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Personajes

Girospiti. Escombros, dedales y fotografías

Por 27 enero, 2014 Etiquetas: , , , Comentar (6 Comentarios)
Con un estruendo se precipitó el murete sobre mí y tuve suerte de coincidir con un vacío, porque las jambas de la puerta me rozaron los hombros. Me quedé inmóvil y sorda, con el mazo en la mano y con el retumbar del suelo, mientras un polvo blanco y dañino lo enturbiaba todo; como un fantasma albino y enharinado. Al rato pude ver los rayos polvorientos filtrándose por las ventanas y dejé de contener la respiración. Cañas y yeso, como un puzle desbaratado, a mis pies.

Cuando se toman decisiones con el corazón pero no con la cabeza, que son más gratificantes, ya se sabe, pero uno no sabe dónde se mete, o si lo sabe se hace el tonto; cuando uno no es rico en dinero, pero si en sueños y en ideas, solo cabe una alternativa  ¿Cómo salir de esta?

En aquel momento no disponíamos ambos de tiempo a la vez; ya se sabe lo de que codo a codo somos mucho más que dos; así que allí, lívida del susto y de la cal, estaba Agustina de Aragón o Sancho, sin pollino ni Quijote, intentando desescombrar una casa en Evgiros. Que buena idea parecía en su momento.

Yo miraba los cachos de tabique tumbados y me estremecía. Cogí uno de los pedazos más humanos y arrastrando conseguí sacarlo hasta la terraza jadeando. El sol, encarnando a un asesino sin piedad, se mofaba de mí. Cuando ya llevaba varios viajes y la inmensidad del tabique abatido me desesperaba, soñaba con fuentes frescas y me moría de sed. Me fui a la taberna a mendigar un vaso de agua;  allí estaba Vula, la tabernera, altiva e indiferente, pura Grecia, de esa que si te quedas con la fachada  habrás dejado pasar tu oportunidad de oro.

– Me darías un vaso de agua.

– Claro

Y dejó sobre la mesa una jarra empañada de cliticlins de hielos dando vueltas. Yo me la bebí sin un mu.

– Mira, necesito a alguien que me ayude a sacar los escombros de la casa; esa que está aquí al lado, que hemos comprado, somos españoles ¿Sabes? Es la a casa de…

– Si, ya sé.

En ese momento comprendí que una taberna no solo sirve para comer o beber, si no que en estos pueblos, encarna las labores de la oficina de información y turismo, de registro del padrón, así como la de recogida de correo y paquetería.

Sin un gesto de más cogió el teléfono y llamó a no sé quién, que tenía un amigo en no sé dónde, que conocía a alguien que sabía de un albanés que me podría ayudar.

Hablé con el trabajador, me pareció bien el precio y le dije que empezara cuando quisiera. Él comenzó enseguida, mientras yo seguía engullendo agua. Y como tenía que irme a preparar el barco para una salida inminente, le pagué por adelantado.

– ¿Qué has hecho qué?- El teléfono retembló en mi mano.

Cuando volví, los escombros se amontonaban en la subida de la casa, como era de esperar.

– Ay Vula, mira que soy idiota.

– No eres idiota, solo eres ξενη, extranjera; y no conoces las costumbres de aquí.

– ¿Qué costumbres del país? Si son hábitos internacionales. Que no, hija, que soy imbécil declarada.

Y ahí salió la tierna Vula, la de un poco más adentro, la de que si rascas un poquito la encuentras; la pura Grecia. Y me puso unas aceitunas como soles relucientes que preparaba ella misma, de  Grecia pura. Y yo tragaba, con amargura, pero con encanto; sencillamente y sin preámbulos, me dejé llevar por  aquello que parecía el principio de una gran amistad.

– Mira ¿sabes que te digo?

– ¿Qué?

– Pues que no te preocupes. No hagas nada. Ahí donde han dejado los escombros, en el camino, pronto van a hacer un “dromos”, una carretera, así que los dejas como están y cuando vengan las máquinas ya se encargaran de quitarlos.

– Y ¿Cuándo van a hacer el dromos?

– Muy pronto.

Me dejé convencer muy deprisa, por comodidad, con la espléndida solución; hoy, cinco años después, todavía cuando llego cada año, tengo vanas ilusiones de ver un “dromos” nuevo y reluciente. Pero ni que decir tiene que todo sigue  en su sitio; y el tiempo; que ya dijo Einstein que era relativo; se detiene con facilidad en estos pueblos; lo cual, si aprendes a interpretarlo, es una auténtica bendición. Pero claro, un día llegó en que los cascotes impedían acceder a la casa y tuvimos que llamar a  uno que llamó a otro, que conocía a nosequíen que tenía el telefono de un albanes para que quitara los escombros. Esta vez pagué a pie de obra.

Algunos meses más tarde, retirando los trastos acumulados en la casa, fundamentalmente aperos del campo, encontré un dedal, unas medias de mujer y una instantánea polaroid, ya muy  deslucida, en la que aparecía una abuelita muy sonriente vestida de negro. No guardé las medias pero si la fotografía y el dedal porque parecía que la casa me estuviera contando una historia que yo debía escuchar. La pena fue que la foto al ver la luz del sol hizo un fundido en negro y se tragó a la señora amable que me miraba y no pude observarla con detenimiento. El dedal se lo di a su nieta Georgía algunos años después, porque le pertenecía más que a mí, sin lugar a duda.

– No sé qué tiene esta casa que duermo como un tronco, de un tirón toda la noche.

– Es porque está construida con mucho amor. Mis abuelos eran la gente más buena y honrada que he conocido y su espíritu se quedó filtrado en las paredes y la roca. Ahí, bajo la higuera, solía sentarse mi abuela a coser y yo le escondía el dedal para hacerla rabiar; todavía puedo verla, paciente y sin enfadarse jamás conmigo, con una sonrisa en la cara.

Άλκηστις
Πρωτοψάλτη

Η φωτογραφία


Μια ευτυχισμένη Κυριακή του ‘33
κάναμε το αίσθημα σεμνή φωτογραφία
κι ύστερα κάτσαμε να φάμε
στο τραπέζι μας ψητό
σαλάτα, φρούτα και βανίλια παγωτό.
Ο Νίκος είχε άδεια απ’ τη μονάδα
υπηρετούσε κάπου στην Ορεστιάδα
κι ο φωτογράφος μας εφώναζε σε λίγο το
πουλί
απ’ το φακό μου θα σας στείλει ένα φιλί.
Κι ύστερα γίναμε ωραία φωτογραφία
και κρεμαστήκαμε μεσ’ την τραπεζαρία
και παν πενήντα τόσα χρόνια
απ’ αυτή τη Κυριακή
και τώρα όλοι είμαστε κάτω απ’ τη γη
  
La fotografía

Un feliz domingo del 33
nos hicimos una decorosa fotografía
Y más tarde nos sentamos a comer
en la mesa, nuestro asado,
ensalada, fruta y de vainilla el helado.

Nicos tenía permiso de su compañía
que servía en alguna parte de Orestiada
Y el fotógrafo nos advirtió que pronto un pajarito
desde el foco os mandará un besito.

Y después salimos en una hermosa fotografía
y colgamos del comedor
más de 50 años
después de ese domingo
Y ahora estamos todos bajo tierra

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Un aplauso, allí donde estés, María

Por 2 diciembre, 2013 Etiquetas: , Comentar (4 Comentarios)
Un día como hoy, hace 90 años nacía La Divina María Callas, su
divinidad fue un fenómeno que duró apenas 10 años, pero que perdura hasta hoy,
tal que si de un habitante del Olimpo se tratara. Como los catasterismos de Eratóstenes
su canto debió ascender a los cielos y se quedó prendido en alguna estrella,
porque todavía, sus viejas grabaciones hacen llorar a más de uno. Su voz fue
breve y no con el timbre más bello pero sí con un pathos capaz de conmover al
más flemático. Siempre tienes la sensación, cuando la escuchas, de no entender de
donde salió esa repentina conmoción que te paraliza y te hace llevarte las
manos a la cara. Si el arte debe emocionar, ella fue su más viva defensora.

Maria Callas en Lefkada

Solo quería hacer una breve mención a este personaje que
vivió en el drama y para el drama, en el día de su aniversario. Para eso lo
mejor es oírla o contar una de sus múltiples anécdotas; empiezo con lo segundo y os dejo con lo primero. 

En 1961 representaba Medea en La Scala. Su
relación con Onassis la había hecho abandonar los buenos hábitos y ejercicios;
de hecho él la reprendía por trabajar, como si no fuera suficiente su fortuna. No
tenía ya tan buena voz y el 11 de septiembre de 1961, durante el primer acto en el
dueto con Jasón, la audiencia comenzó a silbar. María ignoró el alboroto hasta
que llegó la escena donde ella increpa a Jasón llamándole ¡Crudele! Después del
primer ¡Crudele! paró de cantar, miró al público y le dirigió su segundo ¡Crudele!
Amenazante; hizo una pausa y continuó recriminando a Jasón: Ho dato tutto a te,
pero el puño del desafío lo dirigió al patio de butacas; la audiencia paró de
silbar y la ovación clamorosa hizo tambalear el teatro.

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Leyendas de Skorpios

Por 28 julio, 2013 Etiquetas: , , , Comentar (15 Comentarios)
“¿Sabes por qué el papel de Norma siempre es el que más me ha gustado? Ella elige morir antes que dañar al hombre que ama, aunque la hubiera despechado”.
María Callas

Hay lugares en el mundo con esencias sombrías, pneumas oscuros. Así es Skorpios, una isla muy verde que se tiñó de rosas y amarillos en sus épocas gloriosas, pero que en el fondo tiene negras leyendas.

Skorpios fue adquirida por el magnate griego a principios de los años 60 como un presente de gallo presumido para Maria Callas, la Divina. No solo compró la isla si no que tuvo también que adquirir una montaña cercana, en Lefkada, para abastecer de agua a la isla y convertirla en el jardín que es hoy. Allí paso la diva largos veranos viviendo su pasión arrebatadora, esa que le dejó sin voz y posiblemente sin habla, cuando se enteró por la prensa de que su querido Ari contraía segundas nupcias con la mujer más famosa del momento; Jacqueline Kennedy.

Ya conté en una ocasión que la compra de Skorpios enojó a muchos pastores que tenían allí sus rebaños de cabras. Dicen los rumores que alguno juró matarle; pero Onassis se convirtió en popular personaje y supo hacerse apreciar en la zona a base de buenas prebendas. Un islote en el que solo saltaban las cabras pasó a saltar, por sí  mismo, al papel couché, a las pantallas de los televisores y los cines; un islote donde igual podías ver a Churchill que a Gracia y Rainiero; donde entre agudos y pianísimos se oían las dramáticas peleas de la Callas o el helicóptero que venía a traer el pan de Jackie, todos los días, desde su panadería favorita, a 300 km. Cualquier rico que se preciara quería tener una cosa así. O si no, Spetsopula, en el Egeo, propiedad de Niarchos, su rival en los negocios y en la vida en general; el que consiguió casarse con la ex esposa de Onassis y esta, más tarde se suicidó. Fin del primer acto de la tragedia.

Onassis en los negocios no solo era un lince si no que carecía de escrúpulos; solo así se amasan fortunas, es obvio. Se dice que alguna victima arruinada por sus manejos financieros le lanzó una maldición, que hizo extensiva a sus descendientes. Puede ser verdad o fábula  aquel mal de ojo, pero lo cierto es que la vida de los personajes asociados a la isla no pudo tener más funestos desenlaces. Los hijos de Onassis y Jackie, muertos en accidente de aviación;  el cadáver de Cristina Onassis hallado  en su piscina con una sobredosis de barbitúricos, a causa de sus amores atormentados con el padre de su hija Athina;  La Callas sola y abandonada en Paris;  el mismo Onassis, loco de dolor por la muerte de su primogénito, fue presa de una rara enfermedad. Una historia digna de Eurípides para ser representada en Epidauro.

El testamento de Onassis, parece ser que dejaba claras dos cosas: que el padre de Athina no tocaría un dólar hasta que la niña fuera mayor de edad y que la isla siempre sería propiedad de la familia o de la fundación Onassis. Hay una pequeña ermita en lo alto con las tumbas de él y sus dos hijos; posesión para toda la eternidad.

Athina se marchó a Suiza a vivir con su familia paterna y  solo una vez volvió a la isla para visitar la tumba de su madre. Los griegos la recibieron como a una diosa, pero se quedaron estupefactos de que apenas hablara griego y  de que poco o nada sabía de su país. Supongo que el despecho paterno algo tuvo que ver en ese desapego. El caso es que Athina nunca quiso a Skorpios y la isla quedó habitada solamente por el servicio, guardas y pastores, a cargo de la fundación Onassis.

No había barco de vacaciones que no fuera a fondear en sus bahías, ni golondrina de turistas que no acercara a sus pasajeros a bañarse en la “playa de la Callas” con el Casta Diva a todo volumen.

– A su izquierda, Señores, podrán contemplar la casa que se hizo construir Jackie Kennedy. Es de estilo cicládico. Y la arena de la playa se hizo traer desde el norte de Africa. Nunca quiso vivir en la casa grande con Onassis y le obligó a deshacerse de cualquier objeto relacionado con María.

Ohhh….Chas-Chas-Chas. Miles de fotos y miles de flashes. Casta Diva otra vez….

Con una historia así y llena de turisteo, parecería difícil que alguien quisiera esta isla. Pero eso es lo que nos parece a los mortales; los ricos tienen otras necesidades que nosotros no comprendemos. Por ejemplo más pasta. O por ejemplo la fama; porque ricos hay muchos, pero el glamour cuesta trabajo de conquistarlo; así que si me compro una isla famosa…ya soy famoso.

Eso le debió pasar a esta millonaria rusa de 24 añitos de nombre olvidadizo; que para dejar de ser La Rusa, como una vulgar ensaladilla, le dijo a su papá que le comprara Skorpios. Ya puede salir en los papeles y llamarse Ekaterina Rybolovleva. Ha manifestado a la prensa que se lo plantea como una inversión a largo plazo y que va acometer reformas respetuosas con el medio ambiente. Tiemblo de pensarlo, porque no solo ha comprado Skorpios, si no algunos terrenillos e islillas cercanas.

Lo que nadie se explica es que ingeniería legal han debido idear para saltarse a la torera el testamento de Onassis. Lo de las barcas de turistas y veleros, lo ha solucionado rápido; ha puesto boyas en toda la cara norte de la isla para que nadie se acerque ¡A cantar el Casta Diva  a altamar! Y ha atracado su inmenso e impersonal yate en el puerto donde antes fondeaba el Cristina.

Durante el día hay un gran trasiego de ferries cargando materiales en el muelle. Algunos comentan que la está despojando de todos los muebles y objetos de la familia y que los ha regalado al ayuntamiento de Meganisi del que depende la isla. Es curioso; te compras una isla con historia y la cambias entera; es como comprarse el palacio de Sisí y hacerle una reforma minimalista. Pero así es la vida; Jackie no quería las cosas de la Callas y la Rusa no quiere las cosas de la Jackie. Y así es Grecia, la pobre, con su historia desperdigada por museos de todo el mundo.

Imagen de meganisinew.eu

Yo, de todos modos, nunca me hubiera comprado una isla como esta, con espíritus trágicos, tumbas ilustres e historias de tintes casi mitológicos;  maldiciones y supersticiones. Si alguna noche alcanzas a oír un gemido a lo Lucía de Lammermoor, puedes llegar a enloquecer ¿No?

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El telescopio de Constantina

Por 17 agosto, 2012 Etiquetas: , , Comentar (13 Comentarios)
La sonrisa de Constantina no es algo a
lo que una se pueda acostumbrar; ni resistir. Por las mañanas,
cuando oigo su “Hola” sé que algo serio va a pasar y que yo,
como Carroll, dejaré que esta Alicia atraviese mi espejo todas las
veces que quiera.
Me gusta y le gusta que le enseñe
palabras en español que ella repite como un loro:
– Buenos días Constantina ¿Cómo
estás?
– Buenos días ¿Cómo estás?
– No; tú tienes que decir : Bien ¿Y tú?
– Tú- tienes- que- decir- bien-y-tú.
Tú- tienes- que- decir- bien-y-tú. Tú- tienes- que- decir-
bien-y-tú. Tú- tienes- que- decir- bien-y-tú…tu…tu
Y así se queda toda la mañana hasta
que su increíble gata Bela; que no sonríe como el gato de Cheshire,
pero que sí, como él, deja en el aire una sonrisa sin gato; viene a
hacernos monadas y nos lleva directamente al país de las maravillas.
Este verano tenía planeado, en los
pocos días de ocio que se me presentaban, observar las estrellas que
tanto me gustan, la luna, cuando fuera llena, los planetas o
cualquier cosa que se me pusiera a tiro, para olvidarme de todo y
sorprenderme una vez más de lo insignificantes que somos, frente a
un firmamento inacabable, con un telescopio patatero que me habían
regalado. Pero llegó ella con su “Hola” y su sonrisa luminosa y
me pregunto:
– ¿Un telescopio?
– Un telescopio.
– Uaaa, ¡Que bonito!
Solo tuvo que decirlo tres veces, con
su mirada irresistible; se lo regalé.
– ¡TENGO UN TELESCOOOPIOOO!- Bramó por
todo el pueblo. Bela saltaba detrás.
Al día siguiente, un trasiego de
amiguetes venía a contemplar ese artefacto; aunque como para todo
niño de 7 años, la contemplación durase unos pocos minutos, para
salir despavoridos hacia nuevas y más emocionantes aventuras.
– ¡HEMOS VISTO UN TELESCOPIOOO!
El padre de Constantina nos dio las
gracias.
– Mira que si Constantina se convierte en
astrónoma.
– O en astronauta. Todo es posible; es
bastante lista.
– Sí lo es, pero el futuro está muy
negro ¿Qué país va a quedar para ellos? -Tras unos tensos
momentos de amargo silencio explotó.- Estoy pensando en irme a
Australia a buscar trabajo pero no es fácil para mí; no soy muy
joven, no sé inglés, no puedo dejar a la familia y me piden 40.000€
de depósito en un banco si llego sin contrato laboral.
Constantina pasó por allí corriendo,
congelando las palabras de su padre. Pensé en lo difícil que debe
ser tener una hija así y aguantar las ganas de coger una pistola
para atracar un banco. El pareció leerme el pensamiento.
– No me educaron para robar, solo sé
trabajar. Nuestros padres emigraron para darnos de comer, ahora nos
toca a nosotros. Quien sabe si nuestros hijos podrán disfrutar de
Grecia.
Imagen obtenida de Theprisma.com
– Mira, ven Constantina. Tienes que mirar
por aquí y hacer así y así con esta rueda. Sí, así, muy bien.
Tienes que mirar muy lejos, mas allá de Europa y de la tierra.
Tienes que ver a través de estos espejos. Ya sé que se ve todo del reves; no importa. Tienes que conseguir ver
las estrellas.
– Ver-las-estrellas, ver-las-estrellas,
ver-las estreeeellaaaas,
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