνοντας κάτου απ’ τις σημαίες μας
Έχοντας κρεμασμένη στο ζερβί του δόντι
Μια μικρή πινακίδα «κάτω οι τύραννοι»
Ήταν καλός ο Ντικ.

No olvidemos la memoria de Dick
Sí, sí, nuestro perro Dick
Del campamento de Mudros
Al que mataron los guardas
Porque amaba a los presos
No olvidemos a nuestro compañero Dick
Nuestro amigo Dick
Que ladraba en la noche
En la puerta frente al mar
Y dormitaba al amanecer
A los pies desnudos de la libertad
Con la luz dorada del lucero del alba
Pero con una oreja tiesa.
Ahora Dick descansa en Limnos
Mostrando siempre sus colmillos
Quizás lo oigamos pasado mañana
Ladrando contento en la manifestación
Desfilando bajo nuestras banderas
Y colgando de su boca
Un pequeño letrero “abajo los tiranos”.
Era bueno el Dick.
Kanelo apareció por primera vez en
los años 90 en la calle Patission, con los colmillos desafiantes. Residía a
medias entre las aulas y los jardines del politécnico; de infausto recuerdo en
la lucha contra la dictadura de los coroneles; y las calles de Exarchia, el
barrio de los anarquistas. Murió en 2007 cuando contaba ya 17 años y la lucha
callejera había mermado mucho sus facultades. 
Los estudiantes le protegían, lo alimentaban y le curaban las heridas
después de cada altercado en el que se había dejado el alma como el primero;  respondía ladrando sin reservas a los policías
que los acosaban y persiguiendo a “secretas” que detectaba olfateando entrepiernas,
con esa astucia de sabuesos que solo ellos tienen. No había asamblea en la que no
estuviera Kanelo presente codeándose con los cabecillas y dejándose acariciar
por sus camaradas.
Fotografiar de www.enikos.gr/
Por orden del decano de la escuela de
arquitectura lo detuvieron y lo llevaron a la perrera de Markopulo.  Más de 200 personas firmaron y presentaron
una denuncia y consiguieron que liberaran a Kanelo a cambio de encontrarle un
techo en el apartamento de un estudiante que se hizo cargo de él. Dicen que en
sus últimos momentos le fallaban las patas traseras y alguien le fabricó un artilugio
con ruedas para sacarlo a pasear, para que, aun orgulloso y egregio, siguiera
saludando al mundo, el que le conocía y admiraba. 

También Kanelo pudo presumir de su canción

Θα μιλήσω για τον φίλο τον Καννέλο
που ‘χει μια καρδιά και τέσσερα ποδάρια
Που γυρίζει στα Εξάρχεια τα βράδια
κι όλοι τον σέβονται του βγάζουν το καπέλο
Στη γωνιά Πολυτεχνείου και Πατησίων
κυνηγούσε λένε έναν ασφαλίτη
Και μια μέρα εθεάθη στο Θησείο
να γυρνάει με μια σκυλίτσα από σπίτι.
Ένα τραγούδι για το σκύλο τον Καννέλο
που με δάγκωσε μα τον καταλαβαίνω
Υποστήριξε την άποψη με πάθος
ότι είχα πάρει τη ζωή μου λάθος.
Χίλια πρόσωπα αλλάζει αυτή η πόλη
μα κανένα δεν τρομάζει τον Καννέλο
Κι αν καμιά φορά τον βλέπεις λυπημένο
την ουρά του σπάει κι αρχίζει γυροβολεί
Φυλακίζει όσα κόκαλα πετάνε
όλοι αυτοί που ασχημαίνουν τη ζωή μας
Και το ξέρω όταν στα μάτια τον κοιτάμε
πως γουστάρει, πως γουστάρει τη σιωπή μας.
Ένα τραγούδι για το φίλο τον Καννέλο
…..
Φυλακίζει όσα κόκαλα πετάνε
όλοι αυτοί που ασχημαίνουν τη ζωή μας
Και το ξέρω όταν στα μάτια τον κοιτάμε
πως γουστάρει, πως γουστάρει τη σιωπή μας.
Ένα τραγούδι για το σκύλο τον Καννέλο

……
Hablare del amigo Kanelo
Que tiene corazón y cuatro patas
Que regresa a Exarchia por la noche
Y todos lo respetan y levantan el sombrero
En la esquina de Politecníu y Patissión 
Dicen que cazó a un secreta
Y una mañana fue visto en Thisio
Volviendo con una perrita de casa
Una canción para el perro Kanelo
Que me mordió pero lo entiendo
Defendiendo su postura con pasión
De que había cometido un error en mi vida
Mil rostros tiene esta ciudad
Pero ninguna asusta a Kanelo
Si alguna vez lo ves entristecido
Moverá el rabo y empezara a girar
Guarda cualquier hueso que le arrojan
Todos aquellos que afean nuestra vida
Y sé, cuando miro sus ojos
Como le gusta, como le gusta nuestro silencio
……
Cuando en
diciembre de 2008, un perro de color crema se abalanzó rugiendo contra la
policía antidisturbios, en defensa de los manifestantes en Atenas, todo el
mundo pensó que Kanelo estaba vivo y había vuelto. Desgraciadamente no era así,
si no otro can atacado y amante de las manifestaciones; Lukaniko. Esta vez fue
la prensa la que siguió sus andanzas y lo convirtieron en un perro mediático. Fue
protagonista de reportajes de la CNN, BBC o Al Jazeera que hicieron de él un
símbolo mundial de la “resistencia griega” frente a la troika. Su fama llegó al
punto de ser considerado en el 2011 por la revista Time como una de las cien figuras
más reconocidas en el mundo.  Este pulgoso
tiene infinidad de canciones dedicadas, pero puestos a elegir me ha gustado más este
montaje con música de Morricone: El bueno, el feo y el malo. También porque no
tiene letra y yo ya me he cansado de traducir.

Esta entrada
está dedicada a la memoria de estos invencibles insensatos. Y a la de Ramiro al
 que le encantaba la canción de Dick; él me puso tras su pista.
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Perros de la historia

Por 20 marzo, 2015 Etiquetas: , , Comentar (10 Comentarios)

Uno debería casarse con un perro para estar seguro de que nunca le abandonarán sin razón. No hay otro enamorado más devoto que se aprenda tus ruidos propios, tus olores, que espere con impaciencia con el hocico pegado al quicio de la puerta tu llegada y que se emocione tanto cuando te vuelve a ver, como si fuera el primer encuentro. También que te destroce media casa de la rabia de verse solo o se coma las chuletas mientras se descongelan, pero en fin Quid pro quo nos dirían ellos si tuvieran cuerdas vocales, porque latín ya saben. Hoy voy a dedicar la entrada a un
puñado de podencos valientes, arrojados y legendarios. Yo, que no me considero imparcial pues no he conocido perro feo, voy a intentar que no me venza el entusiasmo y atenerme al rigor histórico. Pero buscando historias de canes llevo días enteros y me enrollo tanto que mejor divido el tema en dos entradas para no aburrir al personal con mis locuras.

Los griegos tienen una relación con los perros callejeros, con los llamados “adespotas”, un tanto peculiar. Son perros cien-mil-leches que acumulan en su genoma todas las mutaciones necesarias para sobrevivir en la dura polis. Se amontonan en las estaciones de autobús o de tren, en los puertos, en la entrada de los recintos arqueológicos; en cualquier sitio donde haya tránsito. Son serenos, calmados, lentos, indiferentes; parecen dotados de una sabiduría ancestral y hay hasta quien afirma que son los mismísimos dioses reencarnados. Llevan a cuestas todo un muestrario de mugre, pulgas saltarinas y sustancia acumulada. Nadie les molesta ni a nadie molestan, ahora bien si te cruzas con uno no tendrás más remedio que saltar por encima pues él dudo que mueva algo más de un párpado.
Hubo un movimiento filosófico y literario a principios del siglo IV a. C. el cinismo, representado por Diógenes, el que tenía un tonel por morada, se masturbaba en el ágora ateniense, mandaba a paseo al mismísimo Alejandro Magno, y se pitorreaba de Platón lanzándole a sus pies un gallo desplumado, mientras aquél disertaba sobre el hombre como un ”bípedo-implume”. La palabra
”cínico” kynikoi parece ser que viene de ”perro” κυόν. Hacía referencia a su frugal modo de vida, su desfachatez y su desvergüenza, ya que los cínicos deambulaban tomando el sol en el ágora ateniense o el mercado de Corinto, practicando su sabiduría, envueltos en un atuendo mínimo y mendicante. Los filósofos cínicos tomaron al perro como su emblema y lo adecuaron a la
perfección a sus fines. El perro, animal urbano y familiar, no se oculta para cubrir sus necesidades ni para sus contactos sexuales. Es impúdico por naturaleza, roba alimentos a los dioses y mea en las estatuas sin ostentar reparo alguno. Los cínicos vieron en la figura del perro la oposición a las reglas del respeto mutuo y el decoro, y eso era exactamente lo que buscaban.

A parte de esta utilización despectiva de la figura del perro, también valoraron su vertiente protectora. En la Grecia antigua se confiaba a los perros la custodia de los templos y las fortalezas. En el siglo VI a. C. mientras se celebraban en Corinto las fiestas en honor de Afrodita, Soter, un alano, defendía con cuarenta y nueve compañeros las explanadas de la ciudad. Los festejos debilitaron la vigilancia de la población, momento que aprovecharon las tropas de Navplia para perpetrar un ataque imprevisto por mar. Solo los perros velaban y empezaron a gruñir, pero nadie se percató de la amenaza. Se lanzaron con fiereza contra los agresores y muchos cayeron atravesados por las flechas, pero Soter corrió a la ciudad para alertar a los corintios para que abandonaron las ceremonias y se prepararan para rechazar la invasión. No se sabe bien si el perro se llamaba ya así o le pusieron el nombre después, porque Soter en griego quiere decir“Salvador”. Le regalaron un collar de plata con su nombre grabado: El salvador de Corinto.

También Peritas, el valiente perro de Alejandro Magno pasó a la posteridad. Era un mastodonte de raza moloso que le acompañaba en sus batallas y peleaba contra elefantes. Murió combatiendo
durante la conquista de la India. Plutarco cuenta que Alejandro, desolado ante la pérdida del animal a quien tanto quería, decidió fundar una ciudad con su nombre en la confluencia de dos ríos. Peritas llego a ser un importante puerto fluvial de la India.

Sobre los molosos griegos tengo una anécdota que os cuento: nos perdimos un día por una carretera de Limnos. El lugar parecía desierto y me bajé a preguntar. Un perro lanudo y un negro moloso descomunal descansaban a la sombra. Comprobé con tranquilidad que el gigante oscuro estaba atado con una cadena. Se pusieron a ladrar al verme y el pequeño azuzó al grande, más lento de reflejos. Se lanzaron los dos contra mí y esperé unos segundos infinitos a que el Darth Vader canino se detuviera en seco con el estirar de la cadena, pero esta era tan larga que nunca llegó a suceder. No corras, norma número uno. No demuestres miedo, norma dos. Me volví con cuidado y me dirigí despacio hacia el coche. En la ventanilla se reflejó mi cabeza y otra
negra más alta detrás. Cerré los ojos esperando lo peor y…recibí un lametón en la coronilla que me dejó toda pringosa.

 

vga_mastin-napolitano.jpg.Perros de la historia

 

Pero si hablamos de la faceta de fidelidad del mejor amigo del hombre, posiblemente uno de los primeros protagonistas de esta entrada debería ser Argos, el perro de Ulises, el único que lo reconoció a su vuelta a Itaca a pesar de ir disfrazado. El pobre Argos, ya viejo y ciego, solo pudo mover el rabo para morir con dulzura después. Así lo relataba Homero:
 
 

Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que
partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos. Allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo.

Seguiré con otros canes ilustres en la próxima entrada. Ya, ya sé que creéis que me he enajenado, a estas alturas. Pero no, el tema lo merece. Os dejo con esta hermosa canción de Andreou en homenaje al poeta Nikos Gatsos, en la que habla de Argos, el perro más fiel.

Γράμμα στον κύριο Νίκο Γκάτσο
Μουσική-στίχοι: Γιώργος Ανδρέου
Τραγούδι: Τάνια Τσανακλίδου

Το σπασμένο βιολί του κόσμου ακόμα ουρλιάζει
Στα νωπά σπαρμένα χωράφια η μέρα χαράζει
Φαντάροι χορεύουν τις νύχτες σε άδειες ταβέρνες
Δελφίνια στο πέλαγο μόνα, νεράκι στις στέρνες
Νησιά ταξιδεύουν στον ήλιο, κανείς δε μιλάει
Την Άνοιξη όλοι προσμένουν
Κι αυτή προσπερνάει

Όλα κύριε Νίκο είναι εδώ
Όπως τα άφησες εσύ κι όπως τα ξέρεις
Από της λύπης τον καιρό
Κι όταν γυρίσεις και σε δω
Μέσα στη στάμνα τη χρυσή νερό να φέρεις
Της λησμονιάς πικρό νερό

Το πιστό σκυλί της Ιθάκης στα πόδια σου κλαίει
Και η καλή, παλιά Περσεφόνη τραγούδια σου λέει
Η φωτιά πληγή που σε καίει, δε λέει να γιάνει
Το πικρό το όνειρο φταίει του αδελφού Μακρυγιάννη
Πόσο ακόμα ραγιάδες η Κρήτη κι η Μάνη
Σκοτεινές μαυροφόρες, μανάδες στου Οδυσσέα το χάνι

Carta al Señor Nikos Gatsos
Letra y música: Giorgos Andreou
Canta: Tania Tsanklidou.

El roto violín del mundo todavía suena
En los recién sembrados campos raya el alba
Soldados bailan las noches en vacías tabernas
Solitarios delfines en el mar, agua en las albercas
Islas que viajan en el sol, nadie habla
La primavera todos aguardan
Pero ella pasa de largo.

Todo Señor Niko está aquí
Como lo dejaste y conoces
Desde el tiempo del dolor
Y cuando vuelvas y te vea
Lleva agua de oro en tu cratera
El agua amarga del olvido

El fiel perro de Itaca se lamenta a tus pies
Y la buena y antigua Perséfone te canta canciones
La herida de fuego que te quema, dice que no sanará
el sueño amargo del hermano Makrygiani tiene la culpa
Hasta cuando siervas Creta y el Mani
Sombrías madres enlutadas en la posada de Odiseo.

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La taberna purpura

Por 28 noviembre, 2014 Etiquetas: , , , Comentar (10 Comentarios)
Noto que el corazón me pica y hace tic-tac. Cuando eso ocurre quiere decir que me ha llegado una nueva historia para escribir, porque no se hacerlo de otra manera, si no hay víscera o entrañas mis manos se quedan quietas. Pero luego llega el cerebro y protesta y quiere su parte, el sustento que lo mantiene alerta, el deseo de algo diferente, aprender cosas nuevas cada día. Aprender para seguir vivo. Y entre uno y otro extraigo fragmentos descosidos que necesitarían un buen sastre para darles forma. Ahí está la aventura que a veces me cuesta tanto de hilvanar. Tic-tac. Finikunda.

A Finikunda hubiéramos ido de todos modos pues aunque en el puerto no se cabe, se puede fondear en la parte de fuera del muelle, siempre que haga buen tiempo. Es un puerto del Peloponeso agradable, de pocas calles paralelas al mar que da gusto pasear. En cada callejón, el azul omnipresente sorprende hasta el más despistado.

Pero el Tic-tac no fue el azul, que aunque sobresalta, es costumbre griega conocida, sino que la taquicardia empezó con el nombre del pueblo; Finikunda. Hasta 1930 el puerto se llamaba “Taberna”, evidentemente porque había un establecimiento de este tipo que congregaba a los pescadores y hombres de mar entre lances y mareas. Me dio un vuelco arrítmico porque uno de mis placeres es el descubrimiento de tabernas. No vale cualquiera y es difícil la elección. En Grecia la mayoría suelen ser sitios agradables, con buenas vistas o un ambiente especial, con una cocina modesta pero de buenos ingredientes, todas suelen ser buenas. Pero para exclamar lo de ¡He descubierto una taberna! hace falta un ¿Qué sé yo? Esa emoción que te recorre la piel, ese suspense de lo que nos depara la noche. ¿Exagero? Ni hablar. No se trata de comilonas sino de algo mucho más sutil.  Hay una gran labor de investigación por mi parte para descubrir esos sitios singulares y cuando encuentro una buena taberna me quedo pegada, dejo que los acontecimientos me desvelen que fue lo que me llevó hasta ella y normalmente, acabo aprendiendo muchas cosas. El corazón y el cerebro, lo racional e irracional.

El caso es que en 1930, el ayuntamiento, decidió devolver el nombre  arcaico del pueblo, porque era tal la proliferación de tabernas que la denominación “Taberna” era polémica y poco descriptiva. Así que resolvieron llamarle Finikunda, de Λιμήν φαινικούς, tierra de la púrpura, según Pausanias.

Hubo un tiempo, que aún perdura en ciertas curias, en el que un ciudadano de Roma demostraba su nobleza por el número de prendas purpúreas que vistiera. Aunque fuera un fleco, un estandarte, un pendón en la bandera, toda una vida de legiones e intrigas dedicadas a adquirir ese privilegio. El púrpura teñía los barcos de Cesar y las velas de Cleopatra, se utilizaba sobre los oídos enfermos, en los tapices de La Ciudad, en la pintura Bizantina, en los pergaminos de los emperadores, en su exclusivo calzado rojo. Tanto es así que hay una frase muy famosa de la emperatriz Teodosia negándose a abandonar Constantinopla por los conflictos con las diversas facciones políticas, en la que hace alusión al color distintivo de los emperadores:

“… el trono es un glorioso sepulcro y la púrpura el mejor sudario”

La historia se repite y da vueltas sobre sí misma. Somos capaces de sobrepreciar cosas, aparentemente sin mucho valor, y empeñar nuestra vida en poseerlas por encima del empeño de los demás. El oro, la plata, brillantes, la seda, el té, el petróleo…el color púrpura.

El colorante se extraía de una glándula de una caracola marina, Murex brandaris, que en su versión comestible, aquí en España, la conocemos como Cañailla. El líquido primordial es blanco pero adquiere color al exponerse al sol. En el calor del día, las tonalidades cambian rápidamente en una sucesión de verdes; claro, oscuro y un intenso mar,  en unos minutos más  aparece un brillante rojo que virará a granate. Si esperamos unas horas y suponiendo que el sol todavía brille, tomará un matiz purpura intenso. Más tarde el astro poderoso ya no puede hacer nada más, se esconde y queda el tinte para deleite de quien lo posea. Los maestros en el arte de la púrpura fueron los fenicios, que curiosamente se llaman en griego φοινικικός, finikikós.

Realmente sorprende a quien se le pudo ocurrir un proceso tan complicado para teñir. Se atribuye el descubrimiento, como tantas otras curiosidades, a Heracles. Un día su perro mordió una concha de murex y su boca se tornó morada. Heracles ansiaba a la  hermosa ninfa Tiro, que al ver al perro deseó de inmediato una prenda teñida del mismo color. Heracles no tuvo más remedio que acceder a ello y nació el famoso tinte púrpura de Tiro.

Este puerto fue en su momento, como los fenicios de Tiro o Sidón, un acumulo de caparazones calcáreos, vacíos, inertes, conchas selectas, con protuberancias diseñadas para protegerse del enemigo que nunca la evolución pensó llegara a ser tan poderoso como un humano. Un molusco con mala suerte, con la maldición de tener en sus entrañas un líquido precioso que daba color a la vanidad. Se necesitaba un kilogramo de glándulas para proporcionar 60 gramos de tinte, y se necesitaban 200 gramos para teñir un kilogramo de lana. Y para obtener un kilogramo de glándulas, se necesitaban, en vivo, unos 50.000 ejemplares. Esta playa por la que paseamos tiene con seguridad granos de esas conchas. Así es como mi mente se picó y se puso a indagar.

Siempre que me enfrento a estos enigmas me pongo a buscar canciones que me aclaren las cosas, pero todo lo contrario; traducir canciones me hace sudar gotas de sangre, púrpura o no, me conduce por laberintos que no imaginaba y me dejan con interrogantes mayores de difícil solución.  Cuando encontré esta que pongo a continuación  estuve a punto de abandonarla, pero como soy cabezota seguí con ella y acabé pidiendo auxilio a mi profesora de griego, Isabel García,  más lista que el hambre y tan cabezota como yo, que se emperró en desvelar el enigma. El placer sano de descifrar la poesía y dejarte con más preguntas que cuando empezaste.

Habla probablemente de Constantino Paleólogos, dinastía procedente de Mistrás. Fue el último emperador del imperio Romano y murió en la defensa de Constantinopla, momento triste y crucial de la historia de los griegos. Dado el estado en el que dejaron su cuerpo, solo pudo ser reconocido gracias las sandalias púrpura que llevaba en ese momento, calzado que sólo los emperadores bizantinos tenían derecho a usar.

Τα πορφυρά καμπάγια
Στίχοι: Θοδωρής Γκόνης
Μουσική: Πέτρος Ταμπούρης

Τα πορφυρά καμπάγια του
τα ρόδια του Μυστρά
τα πήραν και τα κρύψανε
στον κόρφο τους βαθιά.

Τα πορφυρά σαντάλια του
με τους χρυσούς αετούς
με το σταυρό δεμένα
και με τους ουρανούς.

Γι`αυτό κι όταν ραγίζουνε
το χώμα κοκκινίζουνε
και τα μικρά παιδιά
την Πόλη ζωγραφίζουνε
και την Αγιά Σοφιά.

Las sandalias púrpura
Letra: Teodoro Gonis
Musica: Petros Tambouris

Las sandalias púrpura suyas
Las granadas de Mistrás
Las cogieron y las escondieron
En lo más profundo de su seno.

Sus sandalias púrpuras
Con las águilas de oro
Ligadas a la cruz
y a los cielos.

Por ello cuando se quiebran
la tierra tiñen de rojo
y los niños pequeños
pintan la Ciudad (Estambul)
y Santa Sofía.

Ahora cuando mire una pintura bizantina siempre buscare al portador de las sandalias rojas o las ropas púrpuras. Ha valido la pena el esfuerzo. Mi razón se queda satisfecha. A estas alturas seguro que hay quien piensa que me he trastornado, pero ha sido solo la intriga de un nombre.

Tic-tac, tic-tac…. ¿Y la taberna?

Tranquilo, no me olvido; pero continuaré con ella en otro momento, pues si sigo hoy acabaré preguntándome por qué las granadas de Mistrás son tan importantes y cogieron las sandalias y por qué tiñen la tierra de rojo y los niños pintan… ¡Uf! Buenas noches.

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Las islas sin retorno

Por 12 septiembre, 2014 Etiquetas: , , Comentar (15 Comentarios)
En las islas Strofades, hierve el mar con la tempestad. Los griegos lo expresan muy gráficamente; Η θαλασσα καπνίσει, el mar humea. Y debe ser así; yo me las imagino como una fumarola o como una chimenea en medio del agua, porque entre los bajíos, el temporal, las lluvias  y las corrientes, el mar puede acabar como un potaje. Esta es una causa, pero también la del poco abrigo que dan para un barco, ni siquiera para los vientos dominantes; de que estos pedazos de tierra que parecen olvidados, casi dejados caer y flotando cual restos de un naufragio, bien lejos de cualquier lugar civilizado, obren el milagro de amordazar a los mecanismos del reloj y dejarlos parados. Las Strofades valen su misa.

En estas islas, cuyo nombre quiere decir algo a si como vuelta o retorno, moraban las horrorosas Arpías, consideradas como las  personificaciones de la naturaleza destructiva del viento. Retenían a Fineo, rey de Tracia que tenía el don de la profecía y al que Zeus castigó por revelar secretos importantes del Olimpo. Este cautiverio se prolongó hasta la llegada de Jasón y los Argonautas, que enviaron tras las Harpías a los héroes alados Calais y Zetes, los Boréadas o hijos del Boreas, el viento del norte. Así que la importancia de la meteorología  en las Strofades estaba descrita ya en la antigüedad. Pero la historia de este archipiélago siguió mucho después ligada a los vientos y las tormentas. Dicen que fue la princesa Irene de Constantinopla, la que al salvarse de un temporal ordenó a un puñado de sufridos monjes que se quedaran a vivir en aquel lugar inhóspito.

Las islas desiertas no están mal; pero las semidesiertas y con pretéritos habitados fascinan de verdad, porque están pobladas de fantasmas. Solo hay que quedarse una noche mirando al imponente castro oscuro que domina la isla mas importante; los ves ir y venir con desparpajo, preparando el fuego griego, derramando el aceite hirviendo, emitiendo suspiros lastimeros durante los asedios y sonando la campana; o moliendo el grano en el molino en un día corriente. Ultracuerpos con forma de oca corretean entre los muros graznando.

Es uno de los recintos medievales más sugerentes que hemos visitado, no hay que olvidar que están en una isla y eso ayuda, pero la parte más inquietante es que todo se encuentra congelado y  detenido; hasta la puerta de entrada es la misma que hace mil años con sus clavos de mil años y sus rejas de mil años. Y las piedras del molino. Y las vigas y entramados; que podíamos atravesar con un dedo como si fueran espuma, de corroídas que estaban ¿O es posible que también nosotros nos hayamos convertido en ectoplasmas y podamos franquearlo ya todo? Estas cosas pasan en estos sitios.

Solo se dejan caer por aquí los psarades; pescadores; y algún que otro barco de recreo en su tránsito hacia el Peloponeso, o hacia el norte; hacia el Jónico más conocido. Así que resulta un tanto curioso que estos islotes hayan albergado una colonia de unas 60 personas, allá por el siglo XIII y construyeran piedra a piedra este mastodóntico edificio que ahora contemplamos.  El asentamiento fue posible porque las islas tienen abundante agua potable; también sorprende que cachos tan minúsculos de planeta tengan sitio para manantiales.

El castro bizantino permanece en pie, pero con tambaleos y recosidos tras los sucesivos seísmos  y junto con un monasterio forman un recinto amurallado que quedaba clausurado y autosuficiente al cerrar las puertas; cuando se preveía el ataque de piratas. Piratas es un genérico, pues se podría hablar de  normandos, venecianos, genoveses, catalanes, cruzados, búlgaros o turcos…en fin, todo el que se atrevió a transitar estas aguas en busca de los tesoros del imperio romano de oriente.  Pero fueron los turcos los que perpetraron la peor matanza, decapitando a todos los monjes menos a tres, que lograron escapar con el cuerpo incorrupto de San Dionisio y lo llevaron hasta Zakinthos. Hoy todavía existe una pequeña capilla llena de iconos del santo, donde levantado una alfombra se ve la tumba vacía y un monumento a los monjes decapitados. Espíritus y sombras.

En la actualidad solo vive un “papás”que ronda los 100 años y lleva 40 en la isla, cuidando su rebaño de ovejas, sus cabras, sus gallinas, sus gatos y un perro. En verano dos guardas le hacen compañía, pero pasado noviembre se queda solitario con sus fantasmas y solo se ausenta una semana al año para hacerse un chequeo médico. Supongamos que el galeno que le trata alucinará y estará escribiendo una tesis sobre la relación entre la longevidad y la ausencia de estrés. Conseguí verle al segundo día, con unas barbas por las rodillas; no sé si porque le crecieron desmesuradamente o porque a la vejez se mengua, y se movía algo mejor que muchos con la mitad de su edad. Ganas no me faltaron de hacerle una foto pero hubiera sido una falta de respeto y me reprimí. Además, posiblemente él era también parte de una aparición milenaria y ya se sabe que las cámaras no captan lo intangible y ultramundano.

– Te enamoras fácilmente de estas islas.- Me comentaba un conocido que había ido a visitar al papás.- Y si te gusta la naturaleza, cuando te vas de aquí las añoras más que tu casa. Así que ese debe ser el secreto de este hombre superviviente; que lleva 40 años enamorado.

Lo que apena bastante es el grado de deterioro del monasterio y el castro. Me comentaba el guarda que harían falta unos 10 millones de euros para restaurarlo y que claro, el estado griego no quiere ni oír hablar del tema. Es posible que si no hacen nada sea irrecuperable y en un próximo terremoto todo se venga abajo. Aunque ya sabemos que sucede cuando se restauran las cosas; todo cambia bajo la imaginación del historiador y las puertas, con sus clavos milenarios son sacadas de sus goznes y las piedras que trituraban el trigo de hace 10 siglos desmembradas de su molino; acaban sus días tras la vitrina de un museo. Si esto sucede, los fantasmas pierden interés y se evaporan en el aire sin un mu ni un arrastrar de cadenas. La discusión de siempre, la controversia servida. Ser o no ser, restaurar o conservar, he ahí el dilema. Cada uno que lo resuelva como quiera, yo tampoco lo tengo claro.

Detalle de la puerta de entrada al castro
Tronera para derramar aceite hirviendo

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