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Islas

Los colores de Kithnos

Por 14 septiembre, 2012 Etiquetas: , Comentar (9 Comentarios)
En la encrucijada donde se detuvo la antigua maga
Quemando los vientos con tomillo seco
Las esbeltas sombras pasaron levemente
Con un cántaro de agua silenciosa en la mano
Con toda facilidad como si entraran al paraíso
Y de la oración de los grillos que cubrió de espuma los campos
Asomaron las bellas de piel lunar
Para danzar en la era de la medianoche…
Odysseas Elytis (Melancolia del Egeo)
 
 
Por fin las Cícladas. Las echaba tantode menos. Hay un sentir general de que los paisajes verdes y arbolados son bellos, los yermos y estériles no. ¿Y el desierto? ¿El polo norte?

– Tendríais que ver las Cícladas – Respondo siempre.

Habría que ser muy poco sensible para no apreciar le belleza de estas piedras peladas que toman los colores siguiendo las estaciones. En invierno son grises, como el acero; en primavera se salpican de matas verdes y aliagas amarillas; a finales
de verano, agostadas, toman un color marrón; de un marrón profundo, serio y trascendente; tan trascendente que las plantas y animales se mimetizan con él para no llamar nuestra atención. ¿Donde están esas ovejas que balan? No las distingo. ¿Las gallinas de esta isla son todas pardas?

Las casas y ermitas, blancas y singulares para que nadie se pierda por los caminos.

– Allí. ¿Ves esa casa?
– Claro que la veo. ¿Quien no?

Así estaba yo, disfrutando el escenario, cuando apareció un señor con un burro caminando por la playa. La estampa era de lo mas tradicional, sobre todo porque el pollino, muy pinturero, llevaba a cuestas bidones de colores, que
sobre el tan serio marrón, resultaban muy vistosos.

Ay que rabia. ¿Y la cámara? La barca no tiene el fueraborda puesto, estoy muy lejos, no tengo teleobjetivo. Da igual. ¡Disparo!

Y el resultado fue este:

 
 
 
 
El burro no se ve en la foto, solo se aprecian sus bidones ¿Era un burro transparente? ¿Era un vampiro? No, era marrón. Me pregunto¿Qué harán si se escapa por los montes? Nunca lo encontraran.
 
También hay playas tostadas, mostazas, blancas.
 
 
 
 

Manantiales cobrizos de aguas hirvientes que calientan la playa.

 

 
 
Más colores. El azul. Decía Durrell, en La Celda de Próspero, que “En algún sitio entre Calabria y Corfú comienza realmente el azul”. Podemos discrepar, porque azules hay muchos. ¿Qué me dices de las dunas de Tunez? ¿Y Menorca tras una
tramontana? ¿Córcega con mistral? Pero lo que si es cierto es que entre estas islas ciclónicas; en el remolino que crean; hay un manantial de azules que mana constantemente. Corrientes submarinas lo deben transportar a otros rincones haciendo posible verlo en otraspartes del Mediterráneo también. El azul de Grecia.
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La historia de Kiriako y su sueño.

Por 12 junio, 2011 Etiquetas: , Comentar (4 Comentarios)
Que delicia volver al agua con el barco. Estar en el varadero, en seco, es de lo más cansado, de lo más caluroso, de lo más sucio: pinturas, disolventes, grasas, polvo… Uf que delicia volver al mar.
Y el caso es que este varadero tiene su gracia. Tiene gatos y en primavera, muchos gatitos; tiene una pareja de ovejas que balan sin parar. Y gallinas; tiene unas hermosas gallinas. Es lo menos parecido a un varadero convencional. Y tiene a Takis, que en su patacha trapera nos invita a cervezas helada y nos cuenta historias como esta:
Corrían los años 50 y nadie sabía que había unas islas en el Jónico. Solo los propios isleños que las habitaban y producian 4 limones y 5 cabras; cuando un conocido millonario decidió comprar una. El era Onassis , ella Skorpios; un islote. Y luego vino Maria, mi admirada María Callas; pero eso es otra historia.
La isla que compró, como todas las islas deshabitadas de Grecia, no lo son tanto; están llenas de cabras.  Ellas no se escapan, las cabras. Y ellos, los dueños, solo tienen que ir con la barca y recogerlasSkorpios estaba llena de cabras y los pastores se enfadaron muchos cuando el millonario compró la isla; sus animales ya no podían pastar por los suntuosos jardines y mayestáticas casas; así que quisieron matarlo. Takis dice que lo intentaron, yo no lo sé con certeza. Bueno, dejémoslo en que lo planearon.
Onassis que no era tonto, se dio cuenta de que si no puedes contra ellos, lo mejor es aliarte. Decidió ser muy amable y generoso.
Y en esto apareció Kiriako ( Domingo) que remaba con su barca por los alrededores de Skorpios. Kiriako era decidido y tenía una gran idea: construir un varadero en el protegido golfo de Vliho, en Lefkada. Se acercó a el Cristina, el famoso yate y pidió hablar con el dueño. Los guardaespaldas se lo impidieron, pero Onassis, oyendo el alboroto se acercó y les dijo que lo dejaran pasar. Kiriako, seguro de su idea, directo en sus pretensiones, expuso al poderoso Aristoteles sus deseos; este sonrió y asintió. Le prestó el dinero para abrir su varadero. Varadero en el que mi barco y otros mucho, descansan en invierno.
Hoy ya nadie intentaría matar a Onassis que convirtió unas islas de limones y de cabras e una de los centros del glamur del Mediterráneo. Y mucho menos Kiriako que consiguió su sueño: el Varadero de Vliho.
Isla de Skorpios
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Islas para naufragar: Koufounisi.

Por 1 enero, 2011 Etiquetas: , Comentar (4 Comentarios)
   Hoy os voy a narrar la maravillosa historia de la isla hueca  Koufounisi , en el Egeo  y de la encantadora Marigó  (Κουφός  es hueco y νησις  isla, en griego) , su cordón umbilical.
   Era finales de Septiembre y el verano  aún coleaba cuando La Maga amarró en Koufounisi. Nos enamoramos de Koufounisi y paseamos por todas y cada una de sus playas. La isla tiene apenas 4 Km de largo.

    En el puerto grande, Marigó iba y venía trayendo y llevando en su cubierta turistas colorados, a la isla de enfrente: Kato Koufounisi.  No porque las playas de Koufounisi tuvieran que envidiar a las de Kato Koufounisi, si no porque los turistas siempre quieren ir a la “isla de enfrente”.
marigo.jpg.Islas para naufragar: Koufounisi.
   Llego el domingo. A  Marigó la engalanaron con muchas banderas y  se organizó un gran griterío a su alrededor. Ese domingo fue y vino infinidad de  veces: transportando popes, vecinos endomingados, buzuquis, violines y  hasta una madre con niño en brazos,  con traje de cristianar.  El pueblo se quedo desierto y desde Kato Koufounisi se oían las campanas de la ermita pregonando una gran fiesta. No porque Kato Koufounisi tenga iglesia y Koufounisi no, si no porque los griegos siempre prefieren celebrar sus ceremonias en las ermitas más inaccesibles. Allá fue Marigó.

   Durante unos días el tiempo fue esplendido. Los pajaritos trinaban en sus nidos, alguna nubecilla se deslizaba despacio bajo el cielo añil y las florecillas  perfumaban el ambiente con sus fragancias. Embriagador. Pero al atardecer…  ¡Se acabó! Los pájaros huyeron como perseguidos por el diablo, las nubes, enrojecidas,  se precipitaron tras el horizonte y flores… no quedó ni una.  Entró el Meltemi fuerte y poderoso. Sopló durante una semana, sin parar un instante y lo hizo con fuerza de temporal: 7, 8,9…Y a Marigó la amarraron a nuestro lado, en el puerto pequeño.

   27 de Septiembre, 28 de Septiembre… No puede venir el ferry . El puerto se llenó de equipajes y de coloridos turistas de caras sonrosadas; había que llegar a Atenas para coger el avión de vuelta a casa. 29 de Septiembre, 30 de Septiembre… Sigue sin venir el ferry. Los turistas se impacientan. Reunidos  en un bar del pueblo, con sus maletas siempre a punto para zarpar y releyendo los últimos capítulos de sus libros de vacaciones, comían “Kormós”.
Kormós en griego quiere decir cuerpo, pero también es un dulce típico hecho con bizcocho y chocolate. No me gusta mucho el dulce, pero la pinta de aquel  Kormós no me seducía nada, sobre todo por el ruido que hacia cuando lo servían en los platos; algo así como: Plom.
Kormós . El cuerpo.

  
   Y aquí entra en escena Marigó con su aguerrido capitán. Había decidido llevarlos al sur de  Naxos, isla bastante más grande e importante que Koufounisi, con la barca; donde unos taxistas los esperarían y los conducirían al aeropuerto para enlazar con Atenas. Vi algunas caras de alucinación, eran de aquellos  que pasaba sus primeras vacaciones en Grecia, presumo; pero nadie dudó, en un santiamén subieron a la barca. Allí se apiñaban en cubierta, apurando los últimos trozos de Κormós, como si fuera lo último que iban a comer en sus vidas; quizás así fuera.
   Marigó dio dos acelerones y zarpó rumbo a la mar enloquecida. Al principio todos sonreían, mientras el barco permanecía a sotavento . El capitán intento seguir toda la línea de la costa , lo mas pegado a tierra posible, hasta alcanzar la parte  septentrional de la isla donde ya sin remedio, tuvo que enfrentarse a las olas que le venían de través; Marigó saltó como una gamba. Todo esto es cierto, yo lo vi; porque salí corriendo con la bicicleta por la isla para seguir la derrota de Marigó. Y también es cierto que una vez en mar abierto, algunos pasajeros se asomaban por la borda y dejaban salir trozos de su “Κοrmós”.
Derrota de Marigó en rojo. Direccion de viento y olas en azul.

Me entusiasman estos  ejemplos de autogestión de las pequeñas comunidades aisladas.

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