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Literatura

Entrantes griegos

Por 27 marzo, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (8 Comentarios)

¿Nos dedicamos hoy a los entrantes? Esos que acompañan las bebidas, para mitigarlas, y hacen llevadera la espera en la mesa. Esos platos casi listos que se sirven de inmediato y que nos darán una idea de si la elección de la taberna es la acertada. Antipasti, aperitivos, entremeses, snacks, como queráis llamarlo.

Del amplio muestrario a elegir, hay tres recetas básicas que aparecen en todas las cartas griegas y esas son las que hoy me indica mi confidente culinario, a través de su medium Ioanna. Su elaboración no está normalizada así que será imposible probar dos versiones iguales; incluso en la misma taberna un día picará más o menos, llevara cebolla o te mirarán sobresaltados cuando preguntes por qué hoy no la lleva. En el fondo, la cocina de taberna sin estrellas Michelin, a mucha honra, depende un poco del humor del día y de quien ganara el partido del día anterior. Eso en sí ya es todo un reto para el investigador.

Ensalada de berenjena, μελιτζανοσαλατα

Hablar del Mediterráneo es asociarlo a una vid, un olivo y un color del mar que “pinta de azul nuestras largas noches de invierno”. Pero no hay que olvidar que una de las tonalidades más significativas de esta comunidad pelágica es la púrpura, y no me refiero a cardenales o prelados, sino a las humildes berenjenas. El genial Vázquez Montalbán, apreciado por sus libros pero también por su cultivado paladar, llegó a titular como “la internacional de la berenjena” una reunión de los países ribereños del Mediterráneo. Porque tras siglos de guerras y trifulcas, que aún hoy son triste noticia de todos los días, lo que sorprendentemente más nos une es eso, una simple fruta oscura, la Solanum melongena. En sanfaina, escalibada, caponata, musaká, delicias del imán, esa inflorescencia esponjosa, lustrosa y llamativa se repite como un factor imprescindible en los fogones del marenostrum y uno puede recorrer de cabo a rabo este mar saltando de especialidad en especialidad sin repetirse.

No se sabe muy bien quien fue el primero en probar tan excitante fruta, ya que no huele a nada ni tienen el menor valor nutricional, pero cualquier mediterráneo suspira por el plato de berenjenas de su infancia. Debió de ser 2000 años a.C. cuando se consumió por primera vez y no les debió sentar muy bien ya que cruda es indigesta y hasta maligna. Por desconocimiento de cómo tratar culinariamente a la berenjena; tiene una ceremonia especial de preparación; o por utilizar especies no comestibles, se creó su mala fama y se le supuso causante de fiebre, epilepsia o locura, por lo que la planta fue utilizada durante tiempo como un adorno y no como un alimento. Los datos más antiguos que se conocen la sitúan por primera vez en el estado de Assam, India. Pudo entrar a Europa por la España musulmana o bien por el oriente bizantino, desde donde se extendió su cultivo por las tierras cálidas del Mediterráneo; aquí encontró su hábitat más favorable. Probablemente sería una planta ornamental que pegó el salto a la sartén en una época de hambruna. Quién sabe.

El termino berenjena proviene del árabe “bandigana” y de ahí nos llegan las “albarginas” y “aubergines”. En Italia se habla de “melanzana”, muy parecido a μελιτζάνα de Grecia, haciendo alusión a la oscuridad de su piel o bien a la oxidación que rápidamente sufre su pulpa al cortarla; melano es negro. Pero la denominación más curiosa es la que le dan los ingleses, siempre tan diferentes y originales: eggplant, la planta huevo. Quizás ellos probaron por vez primera una rara variedad que es pequeña, esférica y completamente blanca. Pero no deja de resultar gracioso que se refieran a ellas de ese modo cuando van a las tabernas, aunque muchos hablan de aubergines, el término francés, para no resultar, como siempre, tan raros.

El representante berenjenil heléno, a parte de la consabida musaká, yo creo que es la ensalada de berenjenas o μελιτζανοσαλατα . Es tan gustosa como simple, pero para mí, una para recordar tiene que intentar cumplir dos requisitos: la textura de la berenjena se tiene que notar; huir de purés y salsas líquidas; y la berenjena debe ser asada al carbón, para que tome ese rico sabor ahumado.

Elaboración:
Asar la berenjena, pelarla y desmenuzarla.
Añadir cebolla rallada y tomate rallado y ajo y perejil muy picados.
Salar y condimentar con vinagre o limón, añadir el aceite de oliva, poco a poco, mientras se remueve para que ligue.

 

berenjenas

Croquetas de calabacín, κολοκυθοκεφτεδες

El calabacín es otro buen representante de la cocina mediterránea. Es tan abundante en ciertas épocas del año que uno ya no sabe qué hacer con ellos, así que el recetario es inmenso. Pero una de las maneras más originales que conozco de consumirlo es la de las croquetas de calabacín. El nombre, κολοκυθοκεφτεδες, hace honor a la costumbre helénica de crear vocabulario juntando dos o más palabras preexistentes, a manera de una “conga palabril”, que al foráneo le cuesta mucho de pronunciar y algo más de memorizar. No hay que desesperase; hacer el esfuerzo y pedirlas en cualquier taberna, vale la pena. Suele ser de especial interés la combinación de hierbas aromáticas que elija la cocinera; y su justa medida, por supuesto.

Elaboración:
Se rallan los calabacines, se les añade sal y se presionan en un colador para que expulsen el agua.
Se mezcla con cebolla rallada (hay quien le da una vuelta por la sartén para que no quede entera), los huevos, la harina que acepte y el queso rallado.
Se condimentan con ajo, perejil, hierbabuena y eneldo, todo finamente picado.
Se amasa bien y se hacen pequeñas tortitas que freiremos en abundante aceite de oliva.

El eneldo, Ανηθος (Anethum), es un condimento tan nuestro como el hinojo, pero popularmente se le asocia a los países nórdicos y sus marinados de pescado. En España no es muy habitual pero en Grecia se vende en manojitos como los de perejil o de menta.
Su utilización es muy antigua y ya en la Grecia clásica se elaboraban perfumes con sus hojas y la quema de su aceite esencial auguraba grandes riquezas. En otras circunstancias lo utilizaban como tranquilizante e incluso como elixir bucal y analgésico. Hipócrates de Cós (460-377 a.C.), consideraba que el aliento era el reflejo de la personalidad, valores y moral del individuo. Por tal razón  el aliento de todos los jóvenes griegos debía ser fresco y dulce, fue así como inventó un enjuague bucal a base de vino, anís, mirto y semillas de eneldo.

eneldo y perejil


Y vamos a por el tercer entrante:

Ensalada de huevas de pescado en salazón. Ταραμοσαλατα

La “taramá”, es el caviar de los pobres, se trata de las huevas de pescado tipo el bacalao o la carpa, saladas y vendidas a granel. Son parecidas a nuestras huevas de atún o similares, con la única excepción de que se rompe la membrana exterior que contiene la miles de pequeños huevos y se dejan sueltos, como un caviar. Con ellas se elaboran diversos platos como las taramokeftedes o la taramosalata que ahora nos ocupa. La receta original proviene de Estambul y fue un plato muy apreciado durante siglos. A mí me parece delicioso.

Elaboración
100 Gramos de tarama. Creo que la que se produce en las marismas de Messolonghi es excepcional, pero el que no pueda viajar hasta allí que busque una lata de huevas de sucedáneo de caviar , de las coloraditas. Se mezcla con miga de pan mojada y escurrida y cebolla menudísima. Se rocía con limón y se añade aceite de oliva virgen batiendo bien la mezcla.

Una advertencia: la verdadera taramá es la blanca, aquellas que se sirven con un color rosado, en tabernas de turisteo y supermercados, no denotan más que colorantes y conservantes que se les ha añadido a la original. El sentarse a la mesa y que te sirvan la blanca ensaladilla es un buen comienzo. 

huevas de mujol rojas
Pues nada más por hoy, nos vemos en cualquier taberna degustando todo lo anterior con un buen pan de hogaza y un buen vino. Eso sí, como Motalbano, esta vez el de Camilleri, procuraremos no charlar mientras comemos, podríamos perderle la pista a algún ingrediente.

Στίχοι και Μουσική Βασίλης Τσιτσάνης
Σωτήρια Βέλου
Όταν πίνεις στην ταβέρνα κάθεσαι και δεν μιλάς
Κάπου-κάπου αναστενάζεις απ τα φύλλα της καρδιάς

Θα Θέλα να σε ρωτήσω και να πληροφορηθώ
Πιο μεράκι σ έχει κάνει τόσο μελαγχολικό

Μήπως έχεις αγαπήσει και προδόθηκες κι εσύ
Έλα κάθισε κοντά μας να γλεντήσουμε μαζί

Letra y música : Vasilis Tsitsanis
Canta : Sotiria Bellu
Cuando bebes en la taberna te sientas y no hablas
de vez en cuando suspiras con todo el corazón

Me gustaría preguntarte y saber
 que mañanita te puso tan melancólico

Quizás has amado y fuiste traicionado tu también
Venga, siéntate con nosotros a celebrarlo juntos.

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Un humilde pez

Por 12 marzo, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (5 Comentarios)

Hay muchas personas que tienen alguna aversión gustativa, detestan algún alimento o sabor y se les pone el cuerpo del revés con solo imaginar comerlo. Aunque no lo parezca esto es una ventaja evolutiva que se ha transmitido durante millones de años protegiéndonos de morir por ingestión de bayas venenosas, animales en mal estado o infecciones letales. El día que enfermé comiendo el alimento x mi cerebro lo recuerda para siempre y me prohíbe volver a tomarlo, solo ver a x en un plato me revuelve las tripas.

Hay alguna posibilidad de que a Homero le disgustara el pescado; qué no se ofendan los historiadores, esto es cosecha exclusivamente mía y carente de cualquier rigor científico; porque no hay ni una sola alusión a ágapes épicos con este tipo de ingrediente, a pesar de que sus aventuras se desarrollaban sobre un mar “rico en peces” y los acompañantes de Ulises llevaban aparejos y sabían de las artes de la pesca; es seguro que los aqueos se alimentaban con peces. El sustento de los dioses era el néctar y la ambrosía, para los hombres, Homero, reserva la carne roja. Sus héroes no tienen por costumbre comer vegetales o pescados, aunque son frecuentes las alusiones a la hermosura de los campos y los frutos, parece que esos seres predestinados para sus hazañas no podían merecerse tamaña indignidad. Y aquí aparece Rodi para ayudarme con las pistas.

Cuando Homero hace alusión a pescado lo hace de forma peyorativa y tremenda. En la Ilíada, por ejemplo, asemeja la cruel lanza que atraviesa el cuerpo con un anzuelo:

Como el pescador sentado sobre la roca saca del mar un pez enorme, valiéndose de la cuerda y el anzuelo, así Patroclo, alzó la reluciente lanza, sacó del carro a Tiestor con la boca abierta y lo arrojó al suelo.

En el final de la Odisea, compara a los desagradables pretendientes con peces moribundos:

Pero los vio a todos derribados entre polvo y sangre, tan numerosos como los peces a los que los pescadores sacan del canoso mar en su red de muchas mallas y depositan en la cóncava orilla.

El pescado, para el bardo, era comida de pobres y desesperados. Solo admite su ingesta inmoral en unas condiciones críticas de vida o muerte de sus protagonistas, como cuando los hombres de Ulises desfallecen por no poder tocar las vacas de Helios:

Así que, mientras mis compañeros tuvieron comida y rojo vino, se mantuvieron alejados de las vacas por deseo de vivir; pero cuando se consumieron todos los víveres de la nave, pusiéronse por necesidad a la caza de peces y aves; todo lo que llegaba a sus manos, con curvos anzuelos, pues el hambre retorcía sus estómagos.

Como podréis imaginar hoy hablamos de pescado, y para hacer honor a nuestros ancestros, evidentemente presentado de alguna forma que permitiera su conservación en una remota vida sin neveras, y eso precisamente tuvieron que ser los salazones, los escabeches y los ahumados. En concreto la sencilla pero sabrosa receta que hoy nos ocupa es la de boquerones en vinagre; en el vino malo y echado a perder que ya nadie quería junto con el pescadito vanal.

El escabeche conserva el pescado mediante su inmersión en un medio ácido de PH cercano a 4 que detiene la putrefacción de los tejidos y evita la síntesis del trimetilamina, responsable del olor a pez podrido. Esto nada tiene que ver con el romanticismo homérico; a pesar de todo la ciencia es la ciencia y yo no me puedo olvidar de ella.

pescato mediterraneo in fondo bianco

Pero pasemos al ingrediente estrella de la receta: el boquerón o gavros. No hace falta que lo describa porque todo el mundo conoce al sabroso pececillo. Y seguro que también a algunos les suena que así se llama a los seguidores del equipo de futbol del Olimpiakós. El mote tiene su origen en las cajas de boquerones con las que recibían, despectivamente, los del Panathinaikós de Atenas a sus eternos rivales; a los humildes chicos del Pireo. El Panathinaikós, fundado en 1908, fue desde el principio el representante de la clase alta social de la capital. Por su parte, el Olympiacós fue fundado en 1925 y proviene del Pireo, de la clase trabajadora, de los astilleros, del puerto sucio y del olor a pescado. Los boquerones, γάυρος, gavros, eran por tanto un mote de desprecio, a lo que algunos seguidores del Olimpiakós respondían con que el apelativo venía en realidad de γαυριάς, gavrias, personas orgullosas que se pavonean de sus artes ligonas y bastantes chulescas. Eso sí es verdad. También en España le llamamos boquerones a los del Málaga, aunque no sé si hay insulto o piropo en este caso; para mí lo segundo porque un boquerón es genuinamente arte de prietas carnes .

La receta de hoy es tan sencilla como sencillos son los placeres del disfrute mediterráneo. Nuestros antepasados almorzaban lo que la naturaleza les proporcionaba y podían conservar para el mañana incierto. Los salazones, encurtidos y escabeches, representan una exquisita simpleza que solo refinados paladares saben valorar y calificar de excelentes o regulares.

Receta: Boquerones en vinagre

Ingredientes
Boquerones

Ajo y perejil
Vinagre
Aceite virgen de oliva y sal

Elaboración
De las dos versiones que me propone Rodi, me quedo con la más “saladita” de Mesologgi:

Se hace una mezcla con dos partes de agua, una de sal y una de vinagre y se remueve hasta que la sal se disuelva. Metemos los boquerones limpios y sin cabeza y lo dejamos reposar 24 horas en nevera.
Tras esta espera, el boquerón seguirá entero, pero desprenderá en este punto la espina muy fácilmente, separando con los dedos su carne por el abdomen.
Servimos los boquerones tras espolvorearlos con un poquito de ajo picado, perejil y bañarlos con aceite de oliva.

Buen provecho.

Γιατί δε με θες κυρά μου
επειδή είμαι ψαράς
κι είμαι λίγο αλανιάρης
σαν ψαράς και σαν βαρκάρης

Και θαρρείς ότι με μένα
δε θα την περνάς καλά

Έχω μια μικρούλα βάρκα
με κουπιά και με πανί
και ψαρεύω κάθε βράδυ
μόνος με το παραγάδι

Και τα ψάρια που θα πιάσω
τα πουλώ στην αγορά

Κι αν ξυπόλητος γυρίζω
μη με βλέπεις και γελάς
τη γυναίκα που θα έχω
ξέρω να την επροσέχω

Και τα κέφια της να κάνω
μην κοιτάς που είμαι ψαράς

Por qué no me quieres señora mía
por ser pescador
soy un poco vagabundo
como pescador y barquero

Y supones que conmigo
no te iría bien

Tengo una barquita pequeña
con remos y velas.
y pesco cada noche
solo con mi palangre.

Y el pescado que cojo
lo vendo en el mercado

Y si regreso descalzo
no me mires y te rías
la mujer que tenga
sé como cuidarla.

Y ponerla de buen humor
no mires que soy pescador.

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Laurel negro. Mavrodafni

Por 5 marzo, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (16 Comentarios)

Hoy buscamos para el guiso de Ioanna un gallo de corral, tuercecuello, holgazán y gallardo, según palabras de Rodi, bien alimentado con granos de maíz, Zea mays para los botánicos, pero también para los clasicistas porque quiere decir diosa de mayo, o Ceres, la divinidad de las siembras y los cereales que volvía a ser feliz en primavera, con la visita de su hija Perséfone. Es decir buscamos un κόκορας chulapón y lustroso. Y si somos muy tragones quizás nos decantemos por un kokoras eunuco que no haya conocido hembra kota, o dicho de otra forma: un capón. Ya de paso aprovecho y os confieso que me encantan las onomatopeyas que utilizan los griegos para sus animales y los sonidos que emiten.

Pero a continuación será indispensable un buen vino que permita ablandar las carnes prietas de semejante pollo, y aquí es justamente donde nos duele más: si es bueno ¿lo voy a malgastar en el guiso? y si es malo ¿no estropeará sus lorquianos “muslos de amapola”? Haced lo que queráis, pero el llamado néctar de los dioses a mí me da dentera derrocharlo.

Como bien me dice mi enlace gastronómico, de las tierras homéricas de Cefalónia nacieron vinos diferentes que zarparon en naves de cóncavas proas a colonizar el mundo y sembrarlo de uvas distinguidas.

Por un lado el delicioso Robola, vino blanco y afrutado que navegó allende del Jónico para transformarse en el Ribolla Italiano de Friuli y el Veneto o el Rebula balcánico. Algo así como lo sucedido con el dulce vino de Samos que arribó a las costas francesas y alsacianas, recaló en Oporto y cruzó el vasto Atlántico para dejar sus descendientes hasta en Chile. El vino y los barcos, una gloriosa coincidencia.

Pero en segundo lugar nos encontramos el “Mavrodafni”, literalmente “laurel negro” un tinto seco y de afamado prestigio en la isla. Esta vez me sorprendí, pues yo el Mavrodafni que conocía era un vino dulce de sobremesa originario del Peloponeso. La historia se asemejaba interesante.

Un avispado Bavaro; de los que vinieron con Oton I de Baviera en 1935, igual de listo que Johan Fuch, que erigió un Grecia el emporio cervecero Fix; decidió comercializar el Mavrodafni y se hizo con su denominación de origen. Todo lo aderezó con una historia romántica de una antigua amante, o esposa, que se llamaba Dafne, Laura, y que era muy morena y de grandes ojos de igual color. Murió y él la añoró por siempre, dedicándole este vino. Pero su “laurel negro” era dulzón; un caldo oscuro al que se le detenía la fermentación añadiéndole destilados de cosechas anteriores y dejándolo madurar con su azúcar residual. El marketing es el marketing y Gustav Klauss, así se llamaba el astuto alemán, se quedó con el mercado. Ya me ha dicho Rodi que no me pierda el original y seco de Cefalonia cuando lo encuentre; no lo pienso hacer.

Y ahora volvemos a Homero y los barcos. Cuando empieza el bardo a narrar el viaje de Ulises y su salida de la cueva de la diosa Calipso, en el canto V, dice así:

…lo dejó marchar de la isla la divina Calipso después de lavarlo y ponerle ropas perfumadas. Entrególe la diosa un odre de negro vino, otro grande de agua y un saco de víveres, y le añadió abundantes golosinas. Y le envió un viento próspero y cálido.

Una travesía como la que emprendían no se imaginaba sin una buena provisión de vino. Me parece muy correcto, no se sabe lo que los vientos nos pueden deparar; como así sucedió. Pero siguiendo con Ulises, me vuelvo a entusiasmar con su encuentro con Polifemo:

¡Aquí, Cíclope! Bebe vino después que has comido carne humana, para que veas qué bebida escondía nuestra nave… y él la tomó, bebió y gozó terriblemente bebiendo la dulce bebida. Y me pidió por segunda vez:

Dame más de buen grado y dime ahora ya tu nombre para que te ofrezca el don de hospitalidad con el que te vas a alegrar. Pues también la donadora de vida, la Tierra, produce para los Cíclopes vino de grandes uvas y la lluvia de Zeus se las hace crecer. Pero esto es una catarata de ambrosia y néctar.

Así habló, y yo le ofrecí de nuevo rojo vino. Tres veces se lo llevé y tres veces bebió sin medida. Después, cuando el rojo vino había invadido la mente del Cíclope, me dirigí a él con dulces palabras…

Lo que sigue ya os lo sabéis, el pobre cíclope, borracho como estaba, se tragó que el otro se llamaba “nadie” y esa fue su perdición.

Nectar de dioses

Receta: Gallo al vino, κόκορας κρασάτος

Ingredientes

Un gallo hermoso troceado.
Dos cebollas grandes y tiernas.
Ajo
Cuatro cucharadas soperas de pasta de tomate concentrada (tomatopoltos)
Un buen vaso de vino tinto
Media cucharita de nuez moscada y media de baharí, conocida también como pimienta de Jamaica.

Ejecución

Sofreír los pedazos de gallo en aceite y reservar. En la misma sartén, dorar los ajos con la cebolla, añadir la pasta de tomate y los trozos de ave.
Desleímos el tomate con vino y añadimos agua hasta cubrir.
Dejar cocer a fuego lento hasta que se ablande la carne.
Servir acompañado de pasta.

Φέρτε μια κούπα με κρασί
και κάντε μου παρέα,
για μένα απόψε η βραδιά
είναι η τελευταία.
Βρε ζωή φαρμάκια στάζεις,
σε βαρέθηκα
κι αν χρυσά παλάτια τάζεις,
είναι ψεύτικα.
Πέστε τραγούδια θλιβερά
απ’ της καρδιάς τα βάθη,
δεν είναι άλλα πιο βαριά
απ’ τα δικά μου πάθη.
Βρε ζωή φαρμάκια στάζεις,

Κι αν δείτε φίλοι κάποτε
μια μάνα πικραμένη,
πέστε ας το πάρει απόφαση
κι ας μη με περιμένει.
Βρε ζωή φαρμάκια στάζεις,

Traedme una copa de vino
y hacedme compañía
para mí esta noche
es la última.
Oh vida, goteas veneno
me aburrí de ti
y si prometes dorados palacios
son falsos.
Cantadme canciones tristes
del fondo del corazón
no hay nada más profundo
que mi dolor
Oh vida, goteas veneno

Y si veis, amigos, alguna vez
una madre con amargura
decidle que lo acepte
y que no me espere.
Oh vida, goteas veneno

Dedicado a mi amiga Laura, Mavrodafni, la filoheléna más heléna de todas. Supongo que no hace falta que explique el porqué.

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Bendito sea el caos.

Por 15 diciembre, 2015 Etiquetas: , , , , Comentar (17 Comentarios)
Quizás la culpa la tuvieron los poetas románticos con sus canciones de libertad, de rechazo de la sociedad del momento, de rebeldía, de independencia, de desprecio a las normas y las leyes que no fueran las de la propia naturaleza. La búsqueda de la libertad y de la belleza era su principal exigencia y el mar fue una inagotable fuente de inspiración. Nunca me volvió loca la poesía romántica pero es innegable que la idea de un velero asociado a un ser libre es común en el imaginario popular gracias a ella, y no habrá muchas personas que no reconozcan los versos de Espronceda y hasta los reciten de memoria.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar…


…Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Luego llegarían muchos otros escritores como Stevenson, como London; aventureros como Slocum, Moitessier y cientos de pirados más que pensaron que la tremenda soledad de un hombre frente al mar era la forma más pura de libertad. Ese es el contagio que sufrimos muchos y que nos hizo cambiar el curso de nuestra existencia para saborear, aunque solo fuera a instantes fugaces esa trascendencia que pocas cosas generan tan profundamente como un barco aislado en una superficie inmensa y peligrosa de agua bajo un cielo colosal. Pero la libertad siempre va asociada a la responsabilidad y a la autogestión, por eso muchos hombres huyen de ella.

El tomar de vez en cuando contacto con la enseñanza  tiene una vertiente inquietante, algo de aterrizaje forzoso, viendo lo que se viene encima y tomando tierra sin descompresión. Da pavor el sopapo que te aguarda. Cada vez que reemprendo las prácticas de navegación tengo la sensación de que esto ha tomado una carrerilla acelerada, cuesta abajo, hacia lo más profundo y que más pronto que tarde me faltará el aire. Hay una corriente infecciosa de banalizar todas las parcelas de la vida hasta vaciarlas de significado que se extiende como un virus y que mes a mes el enfermo empeora a pasos agigantados. No es lo mismo ahora que hace cuatro meses.

No creo que sea necesario recitar a Espronceda para captar el hechizo de la navegación o lo exigente que puede llegar a ser el mar a cambio de hacernos un poco más libres; ha habido muchos marinos casi analfabetos que lo han sentido como ninguno; pero que la literatura ayuda es indiscutible. No pido que nadie se lea a los clásicos para aprender a navegar, aunque sí que sea consciente de que se asoma a un mundo de muchos siglos de antigüedad, desconocido para él y por tanto con una serie de valores a respetar. Y creo que uno de los más representativos es la autosuficiencia una vez se largan amarras. Igual se cose una vela que se sala un pescado, se repara una avería de motor, se idea un aparejo de fortuna, se negocia un temporal o se aguanta uno frente una calma chicha. Salir de estas vicisitudes por uno mismo y sin ayuda externa es el leitmotiv del sabio marino que todos queremos llegar a ser y produce una satisfacción incomparable, te sientes un héroe, te estimula a seguir buscando aventuras vitales en el mar; estás más vivo que nunca. Es así como me recompensa los malos momentos, es entonces cuando me encuentro libre de ataduras. Yo intentaba transmitir este espíritu a los nuevos aprendices. Cada vez se me hacía más difícil. Hoy he abandonado por KO. Creo que es mejor pensar que son unas prácticas de autoescuela y esperar a que salga una buena App para descargarla en el móvil. Me rindo.

 Las preguntas que me hacen intento tomarlas a risa, pero mis respuestas no pueden ser más que ácidas:

– ¿Y no hay un servicio de asistencia en el mar como el de los coches?
– Sí hombre y qué más, qué vengan en helicóptero con la pieza de recambio.
– ¿Y no hay un servicio de práctico que se suba abordo y te amarre el barco?
– Esta es tan obvia que no puedo contestar mas que con un: No.
– Realmente lo más difícil es amarrar, porque una vez sales ya es todo más fácil. ¿No?
– Es verdad, capear un temporal está chupado.
– Pues ya podrían volar todos los bajos que hay, son un peligro para los navegantes.
– Yo añadiría más, que pongan unos carriles de boyas, asemejando autopistas, donde transitemos por riguroso orden y sin adelantar.

 Y de un tiempo a esta parte, una pregunta que antes aparecía casi como una anécdota, ahora se repite en cada grupo de alumnos:

– ¿No hay control de alcoholemia en el mar?
– Habéis oído una canción muy antigua que decía Ron,ron,ron…la botellaa… de ron.
– Bueno, pero esos eran piratas; criminales.

Al principio eran casos aislados, casi como una ocurrencia de preguntar por preguntar, pero la cosa se ha ido acelerando hasta convertirse en un machaque constante y  me muerdo la lengua para no entrar al trapo. Poco a poco he notado que más que una pregunta es un ruego, como si el estado vigilante hubiera bajado la guardia en este caso y los dejara desamparados frente a los actos vandálicos de multitud de borrachos navegantes que acechan detrás de las olas poniendo en peligro sus vidas y las de sus familias. Y yo me quedo mirándolos con asombro y conmiseración ¿Tendrán el síndrome de Estocolmo? ¿No tienen bastante policía, bastantes normas, prohibiciones, revisiones o  material de seguridad obligatorio y reclaman más? ¿Se puede uno a acostumbrar a vivir así? Me produce terror.

Me acuerdo de Grecia con melancolía y con asfixia. También de una frase de Tierno Galvan: Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad. A ambos los echo de menos.

El mar
Canta : Socratis Malamás
Musica: Zemi Karamuratidis




Η Θάλασσα
Tην άκουσα τη θάλασσα
Τα κύμματα να λύνει
Δεν είχα φίλους ναυτικούς
Τσιγάρο άναψα γι’ αυτούς
Που το νερό τους πίνει

Τον άκουσα τον άνεμο
Με δέντρα να παλεύει
Να σπάει στο γόνατο κλαδί
Να μετανοιώνει σαν παιδί
Τα φύλλα να χαϊδεύει

Τον άκουσα τον κεραυνό
Τα κρίματα να καίει
Με την λεπίδα του γυμνή
Κι έκανα μία προσευχή
Γι’ αυτόν που πρώτος φταίει.

Σε άκουσα που έκλαιγες
Κι ήθελες να γυρίσω
Δεν τους γυρνάς τους ποταμούς
Τσιγάρο άναψα γι’ αυτούς
Που πίσω μου θ’ αφήσω.

El mar
Oí el mar
las olas al romper
No tuve amigos marinos
Enciendo un cigarro por estos
a los que el agua se bebe

Escuché al viento
pelear con los árboles
quebrar las ramas
lamentarse como un niño
acariciar las hojas.

Oí al rayo
quemar las penas
con su filo desnudo
Y recé una oración
por el primer culpable.

Te oí llorar
Y querías que regresara
No puedes hacer volver a los rios
Enciendo un cigarro
por aquellos que dejo atrás.

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