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Nautica

La alegría de vivir. Grecia

Por 26 junio, 2015 Etiquetas: , , , , Comentar (11 Comentarios)
En la playa, suceden cosas interesantes.
Una llamada del proedros y ya estábamos abajo. El proedros es el secretario del pueblo. La llamada es por tam-tam. Es decir; el proedros llama a la tabernera que como tiene el local en medio del pueblo sale a  terraza y empieza a vocear:
– Anaa
– Sí
– Que dice el proedros que bajes a la playa
– ¿Para qué?
– Ni idea. Algo pasa con un barco.
No sé qué nos imaginamos. Naves a la deriva, pecios, corsarios, invasiones por mar, un ataque de tiburones sanguinarios, avispas asesinas, gatos rabiosos, arañas peludas ¡Ha llegado el fin!
Cogimos el coche y nos despeñamos durante un kilómetro entre precipicios para llegar a la playa, donde todo, aparentemente, permanecía en calma; las barquitas flotando, los arboles serenos, las sillas esperando traseros  y las mesas ordenadas en fila. El coche viejo del viejo Kosta, el coche destartalado del destartalado pescador oficial, Vangelis, y el coche del proedros, que aunque se llama Spiros hace años que no se oye pronunciar su nombre.  Es secretario desde tiempos  homéricos y su nombre de pila solo lo mienta su madre, en circunstancias muy solemnes, casi aterradoras. Lo normal es que todos le saludemos con un simple
– Eh ¡Proedre!
Deslumbraba, ya desde arriba, el blanco de un catamarán de unos 14 metros amarrado entre  rojos y amarillos de redondeadas amuras y azules agua de una tarde apacible. Era curioso que no se hubiera colocado en cualquier otro sitio que no implicara ir sorteando obstáculos de botes y amarras, pero el patrón había visto el pequeño muelle que utilizan los pescadores para aproximarse cuando trapichean con sus redes y se había puesto nervioso. Sólo es un volado de cemento, sobresaliendo de la roca, como una mano abierta que desafía las leyes temporales, gravitatorias y meteorológicas; una plataforma obstinada que sigue en pie año tras año mientras hacemos apuestas sobre cuando caerá. Pero él vio el “muelle”, pensó en lo estupendo que sería en bajar a tomar una cerveza sin mojarse y allá que fue como un obús. La maniobra, toda una obertura rossiniana.
– Os he llamado porque hoy tenemos juerga.
– Ya veo.
Los tres estaban sentados en una mesa sorbiendo sus pajitas de café frapé. Vangelis, que suele hablar con coloratura, como si fuera el gallo Claudio, les decía que más fácil si se iban al otro lado, pero se lo decía con su sube y baja declamado y en griego. El patrón le respondía con una mirada de desprecio y aires de tunosabesquiensoyo. Siguieron sorbiendo sus pajitas.
A mí me admira el temple que tiene estos griegos; aquel mastodonte moviéndose bajo maniobras de torpes manos entre sus barcas me daba espanto. Si hubiera sido mi barco me hubiera tirado a degüello. Ellos sorbían pajitas.
¿Cuántos caballos tendrá? ¿Cuánto cala? Como lleva dos motores debe de girar en el sitio ¿Por qué hace eso? ¿Dónde habrá sacado el título? Si tira ahí el ancla enganchara todos nuestros muertos. ¿De donde será? ¿Por qué le chilla tanto a su mujer? Se habrá enfadado con ella.
Consiguieron amarrar el barco tras mucho esfuerzo y se quedó allí como un Gulliver grotesco en un Liliput de cascarones balanceantes. Bajaron en un exabrupto a tomarse una cerveza casi al gallete para seguir su periplo de mil calas en 6 días. Todo un estrés.

El trío había terminado sus cafés y ante la falta de espectáculo se disponían a salir cada uno por un lado, pero el aguerrido capitán ¿De dónde salen estos capitanes? quiso hacer una demostración de su valía marinera. Soltó las amarras y dio avante con los dos motores, de dos hélices para ser más exactos, en vez de cobrar el fondeo para alejarse despacio ¿Qué podríamos esperar? Enganchó la tela de araña con la que tejen los pescadores las amarras de sus barcos y se quedó tieso como un jamón. Se pararon los motores y las risotadas se oyeron en Itaca; sobre todas las de Vangelis que tiene risas de tres octavas. Y Kostas impertérrito viendo como la auxiliar que utiliza para llegar a su Dina, su barca en mayúsculas, sucumbía bajo el tirón de la amarra enredada en la hélice del héroe vespertino.

– La va a hundir.

Pidieron otro frapé y continuaron riendo a moco tendido. Mucho más cuando el capitán se tiró al agua con un puñal en la boca, en ese momento nos caímos de las sillas.

Me dieron una lección; la vida no hay que tomársela tan en serio ni a brazo partido es tan simple como verla pasar.

Una dedicatoria a aquellos que siembran cizaña y piensan que Grecia se acaba en sus telediarios.
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Al desguace con la belleza

Por 19 junio, 2015 Etiquetas: , , , , Comentar (16 Comentarios)
Ayer leía una noticia en un periódico griego, To Bima,  un artículo que me llenó de tristeza. De los 17.500 barcos de pesca tradicionales que hay en Grecia, 7.500 tienen que ser desguazados. Desmembrados. Hechos pedazos. Kaiques y Tratas, los pesqueros ancestrales de madera, deben ser reducidos a serrín por una normativa comunitaria. El objetivo es disminuir la flota en aguas mediterráneas para intentar atajar la sobrepesca. Sus propietarios se enfrentan bien a cambiar de profesión, bien a cambiar de bandera, bien a adquirir barcos más grandes. Ahí no pillo bien esa normativa ¿Es de suponer que uno grande esquilma menos que dos pequeños? O quizás es todo cuestión de una media ponderada, la estadística de que del pollo que nos comimos a medias me lo zampé yo sola mientras tú mirabas.
Es un hecho ineludible que como no pongamos coto a desmanes pronto el Mediterráneo será un charco sin vida y que estamos obligados a idear todos los medios a nuestro alcance para evitarlo. La pesca indiscriminada de alevines, con la consiguiente ruptura de la cadena reproductiva de muchas especies, ha borrado del mar muchas variedades antes abundantes. La mejor forma de evaluar la presión pesquera en una zona es mediante el “esfuerzo pesquero”;  el  producto de la capacidad; número de licencias y tamaño de los buques, y de la actividad; el número de días que un buque pasa en el mar. Pero todas estas entelequias, con fórmulas que yo alguna vez estudié, manejadas en un despacho de Estrasburgo, poco tienen que ver con la cultura y con la vida. No dudo de la buena voluntad de los funcionarios que redactan estas leyes, pero el ver el mundo a través de una pantalla y unas letras ordenadas y justificadas puede tener graves consecuencias colaterales.

La desaparición de esta forma de construir artesanal, que viene evolucionando desde los tiempos de Homero, es también la extinción de  una forma de vida de muchas islas; de hecho no había isla orgullosa de su nombre que no luciera un astillero; donde calafates y carpinteros de ribera, maestros y aprendices, gubias y formones iban dando rienda suelta a los sueños marinos de unos árboles que estaban resabiados en estas cuestiones, de tanto mirar al líquido elemento. De aquí salieron las naves de cóncavas proas que conquistaron tantos puertos y corazones; que llenaron de colorines un mar azul como pocos. Ya he hablado de ellas con antelación.

La mayoría de estos barcos griegos de madera condenados a muerte son de tamaño medio y suelen faenar en aguas costeras, alejándose solo a altamar cuando las condiciones son muy bonancibles. Sus métodos de captura son tradicionales y normalmente carecen de la electrónica sofisticada de las grandes naves que se construyen hoy, capaces de oír el suspiro de un pez a 50 millas. También hay que tener en cuenta que  este Marenostrum no es tan nostrum como quisiéramos, sino más bien es probable que lo que diga Europa se le dé una higa a una gran mayoría de países ribereños que piensa seguir pescando con lo que haga falta. Dinamita o bombas nucleares, lo necesario para sobrevivir. Es decir, a veces dudo que la medida provoque algo más que la perdida de estas joyas marineras que alegraron los ojos de muchos. Todo seguirá igual, pero si ellos. Todo será más triste.

El vídeo que os muestro a continuación está en griego, así que los que no conozcan el idioma pueden ir directamente al minuto 10:56. Advierto de antemano de que puede herir la sensibilidad de algunos.

Lo más importante y amargo de todo es que estos barcos eran bellos y elegantes; atributos ambos muy preciados y con una reproducción tan delicada que colapsan y se extinguen con facilidad. Con rapidez se llena el mar de especies oportunistas de plástico y fibra, salidas de moldes facilones y fabricación en serie. Cardumenes de chárter sin diferencias, todos uniformes, efectúan sus puestas cada sábado y conquistan el lecho ecológico que dejaron estas maravillas. Sin estos barcos se desdibuja el Skyline griego, tan lleno para mi de frisos y de columnas como de proas altivas con peces dibujados en sus amuras.

Θανάσης Παπακωνσταντίνου – Η τράτα
Με μια τράτα ολόχρυση
με σουρωτήρι πάτο,
στο σκότος πλέει αβύθιστη
με πλήρωμα φευγάτο.
ψαρεύει αναστεναγμούς
και τους πουλάει στ’ αστέρια.

Ωρέ η βάρκα μας, γκιόσα
Αντί πανιά πουκάμισα
και για κουπιά τα χέρια,

ωρέ η κουρελού, γκιόσα.
Βρε πότε ‘δω και πότε αλλού
μες τα πελάγη τ’ ουρανού.
Ωρέ πότε ‘δω και πότε αλλού
η βάρκα μας η κουρελού.

Χιλιάδες μάτια την κοιτάν
καρδιές την προσκυνάνε,
κι όσοι παραλογίζονται
που πάει τη ρωτάνε.

Πηγαίνω μεσοπέλαγα
με τ’ άλμπουρα της νίκης,
για να χτενίσω τα λυτά
μαλλιά της Βερενίκης

Ωρέ η βάρκα μας, γκιόσα…

Φεγγάρι παλιοφέγγαρο
φεγγάρι μεταξένιο,
τη νύχτα κάνεις φωτεινή
κι εμένα αλλοπαρμένο.

Οι πρώτοι και καλύτεροι
σε ψάχναν στα ρυάκια,
κι εγώ από τη Λάρισα
σου στέλνω τραγουδάκια.

Ωρέ η βάρκα μας, γκιόσα…

Thanasis Papakonstantinos. La barca de arrastre
En una barca dorada
Con los fondos como un colador
En la oscuridad navega insumergible
Sin tripulación.
Pesca suspiros
Y los vende a las estrellas.

Nuestra barca, vieja
En vez de velas una camisa
Y por remos las manos

Nuestra jarapa, vieja
Ahora aquí y luego en otro sitio
Por los mares del cielo
Ahora aquí y luego en otro sitio
Nuestra barca, la jarapa

Miles de ojos la miran
Los corazones se postran
Y los irracionales
Le preguntan dónde va

Voy a altamar
Con el aparejo de la victoria
Para peinar los sueltos
Cabellos de Berenice

Nuestra barca, vieja…

Luna vieja, luna de seda
La noche haces luminosa
Y a mí volverme loco

Los primeros y los mejores
Te buscan en los riachuelos
Y yo, desde Larisa
Ten envío cancioncillas.

Nuestra barca, vieja…

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El terror al vacio

Por 8 mayo, 2015 Etiquetas: , , Comentar (16 Comentarios)
Soy, más, estoy. Respiro.
Lo profundo es el aire.
La realidad me inventa,
Soy su leyenda. ¡Salve!

Jorge Guillén
Veía pasar el agua con rapidez y alejarse haciendo
caracolillos. Alargué el brazo para sentir esa excitación mojada que da el mar
sobre la piel pero alcancé apenas con las uñas y no pude comprobar la fuerza de
la corriente escapándose entre los dedos ¿Se movía el mar, nos movíamos
nosotros, era el viento el que nos impulsaba, era el barco el que al
deslizarse creaba el viento? Me entusiasmó la idea de que quizás era pura
ilusión, el vacío total donde nada se mueve y que el movimiento estaba más allá
del tubo de ensayo de nuestros sentidos. El sonido era de seda principesca con
un ligero clinc de gotas resbalando. Las estrellas explotaron por turnos sobre
el negro universo y se pusieron a llover sin ruido. Esa nada y ese simple vacío
me agarraron de las solapas y me zarandearon. Es una buena existencia la de
deslizarse sobre la melaza grande del mar que no ofrece nada más que el deleite
del cero absoluto.
Esa fue la razón que me obligó a convertir mi vida en una
viajante marina. Luego llegaron otras cosas, cientos de ellas, pero la primera
impronta fue esa, lo que nunca se olvida. Cuando yo empecé con este oficio el
mundo náutico de nuestro país era da alta alcurnia. Los pocos barcos que había
se recogían en pequeños clubs náuticos de salones aterciopelados con socios jugando
a las cartas y murales entorchados con anclas y timones bajo los cuales sus
esposas cotorreaban. Llegamos los asilvestrados, la clase media ilustrada que
había decidido que vivir era algo más que envejecer junto al fuego y que si el
mundo estaba cubierto por 70 % de agua era  para deslizarnos por ella sin rumbo fijo. La
vida explotaba con margaritas en el pelo, olores orientales, pantalones
holgados, vestidos de hilo y una inmensa biblioteca donde se hundían nuestras
creencias y motivaciones. Devorábamos todo lo que caía en nuestras manos y lo poníamos en práctica. Moitessier,
Tabarly, Slocum, Conrad, London, Stevenson, Navegar con mal tiempo, Felicidad en la mar. El mundo era grande y nosotros
pequeños. No tardaron en marcarnos con el dedo señalador que merece la gente singular. No hay nada más subversivo que ser feliz. No hay nada tan grotesco
como los individuos que se creen superiores por no entender que tú no quieras pertenecer
a sus lugares comunes.
Como teníamos que vivir de algo nos inventamos el viajar con
gente aventurera que pagase por compartir esa parte de tu vida. Hacíamos
singladuras de lo más electrizantes donde
quedarse sin motor, sin baterías, sin nevera o sin nada de nada era lo más
emocionante que podía ocurrirles a aquellos pasajeros aguerridos que nos
acompañaban. Recuerdo una travesía en la que la botella de gas dio sus últimos estertores
cuando toda la comida que había a bordo esperaba cruda en el horno. Y el
desembarque atropellado de la mañana en el puerto, buscando un bar que
nos friera huevos con puntillas y con 100 litros de cerveza fresca. El placer de la arribada.
Los que antes nos despreciaban y nos daban los amarres más
alejados de sus sedes sociales para que no afeáramos el puerto, no tardaron en reconsiderar que quizás no éramos tan ilusos sí no más bien espabilados, así
que decidieron hacer lo mismo. Fueron rápidos en atiborrar esos sitios recónditos
de pescadores amables y cantinas pobretonas. Surgieron como setas las marinas uniformadas, los bares
chill out, los apartamentos, las tiendas de moda fashion  y las oficinas de
alquiler de coches a la puerta. Los barcos subieron de eslora y se llenaron de
aires acondicionados, lavavajillas, televisores de plasma y microondas.
– Hay otra forma de navegar diferente, no reñida con la comodidad.
Dijo uno
– No lo dudo. Dije yo. Y salimos zumbando para otros mares
donde no hubiera llegado el ataque por modificar la corteza terrestre. Y nos compadecíamos de los que pensaban que por fín nos habían desterrado.

Luego vinieron cruzadas ecologistas por enmendar lo
irrecuperable, la policía, la seguridad, los parques,  el control, el estar localizable en todo
momento, el maldito tripadvisor. Y nosotros seguíamos corriendo sin rumbo fijo,
corriendo delante del maremoto, de la ola rompiente, del temporal que todo lo
arrasa. Esa carrera de fondo que no tiene meta.
Aristóteles pensaba que la naturaleza aborrecía el vacío,
Esta idea perduró hasta el siglo XVII, cuando Torricelli, Newton y Pascal
demostraron que era falso. Hoy sabemos que hay incontables universos
posibles en cada pulgada de nada. Pero a pesar de todo, en el arte, en la
ciencia y en la vida, el ser humano tiene un tremendo horror vacui y no
descansa hasta colmarlo todo con su presencia. Entonces se da cuenta que estaba
mejor antes, con el lienzo blanco.

Vuelvo a ver aparecer esos mismos personajes buscando islas luminosas de revistas de viajes, pescadores amables y nativos sonrientes. Boquiabiertos de que las cosas no sean como pensaban, arrogantes  frente a un país “tan atrasado”. Descompuestos porque se han quedado sin antena y sin ver el mundial, que desgracia, o porque su AIS no funciona y sus amigos no lo encuentran. Socorro. ¡A mi, a mi, que necesito un varadero urgente por favor, tengo una vía de agua! Y yo un mecánico, un presupuesto para el seguro, un velero, un … ¿Vosotros me podíais ayudar? ¿No te acuerdas de mi? Sí, ¿Verdad? Qué gracia el volvernos a encontrar aquí otra vez. He pensado mucho en vosotros; lo cierto  es que siempre fuisteis un poco extravagantes. Pero yo no, no te creas, yo os defendía a capa y espada, en el fondo le dabais vidilla al asunto y aprendíamos muchas cosas con vosotros. Y ¡Qué valentía la vuestra! La verdad es que me parece que faltan muchas comodidades para el barco en este país, más marinas, más tiendas, no sé como explicarlo… Y ahora, con ese gobierno radical que tienen, qué desastre ¿No? Pero no hablemos de política que está mal visto, no sea que tu me digas que a ti sí te gustan los comunistas prosoviéticos esos de Varufucker, ja,ja, y tengamos el lío montado. Ale, vamos a tomar una cerveza y me cuentas que sitios hay para ver por aquí y me recomiendas alguna tabernita del puerto, de las que solo tu sabes.

Me guardo el secreto de los soberbios placeres sencillos, del viento terco, de las nubes negras y azules, de las aguas saladas que he vivido, aguas que dejaban en las manos el recuerdo de una felicidad inmensa, como dijo Yiorgos Seféris ¿Qué saben ellos de eso?

Στίχοι: Γιώργος Χρονάς
Μουσική: Γιώργος Καζαντζής
Πρώτη εκτέλεση: Λιζέττα Καλημέρη



Τι ξέρεις για τον καιρό γι αυτόν τον άνεμο
την κάθε της ματιά που γυρνάει και σβήνει
τι γνώριζες γι αυτή για τα χείλη της
την κάθε της φωτιά που γυρνάει και δίνει


Ήτανε αέρας πάντα σύννεφο σκοτεινό
δεν τη βρίσκεις δεν τη φτάνεις
ψάχνει το χαμό
Ήτανε αέρας πάντα σύννεφο βιαστικό
μες σε τρένα μες σε πλοία
κλαίει το χωρισμό


Τι γνώριζες γι αυτή για τη μάνα της
την κάθε της σιωπή πριν τραγούδι γίνει
τι γνώριζες γι αυτή για το γέλιο της
την κάθε της φωτιά που γυρνάει και δίνει


Ήτανε αέρας πάντα σύννεφο σκοτεινό

Era el aire
Letra y música: Yiorgos Kazantzis
Canta: Lizetta Kalimeri


Qué sabes del tiempo, de ese viento
de cada mirada suya que gira y se apaga
Qué sabes de ella, de sus labios
de cada fuego suyo que regala y vuelve.

Era siempre aire, una nube oscura
no la encuentras, no la alcanzas
busca tu perdición.
Era siempre aire, una nube apresurada
en los trenes, en los barcos
llora la separación.

Qué sabes de ella, de su madre
de cada silencio suyo antes de que se haga canción
Qué sabes de ella, de su risa
de cada fuego suyo que regala y vuelve

Era siempre aire, una nube oscura

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Cartas de marear

Por 10 abril, 2015 Etiquetas: , , Comentar (7 Comentarios)
Tengo en el salón de mi barco, enmarcado y enorme, una reproducción de un mapa del mundo navegable según Homero. Lo compré en Itaca, para hacer más genuina su procedencia. La tierra, en los tiempos arcaicos, era un disco humilde flotando en agua, en el centro de una esfera transparente; el cielo. Por debajo de ese círculo se encontraba el ignoto tártaro, la región profunda del universo, donde las sucesivas generaciones y reyertas divinas habían acabado poblándolo de rivales vencidos y penitentes. Es tan esquemático que seguramente dejaba al navegante encogido y boquiabierto, hechizado ante el enigma de los viajes posibles y siempre terribles. Lo que me fascina de esos inicios es que todo estaba por descubrir y se inventaban las mil artimañas mitológicas, filosóficas, astrológicas, para explicar lo que veían o lo que intuían. Ante un mundo tan sencillo como reflejaba el mapa, solo cabía maquinar historias y aventuras, todas posibles y reales, ya que ese espacio imaginado bien lo podía haber dibujado un niño curioso. Lestrigones, sirenas, arpías y comedores de lotos eran recaladas incuestionables para cualquiera que se atreviera a dar vueltas por ese área circular. 

Mapa mundi según los textos de Herodoto

No hay un momento concreto en el que se nos ocurriera plasmar en dos dimensiones lo que veíamos en tres; ahora dicen que pueden ser muchas más; para poder reproducir viajes ya realizados y dejar constancia de los peligros del camino. La geografía, y en concreto la cartografía náutica, surgieron como una constante evolución de ese mapa homérico por sucesivas aportaciones de algunos y frenazos religiosos de otros. Pero afortunadamente los diferentes cultos se turnan para castrar nuestro conocimiento; hoy por ti mañana por mí; y fueron los árabes esta vez los encargados de transmitir los antiguos trabajos  griegos y continuar con el desarrollo de ciencias no accesible a los europeos durante más de 1.000 años como la astronomía, la matemática y la geometría. La mayoría de los mapas medievales  tienen concepción de Orbis Terrarum, conocido por sus siglas O.T. La O representa el mundo circular, la forma geométrica perfecta, rodeado por el océano, la T hace referencia a la a la cruz y  el centro del mapa era Jerusalén. Los árabes sin embargo, partiendo de los escritos de Ptolomeo, estudiaron los sistemas de proyección y desarrollaron mapas para orientarse y viajar a la Meca. Los conocimientos griegos volvieron a nosotros con su paso por Al-Ándalus. De alguna forma corroboraban que el pequeño mundo era una circunferencia en la que todo circula, se aleja y retorna.

Hoy navegamos con sofisticados sistemas de posicionamiento y cartografías digitales. Dando un click con el ratón tenemos acceso a toda la información que puede contener un pixel terrestre; profundidades, mareas, corrientes, predicciones meteorológicas, fotografías y hasta datos añadidos por nosotros. El viejo globo terráqueo deja de tener secretos que nos perturben. Los viajes pierden gran parte de su romanticismo. No despotrico de la tecnología que nos facilita la vida, pues solo hay que recordar el tiempo en que surcábamos los mares con gran parte del barco ocupado por las cartas de papel. Tenías dos soluciones, o las enrollabas en plan papiro y las guardabas en un armario, o las plegabas como una sábana y las apilabas en la mesa de cartas. En el primer caso ellas tenían la costumbre de acomodarse y volver a su forma, como un muelle, por mucho que tú te empecinaras en lo contrario; acababas sujetando sus esquinas con los codos y la nariz mientras el barco escoraba y el resto de utensilios resbalaba por la mesa. En el caso del plisado, indefectiblemente siempre caía una isla o un bajo importante en el pliegue, por no comentar lo difícil que era trazar rectas con los altibajos del papel y los obstáculos de las molduras de la mesa de cartas, que aunque se llamara así nunca tenía el tamaño suficiente como para albergar una entera extendida.

La cartografía electrónica nos hace cómoda la existencia pero nos priva de los recuerdos de esas rutas dibujadas, que nadie se molestó en borrar, y esas filigranas en sus márgenes, producto de guardias aburridas y somnolientas; las que hoy me he encontrado en el trastero cuando una pila de cartas antiguas se han precipitado sobre mi cabeza. La electrónica hace más segura la navegación. Bueno, depende. Que se lo digan al Team Vestas que se subió en una isla en medio del océano, en la pasada Volvo Ocean Race, por olvidarse de  darle a la ruedecita del ordenador para cambiar la escala.

 

Pero lo que más me preocupa es que lleguemos a olvidar su nombre; las cartas de marear.

 

Χάρτες
Στίχοι: Σοφία Κατζούρη
Μουσική: Γιώργος Καζαντζής
Πρώτη εκτέλεση: Δήμητρα Γαλάνη
 
Χάρτες τα μάτια σου και ταξιδεύω,
μέσα στο βλέμμα σου νησιά γυρεύω,
γλύκα κι αλμύρα σα θάλασσες μοιάζουν,
κύματα στέλνουνε και με τρομάζουν.
 
Χάρτες τα μάτια σου κι όλο γυρίζω,
κάθε λιμάνι σου κρυφό γνωρίζω,
δρόμοι και σύνορα, όλα δικά σου,
δέκα τηλέτυπα μεσ’ στη ματιά σου.
 
Χιλιάδες νύχτες με ταξιδεύεις
σα στρώμα με βεγγαλικά το σώμα μου
παιδεύεις,
χιλιάδες νύχτες με ταξιδεύεις
στα βάθη του Ατλαντικού το σώμα μου
γυρεύεις.
 
 
Cartas
Letra: Sofía Katsuri
Música: Yiorgos Kaztzis
Cantante: Dimitra Galani
 
Cartas tus ojos y viajo
En tu mirada busco islas
Dulces y salobres semejan mares
Olas mandan que me asustan
 
Cartas tus ojos y todo recorro
Cada puerto escondido tuyo conozco,
Caminos y fronteras, todos tuyos,
Diez teletipos en tu mirada
 
Miles de noches me haces viajar
Como un colchón con bengalas mi cuerpo atormentas
Miles de noches me haces viajar
 
En las profundidades del Atlántico buscas mi cuerpo
 

 

 
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