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Mitología

Magia de estrellas

Por 25 diciembre, 2011 Etiquetas: , , Comentar (12 Comentarios)

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle.
Mateo 2 1-12 

Adoración de los Magos de L. da Vinci
Celebramos la Navidad, el nacimiento de un Dios. Este evento, con las mismas fechas, lleva ocurriendo desde que el hombre aprendió a mirar al cielo y a comprender que el astro brillante que aparecía y desaparecía, iluminando y ocultando las cosas, era la fuente de energía de animales y plantas, de mares y tierras; era un dios. Y le llamaron Ra, Osiris, Mitra, Helios, Apolo… Y lo adoraron porque se lo merecía, porque mandaba sobre las cosechas, regía el apareamiento de los animales y su posterior abundancia para la caza; el frío y el calor, la luz y la oscuridad. Porque cambiaba, con su ciclo, el aspecto y las emociones  de la vida.
Si el sol era un dios, su ciclo visible-invisible diurno, lejano-cercano anual; eran la pauta y el ritmo de la existencia. Por esto, los solsticios, cuando el sol adquiere la máxima declinación, fueron desde tiempos remotos, momentos importantes de cambio de periodo;  eran momentos de grandes festejos y conmemoraciones. El año era realmente un ciclo de vida-muerte-renacimiento del dios.
La palabra solsticio viene del latin; sol sistere; cuando el sol está quieto. Durante la primera  parte del año, el sol asciende. Alcanza una declinación positiva máxima en el solsticio de verano, el 21 de junio,  y comienza a descender hasta llegar al solsticio de invierno, alrededor del 21 de diciembre, cuando su declinación es  la máxima negativa; el sol se para para comenzar a ascender nuevamente.
En las culturas del hemisferio norte, tras el solsticio de diciembre, crecían los días, aumentaba la temperatura, acababa la época de escasez de alimento. Era un gran momento de regocijo.
Durante esta fecha ocurría un hecho astronómico curioso. Las tres estrellas que forman el cinturón de Orión están alineadas. A estas tres estrellas se las conocía como los tres reyes o los tres magos (con el sentido de astrónomos o científicos, más que el de hechiceros). Si prolongamos la línea de los tres magos aparece Sirio, postulada por algunos  como la famosa estrella de Belén. Ya comenté anteriormente en este blog la importancia de Sirio, la estrella más visible del firmamento, para los griegos y los egipcios, que llegaron a tener un calendario basado en Sirio o calendario Sótico. Los tres reyes  apuntaban hacia  Sirio que marcaba el sitio donde nacería un dios.
 
¡Elemental! la declinación  de Sirio y del sol, el día de su solsticio, hace alrededor de 5000 años (época aproximada de las primeras observaciones astronómicas en el Mediterráneo), era aproximadamente la misma y cercana a -23,5º.
Podemos hacer un experimento. Tomando un planetario, que cualquiera se puede descargar de forma gratuita en http://www.stellarium.org , buscamos el solsticio de invierno del año 3000 a.c. Si prolongamos los tres magos nos marcará a Sirio, claro, que aparecerá por un punto en el horizonte; el mismo por el que  horas después veremos nacer el sol; el dios, el benefactor el que acaba con el frío, el que se lleva la hambruna ¡Brindemos por el!
Los+tres+reyes+2.jpg.Magia de estrellas

Cuidado que en el Stellarium el solsticio de invierno del año -3000 aparece sobre el 9 de enero, el programa no corrige el calendario según la precesión de los equinoccios.
¿Sincretismo? ¿Casualidad? En todo caso es un curioso cuento. Aquí os lo ofrezco, deseando que el cinturón de Orión os traiga muchos regalos este solsticio.
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Las Pléyades y los barcos

Por 18 marzo, 2011 Etiquetas: , Comentar (6 Comentarios)
Y si el anhelo te lleva a navegar en mares tormentosos,
cuando las Pléyades huyan del poderoso Orión
y se hundan en las brumosas profundidades
y todos los borrascosos vientos rujan,
no sigas entonces con tu barco en el oscuro mar
sino, como te pido, recuerda trabajar en tierra.
 
HESÍODO. Trabajos y días
 
 
La atmósfera limpia e impoluta de nuestros antepasados hizo, con toda probabilidad,  que observar el cielo  fuera un acto de lo más natural. En el  firmamento destacaría  el cúmulo de las Pléyades; objeto de preocupación e interés, origen de mitos y leyendas a lo largo de la historia en todas las culturas de la tierra, sin excepción.

Mención a las Pléyades encontramos en la Biblia, en la Odisea e Ilíada; y mucho antes, en los anales Chinos de hace mas de 4500 años.
La explicación es sencilla: Las Pléyades se encuentran cerca de la eclíptica (trayectoria imaginaria que describe la tierra en la también imaginaria esfera celeste) unos 4º, en la constelación de Tauro y tanto en primavera como en otoño se vuelven muy vistosas (hace unos 5000 años estaban justo sobre el ecuador celeste). El orto helíaco del grupo de las Pleyades (primera salida de un astro, al amanecer, cuando ha permanecido oculto tras un periodo de invisibilidad) tenía lugar en primavera y daba paso a la apertura de la época de navegación y de cosechas.
El ciclo anual de las Pléyades se inicia ahora el 15 de mayo, cuando el Sol se alinea entre la Tierra y las estrellas.  Se empiezan a hacer  visibles progresivamente a partir de las madrugadas de junio. Cuando la Tierra se vuelve a colocar entre el Sol y las Pléyades, sobre el 20 de noviembre, se pueden ver en el cielo durante casi toda la noche, cerca de nuestro cenit.
Ya he comentado con anterioridad que los griegos consideraban dos épocas al año en referencia a la navegación: la estación invernal cerrada a las rutas de barcos, donde hasta el mismísimo faro de Alejandría se apagaba; y el verano o estación abierta a las grandes singladuras.
 
En la era de orden Dórico de la antigua Grecia, el calendario estaba regulado también por la posición de las Pléyades. Tenía dos partes, una que empezaba a principios de mayo y otra a principios de noviembre, relativa a la ubicación de las Pléyades con respecto al punto vernal (algo así como el meridiano de Greenwich de la esfera celeste). Posteriormente, Hipócrates dividió el año en cuatro estaciones sobre la base de las Pléyades y su relación con el Sol.
 
La mitología griega nos las presenta como siete hermosas jóvenes hijas de Atlas y Pleyone. De ellas se enamoró Orión que las persiguió incansablemente hasta que Zeus las convertió en palomas y las mandó al cielo. Allí, ellas con Tauro; Orión detrás, con su arco; las persigue eternamente por el firmamento.
De esta enrevesada historia divina nace lo complicado de establecer la etimología de su nombre  (Πλειας Pleias, ‘muchas’; Πλειάδες Pleiades, ‘hijas de Pléyone’; o Πελειαδες Peleiades, ‘hijas de palomas)  siete hermanas, siete palomas, siete cabritillas, siete novias, siete bailarinas, siete hijas de Pleyone… Siete, siete; aunque son muchas mas; de hecho son un cúmulo de unos 12 años luz de diámetro, que contiene un aproximado de 500 estrellas.
 
Pero yo prefiero, como apunta Robert Graves en su libro “Mitos griegos” que provenga del verbo πλεϊν, ‘navegar’, pues el grupo de estrellas es visible de noche en el Mediterráneo durante el verano, lo que coincidía con la temporada de navegación en la antigüedad.
 
 
Las Pléyades debieron haber sido muy bellas , pues varios de los más importantes dioses olímpicos (incluyendo a Zeus, Poseidón y Ares) mantuvieron relaciones con ellas, que acarrearon el nacimiento de varios hijos. Todas menos Merope, enamorada de Sísifo; un mortal. Así en el cúmulo abierto de las Pléyades sólo seis de las estrellas brillan intensamente. La séptima, Mérope, lo hace débilmente porque está eternamente avergonzada de haber mantenido relaciones con un hombre de carne y hueso.
 
7CB0DC7D0.jpg.Las Pléyades y los barcos
 Pléyade perdida de W. Bourgueau  (1884)
Siguen siendo hermosas aún hoy para pasar una noche contemplandolas con un  telescopio bajo un cielo raso.
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