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Música

El baile de Salomé

Por 21 mayo, 2014 Etiquetas: , Comentar (13 Comentarios)
Con los párpados medio cerrados, torcía la cintura, balanceaba el vientre con ondulaciones de ola, hacía temblar sus dos senos y su rostro permanecía inmóvil y sus pies no se detenían. (…) Luego fueron los transportes del amor que quiere ser saciado. Bailó como las sacerdotisas de la India, como las nubias de las cataratas, como las bacantes de Lidia. Se volvía a todos los lados como una flor agitada por la tempestad. Los brillantes de sus orejas saltaban y la tela que colgaba por la espalda refulgia en tornasoles. De sus brazos, de sus pies y de sus vestidos brotaban invisibles chispas que inflamaban a los hombres. Cantó un arpa. La multitud la acogió con aclamaciones. Sin doblar las rodillas, separando las piernas, se arqueó tanto que la barbilla le rozó el suelo. Y los nómadas acostumbrados a la abstinencia, los soldados de Roma expertos en libertinajes, los avaros publicanos, los viejos sacerdotes agriados por las disputas, todos, dilatando las aletas de la nariz, palpitaban de deseo.
G. Flaubert. Herodias

Con música me voy a despedir esta temporada, porque este blog cíclico empieza y acaba en Grecia; renace cada año como el sol bostezante del 22 de diciembre, a la espera de que nuevas aventuras puedan llenarlo. Nunca creí que me daría para tanto.

Pero en este caso lo hago con música que habla de baile y no de uno cualquiera, si no de esos que nos transportan a no se sabe donde.  Porque en las culturas orientales los bailes tienen una componente mística y ofrecen la posibilidad de la transposición y de adentrarnos en nuestro lado espiritual. Como ejemplo más llamativo está el “Sema” de los Derviches que con sus giros infinitos tratan ahuyentar su ego.

He escogido esta Salomé de  Ludovikos ton Agnogión, cantad por Lizeta Kallimeri y Sokratis Malamás porque me ha gustado, sin más. Su letra, como tantas otras, tiene cosas poco claras para mí; pero las elijo porque me atraen y luego las desgrano y las estudio para ver si me siguen gustando. Sí, así es en este caso.

La canción nos recuerda a una Salomé que incendia los corazones y que no deja indiferente a nadie, solo a un pobre San Juan prisionero que perdió la cabeza por ella de la forma más literal posible. Una de las leyendas más pintadas, escritas, filmadas y musicadas de la historia. La potencia de este relato no solo es la del baile velado de una adolescente fatal, seguida por las miradas de hombres de ojos glotones, lo más duro llega al final cuando la joven sensual besa la cabeza cercenada del único hombre que no ardió por ella; el deseo y la muerte, ahí es nada. Como no sucumbir a este cuento tan tremendo.

En esta canción nuestra Salomé se llama Ana y baila con tanto sentimiento que hace arder el corazón del músico que entona la melodía que da comienzo a la fiesta.  El Taksim, del que habla, es una improvisación instrumental que  precede a una composición musical oriental. Según los modos melódicos de la música árabe, los maqam, se tomaba una tónica y se hacía una progresión melódica, el intérprete tenía libertad para moverse por el maqam e incluso adentrarse en otros, siempre que al final acabara en el original. Suele constar de un solo instrumento acompañado por una discreta percusión y se adereza con bailes ondulantes y voluptuosos en los que las caderas de una bailarina describen un 8 incesante, el símbolo del infinito. Nada que ver con chabacanos espectáculos de striptease occidentales, en oriente siempre los bailes son mucho más serios y trascendentes.

Pues ya está, aquí os dejo con la música, que disfrutéis. Seguiré escribiendo desde Grecia.





Σαλώμη 


Του φεγγαριού το ασήμι
πάνω στο καλντερίμι
απλώθηκε
κι η Άννα το αγρίμι
στου Φώτη το ταξίμι
σηκώθηκε.

Να βγει και να χορέψει
τους άντρες να μαγέψει
μεσ’ τη γιορτή.
Και την καρδιά του Φώτη
θα τηνε κάψει πρώτη
σαν το χαρτί.

Αν έκλαψε η Σαλώμη
στου πάθους τη συγνώμη
θα λυτρωθεί
μα το βαρύ της στέμμα
ρουμπίνι με το αίμα
θα μπερδευτεί.

Salomé


La plata de la luna
Sobre la calle empedrada
Se tendió
Y Ana salvaje
Con el Taksim de Fotis
Se levantó

Para salir y bailar
y encandilar a los hombres
en su juego

Y el corazón de Foti
Se prenderá fuego el primero
Como un papel

Si  llorara Salomé
Con la pasión del perdón
Se redimiría
Pero el peso de la corona
Roja con la sangre
La confundirá

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Do, mi, sol, do…Orfeo

Por 8 abril, 2014 Etiquetas: , , , Comentar (9 Comentarios)
Cuando había publicado la entrada anterior me encontré con una canción preciosa para poner, pero no iba a modificarla una vez difundida por la nube y aunque pensé hacerle un enlace al final, me daba pena que se quedara como una posdata que nadie vería; así que como creo que se lo merece, le voy hacer otra entrada a Orfeo y su amada Eurídice.

Decía Esquilo de Orfeo que “lo atraía todo con su voz”; ejercía su magia sobre seres vivos e inanimados. Apaciguaba a bestias y humanos, hasta dejarlos sumidos en un embelese despreocupado e indolente que les hacía doblegarse a sus requerimientos. El mismísimo Hades, el más estricto de los dioses, consintió en devolverle a su esposa con solo una condición; la que él fue incapaz de cumplir, como sabemos.

Lamento de Orfeo – Alexandre Séon (1855-1917)

La música penetra directamente en nuestro interior, venciéndonos con facilidad y atravesando la barrera de nuestras fieras del inconsciente y allí nos enerva o nos relaja, sin que nuestra voluntad pueda hacer nada por remediarlo. Cuando oigamos esa canción que nos llega directamente al corazón, acordémonos de que es Orfeo quien la canta.
Para los griegos clásicos, la música era el arte de las musas, de ahí su nombre, incluyendo como tal a la poesía y la danza, pues como en ella, tienen importancia primordial el ritmo, los acentos, la cadencia, las notas, las palabras y los movimientos. Siguiendo esta necesidad de aunarlo todo, mucho después se inventó la Ópera, pero no me adelanto, volveré a ello más tarde.
Cuentan que Orfeo aprendió a tocar su lira; un regalo del mismo Apolo; oyendo trinar a los pájaros y agitarse las ramas, por eso su canto era tan cercano y sosegante, porque provenía de la propia naturaleza; al hablar su mismo idioma era capaz de convencerla dulcemente y apaciguarla. Orfeo movía y arrastraba árboles y rocas con su voz, dispersaba las tormentas y hasta detenía la Luna. Su canto era pausado y relajante sin ningún parecido con los sones típicos de brujos o chamanes que entran en trance a base de percusión. Aun así su vertiente de mago está más que demostrada.
Hay que aclarar que la música de aquellos tiempos, de la cual no se conserva nada o casi nada, era homófona; no se imaginaban melodías diferentes y simultaneas, ni conocían la armonía que nosotros usamos para componer. Si cantaban a coro lo hacían todos al unísono y los instrumentos acompañantes tocaban la misma nota que el cantante.
La música es magia, Orfeo un hechicero, las matemáticas unas encantadoras de serpientes. A Pitágoras se le adjudica el descubrimiento de las leyes de los intervalos musicales y su relación con la aritmética. Una cuerda vibra, y  emite un sonido, con una frecuencia inversamente proporcional a su longitud. Los pitagóricos observaron que todas las notas que se armonizaban con otras y sonaban agradables al oído salían de cuerdas cuyas longitudes se relacionaban entre sí por simples proporciones de números enteros. Además los cuatro primeros números (que ellos llamaban tetrakis), tenían un significado muy especial para ellos. Los intervalos que hoy conocemos como de octava, cuarta y quinta se correspondían con longitudes de cuerda que se relacionaban mediante razones de 2/1, 4/3 y 3/2;  les llamaron diapasón, diatesarón y diapente respectivamente. Ah, ¡Fantástico! la música estaba escrita en los números y ellos solo tuvieron que ir allí a escucharlo. No me voy a extender mucho en explicarlo, porque se haría larguísimo, pero al que le interese puede visitar el siguiente artículo. No os dejéis apabullar por las formulas, son simples medias
aritméticas.
Para la escuela de Pitágoras, la música tenía un valor ético y medicinal; hoy en día hay teorías que demuestran que no andaban muy descaminados; al que le guste el tema le recomendaría el interesante libro del neurobiólogo Oliver Sacks, “Musicofília”, que habla sobre eso. Pero los pitagóricos además, creían en el movimiento armónico del universo de la misma forma que las notas; los cuerpos celestes se distribuían de acuerdo a un patrón que seguía también las leyes de la armonía musical. Los planetas entonaban una melodía que no podíamos oír porque era tan potente que nuestro oído imperfecto no tenía sensibilidad para captarla. Era frecuente encontrar a Pitágoras sumido en el silencio intentando escuchar los acordes del universo, la música de las esferas.
Mito potente el de Orfeo, no es extraño que su personaje apareciera en todo tipo de leyendas y aventuras épicas como el viaje de Jasón y su propio descenso a los infiernos. Y tampoco que ascendieran su lira a los cielos en forma de constelación. Ni nos sorprende que él y su leyenda transciendan a épocas y países para volver aparecer constantemente.
El origen de la Ópera, tiene lugar en Florencia donde se reunían un círculo de artistas y profesores  llamado la Camerata Florentina, a mediados del SXVI. Este grupo trataba de dar vida al olvidado arte de la “Tragedia Griega” entendiéndolo como una representación donde la música, la poesía y el baile debían ir de la mano. Pues, casualmente, una de las primeras composiciones que se crean siguiendo esta doctrina fue la “Eurídice” de Rinuccini-Peri. Y la primera obra que tiene un estructura como para denominarse Ópera ¿Se llamaba?…”La Favola d’Orfeo” de Monteverdi.


…La Música
Desde mi Parnaso amado
vengo a vosotros, ilustres héroes,
famosos descendientes de reyes, 
de los que la fama relata
imperfectamente sus méritos…
Y más tarde  Gluck nos deja su hermosísima “Orfeo y Euridice”. Creo que lo mejor es que os la cante la misma Euridice, salida del Hades, en primicia para navegando por Grecia

Stravinsky  también se interesó por un Orfeo desesperado, tras la muerte de Euridice y su necesario descenso a los infiernos, dejándolo plasmado en un ballet que no fue de sus composiciones más famosas.

Llega el cine y  una trilogía de un “Orfeo” surrealista, de Cocteau. Y  más tarde la entrañable brasileña “Orfeo negro”, muy famosa en su día
por la canción de “Mañana de carnaval“. La película estaba basada en una obra de
teatro de un joven Vinicius de Moraes y consiguió hacer popular una música
hasta ese momento desconocida para el resto del mundo, la brasileña.

Vaya tostón que estoy
dando hoy, pero es que me pongo con una cosa y acabo recorriéndome wikis, estanterías y filmotecas, sin que esto tenga fin, se tira del hilo, se hila,
se enreda y … nunca, nunca se acaba.
Todo venía por querer poner la canción de esta joven
compositora, Katerina Polemi, de padre griego, madre brasileña y criada en
Londres y  Boston; su música es un compendio de todo ese trasiego cultural e igual canta
jazz, que bossa nova, que música griega; creo que oiremos hablar de ella en el
futuro porque tiene una musicalidad fuera de lo común. Y os aseguro que ha sido
totalmente casual el que haya empezado hablando de mitos griegos y haya acabado
con carnavales, imitando la extraña mezcla de esta mujer. Pero las casualidades ¿existen?

Pues ya está, “El vals de Orfeo”, tema principal de la obra de teatro “Eurydice”, de Sarah Ruhl, compuesto por Katerina Pollemi, a la que se puede ver en el vídeo dirigiendo y tocando la guitarra. Nunca dejaremos descansar al mito.

Y ahora sería el momento oportuno para que alguien me preguntara:
– ¿Para qué sirve aprender griego?
– Para pasármelo de puta madre, Señor ministro
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El canario que me amó

Por 18 marzo, 2014 Etiquetas: , , Comentar (11 Comentarios)
Εl 30 de agosto de 1964 había un gran revuelo en Lefkada; y un joven de 18 años que no dejaba las uñas quietas. Había nacido en Anfilokía, en el continente, pero estudiaba música en la isla y se le consideraba uno de los mejores pianistas de su promoción. Estaba prevista su actuación dentro de las jornadas festivas dedicadas al arte y la literatura que cada año organiza el ayuntamiento de Lefkada. Se sentía seguro de sí mismo y había estudiado concienzudamente las piezas que iba a tocar, pero una noticia de última hora le había quebrado sus nervios de acero. La gran Maria Callas había accedido a cantar esa misma noche, gracias a la mediación de Onassis. Todos sus compañeros y profesores habían pensado en él como el mejor acompañante posible de la divinisíma. El joven se llamaba Kyriakos Sfetsas y mucho tiempo después se convertiría en un afamado pianista y conocido compositor, pero ese día de agosto solo se le ocurrió exclamar:

– ¡Estáis locos!

Un mordisco dañino se instaló en su estómago para no abandonarle en todo el día. Y fue todavía más mortífero cuando se encontró a la Callas de frente y alguien se apresuró a presentárselo como el piano que le acompañará, Señora, encantado, en su actuación de esta noche. Ella le sonrió y se le acercó con una partitura en la mano; la transcripción para piano del aria “Voi lo sapete, o mamma” de Cavallería Rusticana. El pobre Kyriakos apenas podía sostener el papel entre sus manos y le suplicó a la diva, con voz trémula:

– ¿Me puedo quedar solo unos minutos?

Se dirigió a un callejón a estudiar la para él desconocida partitura e intentó seguirla con los dedos. Transcurrido su tiempo de gracia lo llevaron al escenario en volandas, donde era público y notorio el miedo que lo paralizaba. Pero la diva le apretó el hombro y le acarició el pelo, obrando en él un sortilegio que le dejó quieto y sereno, dispuesto al sacrificio. La plaza se elevó, como un milagro, por el silencio sobrecogedor que se extendió sobre el pueblo y comenzaron las notas a resbalar de los dedos del pianista, suaves y decididos cada vez más, y a derramarse por las callejas de colores, haciendo que todo el mundo saliera a sus balcones y sus patios. Cuando inició la soprano la melodía, llenó de sonidos asombrosos la noche de un público que contenía la respiración; el de la plaza, las terrazas, el puerto y los barcos paralizados; se creó una atmósfera irrepetible, con la cooperación del perfume de los galanes de noche, como describen los que asistieron. Porque la Callas no era lo que cantaba, si no lo que decía en silencio, la electricidad de sus palabras sueltas, la invasión del corazón de sus espectadores que se identificaban con su canción aunque les estuviera cantando en un idioma incomprensible. Y a todos, sin excepción, se le pusieron los pelos de punta cuando llego al:

– M’amò… l’amai!  L’amai, ah! l’amai!
Me amó…¡ le amé! Le amé ¡Ah ¡Le amé!

Y se extasiaron levitando, con lo de:

– Io son dannata.
Estoy maldita.

Sin saber ellos que era la premonición de su propia vida esos lamentos de Santuzza, al enterarse de que su hombre prefería a una antigua amante a sus espaldas y un preludio de la catástrofe, la de María y el de la propia ópera, que acaba como solo puede acabar una tragedia siciliana.

De entre todos los hechizados había un hombre llamado Petros Malfi. Se quedó tan conmovido que salió corriendo para su casa y descolgó una jaula de la pared. La transportó cubierta con una sábana para que el pájaro que había dentro no se asustara y a trompicones se hizo espacio para acercarse a la diva. Le ofreció la pajarera con los brazos extendidos y la destapó, con el sobresalto de un canarito que miraba a todos con ojos afilados.

– Este pájaro es mi bien más preciado, canta cómo los ángeles, pero el señor no le ha dado un cerebro cómo para emocionarme tanto como usted lo ha hecho esta noche. Acéptelo como el mejor regalo que puedo ofrecerle y espero que le alegre la vida como a mí me la alegró.

Esa fue la última vez que María cantaría sobre un escenario griego y el declive de su voz que vino después, es conocido por todos y repetido hasta la saciedad en las revistas del corazón, biografías y películas. Pero lo que nadie nunca contó es que fue de ese canario suertudo y superdotado. Yo pienso que es posible que acabara en una celda de oro en Skorpios, o quizás viajó a Paris y allí se recluyó tras un gran ventanal con vistas al Sena, o tal vez se quedó mudo, o bien, un alma caritativa le abrió la puerta de barrotes dorados para que él saliera a conocer mundo, cantando:

M’amò… l’amai!  L’amai, ah! l’amai!



Estas son todas las fotografías que he podido recopilar del evento, la mayoria sacadas de lefkada.gr:

A la derecha abajo se puede apreciar la jaula del canario



María Callas cantando junto a Kyriako Sfetas

Y claro, cómo no acabar con el lamento de Santuzza de la Cavalleria Rusticana. Aunque el video se extiende un poco más allá del aria “Voi lo sapete, o mamma” que cantó en Lefkada,  no he querido cortarlo porque hubiera sido un crimen. Que disfrutéis.

PD: La entrada la he elaborado basandome en recortes de prensa y un video con  la entrevista a Kyriakos Sfetsas relatando su experiencia. Algunas frases pueden ser inexactas; en concreto las que expresa el admirador que le regala el canario; pero los hechos son reales, atendiendo a las fuentes consultadas.

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Abejas y música

Por 11 marzo, 2014 Etiquetas: , Comentar (7 Comentarios)

Solo quería poner una canción de Yiorgos Kazantzis, porque me gustó la música y me gustó, sobre todo, esa voz oscura de Fotiní Velesiotou cantándola, me transmitía con facilidad  toda la desesperación de un amante abandonado. Pero como siempre me pasa, me pongo a traducirla y me entra una desazón por entender que es lo que realmente dice la letra, en este caso de la cretense Heleni Fotaki. La poesía es hermosa, pero también todo un ejercicio intelectual, incluso en nuestro propio idioma, porque el poeta juega con el lector al escondite proponiéndole problemas de álgebra y laberintos que a veces no llegan a ningún lado, solo al deleite; pero que en todo caso carece de palabras superfluas, y eso a mí me mata. Así que para entender una canción griega a menudo acabo echando humo y leyéndome las cosas más inimaginables que me puedan dar una pista.Μέλισσες, abejas,  es una canción de desamor que mezcla el desconsuelo y la desesperanza con sortilegios de todo tipo para recuperar al amado. Por ejemplo agitar una albahaca, basílico para los griegos, que hace referencia al Βασιλιἀς , el rey; porque solo él podía cultivarla en sus jardines. Sacudir una rama de albahaca, a manera de hisopo, es asumido en muchas culturas como exorcismo de malos espíritus ¿Será por eso que dicen que la planta espanta las moscas? En la Grecia clásica, el basilico simbolizaba la pobreza y la desgracia; había que maldecirla e insultarla en el momento de la siembra, para que la planta creciera y prosperara

También habla la canción de echar tomillo al fuego, otro acto de hechicería y purificación. Como escribió Odisseas Elytis:
En la encrucijada donde se detuvo la antigua maga 
Quemando los vientos con tomillo seco

Pero lo que me ha llevado a maltraer ha sido el título, Μέλισσες, y me he tenido que sumergir en el mundo de la “apimitología”. Las abejas han sido siempre signo de divinidad en Creta, ya que Zeus, en su infancia, fue alimentado con la miel que le llevaba Melisa, hija de un rey cretense, a una gruta donde habían ocultado al niño. Por otro lado, la abeja era considerada como la representación de la vida que sucede después de la muerte; y se han encontraron cerca de Knossos restos de una tumba con un anillo de oro en el que aparece una abeja reina rodeada de sus obreras.

 

 

En Delfos, la Pythia o pitonisa, también era llamada abeja délfica. Y en los cantos Homéricos se habla de 3 mujeres adivinas, conocidas como doncellas-abejas, que regaló Apolo a Hermes; el único dios capaz de devolver la vida  a los muertos. En Eleusis, según cuenta Estrabón, las sacerdotisas que celebraban los misterios se llamaban Melissai, y estaban dedicadas a Artemisa, a la cual se la representa con un cinturón con figuras de abejas.

Dejo todo esto a modo de clave, quizás equivocada, para entender esta canción; pero aun sin  significado es una delicia. Que disfrutéis.

 

Μέλισσες

Να σε μισήσω είν`αργά
αέρας με δροσολογά
με κυνηγούν οι μέλισσες
κι εσύ που δε με θέλησες.
Τινάζω το βασιλικό
να σταματήσω το κακό
σ`είχανε δέσει μάγισσες
μα πάλι εσύ με ράγισες.
Νυχτώνει βγαίνω να σε βρω
σα φεγγαράκι δυο μερώ
κλειστά παραθυρόφυλλα
να μ`αγαπάς πώς το`θελα.
Θυμάρι ρίχνω στις φωτιές
με τυραννούν οι ομορφιές
οι ομορφιές οι φόνισσες
κι εσύ που με λησμόνησες.
Αν κλάψω μη με φοβηθείς
την ένοιωσα και πριν χαθείς
μια πίκρα στο ροδόνερο
γιατί μ`αρνιόσουν τ`όνειρο.
Θα ρίχνω εκεί που περπατάς
τον όρκο μας να τον πατάς
κι ας με πονούν οι μέλισσες
κι εσύ που δε με θέλησες

Abejas

Para odiartees tarde
Me refresca el aire
Me persiguen las abejas
Y tu no me amaste

Agito la albahaca
para espantar los males
Te habían atado las hechiceras
pero otra vez me destrozaste

Anochece y salgo a buscarte
como lunita de dos días
Las contraventanas cerradas
Cuanto me gustaría que me quisieras .

Arrojo tomillo al fuego
Me atormentan las bellezas
las bellezas, asesinas
Y tu que me olvidaste.

Si lloro no me temas
sentía antes de perderte
una amargura en el agua de rosas
porque me negabas mi sueño

Lo esparciré allí por donde pases
nuestro juramento, para que lo pises
Y así como me hieren las abejas
tampoco tu me quieres.

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