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Mediterráneo.

Las buenas hierbas

Por 5 mayo, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (10 Comentarios)

En las hambrunas y las guerras los hombres han tenido que comer hierbas del campo para subsistir, quizás por eso los vegetales, sobre todo los de hoja ancha, han sido estigmatizados como comida de pobres y van asociados a ayunos y penitencias, como la cuaresma y sus obligadas espinacas.

Pitágoras pensaba que el hombre no es carnívoro por naturaleza ya que carece de pico, garras, colmillos puntiagudos u otros órganos y apéndices con los que cazar y desgarrar las presas. Tampoco tiene un estomago capaz de digerir con facilidad la carne cruda. Aunque no todos los pitagóricos eran vegetarianos sí que tenían una reticencia a comer animales derivada también del temor a canibalizar a sus antepasados; por prudencia y por si resultaba cierta la reencarnación era mejor abstenerse. Creían también que la glotonería y los excesos convertían al hombre en un ser tosco y embrutecido sin lucidez ni reflejos. La frugalidad era una exigencia del alma y recomendaban una dieta a base de cereales, frutas y bellotas.

Los griegos clásicos en general comían poca carne y la reservaban para banquetes y sacrificios. El pan y sus derivados era el alimento básico y Homero señalaba que el hombre se diferencia por comer pan, el fruto de la agricultura, al ser merecedor del refinamiento y hacerse sedentario frente a sus antepasados nómadas. Comer pan era síntoma de civilización. Si nos vieran ahora, sentados a la mesa de restaurantes encopetados en los que el pan hay que pedirlo a parte y a lo sumo nos sirven unas rodajitas de bollos sospechosos, pensarían que somos unos bárbaros.

Es cierto que el Mediterráneo, no solo Grecia, en el fondo un mar pobre de recursos y con una tierra en sus riberas reseca y pedregosa, ha albergado pueblos con tendencia al vegetarianismo. Los visitantes de Valencia se sorprenden de que el plato estrella del levante español no es la paella como cabría esperar sino el “bullit”, el hervido. La paella era un guiso especial que se comía los domingos cuando se había conseguido matar a un pollo o un conejo, el resto de los días la dieta consistía en verduras hervidas con patata y cebolla aderezadas con aceite y limón o vinagre. Pero si esto les resulta chocante, más se asombran aun cuando descubren que no es cuestión solo de pobreza si no que nos entusiasma y que hacemos distinción entre unos y otros “bullits” dependiendo de la verdura que lleve. Unos prefieren acelgas, otros alcachofas, otros coliflor, judías. Como si una cata de quesos se tratara, en Valencia, el sabor peculiar de cada hortaliza es considerado la base de la exquisitez del plato. Mientras los no iniciados exclaman que ¡Vaya comida triste! Nosotros pensamos que es un manjar para deleite de elegidos.

Así que la primera vez que visité Grecia y constaté el gusto que tienen para acompañar las comidas de vegetales cocidos con aceite y limón, me sentí como en mi casa. Ellos le llaman “jorta” χόρτα y es un platillo de verduras de hoja grande que varían de especie según la estación del año. La traducción literal sería: hierba; sí, sí, con todas sus connotaciones como veréis en la canción del final de esta entrada. Mi preferida es la Blita, una especie de grelo típico del verano, pero dependiendo del sitio y del mes podemos encontrarnos con una amplia diversidad de géneros, a menudo silvestres, αγριόχορτα, que varían en acidez, dulzura o hasta amargor. Una comida evidentemente más que de pobres, de miserables rebuscadores de plantas del campo, elevada a la categoría de placer culinario, incomprensible para algunos norteños carnívoros. Valga el dato, de paso, que carnívoro en griego se dice “sarcófago”, el comedor de carne; con tal apelativo, como que no apetece mucho darle al chuletón.

De todas formas las cosas también han cambiado entre los helénicos y hoy cada vez más se abusa de la carne y las grasas animales, apartándose de los cánones de sus clásicos y es triste ver que la obesidad entre la población aumenta de forma alarmante. Se hace necesario un nuevo Renacimiento que nos haga vivir libres y ligeros.

Una especialidad griega; no es necesario profundizar mucho en el país para descubrirla; es la empanada de espinaca, σπανακόπιτα, hecha de hojaldre, espinacas y queso, que recuerda bastante, por cierto, a nuestras empanadillas. La puedes encontrar en cualquier panadería o hasta en los bares de carretera, pero debo confesar que hasta que no se prueba una hecha en casa no se le encontrará la gracia, pues muchas de las puestas a la venta tras las vitrinas están un poco secas y deslucidas. Hay que comerla reciente.

espinacas
Las espinacas tienen provienen de Persia y fueron introducidas en España por los árabes allá por el S XI. Su nombre, de hecho, deriva del persa “aspanach”. La cultura árabe prestaba mucha atención a los aspectos medicinales de las plantas y esta se describía como un alimento fácilmente digerible, estimulante, beneficioso para el hígado y el páncreas, y remineralizador del organismo. La espinaca crece bien en suelos ricos y húmedos, pero puede aceptar en cualquier sustrato siempre y cuando éste tenga suficiente materia orgánica, por eso tuvo buena aceptación en el Mediterráneo. El porqué a la pobre hierba se le acabó asociando con la cuaresma y la abstinencia no está del todo claro, a no ser que a los padres de la iglesia les gustase tanto la carne roja que a la susodicha la consideraran forraje de desharrapados y la recomendaran como purga pecaminosa. Ellos se lo perdieron.

Pues ya, sin más preámbulos, os presento la receta de hoy: empanada de espinacas. Según mi confidente culinario, esta receta que ahora os describo es una de las mejores de Grecia porque es de su yayá. Habrá que probarla y opinar. Si quereis leer la receta en griego hacedlo aquí.

Spanakopita según la abuela de Oiniades

Ingredientes

Para una “ronda” grande. La ronda es un recipiente redondo de latón o aluminio.

1 kilo de harina y un puñado más
2 tazas aceite virgen de oliva
½ cuchara de sopa vinagre y ½ de jugo de limón
Agua para la masa
1 kilo de espinacas cortadas en pequeños trozos
1 ramito de eneldo fresco picado
½ kilo de queso feta original griego
Pimienta molida y sal

Elaboración

Para la masa

Ponemos el kilo de harina en un bol y dibujamos un hoyo en el medio. Dentro echamos el vinagre y el limón, un tercio de una cucharita sal y una cucharada grande del aceite. Amasamos bien añadiendo el agua hasta que se haga la masa. Preparamos cuatro bolas de la masa. Cogemos una, la embardunamos con harina de arriba abajo para que no se adhiere a la tabla redonda de madera y extendemos la pasta “filo” con el rodillo. Repetimos con la segunda hasta obtener dos finas hojas de masa a la medida de la ronda.
Aceitamos la ronda bien y extendemos las hojas.

Para el relleno

Juntamos en un recipiente las espinacas, el eneldo, el queso feta cortado en trozos, una tacita del aceite, el puñado que nos sobraba de harina, una pizca de sal y la pimienta. Removemos bien lo extendemos sobre las hojas de masa.
Repetimos la ceremonia de abrir dos bolas de masa más en hojas finas y las extendemos en la ronda sobre la masa.

Para hornear hay que untar la superficie con aceite para que se haga crujiente por arriba y abajo.
Si la hacemos en las brasas hay que darle la vuelta y necesitaremos una tabla redonda de madera que se llama en griego “plastiri”; un utensilio milenario. El ejercicio en cuestión no es sencillo ya que tenemos que tapar la ronda con la tabla y con dos trapos le daremos la vuelta con la ayuda de nuestra cabeza, va en serio creo. Algo así como dar la vuelta a la tortilla con el plato pero a lo grande.
Será conveniente perforar la masa en tres cuatro sitios para que expulse el aire que ha cogido durante la elaboración y la dejamos hornear por una hora.

En Epiro, la época de la emigración masiva, a los mozos que partían a América, Australia o Europa, se les deseaban suerte con un ripio: “Y en la ciudad, panadero!” y les daban un testarazo con la ronda en la cabeza. Ya estoy imaginando a Homero: la ciudad, la polis civilizada, necesita de mucho pan griego para enriquecerse.

Άντε στου παράδεισου την πόρτα
κάποιος φύτεψε δυό χόρτα (δις)
Κι όσο πάνε και φουντώνουν
κι οι αγγέλοι ξεφαντώνουν (δις)

Κρύβει ο άγιος τα κλειδιά του
καθώς βλέπει τα παιδιά του
Να αφήνουν τα ευαγγέλια
και να αρχίζουν τσιφτετέλια

Άντε στου παράδεισου την πόρτα
μεγαλώσανε τα χόρτα (δις)
Και έβγαλαν μικρά λουλούδια
που κολάζουν τα αγγελούδια (δις)

Κρύβει ο άγιος τα κλειδιά του
καθώς βλέπει τα παιδιά του
Να αφήνουν τα ευαγγέλια
και να αρχίζουν τσιφτετέλια

En las puertas del cielo
alguien plantó dos hierbas (bis)
y según crecen y se hacen grandes
los ángeles lo festejan (bis)

Esconde el santo las llaves
cuando ve a sus chicos
dejar los evangelios
y empezar a bailar tsifteteli

A las puertas del cielo
se hicieron grandes las dos hierbas (bis)
y sacaron pequeñas flores
que hacen pecar a los angelitos (bis)

Esconde el santo las llaves
cuando ve a sus chicos
dejar los evangelios
y empezar a bailar tsifteteli

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Cuando el absurdo se hace realidad

Por 25 febrero, 2015 Etiquetas: , , , Comentar (8 Comentarios)
Viajar en barco no siempre es un cuento de hadas; hay malos
momentos; y en especial cuando te mueves por países que no conoces los
problemas con las autoridades son frecuentes; bueno y sin ser extranjeros
también, nuestra benemérita no se queda a la zaga en cuanto a controles y
papeleos. A veces por desconocimiento, a veces por bajar la guardia, a veces
por reglamentaciones obsoletas y farragosas, a veces por interpretaciones
excesivamente rígidas del policía de turno; nadie está exento de meterse en un
embrollo que la mayoría de las veces se salda con una buena multa y siempre con
una experiencia enervante. Yo esto lo he vivido varias veces,  en Italia, en Turquía, en Grecia, en Croacia. En este último caso, que ahora me ocupa, la situación fue bastante más
allá que una experiencia desagradable.
Si bien todavía era finales de Junio el día era tan tórrido
que me sofoco de recordarlo; ni las chicharras, todavía primaverales e
inmaduras, se atrevían a berrear. Aunque el golfo de Kotor tiene unas aguas
gélidas y refrescantes, las enormes masas montañosas mandaban un viento seco y
abrasador que te secaban instantáneamente. Ese golfo es en realidad un cañón
sumergido de un desaparecido río que transporta aguas heladas de las montañas
al mar; creo que es uno de los fiordos más espectaculares del Mediterráneo.
Expiraba nuestro permiso de un mes  para navegar por Montenegro, que recién
estrenada su independencia descubría un país de lo más alegre, esforzado en
agradar al visitante y repleto de banderas rojas con el águila bicéfala dorada
que tantos disgustos ha traído a Europa a lo largo de la historia. Contrastaba
mucho con el carácter callado y hasta hosco de los vecinos croatas, por cuyo
país llevábamos viajando todo el año. Todavía teníamos permiso de unos meses
para navegar por Croacia y salimos de Kotor, Montenegro, para dirigirnos al
puerto croata más próximo, Cavat. Pero como comentaba, el calor era asfixiante,
así que decidimos pararnos en una cala adyacente a la frontera Croacia- Montenegro
donde había otros 4 barcos fondeados. Cuando ya dejaba de apretar Lorenzo una
patrullera apareció solicitando papeles y pasaportes.
– Les hemos visto venir de Montenegro.
– Sí, es verdad, pero todavía tenemos en vigor el permiso de
navegar por Croacia.
– Pero debería haber ido primero a un puerto de entrada.
– Solo habíamos parado para bañarnos.
Pasamos un buen rato de suspense mientras se metían en el
puente y hablaban por radio.
– Sígannos, están detenidos.
No nos dio tiempo ni a protestar, si es que la protesta
sirve de algo en esos casos, antes de que se montara una comitiva de todos los
veleros que estábamos allí siguiendo a la policía, a todos los nudos que da el
motor, rumbo a Cavat y sin pasaportes. A la llegada nos asignaron un lugar
donde echar el ancla y nos avisaron de que a las 7 de la mañana estuviéramos
frente al puesto de la policía.
Con las primeras luces un grupo de extranjeros despistados y
somnolientos nos congregábamos, mientras un puñado de auxiliares hinchables se
empujaban unas a otras, en el muelle. Si
hubiera tenido alguna gracia podríamos empezar con ese chiste fácil de: se
encuentran un neozelandés, un inglés, un alemán, un sueco y dos españoles en un
puerto de Croacia…
En unos minutos apareció un furgón policial que abrió la
puerta corredera con un escueto
– ¡Suban!¡ Solo los caballeros! Las mujeres deben permanecer a
bordo de los barcos.
La mujer neozelandesa se resistió y se introdujo en el
furgón acompañando a su marido del que de ninguna manera pensaba separase. Una
policía con cara de enterradora se encogió de hombros y la observó con desdén.
Yo miré a la furgoneta blindada y miré al barco que se
quedaba solo fondeado. Decidí en un instante fortuito de miradas cruzadas,
acercarme con la neumática y recoger el móvil. Me dio el tiempo justo de
deslizarlo en el coche antes de que cerraran la puerta.
– ¿Dónde los llevan?
– No se preocupe. Estarán bien
.
Por la ventanilla el patrón inglés me gritó: Dile a mi mujer
que estoy bien. Está sola con dos niños pequeños.
El día transcurrió con toda la lentitud que tienen los días
cuando no sabes que sucede y no quieres que suceda o deseas que pase cualquier
cosa para saber qué pasa. Se nos prohibió bajar a tierra. Yo alternaba los prismáticos
con saludos a la pobre británica que me sonreía con un bebe entre los brazos y
otro de corta edad aferrado a sus rodillas. Me llegaban mensajes escuetos.
Estamos en comisaria. Retenidos. Nos van a juzgar. Esperamos el abogado. Faltan
los traductores. Estamos con dos albaneses detenidos en la frontera. Nos
trasladan a Dubrovnik. Se demora. Hace falta que esté libre un juzgado.  Nos declaran culpables, ¿A qué no te lo imaginabas?.
Los llantos de los niños ingleses me despertaban de la
monotonía y veía la cara desencajada de la pobre mujer que ya no sabía qué
hacer para entretenerlos. Fue ya bien entrada la noche cuando recibí un
“volvemos”. Y allí estuve, cuando aparcó el furgón y dejo salir a los
convictos, cabizbajos, hambrientos y sedientos, con sus correspondientes multas
en las manos para hacer efectivas al día siguiente. Sumando la sanción, los
abogados, los gastos de juicio y los traductores, el resultado era una bonita
cantidad a abonar si queríamos salir de allí.
Cuando fui al banco por la mañana coincidí con la pareja
neozelandesa. Les deseé un buen viaje y él amargamente respondió:
– Quiero olvidarme de esto cuanto antes. Nunca me había
sentido tratado de esa manera; solo había fondeado, después de hacer la salida
del país, para tensar la correa del alternador con calma. Me sentí como el
ganado. No nos ofrecieron de comer ni de beber en todo el día, ni nos dirigían la palabra. El feliz viaje
empezará cuando me aleje de aquí.
Es tremendo como una circunstancia así puede dar al traste
con la imagen de un país sorprendente como Croacia. Yo intenté que no me
llevaran los prejuicios y seguir disfrutando de la estancia. Pero la verdad, el
regusto amargo te queda siempre.

Mucho tiempo después, estando amarrados en un puerto oí
comentar a un barco vecino una historia similar que había sufrido en sus carnes
uno de ellos. Y posteriormente leí en una revista náutica testimonios de
diversos patrones que habían pasado por igual trago. Así que la conclusión es
que alguien le había tomado el gusto a la caza y se apostaban en la
frontera para ver picar a las perdices. 
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Un solo deseo

Por 30 diciembre, 2014 Etiquetas: , , Comentar (17 Comentarios)
Tengo un amante, al que adoro desde el primer día; ya ni me acuerdo. A todo el que se topa con él  lo seduce y el que nunca lo ha visto lo desea por encima de todas las cosas. Nada es comparable a su sonido cuando habla y lo que susurra, o el olor inconfundible que deja cuando se marcha, nada es semejante a sentir su abrazo poderoso o contemplar su porte imponente. Un amante tan antiguo como el tiempo, tan feroz como el más malvado de los dioses y tan generoso como la madre tierra. Un amante que nos une y nos separa, nos transporta, nos engulle, nos enseña lo esencial, nos confunde. A veces se enoja y hace muecas terroríficas, pero luego se calma, infinito, y nos regala horizontes de colores, espumas suaves, estrellas duplicadas, caminitos blancos de lunas redondas y brincos monótonos que vienen de otras orillas. Espejo para mirarse.

Pero mi amado esta enfermo, sucio, triste, aburrido y desencantado. No entiende de hermosuras, pero tampoco de inmundicias; si alguna vez fue cuna de cuentos y aventuras, hoy solo una ajofaina pestilente donde se lava los pies la misma civilización que antes fabulaba leyendas. Ni sirenas, ni nereidas, ni titánes, ni monstruos de tres cabezas. Botes, plásticos, aceites y colillas son los seres mitológicos que hoy dibujan las estelas de los antiguos héroes; los que llenaron nuestra cabeza de fantasías dejándose la vida entre sus olas.

De deseos buenos van estos días, yo solo tengo uno, aunque no pequeño; que podamos seguir mirando el mar sin avergonzarnos de nosotros mismos. Con seguridad y sin pretextos, todos podemos poner algo de nuestra parte. Así que propongo un ejercicio para quien le conmueva una playa llena de escombros tras el temporal; recoger unas cuantas bolsas. Será un excelente comienzo del año para el cuerpo y el espíritu.
Buena proa a todos… pero en un mar guapo, en una mar guapa.

Plany al Mar

Bressol de vida, camins de somnis
Pont de cultures
¡Ai,qui ho diria!
Ha estat el mar

Mireu-lo fet una claveguera
Mireu-lo anar i venir sense parar.

Sembla mentida
Que en el seu ventre
Es fes la vida
¡Ai,qui ho diria!
Sense rubor

Mireu-lo fet una claveguera
Ferit de mort.

De la manera
Que el desvalisen
I l´enverinen
¡Ai,qui ho diria!
Que ens dona el pa

Mireu-lo fet una claveguera
Mireulo anar i venir sense parar

¿On son els savis
I els poderosos
Que s´anomenen
Ai,qui ho diria
Conservadors?

Mireu-lo fet una claveguera
Ferit de mort.

Quanta abundancia
Quanta bellesa
Quanta energia
¡Ai,qui ho diria!
Feta malbé

Per ignorancia,per imprudencia
Per inconsciencia i per mala fe.

Jo que volia
Que m’enterressin
Entre la platja
¡Ai, qui ho diria!
I el firmament

I serem nosaltres
¡Ai, qui ho diria!
Els qui t’enterrem.

Llanto por el mar


Cuna de
vida, caminos de sueños,
Puente de
culturas
¡Ay, quienes
lo diría!
Ha sido el
mar.
Miradlo
hecho una cloaca.
Miradlo ir y
venir sin parar.
Parece
mentira
Que en su
vientre
Se hiciera
la vida.
¡Ay, quien
lo diría!
Sin rubor
Miradlo
hecho una cloaca,
herido de
muerte.
De la manera
Que lo
desvalijan
Y lo
envenenan,
¡Ay, quien
lo diría!
Que nos da
el pan
Miradlo
hecho una cloaca.
Miradlo ir y
venir sin parar.
¿Dónde están
los sabios
Y los
poderosos
Que se
denominan
¡Ay, quien
lo diría!
Conservadores?
Miradlo
hecho una cloaca,
Herido de
muerte.
Cuánta
abundancia,
Cuánta
belleza,
Cuánta
energía
¡Ay, quien
lo diría!
Echada a
perder!
Por
ignorancia, por imprudencia,
Por inconsciencia
y por mala fe.
Yo que
quería que
Me
enterraran
Entre la
playa
¡Ay, quien
lo diría!
Y el
firmamento
Y seremos
nosotros
¡Ay, quien
lo diría!

Quienes te
enterramos.
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Días nublados

Por 7 septiembre, 2014 Etiquetas: , Comentar (21 Comentarios)
El tiempo, lento e infinito, va sacando a la luz cuanto está oculto y oculta las cosas manifiestas.
 Ayante. Sofocles.

Llegó el 1 de septiembre, momento de felicitación en Grecia donde siempre se desean buenos augurios los primeros días de mes y que sirvan para todos los 30 días siguientes ¡Καλό μήνα! Llegó el primero de septiembre y con el ¡Buen mes! Se abrieron los firmamentos y se precipitó el universo. Llovió de manera apasionada y furibunda hasta que el cielo se quedó blanco y seco, consumido de llover, ahíto de nubes negras. Yo me lo tomé como un “iros todos al carajo y dejadme en paz, humanos simplones y majaderos”.

La flota de chárter permanecía en puerto y sus tripulantes, cual ánimas en penitencia, se desplazaban de una taberna a otra cubiertos con las capuchas llamativas de sus trajes de agua, esperando que esa bóveda oscura y sombría dejara de rugir y les permitiera, aunque solo fuera uno; el baño en las tranquilas aguas jónicas. Que iba a ser de ellos si Poseidón no les daba un respiro, ni podían desplegar sus velas blancas para surcar los mares de Homero ¿Vuelta a Liverpool, Frankfurt, Madrid o Roma y ya está? ¿Y las fotos de aguas cristalinas en Facebook? La naturaleza es insensible y no tiene conmiseración con el turista.

Esas aguas torrenciales me vinieron al pelo, porque necesitaba de purificaciones y baldeo; el agosto te va dejando un poso amargo que hay limpiar si quieres mantenerte erguido sobre cubierta. Serán los años que ocultan las cosas manifiestas o será el tiempo, que deja a la luz las cosas más escondidas, pero el caso es que el verano cada día es más impertinente y acabas atándote al mástil para no oír las voces agrias de las sirenas diciendo:

Sal de aquí; tú ya no perteneces a este mundo.

Gente buena. Gentes malas. Amigos que se marcharon sin hacer ruido y cuando más falta hacían. Tengo la sensación que mueren más indios que vaqueros; o es que los primeros lo hacen en elegante silencio; como Ra. Todo se lo llevó el verano.

El turismo masivo es una fuente de contaminación y de insatisfacción enorme. Cuando aparece el primer extranjero todos son sonrisas y parabienes. Su llegada es motivo de alegría y comadreo:

– ¿Cómo es tu país? Siéntate a comer con nosotros. Toma esta fruta para el viaje…

El segundo acto empieza cuando se siente la necesidad de que nos visiten para poder vivir de ellos y abandonar las cabras y los cultivos, el campo duro y embrutecido. Luego viene lo de que preciso muchos visitantes más para pagar todo lo que he invertido en atraerlos. El desenlace final es la constatación de que tu vida ha cambiado tanto que ya ni la reconoces, los turistas vienen pero tú sigues siendo igual de pobre que antaño con las cabras, pero ahora las añoras e imaginas sus balidos y sus fantasmas pastando en el lugar donde se yerguen unos apartamentos. Es entonces cuando comienzas a culpar al turista, como la fuente de todos tus males.

Ilustrativo es el ejemplo de la Señora Spiridula que ofrecía sonrisas y  duchas en su casa a los navegantes a cambio de la voluntad. Con el tiempo reformó su baño y puso más duchas. Ahora cobra 3 € por cliente, te recibe con cara de enterrador y si a los 10 minutos no has acabado comienza a aporrear la puerta. Supongo que si persistes en tu demora es capaz de cortar el agua y dejarte enjabonado esperando el juicio final.

Los turistas también tienen parte de culpa, por supuesto, porque buscan exotismo pero en el fondo quieren sentirse como en casa:

– ¿Cómo es que no puedo pagar con visa en esta taberna colgada del pico de una montaña de esta isla desierta que solo se llega en barca? Pues habrase visto.

Y se dedican a la fotografía indiscriminada que vuela inmediatamente al ciberespacio o a los comentarios irreflexivos e ignorantes en cualquier foro que pillen, sobre lo que comen y beben.

– La verdad es que para comer, como en España (cambiar por cualquier otro país) no se come en ningún lado.

He visto gente que solo se sienta en una taberna si está recomendada en el Tripadvisor. Aunque la de al lado sea más bonita, más barata y te la haya sugerido un habitante local.

En fin, que esta lluvia abundante y ahogapenas en el fondo es una catarsis estival que da paso a la dulzura de unas islas con los arboles encendidos de gotas que cuelgan de sus hojas, como mocos después del berrinche. Dejaremos que el reloj inexorable saque a la luz lo que quiera o pueda. Mientras tanto me deleito con esta canción de  Βασίλης Τσιτσάνης,  Vasilis Tsisanis, que me encoge el corazón desde el primer día que la oí, tanto como los días nublados.

Συννεφιασμένη Κυριακή,
μοιάζεις με την καρδιά μου
που έχει πάντα συννεφιά,
Χριστέ και Παναγιά μου.

Όταν σε βλέπω βροχερή,
στιγμή δεν ησυχάζω.
μαύρη μου κάνεις τη ζωή,
και βαριαναστενάζω.

Είσαι μια μέρα σαν κι αυτή,
που ‘χασα την χαρά μου.
συννεφιασμένη Κυριακή,
ματώνεις την καρδιά μου

Domingo nublado,
Te pareces a mi corazón
Que siempre tiene nubes,
Dios mio y la Virgen.

Cuando te veo lluvioso,
No estoy tranquila.
Me oscureces la vida,
Y suspiro con pesar.

En un día como este,
Perdí mi alegría.
Domingo nublado,
Desangras mi corazón.

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