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Un perro feliz

Por 7 noviembre, 2013 Etiquetas: , , Comentar (14 Comentarios)
Siempre que subo al ferry de Igoumenitsa para volver a España, pasando por Italia tengo presentimientos aciagos. Siento iniciar un viaje, como Odiseo, lleno de Lestrigones y Cíclopes maléficos que complicaran mi retorno y me borraran el camino de regreso. El zumbido de las hélices y el comienzo de la maniobra me desasosiegan tanto que me sumerjo en algún libro para no pensar demasiado. No importa en qué época te vayas, siempre es un sufrimiento, pero este dulce otoño del Jónico se te queda prendido en las ropas tal que una fragancia venenosa. Durante algún tiempo me durará el encanto y la imagen, al cerrar los ojos, de los arboles dorados, las manzanas encarnadas, los flamencos rosados en las marismas de Lefkada que no tienen mucha prisa de partir este año, el azul interminable y la blanquecina tranquilidad en el que se sumerge la isla para reposar del fatigoso verano.

Cuando llego a mi país, después de tantos meses, normalmente no entiendo nada, normalmente me falta el aire y normalmente me enfurezco; el resto del tiempo notaré solo manos anónimas que intentan estrangularme a base de normas y leyes venidas de muy lejos, pero aplicadas con rigor en esta tierra de papistas más que el Papa. Ya no me acordaba que aquí te vigila un helicóptero en la carretera que sabe todo de ti; que si aparcas mal la grúa aparece a velocidades cuánticas; que un coche no puede estar si ITV aunque no circule; no sabía que ya no se pueden comprar las bombillas de toda la vida porque contaminan, a pesar de que la ciudad está iluminada como un lucero; me enteré de que han prohibido a las pulpeiras cocer el pulpo en cacharros de cobre, a los perros correr sueltos por los parques y que en el país vecino, a los gondoleros de Venecia les van a obligar a llevar chalecos reflectantes y GPS.

Llegué a mi
tierra de diseño, con autopistas,aeropuertos y trenes galácticos que no se pueden mantener, de gasolineras palaciegas con empleados autómatas y
silenciosos, de restaurantes acristalados y clonados; un país donde desde el
primer momento que entras eres sospechoso y estás inquieto. Y dejé atrás un estado
mísero y empobrecido, sin infraestructuras ni diseños, pero donde es
infinitamente más fácil la existencia y donde te sientes tranquilo, donde un
gasolinero igual te prepara un café que te arregla un pinchazo o te llama a la
estación de autobuses para averiguar el horario, mientras comenta el partido de
ayer.

Es entonces cuando me llegan recortes de Lefkada, con sus bicicletas sin candar, con sus policías que escuchan tus disculpas y te rebajan la multa, con los niños ayudando en las tabernas de sus abuelos, con el mecánico que te lleva en su coche porque a ti se te ha estropeado el tuyo, con la señora que acompaña al turista que se ha perdido. Y sobre todo me acuerdo de un perro, al que nunca me da tiempo de hacerle la foto cuando pasa, subido con las cuatro patas juntas en la moto de su dueño y apoyando la cabeza en su hombro mientras sus orejas vuelan al viento. Su cara de felicidad es inolvidable.



Για την Ελλἀδα
Σωκρἀτης Μαλαμἀς

Αμπέλια και χρυσές ελιές
μοιάζεις Ελλάδα μου όπως θες
φωτιά κι αέρας, στο φως της μέρας.

Τη μια ευρωπαία στο κλαρί,
την άλλη αρχαία προτομή
Γιατί, γιατί;

Γύρνα και δείξε μου τον δρόμο σου ξανά
μάτια μου, κομμάτια μου
σαν γράμμα ατέλειωτο που έσβησε ο καιρός
μ’ ονόματα και χρώματα.

Γυμνά τα δέντρα, τα κλαδιά
κι έχουν πετάξει μακριά
πουλιά κι αστέρια, σε ξένα χέρια.

Ετσι ήταν πάντα μου γελάς
παιδιά είμαστε της λησμονιάς
σ’ ακούω χαμένος, σαν ζαλισμένος.

Στον ουρανό σου θέλω απόψε ν’ ανεβώ
να σε βρω
αγκάλιασέ με στο σκοτάδι σου να μπω
μάγισσα, σ’ αγάπησα.

A Grecia
Sokratis Malamás

Viñas y aceitunas de oro
Te asemejas a lo que quieres ser, Grecia mía
Fuego y aire a la luz del día.

De un lado rebelde europea
Busto antiguo del otro
¿Por qué, por qué?

Vuelve y muéstrame otra vez tu camino,
Mis ojos y mis pedazos
Como una carta inacabada que el tiempo borró
De nombres y colores.

Desnudos los árboles, las ramas
Y han caído lejos
Pájaros y estrellas en manos extrañas.

Siempre fue así, tu riéndote de mi
Niños somos del olvido
Te escucho perdido, como un mareado

A tu cielo quiero esta noche subir
Para encontrarte
Abrázame para que entre en tu oscuridad
Maga, te quise

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Adiós Gabri

Por 17 marzo, 2012 Etiquetas: Comentar (4 Comentarios)

Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal ha llegado a mi teléfono. Y dada esta nube aséptica en la que vivo últimamente, no alcanzo a comprender; leo y releo tus comentarios, ellos siguen ahí, con mis respuestas; esperando más.
Tu ya no volverás a aparecer por aquí, pero yo por ti seguiré escribiendo estas chorradas que escribo, para ver si alguna llega lejos, a entretenerte. Ha sido un honor, querido amigo. Ha sido un honor todo; incluidas nuestras juergas desde cerca de Algeciras hasta casi llegando a Estambul, por todo ese ponto rico en chinas que hemos dejado en la estela de Las Magas y por todas esas estrellas que mirábamos y nos bebíamos juntos. ¡Que rica una estrellita!
Un abrazo para ti, a la que siempre recuerdo sonriente y callada, Paloma silenciosa; el mas fuerte. Sospecho que eras tú quien le leía las entradas del blog últimamente y la que escribías sus respuestas.
Y a todo el resto de la banda; se como os sentís, porque yo me siento igual.

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