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Libros

Una historia interminable

Por 12 febrero, 2016 Etiquetas: , , Comentar (8 Comentarios)

Esta es una historia que se construye a sí misma. Cada vez que la escribo en una página deja entrevisto un fleco que asoma por debajo de la falda y tirando del hilo aparecen nuevas piernas que andando se van a otro paisaje y dan lugar a nuevos episodios. Me recuerda a una merienda con buñuelos que preparé una vez; me debí pasar en algún ingrediente porque aquello crecía hasta desparramarse por los bordes del recipiente. Nos pusimos a freír rosquitos sin descanso y cuando teníamos una montaña inabarcable ¡Dios, el cacharro volvía a estar colmado de masa! Llegamos al límite del empacho y la indigestión pero aquello no cedía. Terminamos por tirar el magma por el inodoro. Yo lo miré caer con aprensión, imaginando que seguiría creciendo allí donde fuera y si nadie lo paraba llegaría a apoderarse del mundo. Me tiré un tiempo oyendo las burbujas de su fermentación en mi cabeza.

Pero esta historia inacabable que hoy me trae, es más seria y empezó en  Itaca, cuando encontré una antigua fotografía de la entrada al puerto de Vathi en la que se veía a un hombre llegando en un pequeño velero con los brazos abiertos; era un griego que había cruzado el Atlántico norte con su mujer allá por los años 50. El viaje estaba relatado en un libro autobiográfico del que desgraciadamente solo se hizo una edición limitada y era difícil de conseguir. Después de escribir a medio mundo y de esperar en vano que una persona me lo fotocopiara contacté con un librero de viejo de Atenas que tenía un ejemplar y me lo mandó. Si queréis leer esa historia seguir este enlace.

Cuando comencé a leerlo, en los primero párrafos el autor hacía mención a un libro del escritor Tasos Zappas : “El Jónico en una barca”; la edición debía ser de los años 30. Así que me volví a poner a rastrear la pista de este segundo libro. Esta vez algún librero me dijo que lo intentaría pero luego no volvían a escribirme. Estos detalles dieron lugar a otras historietas que podéis leer aquí, si tenéis ganas.

Algún tiempo después, cuando volví a publicar en el Huffington post la anécdota del libro, y cuando ya daba por descontado que no lo conseguirá, me escribió una mujer desconocida contándome que había visto ese libro en una librería de Exarchia, en Atenas. Por supuesto que volví a escribir al nuevo librero que me avisó de que el libro era de segunda mano y que estaba en mal estado. Me lo compré.

Volvió a llegar el cartero. Esta vez el hombre del chaleco amarillo traía un aroma apolillado y remoto. Abrió su saca y alcancé a ver un chisporroteo de mosquitas brillantes y diminutas que se alejaban en todas direcciones dejándonos absortos.

-¿No he venido yo otra vez a esta casa con este paquete?

Yo no quise destrozarle el déjà vu; por él, porque siempre es mejor vivir en un hechizo que pisar la realidad; y por mí, para darle alguna posibilidad de que esto, como en un juego de muñecas rusas, fuera un cuento dentro de otro cuento que a su vez pertenece a otro cuento.

Subí las escaleras envuelta en tufos, mosquitas y recuerdos huidizos. Me dispuse a desenvolver, con un cuidado de neurocirujano, las capas y capas del embalaje cebollino, hasta llegar a un cuadernillo de pocas páginas y muchas heridas. Algún desalmado lo había intentado reparar con cinta de perfilar ¡qué pena daba! Nada más abrir sus tapas volaron miles de insectos imaginarios y la habitación se llenó de figuras y de esencias de libro viejo, tanto que me estremeció. No tenía fotografías pero sí unos dibujos a plumilla, honestos y genuinos, sin ningún esmero por aparentar.

Su primer dueño dejó grabada en la contraportada  la fecha de adquisición. O de lectura. O del regalo que recibió. La tinta era casi violeta y el año el mismo de la edición. Qué impaciencia debió tener ese desconocido lector. Qué lástima que no dejara su firma para poder dirigirme a él como dios manda. Qué perfume el de los libros viejos y usados. Por un lado contienen letras y palabras que articulan novelas, por el otro, emanan unos vapores sugerentes y enigmáticos. Me estoy yo enganchando a estos fetichismos bibliófilos. Cerré los ojos por un rato, medité y escribí a mi amiga Mayte Piera, la fotógrafa que con tanta delicadeza colabora conmigo  en las entradas del Huff.

-¿Tú serías capaz de plasmar el olor de este libro en el instante de tu cámara?

-Tengo que verlo.

Así que le dejé el cuadernillo, depositándolo con un mimo de relojero y con temor de que a la vuelta hubiera perdido ese olor que tanto me trastornaba. Pero era el precio que se debía pagar para viajar en el tiempo, hasta el año 38, a lomos de un perfume histórico.

Por supuesto escribí a la persona que me dio la dirección del librero y le di las gracias. Abrimos otra matrioska rusa. Ella pintaba y su marido escribía y era marino. Y casualidades de la vida, estaban haciendo un libro de recopilación de recetas de una gran cocinera de Cefalonia, la isla vecina a la mía, una tal Ioanna Lazaratos;  por amor al arte y de su cocina. Y me preguntaron si quería publicarlas yo en el blog. Así que se me ocurrió que si funciona, si nos gusta, si divierte, abriré una pestaña de recetas para ir colgándolas de vez en cuando. La pestaña de recetas, de libros, de fotografías, de historias, de buñuelos, de muñecas…rusas.

 

 

Συνταγές μαγειρικής
Από μικρή της άρεσε μες στην κουζίνα μόνη
τις ώρες να σκοτώνει με τη μαγειρική
και πέφτανε τα δάκρυα θυμώντας τη ζωή της
και δίναν στο φαΐ της μιά γεύση μαγική.
Κύμινο μοσχοκάριδο και κόκκινο πιπέρι
ποτέ δεν είχε ταίρι ν’ αλλάξει μιά ευχή
να χαμηλώσειs τη φωτιά μετά την πρώτη βράση
να γίνονταν η πλάση ξανά από την αρχή.
Ψιλοκομένος μαϊντανός και σκόρδο μιά
σκελίδα
νά ‘φεγγε μιά ελπίδα στα μάτια τα μελιά
και προς το τέλος πρόσθεσε ένα ποτήρι λάδι
νά ‘νοιωθε ένα χάδι μιά μέρα στα μαλλιά.
Μιά νύχτα έπιασε φωτιά μέσα στο μαγερειό
της
πού ‘κανε το φευγιό της να μοιάζει με γιορτή
τέτοια που γύρω φύτρωσαν άσπρα του γάμου
κρίνα
ολόιδια με κείνα που είχε ονειρευτεί.
Πόσες καρδιές που γίνανε αναλαμπή κι αθάλη
μας κάνανε μεγάλη κάποια μικρή στιγμή
κι αθόρυβα διαβήκανε απ’ της ζωής την άκρη
χωρίς ν’ αφήσει δάκρυ σε μάγουλο γραμμή.
Recetas de cocina
Desde pequeña le gustaba quedarse sola en la cocina
matando el tiempo cocinando
y derraba lágrimas recordando su vida
y le daban a sus guisos un sabor mágico.Comino, nuez moscada, pimentón
nunca tuvo compañero para intercambiar deseos
para reducir el fuego después del primer hervor
para rehacer la creación desde el principio.Perejil picado y diente de ajo
para alumbrar la esperanza en unos ojos de miel.
Y al final añade un vaso de aceite
para que sientas una caricia en el cabello por la mañana.

Un día prendió fuego a su cocina
hizo que su huida pareciera una fiesta
tal que a su alrededor florecieron lirios blancos de novia
iguales a aquellos que siempre había soñado.

Cuantos corazones que se convierten en destello y fuego
nos hicieron grande algún pequeño momento
y sin ruido pasan por la vida
sin dejar lágrimas que surquen sus mejillas.

 

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El cartero siempre llama dos veces

Por 25 noviembre, 2015 Etiquetas: , , , , Comentar (12 Comentarios)
Ayer llegó el cartero con un paquete. Era un hombre normal con un carrito amarillo donde transportaba los envíos. Cuando sacó el mío se me aflojó la sonrisa y languidecí al ver los sellos de colores con sus timbres en caracteres griegos. Me acordé de Laurence Durrell, en su Reflexiones sobre una Venus marina, cuando decía que el encuentro por azar con cartas de matasellos helenos le provocaba una nostalgia irreprimible. El repartidor debió pensar que estaba pasmada, por mi sonrisa bobalicona mientras dejaba que mi mente transformara su figura de hombre corriente en la de un cartero de altos vuelos, el de Neruda o el pobre cartero muerto de Hatzidakis. Las relaciones con Grecia, cuando estás lejos de allí, tienen el poder de sanar el espíritu como un ungüento milagrero; cuando te lo untas retornas directo a tu niñez.Había contactado con un librero de viejo de Atenas que me podía conseguir un ejemplar del libro que mencionaba en la entrada anterior: Το Ταξίδι της “Χαράς”, El viaje del Jarás; un relato autobiográfico de un navegante griego que cruzó el atlántico norte con su esposa en un barco de 8 metros sin motor. El me dio un precio y me aseguró que en cuanto le llegase mi dinero lo pondría en el correo. Ya sé que a alguien le podría chocar el hecho de poner una transferencia a una cuenta bancaria particular de un desconocido a cambio de una simple promesa, pero llevo tantos años en el país que no me produce la más mínima inquietud. Los griegos son gente de palabra; eso no quiere decir que no haya ladrones o estafadores, los hay, pero son de más altos vuelos. Es una situación que he vivido en numerosas ocasiones; las cosas pueden tardar y hasta eternizarse pero no es necesario preocuparse, llegarán. Esto en sí parece una tontería, pero la confianza entre la gente es uno de los tesoros más envidiables de Grecia. Yo me dispuse a esperar el tiempo que hiciera falta y se me quedo grabada la canción de Hatzidakis El cartero murió, que llevo tarareando hasta el momento del timbrazo. Ringgg.

– Ohhh

Subí a casa como flotando, mirando aquel paquetito de papel de estraza, escrito a mano y con unos sellos de héroes y mitos; casi daba pena abrirlo. Con cuidado fui desembalando las capas y capas que el librero había envuelto con mimo y llegué a un volumen antiguo y sin desbarbar. Hacia muchos años que no veía un libro así y hasta me había olvidado de su existencia. Este tipo de edición, hoy desconocida excepto para algunos coleccionistas, usaba una hoja de papel de gran tamaño que abarcaba el texto de varias páginas, esta última se doblaba formando un pliego y  muchos cuadernillos de esos se unían mediante cosido o fresado y se encuadernaban. Como todo el proceso era artesanal los pliegos se dejaban muy a menudo intonsos, palabra que yo desconocía hasta ahora y que significa literalmente “sin cortar las barbas”. Es el propio lector el que debe abrir los bordes unidos de las páginas a medida que avanzaba en la lectura. Posteriormente se idearon máquinas que se encargaban de esta labor y sólo en algunos libros exquisitos de coleccionista se mantiene la costumbre de no cortar las páginas. Para un bibliófilo estos ejemplares intonsos, que no han sido abiertos ni por tanto sobados o leídos, tienen un valor superior al del ejemplar afeitado si barbas. Dice Víctor Infantes en su Biblia de los bibliófilos: “El bibliófilo no debe caer jamás en la tentación de leer un libro … Qué mayor honra que adquirir un libro que no tiene la más leve señal de haber sido leído, incólume y virginalmente conservado; y transmitirlo así, para otros afectos, sin el más mínimo testigo de una ignominiosa lectura.” En cualquier campo en el que te metas a indagar hay frikis.

 

El viaje del Harás

 

Pero volvamos a “el viaje del Jarás” ; allí estaba, entre mis manos, compilado en aquel pequeño objeto barbado, misterioso, secreto, excitante más que cualquier otro libro. Y yo, provista de un cuchillo jamonero bien afilado, canturreando “la muerte del joven cartero”, mientras recordaba aquellos puñales que había en los escritorios de mi infancia con los que alguna vez hemos jugado a herir y ser heridos de gravedad pero sin morir; siempre había escusas para mantenerse vivo de forma perpetua, para enfado de tus amigos.
Lo bueno de estos libros es que solo vas cortando las hojas que lees y esto es un proceso lento y mimoso para no convertir esa joya en un cuaderno de parvulario. Todo un placer delicado para pasar una tarde de frío como hoy mientras las páginas nos trae imágenes evocadoras del pasado. Pero ¡Ah! ¡Mi perdición! Ya en los primero párrafos el autor hacía mención a un libro del escritor Tasos Zappas que a él le había marcado como ningún otro: “El Jónico en una barca”; la edición debe ser de los años 30. Y ¿Qué hago? ¿Qué he hecho? Pues evidentemente volver escribir al librero griego sin mucha esperanza. Él me ha respondido que cree que lo puede conseguir.

 

Fotografía del Jónico en una barca

Fotografía del Jónico en una barca

 

El cartero murió
Letra y música de Manos Hatzidakis
Canta: Sabina Yiannatu

Ο ταχυδρόμος πέθανε…
…ήταν παιδί στα δεκαεφτά
που τώρα έχει πετάξει

Ποιος θα σου φέρει αγάπη μου
το γράμμα που `χα τάξει;

Και σαν πουλί που πέταξε
η πικραμένη του ζωή,
πέταξε πάει και του `φυγε
η δροσερή πνοή

Ποιος θα σου δώσει αγάπη μου
το τελευταίο φιλί μου;

Ο ταχυδρόμος πέθανε στα δεκαεφτά του χρόνια
κι ήταν αυτός η αγάπη μου,
η κουρασμένη του σκιά τώρα πετά στα κλώνια,
φέρνει δροσιά στ’ αηδόνια

Ποιος θα σου δείξει αγάπη μου
πού `ναι του ονείρου ο δρόμος
αφού πεθάναμε μαζί εγώ κι ο ταχυδρόμος;

El cartero murió
era un muchacho de diecisiete años
que ahora ha volado
¿Quien te llevara amor mio
la carta que te había mandado?
Y como un pájaro que voló
la amarga vida suya
voló, se marchó y se le fue
su aliento fresco.
¿Quien te dará amor mio
mi último beso?
El cartero murió a la edad de diecisiete años
y él era mi amor
Su cansada sombra
ahora vuela entre las ramas
trae frescor a los ruiseñores.
¿Quien te enseñará amor mio
cual es el camino de los sueños?
Ya que hemos muerto juntos yo y el cartero.
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