Tener un barco era, hace poco tiempo, un sueño alcanzable, sin necesidad de grandes dispendios; con un poco de esfuerzo, con ganas. He tenido muchos amigos-propietarios-de-barco profesores, funcionarios, profesionales liberales recién estrenados, y un largo etc., de amigos-propietarios-de-barco sin abultadas cuentas corrientes.

En unos 10 años como mucho, todo se ha transformado. Ni esfuerzo, ni ganas, ni leches. Los amigos-propietarios-de-barcos han ido vendiendo sus barcos y se han transformado en solo-amigos. ¿Por qué?
Pues, sencillamente, no hay quien lo mantenga. Y ¿cuál ha sido la causa de tal cambio?

Será la avaricia de marinas, puertos y club náuticos, que compiten por hacer de los precios de los amarres; donde dejarnos caer muertos con nuestros barcos; auténticos records del Guinness. Sin contar cuotas mensuales de socios (en el caso de club náutico), tarifas portuarias (T0 y T5) y la varada en seco anual.

Será nuestro dichoso empeño en que toda actividad que realicemos tiene que tener garantizada al 100% nuestra seguridad; lo que empuja a los organismos competentes a obligarnos a pasar inspecciones frecuentes (carísimas), a cambiar de marca de radio VHF, cada vez que cambia la normativa, a sustituir la batería y la zafa hidrostática de la radiobaliza aun antes de la fecha de caducidad que indica el fabricante… Estoy hablando de miles de euros.

Será la codicia de proveedores, veleros, mecánicos y en fin, de cualquier profesional que se acerque al mundo del barco (con los ojos inyectados en sangre).
El caso es que mantener un barco, hoy en España no es una empresa asequible para todos los bolsillos.
Y¿viajar con barco? Pues eso…ya lo comentaré en otro momento.

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