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Personajes

Perros de la revolución

Por 25 marzo, 2015 Etiquetas: , , , Comentar (4 Comentarios)
No hay dos perros iguales cada uno tiene su carácter exclusivo y su apasionamiento. En el fondo son animales obsesionados con un tema que convierten en el leitmotiv de su existencia; pelotas, ovejas, liebres, hasta la lucha política. No bromeo; así que de perros legendarios pasemos a darle un repaso a los chuchos de la revolución.

Un ejemplo de animal muy especial fue Dick el perro amigo de los deportados, en el campo de concentración de Limnos para disidentes políticos, bajo la dictadura de Metaxas. Dick odiaba a los guardas, a los que enseñaba feroz los dientes cuando se acercaban; protegía a su forma a los cautivos inventando perras triquiñuelas. Los policías tenían la costumbre de esconderse entre los barracones por la noche para espiar las conversaciones de los reclusos, denunciarlos como conspiradores y arruinarles la vida, un poco más si cabe. Dick agazapado los sorprendía y se arrancaba a ladrar con estruendo para alertarlos; cuando los reclusos le oían gruñir ya sabían que era hora de callar o de hablar del tiempo.  En dos ocasiones comió veneno el pobre Dick, pero hay que reconocer que su vida de proscrito le agudizó el ingenio hasta hacerlo más listo que el propio hambre. Cuentan quienes lo conocieron, que sintiéndose morir, se fue arrastrando en silencio hasta el barracón donde mantenían un servicio médico improvisado los propios reclusos; allí le realizaron un lavado de estómago y lograron salvarlo por los pelos. Dick se hizo asiduo de aquel centro de salud especial; se acercaba  si se clavaba un pincho, se cortaba la pata o le arañaba un gato. Un día, Dick pasó por delante de una larga fila de reclusos que esperaban su turno para ver al doctor. “Dick, no te cueles” le increparon en broma; el perro agacho las orejas, se dio la vuelta y se colocó en el el lugar más apartado.

Mataron a su novia, mataron a sus cachorros, por si Mendel tenía razón y se organiza un pelotón indiscreto de retoños muerde-polis. Lo mataron a él al fin, cuando los presos fueron trasladados al penal de Makronisos y no pudieron llevarlo con ellos. Lo mataron, por celos, por despecho y por mala baba.

El célebre poeta  Yianis Ritsos, uno de los testigos de primera línea,  le dedicó un poema al compañero Dick,  para que nadie olvidara a ese héroe cuadrúpedo, camarada, respetable y cariñoso con quien era de los suyos, que perdió su vida peleando por un mundo más justo a su irracional manera. El poema está recogido en su Cantata de Makronisos y esta es la versión musicada, no muy buena por cierto, pero pertenece a una época en que la melodía era acompañante secundario de las canciones protestas.

Να μη ξεχάσουμε και το μνημείο του Ντικ
Ναι, ναι του σκύλου μας του Ντικ
Της ομάδας του Μούντρου
Που τον σκοτώσαν οι χωροφυλάκοι
Γιατί αγάπαγε πολύ τους εξόριστους
Να μην ξεχάσουμε σύντροφοι τον Ντικ
Τον φίλο μας τον Ντικ
Που γάβγιζε τις νύχτες
Στην αυλόπορτα αντίκρυ στη θάλασσα
Κι αποκοιμιόταν τα χαράματα
Στα γυμνά πόδια της λευτεριάς
Με τη χρυσόμυγα του αυγερινού
Πά στο στυλωμένο αυτί του

Τώρα ο Ντικ κοιμάται στη Λήμνο
Δείχνοντας πάντα το ζερβί του δόντι
Μπορεί μεθαύριο να τον ακούσουμε πάλι
Να γαβγίζει χαρούμενός σε μια διαδήλωση
Περνοδιαβαίνοντας κάτου απ’ τις σημαίες μας
Έχοντας κρεμασμένη στο ζερβί του δόντι
Μια μικρή πινακίδα «κάτω οι τύραννοι»
Ήταν καλός ο Ντικ.

No olvidemos la memoria de Dick
Sí, sí, nuestro perro Dick
Del campamento de Mudros
Al que mataron los guardas
Porque amaba a los presos
No olvidemos a nuestro compañero Dick
Nuestro amigo Dick
Que ladraba en la noche
En la puerta frente al mar
Y dormitaba al amanecer
A los pies desnudos de la libertad
Con la luz dorada del lucero del alba
Pero con una oreja tiesa.
Ahora Dick descansa en Limnos
Mostrando siempre sus colmillos
Quizás lo oigamos pasado mañana
Ladrando contento en la manifestación
Desfilando bajo nuestras banderas
Y colgando de su boca
Un pequeño letrero “abajo los tiranos”.
Era bueno el Dick.
Kanelo apareció por primera vez en
los años 90 en la calle Patission, con los colmillos desafiantes. Residía a
medias entre las aulas y los jardines del politécnico; de infausto recuerdo en
la lucha contra la dictadura de los coroneles; y las calles de Exarchia, el
barrio de los anarquistas. Murió en 2007 cuando contaba ya 17 años y la lucha
callejera había mermado mucho sus facultades. 
Los estudiantes le protegían, lo alimentaban y le curaban las heridas
después de cada altercado en el que se había dejado el alma como el primero;  respondía ladrando sin reservas a los policías
que los acosaban y persiguiendo a “secretas” que detectaba olfateando entrepiernas,
con esa astucia de sabuesos que solo ellos tienen. No había asamblea en la que no
estuviera Kanelo presente codeándose con los cabecillas y dejándose acariciar
por sus camaradas.
Fotografiar de www.enikos.gr/
Por orden del decano de la escuela de
arquitectura lo detuvieron y lo llevaron a la perrera de Markopulo.  Más de 200 personas firmaron y presentaron
una denuncia y consiguieron que liberaran a Kanelo a cambio de encontrarle un
techo en el apartamento de un estudiante que se hizo cargo de él. Dicen que en
sus últimos momentos le fallaban las patas traseras y alguien le fabricó un artilugio
con ruedas para sacarlo a pasear, para que, aun orgulloso y egregio, siguiera
saludando al mundo, el que le conocía y admiraba. 

También Kanelo pudo presumir de su canción

Θα μιλήσω για τον φίλο τον Καννέλο
που ‘χει μια καρδιά και τέσσερα ποδάρια
Που γυρίζει στα Εξάρχεια τα βράδια
κι όλοι τον σέβονται του βγάζουν το καπέλο
Στη γωνιά Πολυτεχνείου και Πατησίων
κυνηγούσε λένε έναν ασφαλίτη
Και μια μέρα εθεάθη στο Θησείο
να γυρνάει με μια σκυλίτσα από σπίτι.
Ένα τραγούδι για το σκύλο τον Καννέλο
που με δάγκωσε μα τον καταλαβαίνω
Υποστήριξε την άποψη με πάθος
ότι είχα πάρει τη ζωή μου λάθος.
Χίλια πρόσωπα αλλάζει αυτή η πόλη
μα κανένα δεν τρομάζει τον Καννέλο
Κι αν καμιά φορά τον βλέπεις λυπημένο
την ουρά του σπάει κι αρχίζει γυροβολεί
Φυλακίζει όσα κόκαλα πετάνε
όλοι αυτοί που ασχημαίνουν τη ζωή μας
Και το ξέρω όταν στα μάτια τον κοιτάμε
πως γουστάρει, πως γουστάρει τη σιωπή μας.
Ένα τραγούδι για το φίλο τον Καννέλο
…..
Φυλακίζει όσα κόκαλα πετάνε
όλοι αυτοί που ασχημαίνουν τη ζωή μας
Και το ξέρω όταν στα μάτια τον κοιτάμε
πως γουστάρει, πως γουστάρει τη σιωπή μας.
Ένα τραγούδι για το σκύλο τον Καννέλο

……
Hablare del amigo Kanelo
Que tiene corazón y cuatro patas
Que regresa a Exarchia por la noche
Y todos lo respetan y levantan el sombrero
En la esquina de Politecníu y Patissión 
Dicen que cazó a un secreta
Y una mañana fue visto en Thisio
Volviendo con una perrita de casa
Una canción para el perro Kanelo
Que me mordió pero lo entiendo
Defendiendo su postura con pasión
De que había cometido un error en mi vida
Mil rostros tiene esta ciudad
Pero ninguna asusta a Kanelo
Si alguna vez lo ves entristecido
Moverá el rabo y empezara a girar
Guarda cualquier hueso que le arrojan
Todos aquellos que afean nuestra vida
Y sé, cuando miro sus ojos
Como le gusta, como le gusta nuestro silencio
……
Cuando en
diciembre de 2008, un perro de color crema se abalanzó rugiendo contra la
policía antidisturbios, en defensa de los manifestantes en Atenas, todo el
mundo pensó que Kanelo estaba vivo y había vuelto. Desgraciadamente no era así,
si no otro can atacado y amante de las manifestaciones; Lukaniko. Esta vez fue
la prensa la que siguió sus andanzas y lo convirtieron en un perro mediático. Fue
protagonista de reportajes de la CNN, BBC o Al Jazeera que hicieron de él un
símbolo mundial de la “resistencia griega” frente a la troika. Su fama llegó al
punto de ser considerado en el 2011 por la revista Time como una de las cien figuras
más reconocidas en el mundo.  Este pulgoso
tiene infinidad de canciones dedicadas, pero puestos a elegir me ha gustado más este
montaje con música de Morricone: El bueno, el feo y el malo. También porque no
tiene letra y yo ya me he cansado de traducir.

Esta entrada
está dedicada a la memoria de estos invencibles insensatos. Y a la de Ramiro al
 que le encantaba la canción de Dick; él me puso tras su pista.
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La serpiente del mecánico

Por 16 julio, 2014 Etiquetas: , Comentar (19 Comentarios)
Mi mecánico tiene una serpiente. La señalaba con un dedo lleno de grasa, cuando una clienta creía que iba a ser atendida por un profesional de mono inmaculado y programas informáticos que averiguan  vidas y pecados de motores rebuscados. Pero ahí  estaba la serpiente. Veneno puro. Y la chica dijo con una mueca de verdadero asco:

– Oh, My God. It’s disgusting.

Cuando vio el espanto de su cara, se ensañó todavía más si cabe. Que si viene cada día, que si aquí abajo hay muchos nidos de golondrinas, que si los devora; va y vuelve. Y la sonrisa con coletilla de “a mí tampoco me gustan las serpientes, pero se comen las ratas”.

La mujer salió despavorida en busca de su marido, para decirle que quizás no sería buena idea esa que habían tenido. Pero todavía le alcanzó el decirle:

– Yo tengo una en mi casa.

Al margen de la historia, debería contar que yo quiero a mi mecánico. Yo “amo a mi mecánico” y “mi mamá me mima”. Muy poca gente puede decir alto y claro esta onomatopeya tan infantil como mentirosa; ni nadie nos mima a estas alturas, ni es posible tener un profundo aprecio por nuestro mecánico verdaderamente. Con el corazón en la mano; he planeado su asesinato muchas veces. Elaboré el proyecto más concienzudo de homicidio cuando se dejó mi barco abierto y encontré unos restos mortales de pájaro dentro, entre colchones y almohadas. Fue en esa ocasión cuando constaté a que huele un cadáver. Un muerto huele a queso profundo y penetrante; su aroma queda prendido en las telas y las maderas hasta la desesperanza y casi es imposible deshacerse de ese hedor. Hubo que cambiar chapados, colchonetas y medio camarote para poder volver a respirar.
Cuando iba a perpetrar el crimen, en el último instante me volví atrás, cerré los puños y no tuve valor para estrangularle. Porque me dijo:

– Pobrecillo, que mal lo tuvo que pasar el animalito.

Pero volviendo al tema, el reptil miraba fijamente con ojos amarillentos y se quedaba muy quieto en el hueco de la herrumbre de aquella barcaza desvencijada que servía de muelle para los barcos. Hay que andar con tiento de no meter los pies en algún agujero con cardenillo, donde a los neófitos deberían ponernos la antitetánica cuanto menos. Ese es su mundo. Serpientes, chatarras, trastos, motores viejísimos y aparente basura, pero que puede servir de apaño para un navegante, armador de barco añejo que ya no encuentra piezas para su bella máquina fabricada cuando decapitaron a Maria Antonieta.

Mi mecánico está loco. Gusta de causas imposibles, de barcos hundidos, desencajados  o incendiados y no le atraen las naves de alta estofa, con sentinas blancas y motores limpitos de pintura refulgentes. Trabajó de jefe de máquinas  en un mercante durante años, recorriendo el mundo engrasando válvulas, con el “Pom- pom” atronador de las calderas y los pistones, las manos negras de aceite y el corazón viajero y solitario;  hasta que se enamoró de la radiotelegrafista y se desembarcaron los dos, se compraron una goleta podrida y decidieron restaurarla para lanzarse a la aventura mayúscula. Yo creo que es por eso que le gusta más la vertiente gore de la mecánica, las tripas y los intestinos. Y ante un capitán de polo colorido y cocodrilaki en pecho o uno de camiseta agujereada siempre preferirá al segundo. Yo misma no le mato, porque le debo la vida.

Mi mecánico no intercambia palabras. Los clientes pueden pensar que esta sordo. Nunca sabes si se ha ido a comer o a por una pieza, si te ha dicho que te lo arregla o que no, si volverá algún día a finalizar la faena o la cosa ha quedado ahí, en un destripe innecesario y herramientas esparcidas.

Mi mecánico es el Doctor Frankestein y sus criaturas los diesel. Anda reconstruyendo monstruos con las basuras que acumula en su patacha y siempre tiene un cerebro en formol o un higadillo disecado con el que insuflar vida a sus autómatas remendados. Una tirita por aquí, un recosido por allá, un tornillo por acullá y….po-po-po-poooooom. Volvió a la vida el pobre diablo.

Mi mecánico anda siempre herido y vendado. Porque va saltando de barco en barco como si fuera un chiquillo y suelda sin careta, y sierra que te sierra a veces se corta un dedo.

Mi mecánico no viste ni es glamuroso. Hay gente que no gusta de estos tipos y prefieren los que llegan en furgonetas dibujadas con emblemas de diseño, que dan sentencias escuetas y que finalizan con una sonrisa forzada y un:

– Debe cambiar toda la pieza y vale tropocientos mil.

Pero yo quiero a mi mecánico, porque está loco, porque es Frankestein, porque guarda la basura que luego otros utilizan, porque no habla con nadie más que con los gatos, porque le gustan las tripas y aborrece los cocodrilakis, aunque no las serpientes, porque es incapaz de dejar a un navegante tirado aunque le toque trabajar jornadas enteras. Porque en el fondo es un genio y una estirpe que se extingue sin remedio.

Serpenteaba el reptil silencioso mirando fijamente un nido de golondrinas que una incauta pajarita había construido entre el esqueleto de hierro oxidado. Craso error el del ave, porque más tarde sesteaba la serpiente tras el banquete.  El mecánico, con una cerveza en la mano y sentado en un banco los observaba con la felicidad de quien se encuentra en su mundo.

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Skorpios Revisited

Por 12 junio, 2014 Etiquetas: , , , Comentar (9 Comentarios)
Si pudiera hablar, Skorpios mandaría a todos al infierno para que la dejaran en paz, como a sus vecinos, los islotes de cabras y moscas. La verdad es que vista desde lo alto, tiene unas formas hermosas y suaves llenas de pequeñas bahías recoletas, situada en medio de un mar rodeado de hermanas más grandes, como Lefkada o Meganisi, que hacen imposible que un temporal la pudiera castigar; en otro lugar está su pecado.

Ya escribí el año pasado por estas fechas (leer aquí la entrada) que la isla de Onassis había sido comprada por un millonario ruso como regalo para su hija; Ekaterina Ryvolovleva. La chica le comentó a papá que una íntima amiga suya, Athina Onassis, vendía una pequeña isla en el jónico, heredada de su familia materna, de la que no quería volver a oír a hablar. Fue por su 24 cumpleaños y a ella le hacía una ilusión tremenda pasearse como dueña por Skorpios, la glamurosa isla de Jaqueline-Kennedy-Onassis-Maria-Callas. Adueñarse de una tierra con historia es algo que a los ricos entusiasma; el dinero lo compra todo de forma rápida pero los cuentos de príncipes y princesas tardan más tiempo en escribirse. Hablamos de ricos muy ricos, sin fama ni laureles heredados, pero que bien se pueden crear a base de billetera. Ya descubrió el mismo Aristóteles Onassis lo de que si quieres ser popular debes rodearte de gente notoria. Él lo llevó hasta el extremo de casarse con la heredera más rica, enamorar a la diva más importante y volverse a casar con la viuda más celebre del momento; así consiguió la gloria.

Todavía resuenan en las montañas los ecos de las grandes fiestas que organizaba el mismísimo Onassis con insignes invitados de nombres solemnes que inmediatamente originaban nubes de flashes y fotógrafos de la prensa rosa persiguiéndolos a todos con teleobjetivos de metro. Mientras tanto hacía negocios. Como una enfermedad contagiosa, Ekaterina parece perseguir el mismo plan; emulando a su antiguo dueño ha montado un auténtico sarao para celebrar su 25 cumpleaños. Lo ha hecho a lo grande; gastando la pequeña cantidad de 4 millones de euros en preparativos. Conozco a gente que lleva más de 5 meses trabajando en la isla para la organización del gran evento que se ha dado en llamar “El  party del año”.  Un poco exagerado el calificativo; dados los tiempos que vivimos, ser algo del año requiere mucho más mérito ¿Acaso ha sido trending topic? Más de 60 personas vivían o viajaban a diario pendientes de las preparaciones. Todos estos están encantados. Me comentaba un amigo que incluso tiene gente de servicio encargada de cuidar la flora y fauna de la isla. Que afortunadas las serpientes y lagartijas de Skorpios, las ovejas, los pavos salvajes que corretean a su antojo. Podrían haber nacido en Atenas y simplemente se los habrían merendado.

También conté en anterior ocasión el empeño de Onassis en congraciarse con los habitantes vecinos¸ hubo algún cabrero desterrado que le juró muerte eterna; él simplemente sacó el talonario y le tapó la boca. Poco a poco se convirtió en un prócer de la zona y de todo Grecia; a pesar de que, en fin, esas fortunas inmensas no se consiguen nunca limpiamente, no salen las cuentas.

La fascinación de la Ryvolovleva por el antiguo dueño de Skorpios le hace seguir a pies juntillas el guion. Ha regalado una ambulancia nueva para el hospital de Lefkada y una flamante patrullera a la capitanía de puerto; instancia militar en Grecia; para que no se les cuele ningún maleante en patera. También ha dicho a sus invitados al cumpleaños que no le hagan ningún regalo, que lo donen a obras de caridad para niños.

Dicen que los concurrentes fueron divididos en dos equipos
para participar en “la búsqueda del tesoro”; que podía encontrarse tanto en la
tierra como en el mar. Quien lo hubiera pillado de niños, aunque fuera en una
isla recortable ¿Verdad?  tanto mejor en una isla de tierra y agua.  Ataviados como piratas, con pistolillas laser y con
dispositivos último grito que emitían señales sonoras o luminosas cuando el
rayo les alcanzaba, declarándoles fuera de juego, corrían por los senderos o
nadaban por las bahías entre risas, bromas y pavos asustados. Es más, para
hacerlo real de verdad, amarraron un barco pirata, con tibias y calaveras. Ni
Stevenson podría haberlo recreado mejor.
Foto oficial de la fiesta
El caso es que una invitada se hirió y tuvo que ser
trasladada al hospital de Lefkada; el de la ambulancia nueva; donde un equipo
médico suizo, de uniformes níveos, muy almidonados y crucecitas rojas sobre
fondo blanco esperaban atentos; contratados expresamente para cubrir las urgencias
del evento, ante la duda de que la sanidad pública helena, con los tiempos que
corren, pudiera hacerse cargo. Debió ser ante el estupor de los médicos y
pacientes griegos del día a día, porque conozco el hospital y allí no cabe
mucha gente. Pero supongo que ante el famoseo y el ricachón, las enfermedades
comunes aflojan, pues son prescindibles.
Un portavoz familiar declaró que Ekaterina había decidido
celebrar su aniversario en Skorpios por el gran apego que le tiene a Grecia; se
siente muy cerca de su pueblo. Yo es que soy muy descreída y estos espectáculos
feudales de las bodas de Fígaro y del conde de Almaviva me pueden. Además, lo
que echo en falta es una voz lírica cantando “Casta Diva” a lo Callas; mi punto
flaco de toda la historia. Que me perdone Beyoncé pero Anna Netrebko, la
soprano rusa más codiciada del momento, hubiera sido más apropiada si de seguir
la costumbre se trataba.

A  Skorpios se le presenta una segunda o
tercera vida de sociedad y en muchos negocios de los alrededores, los nietos de
aquellos que servían a Onassis se vuelven a frotar las manos. La isla,
reverdece a la espera de que se aburran otra vez de ella y de que pavos vanidosos dejen de picotearle las entrañas..

Skorpios al fondo, con el barco de invitados

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El canario que me amó

Por 18 marzo, 2014 Etiquetas: , , Comentar (11 Comentarios)
Εl 30 de agosto de 1964 había un gran revuelo en Lefkada; y un joven de 18 años que no dejaba las uñas quietas. Había nacido en Anfilokía, en el continente, pero estudiaba música en la isla y se le consideraba uno de los mejores pianistas de su promoción. Estaba prevista su actuación dentro de las jornadas festivas dedicadas al arte y la literatura que cada año organiza el ayuntamiento de Lefkada. Se sentía seguro de sí mismo y había estudiado concienzudamente las piezas que iba a tocar, pero una noticia de última hora le había quebrado sus nervios de acero. La gran Maria Callas había accedido a cantar esa misma noche, gracias a la mediación de Onassis. Todos sus compañeros y profesores habían pensado en él como el mejor acompañante posible de la divinisíma. El joven se llamaba Kyriakos Sfetsas y mucho tiempo después se convertiría en un afamado pianista y conocido compositor, pero ese día de agosto solo se le ocurrió exclamar:

– ¡Estáis locos!

Un mordisco dañino se instaló en su estómago para no abandonarle en todo el día. Y fue todavía más mortífero cuando se encontró a la Callas de frente y alguien se apresuró a presentárselo como el piano que le acompañará, Señora, encantado, en su actuación de esta noche. Ella le sonrió y se le acercó con una partitura en la mano; la transcripción para piano del aria “Voi lo sapete, o mamma” de Cavallería Rusticana. El pobre Kyriakos apenas podía sostener el papel entre sus manos y le suplicó a la diva, con voz trémula:

– ¿Me puedo quedar solo unos minutos?

Se dirigió a un callejón a estudiar la para él desconocida partitura e intentó seguirla con los dedos. Transcurrido su tiempo de gracia lo llevaron al escenario en volandas, donde era público y notorio el miedo que lo paralizaba. Pero la diva le apretó el hombro y le acarició el pelo, obrando en él un sortilegio que le dejó quieto y sereno, dispuesto al sacrificio. La plaza se elevó, como un milagro, por el silencio sobrecogedor que se extendió sobre el pueblo y comenzaron las notas a resbalar de los dedos del pianista, suaves y decididos cada vez más, y a derramarse por las callejas de colores, haciendo que todo el mundo saliera a sus balcones y sus patios. Cuando inició la soprano la melodía, llenó de sonidos asombrosos la noche de un público que contenía la respiración; el de la plaza, las terrazas, el puerto y los barcos paralizados; se creó una atmósfera irrepetible, con la cooperación del perfume de los galanes de noche, como describen los que asistieron. Porque la Callas no era lo que cantaba, si no lo que decía en silencio, la electricidad de sus palabras sueltas, la invasión del corazón de sus espectadores que se identificaban con su canción aunque les estuviera cantando en un idioma incomprensible. Y a todos, sin excepción, se le pusieron los pelos de punta cuando llego al:

– M’amò… l’amai!  L’amai, ah! l’amai!
Me amó…¡ le amé! Le amé ¡Ah ¡Le amé!

Y se extasiaron levitando, con lo de:

– Io son dannata.
Estoy maldita.

Sin saber ellos que era la premonición de su propia vida esos lamentos de Santuzza, al enterarse de que su hombre prefería a una antigua amante a sus espaldas y un preludio de la catástrofe, la de María y el de la propia ópera, que acaba como solo puede acabar una tragedia siciliana.

De entre todos los hechizados había un hombre llamado Petros Malfi. Se quedó tan conmovido que salió corriendo para su casa y descolgó una jaula de la pared. La transportó cubierta con una sábana para que el pájaro que había dentro no se asustara y a trompicones se hizo espacio para acercarse a la diva. Le ofreció la pajarera con los brazos extendidos y la destapó, con el sobresalto de un canarito que miraba a todos con ojos afilados.

– Este pájaro es mi bien más preciado, canta cómo los ángeles, pero el señor no le ha dado un cerebro cómo para emocionarme tanto como usted lo ha hecho esta noche. Acéptelo como el mejor regalo que puedo ofrecerle y espero que le alegre la vida como a mí me la alegró.

Esa fue la última vez que María cantaría sobre un escenario griego y el declive de su voz que vino después, es conocido por todos y repetido hasta la saciedad en las revistas del corazón, biografías y películas. Pero lo que nadie nunca contó es que fue de ese canario suertudo y superdotado. Yo pienso que es posible que acabara en una celda de oro en Skorpios, o quizás viajó a Paris y allí se recluyó tras un gran ventanal con vistas al Sena, o tal vez se quedó mudo, o bien, un alma caritativa le abrió la puerta de barrotes dorados para que él saliera a conocer mundo, cantando:

M’amò… l’amai!  L’amai, ah! l’amai!



Estas son todas las fotografías que he podido recopilar del evento, la mayoria sacadas de lefkada.gr:

A la derecha abajo se puede apreciar la jaula del canario



María Callas cantando junto a Kyriako Sfetas

Y claro, cómo no acabar con el lamento de Santuzza de la Cavalleria Rusticana. Aunque el video se extiende un poco más allá del aria “Voi lo sapete, o mamma” que cantó en Lefkada,  no he querido cortarlo porque hubiera sido un crimen. Que disfrutéis.

PD: La entrada la he elaborado basandome en recortes de prensa y un video con  la entrevista a Kyriakos Sfetsas relatando su experiencia. Algunas frases pueden ser inexactas; en concreto las que expresa el admirador que le regala el canario; pero los hechos son reales, atendiendo a las fuentes consultadas.

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