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Islas

De cómo una isla se elevó a los cielos

Por 14 enero, 2017 Etiquetas: , , , , , Comentar (12 Comentarios)

La divina Calipso le dijo a Ulises que si quería navegar rumbo a oriente debía llevar a su izquierda a aquella que nunca se baña en el mar. Con un dulce viento, Ulises, sentado al timón, vigilaba a las Pléyades y al carro de la Osa que gira sin dejar de acechar a Orión.

La ninfa Calisto, fue condenada con su hijo Arkás; αρκούδα es oso en griego; a no aparecer por el este y desaparecer por el oeste, sino permanecer dando vueltas en el firmamento. Zeus, fue su amante y para evitar las iras de su esposa Hera, los transformó en osos los agarró de la cola y los lanzó al cielo donde quedaron prendidos para la eternidad formando la osa mayor y la osa menor. La desgraciada ninfa nunca se acercaría al reino marino y daría giros infinitos sin tocarlo.

Así hicimos nosotros, sin desorientarnos ni un grado, navegamos rumbo a oriente hasta darnos de bruces con Asia.

Andaba yo inapetente y aburrida con el sube y baja de la costa y los golfos y los cabos que dibujan un mundo que luego sale en las bolas del mundo y la terra trema corría monótona de norte a sur sin un solo aliciente. Yo ansiaba una piedra a la deriva para rodearla, una roca salpicada por todos los vientos y muchas olas. Así que por mi insistencia dimos rumbo a Simi, a pesar de la prohibición, por aquel entonces, de navegar en zig-zag entre la costa turca y las islas griegas. Nada esperaba de la elección, al fin y al cabo nada cambia tanto en unas millas de mar a pesar de pertenecer a diferentes países, tanto una como otra fueron  Grecia en la antigüedad y todas las orillas tenían idéntico color.

Lo singular de acercarte a una isla desconocida por el mar es que la ves crecer y desarrollarse, como un huevo de gigante. Al principio flotaba como un corcho azulado en el agua, acabó eclosionando y permitió que nos adentráramos por sus fracturas, buscando el germen. Seguimos navegando por sus pliegues y hendiduras esperando ver las plumas del pollito feo. Y al final sí, se rompió del todo y se dividió para mostrar totalmente su interior. Pero no encontré feos pájaros en Simi.

No podría explicar lo que me sucedió, ni creo que nadie pueda revivirlo tal y como lo sentí, ni siquiera yo misma, y menos tras más de 20 años de no haber estado allí. Noté un escalofrió que me recorría la columna vertebral, se me nubló la visτa y mis ojos se llenaron de lágrimas sin ningún motivo, me tuve que sentar en cubierta deslumbrada, sin poder pensar en la maniobra. El puerto se abría como un salón de baile, sus casas en filas ascendentes parecían los integrantes de un coro polifónico, preparados para entonar una melodía sobrecogedora, pero ningún sonido salía de sus bocas de piedra. La superficie del mar duplicaba el tono de los cantantes que entornaban sus persianas de colores. Tuve una alucinación parecida a la de Stendhal cuando deambulando por Florencia fue arrastrado por la saturación de la belleza, pero a diferencia de él yo solo contemplaba un pequeño pueblo del Egeo.

«Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme». Stendhal

Pronto se me pasó, cuando amarramos en el bullicioso puerto entre los vendedores de pescado y los puestos de esponjas, sobre unas aguas alegres que reverberaban el resplandor del sol hasta hacerlo invisible.

Volví varias veces a Simi y una de las ocasiones, no recuerdo muy bien cuando, ya de noche, una mujer mayor se cruzó en mi camino cuando deambulaba por las callejuelas empinadas del puerto. Llevaba un pañuelo blanco anudado en la cabeza, aunque el resto de su atuendo era negro y una vela delgaducha encendía su sonrisa. Me paró, me miró y me cogió del brazo, transmitiendo con el roce una dulzura y familiaridad sorprendentes.

– Η Παναγιά , έλα πάμε. La virgen, venga vamos.

Señaló hacia la cuesta que subía hacia la iglesia donde se oían rumores, oraciones, murmullos religiosos y pasos apresurados. Mi voluntad se quedó muda y seguí a la desconocida por la escalera como res al matadero. La subida se iluminaba con cientos de candilejas que se iban agrupando y cuando llegamos arriba la plaza ardía entre las llamas de los cirios, alumbrando las caras pálidas de los oficiantes que miraban embelesados un icono de la Virgen ortodoxa; de esas que parecen atravesarte con su mirada sin que tu puedas esconderte; mientras que del interior de una capilla dorada salía luminosidad a borbotones. Un agudo olor a cera y a iglesia antigua me dejó aturdida; me remataron las llamitas de las candelas que dejaban un humo narcótico en mis narices. Me puse a llorar electrizada, mientras mi acompañante me apretaba el brazo y comprendía ¿No era aquello la procesión más bonita del mundo? ¿Cómo no iba yo a emocionarme? En un descuido me lancé escaleras abajo y me fui a hacer un sortilegio en las aguas del mar, por si acaso los espíritus me habían poseído, cosa frecuente en Grecia, donde la ilusión y la realidad a menudo se confunden.

cirio

A los ídolos más admirados y los monstruos más temidos por nuestros antepasados podemos buscarlos en los cielos. Muchos de los personajes de Jasón y sus argonautas y su viaje en pos del vellocino de oro aparecen dibujados en los signos del zodiaco, lo que demuestra la categoría de esta aventura para el mundo clásico. Así Aries hace referencia al propio carnero del vellocino, Leo al león de Nemea de Heracles, al que se le representa siempre vestido con su piel, Géminis a los gemelos Cástor y Pólux, Virgo a la sacerdotisa del templo donde se custodiaba el vellocino. También existe una Argos Navis, una constelación del hemisferio sur, que se extiende desde Can Mayor a la Cruz del Sur.

Fue Eratóstenes quien se tomó la tarea de articular los antiguos mitos y su ascensión a los cielos. Su obra Catesterismo recoge estas hazañas mitológicas de la tradición popular intentando aunar las múltiples interpretaciones. El propio autor ideó una nueva constelación llamada la cabellera de Berenice, en honor a la esposa de Tolomeo, su rey, posiblemente como un encargo.

Una noche, fondeados en la cara sur, se recortaba la silueta oscura de Simi con un tenue resplandor que salía de sus entrañas; las luces del pueblo invisible tras las montañas. Yo me entretenía en buscar en el galimatías celeste las diversas constelaciones visibles y sobre todo, la imposible cabellera. Todo se detuvo un instante, noté un temblor y un rumor raro en las olas. Me sentí flotar de una forma peculiar, entre las estrellas, pero el barco y la costa me acompañaban por el espacio. Un viento me resbaló por la cara y agitó mis cabellos mientras las nebulosas pasaban a nuestro lado con suavidad. Tras el viaje, no sé si corto o largo, la tierra vibró un instante para volver a caer delicadamente sobre el mar, en silencio.

En aquel momento sonaba Bowie en la radio y el mayor Tom llamaba a Control de tierra:

And I’m floating in the most peculiar way
And the stars look very different today

No he vuelto a Simi, me da miedo. Me daria pena encontrar solo una bella isla sin más.

Space oddity

Ground control to major Tom
Ground control to major Tom
Take your protein pills and put your helmet on

Ground control to major Tom
Commencing countdown, engines on
Check ignition and may God’s love be with you

Ten, nine, eight, seven, six, five,
Four, three, two, one, liftoff

This is ground control to major Tom
You’ve really made the grade
And the papers want to know
whose shirts you wear
Now it’s time to leave the capsule
if you dare

This is major Tom to ground control
I’m stepping through the door
And I’m floating in a most peculiar way
And the stars look very different today

For here
Am I sitting in a tin can
Far above the world
Planet earth is blue
And there is nothing I can do

Though I’m past one hundred thousand miles
I’m feeling very still
And I think my spaceship knows which way to go
Tell me wife I love her very much
she knows

Ground control to major Tom
Your circuits dead,
there’s something wrong

Can you hear me, major Tom?
Can you hear me, major Tom?
Can you hear me, major Tom?
Can you….

Here am I floating round my tin can

Far above the moon
Planet earth is blue
And there’s nothing I can do.

Singularidad espacial

Control de Tierra a Mayor Tom
Control de Tierra a Mayor Tom
tome sus proteínas y póngase el casco

Control de Tierra a Mayor Tom
comienza la cuenta atrás, motores en marcha
Compruebe el encendido y que el amor de Dios le acompañe.

Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco,
cuatro, tres, dos, uno, despegando

Control de Tierra a Mayor Tom
realmente lo ha conseguido
y la prensa quiere conocer
de quién es la camiseta que viste
Ahora ha de abandonar la cápsula,si se atreve

Aquí mayor Tom a Base
estoy saliendo por la puerta
y estoy flotando de un modo muy peculiar
y las estrellas parecen tan distintas hoy

Por aquí
estoy sentado en un trasto de hojalata
muy por encima del mundo
La Tierra está azul
y no hay nada que yo pueda hacer

Aunque más allá de 100.000 millas
me siento muy tranquilo
y creo que mi nave conoce que camino seguir
Decidle a mi mujer que la quiero mucho,
ella sabe

Control de Tierra a Mayor Tom
sus circuitos están apagados
Debe haber algún problema

¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me recibe, mayor Tom?
¿Me…

Estoy aquí, flotando alrededor de este trasto de hojalata
muy por encima de la Luna
La Tierra es azul
y no hay nada que yo pueda hacer.

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La maga de Donousa

Por 5 enero, 2017 Etiquetas: , Comentar (15 Comentarios)

Un sombrero parlante de ala ancha se movía por la superficie cristalina del agua. Su sombra ovalada le seguía reptando, rezagada por el fondo. Mantenía una conversación a voz en cuello con otro sombrero asomado a un balcón azul de bellas macetas. Ambos sombreros daban gritos desproporcionados para la corta distancia que les separaba; la desmesura del timbre también era relativa al minúsculo puerto y a la pequeña isla. Al fin concluyó la cháchara y los berridos, el sombrero se elevó sobre el agua y descubrió el cuerpo de una rolliza señora vestida con una bata hasta las pantorrillas que caminaba hacia la orilla de unas aguas tan trasparentes que dejaban las piernas rotas y quebradas. Salió despacio enjugando las gotas de su cara y estrujando los picos de su vestido. Se alejó dejando un reguero mojado a su paso tambaleante, pues lo único que llevaba desnudo eran los pies que tropezaban con el empedrado. Un pope negro y esbelto se cruzó con la húmeda figura y le dedicó un saludo bendito acorde con la absoluta normalidad de su aspecto. En la arena un gran cartel advertía en varias lenguas: Prohibido el nudismo y la acampada.

Dicen que a los coleccionistas solo les atrae el proceso de búsqueda, la experiencia que se adquiere examinando elementos. Es comprensible que por esta causa, Charles Darwin, que fue un naturalista coleccionador de especímenes, acabara tras años de exploraciones, cacerías y disecaciones, haciendo un resumen de todo el conocimiento adquirido: escribió el “Origen de las especies”. Sin embargo dentro del mundo del coleccionista, hay una subclase, los completistas, cuyo único afán es consumar una compilación. Yo, personalmente, creo que el completismo es la infamia del coleccionismo; la adquisición del elemento final significaría la muerte de la aventura, el sacrificio del motivo vivo y apasionado de la recopilación con un FIN de serial que deja mal sabor y  pérdida de tiempo. Yo soy coleccionista de islas griegas y si en algún momento vislumbrara la posibilidad de finalizar mi colección ¿Qué haría? Pues volver a empezar por la primera porque en cada visita son inexplicablemente diferentes, como los naipes de los trileros.

Cuando de pequeños confeccionábamos álbumes con cromos sabíamos que por decreto había algunos dificilísimos de obtener, solamente aquellos compañeros de familias de posibles y muy consentidos por sus progenitores llevaban en esos inmensos fajos de estampillas canjeables los codiciados “imposibles”, que conseguían negociar al cambio de 10 a 1 como mínimo. Yo siempre acumulaba los comunes y rastreros, ya sobados tras sucesivos recreos sin conseguir interesar a nadie, que solían acabar en el cubo de la basura o pegados con engrudo en los árboles de camino a casa. Por eso conozco de cerca lo importante que son ciertos elementos en una serie, aquellos que cuestan más de conseguir, y esa dificultad se transforma en el propio leítmotiv de la colección; lo verdaderamente apasionante es conseguir y poseer aquellos elementos inalcanzables. En el caso de las islas, ya que mi método de conocerlas es visitandolas con barco, el hándicap está en la bondad de la meteorología o el buen abrigo de sus puertos. Hay algunas islas en Grecia que o bien solo tienen puerto de barquitas pequeñas o bien la protección que dan sus malecones deja mucho que desear. Así la posibilidad de amarrar radica en encontrarte en sus inmediaciones el día adecuado, es decir: que te toque la lotería.

Donousa es de esos cromos imposibles que año tras año hemos visto dibujados en el horizonte del mar Egeo sin posibilidad de visita. Maldecida por el viento del norte y situada frente a Naxos, pero lejos de su abrigo, la isla goza de un bienaventurado aislamiento del mundo que la ignora y que ella ve en televisión. Es cierto que se eligió como lugar de destierro o como refugio de piratas ¿Quién en su sano juicio iba a escaparse? ¿Quién tan valiente como para acercarse a combatir y robar a los ladinos bandidos?

Muchas islas del Egeo, como Donousa, son bastiones inexpugnables. En verano el viento estacional, etesio o Meltemi y en invierno el Norte o los Sirocos dejan sus puertos inabordables para los ferris y la población se aburre con desespero viéndolos pasar de largo. Todas ellas tienen una barca esencial y un café primordial. La primera teje una tela de araña con sus idas y venidas por toda la costa transportando cabras en invierno y turistas en verano, como una nave nodriza sin la cual la vida no es posible. El segundo, el bar, es el acontecimiento diario forzoso, la esperanza cotidiana: en que pase fulano, que venga mengano, que salude el pope, que fanfarronee el pescador, que se concentren los ociosos turistas en la antesala de la salida de la barca esencial que les llevara al más allá de las playas desiertas donde poder despelotarse sin carteles y construir sus chozas con cañas y sabinas secas, a la discreta sombra de las adelfas. ¿Se puede ser más feliz?

Al ser isla pequeña todo está en el mismo sitio, unas cosas frente a otras, como en las casas de muñecas. Y la barca, que se llama la Maga de Donousa, me llegó al corazón. Amarrada a los pies del café cabeceaba con colorines e impaciencia, deseosa de zarpar en busca de nuevos conjuros y susurraba, quién mejor que ella, entre chirridos de amarras y pajareos de charranes las viejas estrofas de Elytis:

En la encrucijada donde se detuvo la antigua maga
Quemando los vientos con tomillo seco
Las esbeltas sombras pasaron levemente
Con un cántaro de agua silenciosa en la mano

Los viajeros hacen cola entusiasmados cargados de mochilas y toallas, adquiriendo fruta, asomados en la terraza oteando la llegada de la tripulación que aborde la nave hechicera. Y alguno del pueblo pasa a comprar pan y café. Y aparece la sirenota empapada, con su sombrero oscilante, que se sienta y se transforma en mesa redonda, para continuar su escandalosa conversación, a medias lenguas con una mujer rubia y rosada que acomoda un libro de mil páginas en su capazo.

–¿Es su primera vez en Donousa? –Dice con el índice de la mano señalando arriba y abajo.

–Oh, yes it´s my first time here.

–Es la isla más bonita de Grecia. Las playas son las más grandes y viene gente de todo el mundo.

La turista le respondió con una sonrisa angelical sin entender nada de lo que decía; mientras, la Sibila de Donousa dio el primer pitido atronador, bocina de barco grande e importante que se hace a la mar sin retraso, con un horario de reloj suizo. Se vació el café, se llenó la barca y se alejó dando petardazos mientras el capitán explicaba las maravillas nunca vistas que iban a presenciar.

 

donousa-hechicera

 

La mesa camilla me vio titubear y exclamó.

–¿Sabes que esta es la isla más bonita de Grecia?

–Toma claro, y la de playas mas grandes. Aparece hasta en los cromos de todos los álbumes del mundo.

 

Κάθομαι μέσα στον κόσμο και ξεχνάω
ησυχία στα λεπτά ψάχνω να βρώ
Μες τις παύσεις τη σιωπή μας λαχταράω
και εσύ τρώς στη Δονούσα παγωτό
και με ρωτούν μα εγώ κοιτώ…
που είσαι εσύ που μου απαντούσες…
περιφρονούν και εγώ ζητώ…
που είσαι εσύ που με κρατούσες…
Στο παράθυρο μου φύλλα έρχονται και πάνε
και δυο βήματα αργότερα εγώ
ψάχνω να σε βρώ μα πιά δεν σε θυμάμαι
και εσύ τρώς στη Δονούσα παγωτό
και με ρωτούν μα εγώ κοιτώ…
που είσαι εσύ που μου απαντούσες…

Me siento en el mundo y olvido
quiero encontrar la tranquilidad en los minutos
ansió las pausas de nuestro silencio
Y tu comes helado en Donousa
Y me preguntan y yo miro
donde estás tú que me respondías
Me desprecian y busco
Donde estas tu que me sujetabas
En mi ventana las hojas vienen y van
y yo dos pasos por atrás
busco encontrarte pero no te recuerdo
Y tu comes helado en Donousa
Y me preguntan y yo miro
donde estás tú que me respondías…

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Dos mujeres y un cadaver egregio

Por 13 agosto, 2016 Etiquetas: , , Comentar (5 Comentarios)

La Edad Media tiene para muchos unas connotaciones de oscuridad, barbarie y decadencia cultural, pero en verdad, el Imperio Romano solo cayó en occidente. El que se trasladó a oriente era un ejemplo de ilustración y permitió conservar y transmitir el gusto por la arquitectura, el derecho, la pintura o la literatura. Cuando la mayoría de capitales europeas eran pueblos inmundos y pestilentes, cubiertos de lodazales, con habitantes totalmente analfabetos, había una ciudad en oriente rica en oro y obras de arte, maravilla y admiración de todos los que la conocían y codicia de aquellos que nunca la habían visto; Constantinopla.

Este trozo de la historia europea, que leíamos de pasada y de forma sesgada en los libros de texto, es casi un desconocido para los alumnos de esta parte del Mediterráneo, sin embargo representa una época de lo más fructífera para la ciencia y el conocimiento. Tampoco nos enseñaban que la caída del Imperio Bizantino fue en parte propiciada por la avaricia y avidez de un occidente barbarizado y codicioso.

Hay una obra muy interesante escrita en 1148 por Anna Comneno, hija del emperador Alexis Comneno, en la que recoge el periodo de reinado de su padre: La Alexiada. Yo solo he leído trocitos, pues está escrita en un griego arcaico y rimbombante difícil de digerir. Aunque dicen que su visión es un poco parcial y solo dirigida a exaltar las hazañas del padre, tiene el interés de la narración desde el punto de vista de una bizantina y su descripción de cómo se desarrolló la primera cruzada; la manera en que aquellos portadores de la cruz se desparramaron por el continente en busca del infiel, con la idea de recuperar Jerusalén, pero con la mirada puesta en Bizancio y sus tesoros deslumbrantes.

Anna Comneno nació y creció entre la púrpura y recibió una educación exquisita. De niña leía la Odisea a escondidas de sus padres que consideraban perniciosas las obras de esa época politeísta. Pero en su madurez, Anna recitaba a Homero o la Biblia de memoria. Se convirtió en una mujer culta y refinada que intentó manejar las riendas del poder, camuflada bajo el manto de su marido, como es de esperar para la época, incluso conspirando contra su propio hermano; por ello acabó sus días en un convento donde tuvo el tiempo suficiente como para escribir la extensa obra.

Pero haciendo zoom sobe los detalles de la historia, me gustaría centrarme en un hecho concreto que me interesa: la historia del Conde Guiscardo y sus peripecias en tierra Helena; más adelante veréis porque me concierne.

El Conde Roberto Guiscardo era un caballero normando (nor-man-do; hombres venidos del norte) descrito por Anna como duro, astuto, ávido de riquezas y gloria, determinado, cruel y con una ambición desmedida. Reinaba sobre Sicilia, Regio, la Puglia, pero sus ansias de poder no tenían límites y con la disculpa de perseguir infieles se dedicó a conquistar territorios griegos. Dicen del conde que era un bruto iletrado que se casó con la bien educada y también ambiciosa Sichelgaita. Su mujer frecuentemente le acompañaba en sus conquistas e incluso comandaba tropas por derecho propio. Aunque al principio intentó persuadir a su marido de no atacar al imperio bizantino, acabó metida de lleno en su campaña contra ellos. Según Anna Comneno era la viva reencarnación de la feroz Palas Atenea y hasta le dedicó un pasaje de la Iliada.

Llegaba el conde escaldado de sus escaramuzas en golfo Anvrákiko, donde había perdido varias batallas contra las tropas imperiales y venecianas, cuando decidió reunirse con la armada de su hijo que había sitiado Cefalónia; la capital de la isla era ese tiempo una pequeña fortaleza en lo alto del monte. Pero la obstinación de Roberto era imparable pues le habían vaticinado los aduladores adivinos grandes triunfos y que solamente moriría una vez hubiera llegado a Jerusalén; se sabía invencible. Detuvo sus naves en la costa oeste de Cefalonia esperando la llegada de la otra flota, acompañado de su guerrera esposa, cuando se sintió indispuesto. Comenzó a subir la fiebre y a sufrir deshidratación y clamó a sus hombres que le trajeran agua fresca. La nave fondeó en el golfo de Atheras y los marineros salieron despavoridos en busca de manantiales, con poco éxito, pero desde tierra se oían los bramidos de su señor que no daba opción a abandonar.

Cuenta Anna que dieron con un lugareño que les dijo dos cosas:

-Esos montes que veis son la patria de Ulises. Un poco más allá hubo una gran ciudad que se llamaba Santa Jerusalén, hoy desaparecida, donde hay un pozo con agua.

En cuanto a la primera premisa me parece poco creíble que si el paisano les hubiera hecho referencia a la Odisea ellos lo hubieran recordado más allá de 10 minutos para que llegara a oídos de Anna Comeno, teniendo en cuenta que la marinería era entonces totalmente analfabeta.

En cuanto a la segunda, es también extravagante que una ciudad así de grande hubiera desaparecido sin dejar rastro. Sí, es verdad que en la costa occidental de la isla hay una pequeña playa con un muelle donde iban a cargar uva los caiques para fabricar vino que se llama Agia Ierusalim (Santa Jerusalén). En esa playa hay una pequeña iglesia católica y un pozo. El caso es que cuando Guiscardo oyó hablar de Jerusalén pensó que la profecía se había cumplido, se aterrorizó y sucumbió a la fiebre; agonizó para morir a los 6 días.

Iglesia católica de Agia Ierusalim

Dicen las malas lenguas que no murió de tifus ni de disentería como cuenta la historia, sino de los venenos de su mujer, Sichelgaita, persona ilustrada y conocedora del uso de plantas medicinales. Y puestos a elucubrar ¿No sería ella la que se inventó lo de la Santa Jerusalén cercana para que le diera un rápido patatús y luego mandó construir la iglesia? Bueno, qué más da, la verdad se esconde en los profundos pozos de la historia y sus autores ya nunca van a hablar.

Pero vamos al grano y así desvelo porqué me ha interesado esta historia. El cadáver de Guiscardo debía ser devuelto a su tierra rápidamente, pero antes debían pertrechar las naves para el viaje. Como la costa occidental de Cefalónia es algo peligrosa y con pocos refugios, le dieron la vuelta al cabo norte y entraron en Panormos, un pequeño puerto natural. Y la gracia de la lengua hizo que el puerto donde entró el féretro de Guiscardo fuera tomando y dejando letras y acabara convertido en Fiskardo, uno de los pueblos más visitados del mar Jónico donde hay que ir para dejarse ver y vestirse como dios manda.

En Fiskardo hay, según entras por el mar, un cementerio romano descubierto recientemente con preciosos sarcófagos. Deberían haberlo sepultado aquí para que todos pudieran visitar la tumba de tan famoso personaje. El problema es que la mitad del cementerio está ocupada por una taberna a cuyo dueño le habrá hecho poca gracia el hallazgo, pues ya no puede ampliar y volverse de oro. Y a los pobres fantasmas romanos, pues tampoco. Eso de penar eternamente oyendo sirtakis y chunda-chunda es una verdadera maldición.

Miles de turistas van y vienen cada día a Fiskardo sin saber nada de la historia del extraño nombre del lugar, que no suena a griego ni a nada. Como tampoco sabían nada los marineros de Guiscardo cuando les hablaron de la Odisea. El tiempo va dejando pátinas de olvido sobre la realidad y así, solo así, da lugar a los cuentos primero y a las fábulas más tarde. Eso está bien.

Μουσική-Μανος Χατζιδάκις
Στίχοι-Νίκος Γκάτσος

Στα Κακοτράχαλα τα βουνά,
με το σουραύλι και το ζουρνά.
Πάνω στην πέτρα την αγιασμένη,
χορεύουν τώρα τρεις αντρειωμένοι.
Ο Νικηφόρος και ο Διγενής
και ο γιος της Άννας της Κομνηνής.

Δική τους είναι,μια φλούδα γης,
μα εσύ Χριστέ μου,τους ευλογείς,
για να γλιτώσουν αυτή τη φλούδα,
απ’το τσακάλι και την αρκούδα.
Δες πως χορεύει ο Νικηταράς,
και αηδόνι γίνεται ο ταμπουράς.

Από την Ήπεορο ως το Μωριά,
και απ’το σκοτάδι στη λευτεριά,
το πανηγύρι κρατάει χρόνια,
στα μαρμαρένια του χάρου αλώνια.
Κριτής και αφέντης,είναι ο Θεός
και δραγουμάνος του ο λαός.

Música: Manos Hatzidakis
Letra: Nikos Gatsos

En las escarpadas montañas
Con la flauta y el clarinete
sobre la piedra bendita
bailan ahora tres valientes
Nikiforos, Digenís
Y el hijo de Anna Comnena

Suya es la corteza terrestre
pero tú, Cristo mío, los bendices,
para que protejan esta corteza
del chacal y del oso
Mira como baila Nikitarás
y el tambor se transforma en ruiseñor.

Desde el Epiro hasta Moréa
y desde la oscuridad hasta la libertad
la fiesta dura años,
en los marmóreos campos de la muerte.
Juez y dueño es el Señor
y el intérprete suyo el pueblo.

Mis agradecimientos, como otras  tantas veces a mi amigo Rodi que siempre me da pistas y que me regaló el libro de Gerásimos Likoudis  “la Alexiada, Roberto Guiscardo y la Itaka homérica” y me llegó al corazón. Espero haber sido merecedora de tales honores.

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Golondrinas, mosquitos y avispas

Por 6 agosto, 2016 Etiquetas: , , Comentar (11 Comentarios)

Este ha sido un año de golondrinas. Anidan en los porches sombreados de las casas y hasta en los hoteles y restaurantes, abrigadas por la permisividad de sus dueños. Todos los tejados están repletos de sus nidos de barro donde los pollos berrean con los picos abiertos de par en par mientras sus progenitores se afanan en interminables viajes trayendo sustento. Este ha sido un año de pocos mosquitos. Pero sin embargo las playas están plagadas de avispas. Es el sutil equilibrio de la naturaleza, cualquier ínfima variación da al traste con la armonía pasada hasta que se crea una nueva y estable.

golondrinas

Encontré un cabo entre las rocas. Estaba nuevo y ordenado, adujado por unas manos cuidadosas. Era un primor, trenzado, con vetas amarillas y unos 5 metros de largo ¿Quién lo habría dejado allí? No alguien que debió de salir con prisas en una noche tormentosa, más bien una segunda persona que como yo, lo vio, se enterneció y lo dejo esperando que su dueño volviera a por él.

Solo un armador de barco comprende el fetichismo y la superstición que provocan estas amarras halladas por azar. ¡Justo lo que necesitaba! Yo nunca lo hubiera comprado en una tienda, pero ahora, ante mí, descansando sobre la piedra, sus cordones ambarinos invitaban a confeccionar bozas, andariveles, barriletes, desenganchar fondeos cruzados y hasta amarras de la auxiliar. Era el cabo soñado. Lo cogí prestado y me entretuve en hacer todo tipo de estupideces con él, dispuesta a llevarme al final y para siempre ese talismán de la buena suerte conmigo. Pero cuando ya lo había guardado en el tambucho me acordé de una historia sucedida la semana anterior: un amigo dejó olvidadas sus aletas frente al barco. Eran sus aletas de toda la vida, de las de goma negra con solera, de las que habían pataleado con él por diversos mares y en en diversas épocas; se quedó desconsolado pensando en quien se las encontraría y si serían felices con su maldito nuevo dueño que con un poco de suerte quizás le parta un rayo. Cuál fue su sorpresa cuando al volver, tras una semana de navegación, las aletas seguían en el mismo sitio, cruzadas de brazos y preguntándose porque las habían abandonado. Nos entró un ataque de risa y una inmensa felicidad. Nunca, por muchas veces que me ocurran anécdotas parecidas, acaba de sorprenderme la luminosa existencia de este país, aunque le aceche la oscura miseria. Acto seguido me aterrorizo de que la llegada de un turismo masivo pueda desvirtuar este trozo de arcadia feliz. Pensando en esto, volví a dejar el cabo en su sitio con la esperanza de que su dueño, o cualquier otro, tuvieran la misma revelación.

Unos días después me llamó un amigo desolado; había recogido su motor fueraborda del mecánico y le habían entregado un derrelicto viejo y costroso, en nada parecido a su flamante máquina casi nueva. El mecánico, también sorprendido, nos dijo que se lo había adjudicado por error a otro español que también le había dejado el motor; este sí, dueño del desecho arañado y deslucido que mi amigo sostenía entre las manos. Se había llevado el nuevo sin rechistar. Logramos encontrar su teléfono y lo localizamos en la isla de al lado. ¡Vaya! No se había percatado del cambio del motor.

– Es que estos griegos son una calamidad. La culpa es del mecánico que se equivocó y yo no me di cuenta hasta hoy.

El mecánico esbozó una sonrisa socarrona mientras acariciaba a sus gatos. Tenía unos 20 y se solazaban entre bielas y bujías como en un paraíso felino.

-Si tengo gatos no vienen los ratones.

Me entró mucha rabia porque el sujeto en cuestión era uno de esos que nos habían perseguido hasta el catre con mensajes y ruegos para que le buscara sitio en el varadero donde yo dejo el barco y que al estar lleno necesita de recomendación. Cuando lo consiguió, si te he visto no me acuerdo, como otras tantas veces.

Me entró mucha vergüenza por el posible menoscabo de la simpatía que hacia los españoles tienen en este país hasta el momento y por el temor a que nos pudieran meter en el saco común de navegantes avidos por lo ajeno, como nosotros hicimos en España cuando aparecían los primeros capitanes franceses e italianos, algunos de cuyos representates arramplaban con defensas, mangueras o lo que se terciase y pronto toda su comunidad quedó estigmatizada con el tufo de la inseguridad; supongo que muchos se avergonzaron como yo. Y me apené porque ya hubieran empezado a aparecer por aquí algunos pizarros tontorrones con sus cuentas de colores. Los que no tienen paladar para apreciar sutileza alguna y luego, en privado, hablan y critican soberbios. Los que rompen el equilibrio.

Fue un consuelo el ir y venir de las golondrinas. Se habían colocado en línea sobre el pasamanos del barco y cotorreaban agudas y complacidas dejando la cubierta perdida de porquerías moradas, originarias de un cerezo cercano. Al final, lo importante es lo que uno vive y si todo se acababa corrompiendo, como es natural en nuestra especie, lo que tiene valor es el recuerdo de las aguas que nos dejaron una hermosa placidez entre los dedos.

Έλα εδώ κοντά
να σου δώσω ένα φιλάκι
έλα μη μου κλαις
άσπρο μου χελιδονάκι

Ο Θεός να μας φυλάει
από μάτι που κοιτάει πονηρά
Ο Θεός να μας σκεπάζει
όταν η ψυχή τρομάζει την χαρά
Πες μου, τι σε πολεμάει;

Γέλασε ξανά
κρυσταλλένιο μου αγγελούδι
η άνοιξη να `ρθει
να φωτίσει το τραγούδι

Μέλισσες και πεταλούδες
να στολίζουν τις φτερούγες που φοράς
και τα σύννεφα ν’ ανοίξουν
τον Θεούλη να σου δείξουν, να μιλάς
Να σταθώ κι εγώ στο πλάι

Με τραγούδια και ζαφείρια
θα σου κάνω τα χατίρια
Μην πονάς
θα σου στείλω εγώ δελφίνια
απ’ την Πάφο ως την Κερύνεια να γυρνάς
όλες του νησιού τις χάρες να φοράς
χελιδόνι, τη ζωή να τραγουδάς

Acercate
para que te de un besito
Venga, no llores
blanca golondrina mía.

Dios nos guarda
De los ojos que nos miran con maldad
Dios nos protege
Cuando el espíritu espanta a la dicha
Dime ¿Quién te aterroriza?

Vuelve a reír
Angel mío cristalino
Que la primavera viene
Para iluminar la canción.

Abejas y mariposas
Adornan las alas que llevas
Y las nubes se abran
Para mostrarte a dios, para que hables
Me quedaré esperando en la orilla.

Con canciones y zafiros
Satisfaceré tus caprichos
No sufras
Te enviaré delfines
Desde Pafos a Kerinia para que vuelvas
y lleves todas las alegrías de la isla
Golondrina, canta a la vida.

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