Browsing Tag

Poesía

La isla del ciervo y la luna

Por 2 febrero, 2017 Etiquetas: , , , , Comentar (14 Comentarios)

Me deslicé por la escalera sin ser consciente del agua, persiguiendo una estela blanca como si fuera un calamar. Cuando el mar ni siquiera se riza, la luna hace un camino limpio sobre la superficie, nítido y sin temblores. Directo, como un cañón la luz penetraba en el agua y hacía visible lo desconocido. En ese caso es una necesidad imperiosa transformarse en un ser marino y perseguir el resplandor, abriendo bien la boca para tragar agua salada y dejarla escapar por las branquias, recordando el pasado pez de nuestros ancestros. En el fondo, la arena se había quedado quieta dibujando suaves montañitas como si fueran olas capturadas en una instantánea, y entre las crestas, estrellas de mil pies andaban de un lado a otro indiferentes a la indiscreción del satélite luminoso. Salir a respirar era un auténtico desperdicio porque la luz argentina y onírica del interior del mar se transformaba en oscuridad al sacar la cabeza y contemplar el cielo vacío de estrellas dominado por la cara redonda de la loca blanca.

Selene era una deidad promiscua. Una de las historias mitológicas más turbadora es para mí la de los amores de Selene con el pastor Endimión, un joven rey destronado que se ocultaba en las montañas dedicándose a pastorear sus rebaños y a contemplar el firmamento por las noches. Endimión tras ponerse el sol, para distraer su soledad, observaba a Selene, a la que cortejaba en silencio; noche tras noche su alma se alimentaba de esa muda contemplación amorosa. Una noche Selene, sin saber nada de la gran pasión que ha inspirado, desciende a la tierra, le ve dormido, hermoso, desnudo, tumbado en la entrada de una cueva, irresistible en su juventud y se desliza con sus rayos blancos para yacer a su lado. La diosa también se enamora y empieza a frecuentarle cada noche. Endimión, despierto, languidece frente a su amor imposible, dormido, se convierte sin saberlo en el objeto de amor de la misma diosa. Él no sabe que ella le visita cuando sueña y ella no sabe que él la ama cuando está consciente. Son Selene y el pastor dos amantes que se persiguen sin encontrarse.

Una noche despierta Endimión entre la zozobra de un sueño, sintiendo el roce de su amada; el goce es infinito para ambos, se confiesan su amor y se observan de cerca, pero desde ese momento Endimión ya no es feliz, siente pánico. Es consciente del paso del tiempo, ese que tan finamente dibuja su pálida amante a base de días de ausencia y noches de ardor, que se les escapa irremediablemente y le deja aterrado ante los primeros signos de su propia vejez. Selene pide ayuda a Zeus y éste concede que Endimión permanezca intemporal mientras esté dormido; sólo envejecerá en los periodos de vigilia. Endimión hace prometer a Selene que estará siempre con él mientras duerma. Sueña y no envejece, siempre despierta enamorado. Pero entonces, cuando está despierto, ella no está y se desespera, solo desea volver a caer dormido otra vez para tenerla entre sus brazos.

Pobre Endimión ¿De qué le sirve su gozo si no puede deleitarse? Le dio tanto miedo el fugaz tic-tac de Cronos que no supo saborear el presente. No tiene más remedio, al final, que caer en un sueño interminable para poder detener las nuevas arrugas que cada día descubre en su rostro y retener así a su amada. Toda una paradoja de amor, tiempo, sueño y muerte: Si existiera el dormirse y no se compensara con el despertar que se origina del estar dormido, sería como estar muerto. ¿Sentirá ahora los besos de la luna? ¿Cómo gozará de ello si no aprecia nada? ¿De qué aprovecha la inmortalidad si esta es insensible?

La isla de Elafonisos, de los ciervos, es un espectáculo durante el plenilunio, porque está hecha de arena y de dunas y se platea esas noches como una joya. Su nombre hace referencia a los muchos templos dedicados por la zona a Artemisa, la diosa virgen y cazadora, que iba acompañada siempre por un cervatillo; la que que usurpó a Selene su poderío lunar. Por cierto que fue otra virgen, la María, la que heredó a su vez el trono de Artemisa, por ello se la pinta frecuentemente pisando la luna. Los cristianos llegaron con pie firme para cambiar las cosas.

 

luna llena Elafónisos

 

Al principio Elafonisos era una pequeña excrecencia del cabo Maleas. Un terremoto quebró su unión con el Peloponeso y la isla se fue poco a poco separando y creando ese estrecho de aguas turquesas que tanto impresiona al visitante. Dicen que en 1677 todavía era posible cruzar de un lado a otro andando sobre los charcos. Los piratas sarracenos la conquistaron y asesinaron o esclavizaron su población; Elafonisos permaneció deshabitada y olvidada durante casi mil años. En el S XIX y por una disputa territorial, Kapodistrias decide mandar a unas familias a crear asentamientos y comienza a ser habitada oficialmente de nuevo.

Una barca cruzaba a remos al continente, manteniendo una línea irregular, autogestionada y espontánea, en la que los pasajeros eran invitados amablemente a remar y los animales a chapotear amarrados a sus costados; todos menos los burros que tienen pavor del agua y no saben nadar. Una mañana tranquila y calma de 1938 los ocupantes oyeron un estruendo y vieron a una barca roja acercarse a toda velocidad. ¡Nada menos que tenía 5 hp de motor! El joven piloto del flamante barco levantó el brazo y gritó señalando el nombre pintado en la borda:

–Esta es la Virgen María, ¡Mirad el futuro, la grandeza de la isla!

Y todos lanzaron sus sombreros al aire, ante el terror de los pollinos que comenzaron a rebuznar al unísono. Los remos cayeron en cubierta para siempre y los burros, poco a poco, se esfumaron con la bruma. La ruta fue operada por muchos y sucesivos barcos rojos que introdujeron a Elafónisos en una nueva era. En la actualidad, miles de coches y turistas visitan diariamente, en verano, una población de apenas 200 habitantes. Endimión se volvería a dormir para no ver ese precipicio del tiempo y de vírgenes coloradas que pisotean a su amante. Despertaría solo en el pansélino para bañarse en el agua y perseguir a su luna como si no hubieran pasado los siglos y todo fuera como antes del sueño.

La curiosa y sagaz lengua griega tiene la manía de cambiar conceptos al alterar los prefijos, dando lugar a comparaciones originales: Εκδρομές, quiere decir excursiones, recorridos de placer, hacer turismo; Επιδρομές, quiere decir invasiones, como los turistas a tropel. Y solo cambian 2 letras. Grecia necesita el turismo como el maná, pero a la vez el turismo la devora como Saturno. Una contradicción, una duda existencial ¿Qué quiero, qué? se pregunta Sapho.

Στίχοι: Σαπφώ
Μουσική: Νίκος Ξυδάκης
εκτέλεση: Ελευθερία Αρβανιτάκη

Ολονυχτίς ο σκοτεινός
τα μάτια ο ύπνος κυριεύει
και με καίει, με καίει
και μ’ ανάβει ο πόθος
σύγκορμη.

Τι θέλω τί, μήτε ξέρω τί,
δυο γνώμες μέσα μου.
Τι θέλω τί, μήτε ξέρω τί,
σταγόνα τη σταγόνα ο πόνος μου.

Letra: Sapfo
Música: Nikos Xydakis
Canta Eleftheria Arvanitaki

Toda la noche la oscuridad
los ojos el sueño domina
y me abrasa y me abrasa
y me enciende la pasión
el cuerpo entero

Qué quiero qué, ni sé qué
dos opiniones dentro de mí
qué quiero qué, ni sé qué
gota a gota mi dolor

Share:

Os deseo lo imprescindible

Por 22 diciembre, 2016 Etiquetas: , , Comentar (24 Comentarios)

El karabaki de Lefkada cargado de deseos

Dice Plutarco que dijo Pompeyo a sus amedrentados marinos que los rayos del cielo no eran importantes, sino llevar a Roma el trigo recogido en Sicilia. Dice Plutarco que decían los marineros que: ¡No! que bajo ningún concepto se harían a la mar ese día tan terrible. Y dice Plutarco que Pompeyo les dijo, con un tono vibrante y autoritario le celebérrima frase de:

Navigare necesse est, vivere non est necesse. Navegar es necesario, vivir no es necesario.

Así que los marineros se callaron ante la evidencia y se dispusieron a zarpar.

Y esta frase pasó a la historia de boca ilustre a boca distinguida, se hizo lema de la liga Hanseática, apareció hasta en discursos de Mussolini, le tocó la fibra sensible a Fernando Pessoa, e inspiró una canción de Caetano Veloso. Y cada uno ha creído ver en la oración metáforas diversas de entregas del individuo a fines superiores tales que la patria, como Mussolini, o a la belleza y la creación, como dice Pessoa. En cualquier caso, no sé qué puede haber más importante que la vida pues sin ella no hay navegación posible. Aunque bien pensado; triste la vida que no tiene una motivación fuera de ella misma, porque sin esta tampoco vale la pena vivirla.

Llegado este momento del año, ese sol tan lejano que ahora se irá acercando para calentarnos un poco, es tiempo de desearnos buen futuro. Si no es el navegar necesario será cualquier otro anhelo vuestro propio, así que rellenar la frase con vuestros oportunos empeños para que yo os los desee de todo corazón. Por eso sí vale la pena vivir. El placer y la vida están en el viaje más que en la arribada y en el deseo.

Os argonautas. Caetano Veloso
O barco.
Meu coração não agüenta
Tanta tormenta, alegria
Meu coração não contenta
O dia
O marco
Meu coração
O porto
Não
Navegar é preciso viver não é preciso
O barco
Noite no teu tão bonito
Sorriso solto, perdido
Horizonte e madrugada
O riso
O arco
Da madrugada
O porto
Nada
Navegar é preciso viver não é preciso
O barco
O automóvel brilhante
O trilho solto, barulho
Do meu dente em tua veia
O sangue
O charco
Barulho lento
O porto
Silêncio
Navegar é preciso viver não é preciso

Los argonautas. Caetano Veloso
El barco.
Mi corazón no aguanta
Tanta tormenta, alegría
Mi corazón no contenta
El día
El límite
Mi corazón
El puerto
No
Navegar es preciso vivir no es preciso
Barco
Noche en tu tan linda
Sonrisa suelta, perdido
Horizonte y madrugada
Risa
Arco
De madrugada
Puerto
Nada
Navegar es preciso vivir no es preciso
El barco
Automóvil brillante
Vereda suelta, ruido
De mi diente en tu vela
Sangre
Charco
Lento ruido
Puerto
Silencio
Navegar es preciso vivir no es preciso

Caetano Veloso compuso la canción Os Argonautas tras su paso por la cárcel en 1969 y su exilio. Veloso se basó en el poema de Pessoa, y con música de fado expresa su lamento por las personas que luchan, como Jasón y los Argonautas, buscando lo esencial cada dia.

Share:

Diciendo adiós a L. Cohen

Por 15 noviembre, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (9 Comentarios)

Esta semana ha desaparecido uno de los cantantes más inseparables e imprescindibles para mí, posiblemente porque él a su vez también se ha conservado fiel a un estilo de música y poesía, sin ceder un ápice a modas ni tendencias, humilde y atormentado como pocos y que por vicisitudes de la vida se ha mantenido componiendo hasta el fin de sus días. Mi devoción por Leonard Cohen, igual por sus partisanos que por sus Aleluyas, por sus dioses angustiados o por su último disco de despedida, que todavía no he tenido ocasión de oír y que seguro que duele tanto como su pérdida, tiene también algo de hermandad, por el gran cariño por Grecia que nos unía y por la aventura de poseer ambos una casa de pueblo en una isla. Decía Cohen que un poeta no puede lamentarse sin sentido ni profundidad, ni siquiera de la muerte, si no busca la belleza por encima de todo; y en eso radicó el poder de sus canciones.

 

hydra-lc

Leonard Cohen en Hydra



Siempre hay una favorita, aparte de esas que suenan a épocas hermosas de juventud. Yo elegí la de Alexandra leaving, primero porque la música me parece preciosa y después porque a la letra le había yo asignado un significado, mejor dicho inventado, que hasta ahora no he podido resolver. Imaginaba la perdida de una Alexandra muy querida por el autor y hasta le inventé una relación amorosa o familiar intensa, aunque me sorprendía esa melodía dulce, sensual y envolvente; como la increíble voz de Cohen; que casi te transportaba a la alegría y la celebración. Los buenos poetas no son tan inmediatos y juegan a ocultar secretos en sus versos para hacernos pensar y elucubrar; en sí cada poema es un auténtico tratado extraído de un pedazo minúsculo de existencia, pero con toda una vida a sus espaldas; es una clara invitación a que nos detengamos y saboreemos algo que no salió de su pluma veloz sino de días y noches, después de mucho idear, recapacitar y pulir, así que el que lee tiene un hermoso cometido por delante.
A raíz de su muerte, esperada pero no menos triste, una amiga me dio la pista tanto tiempo ignorada y debo decir que me emocionó, porque comprendí nítidamente sus palabras: La belleza por encima de todo, como bien expresó mucho antes Pericles en su famoso discurso. El taimado Cohen había cambiado una letra y la tal Alexandra no era más que la legendaria Alejandría, como un intento del autor de distanciarse de un poema de Kavafis, “El dios abandona Antonio”, al que no intenta versionar sino hacerlo propio. Yo había leído ambas cosas varias veces pero no se me ocurrió casarlas.

Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes
no digas que fue un sueño.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como un hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre.

K. Kavafis

Σαν έξαφνα, ώρα μεσάνυχτ’, ακουσθεί
αόρατος θίασος να περνά
με μουσικές εξαίσιες, με φωνές—
την τύχη σου που ενδίδει πια, τα έργα σου
που απέτυχαν, τα σχέδια της ζωής σου
που βγήκαν όλα πλάνες, μη ανωφέλετα θρηνήσεις.
Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος,
αποχαιρέτα την, την Aλεξάνδρεια που φεύγει.
Προ πάντων να μη γελασθείς, μην πεις πως ήταν
ένα όνειρο, πως απατήθηκεν η ακοή σου·
μάταιες ελπίδες τέτοιες μην καταδεχθείς.
Σαν έτοιμος από καιρό, σα θαρραλέος,
σαν που ταιριάζει σε που αξιώθηκες μια τέτοια πόλι,
πλησίασε σταθερά προς το παράθυρο,
κι άκουσε με συγκίνησιν, αλλ’ όχι
με των δειλών τα παρακάλια και παράπονα,
ως τελευταία απόλαυσι τους ήχους,
τα εξαίσια όργανα του μυστικού θιάσου,
κι αποχαιρέτα την, την Aλεξάνδρεια που χάνεις.

Κ. Καβἀφης

Kavafis a su vez inicia su poema a raíz de un pequeño fragmento de “Las vidas paralelas” de Plutarco, en concreto la dedicada a Marco Antonio y a sus últimos momentos antes de ser vencido y suicidarse en Alejandría. Kavafis era alejandrino y nadie más apropiado para sentir en su propia piel la pérdida y el final en su ciudad inolvidable.

Plutarco intenta contar la historia tal cual fue, sin adornos ni embellecimientos, pero sí con una cierta intención moralizante y puntualizando que, como ya dijo Platón, los caracteres extraordinarios producen tanto grandes vicios como grandes virtudes. Describe a Marco Antonio como: “genio hueco, hinchado y lleno de vana arrogancia y presunción, con un aspecto en lo varonil que le asemejaba con los retratos de Hércules pintados y esculpidos… Antonio se jactaba de pertenecer a Hércules por el linaje y a Baco por la emulación de su tenor de vida, haciéndose llamar el nuevo Baco.” Pero lo disculpa añadiendo: “se le agregó por último mal el amor de Cleopatra, porque despertó e inflamó en él muchos afectos hasta entonces ocultos e inactivos, y si había algo de bueno y saludable con que antes se hubiese contenido lo borró y destruyó completamente…Su alma de amante vivió en un cuerpo ajeno; fue él arrastrado por aquella mujer como si estuviera adherido y hecho una misma cosa con ella”.

La historia de los dos amantes es tan densa y tormentosa, a parte de su importancia histórica, que ha sido el refugio de muchos escritores y artistas. Shakespeare es uno de los primeros en caer bajo los encantos de la intriga de Plutarco, intentado desmenuzar esos complejos personajes. Posteriormente los directores se turnaron por llevarla al cine en varias ocasiones; mi favorita es la de un Richard Burton perdidamente enamorado de una Liz Taylor que ya no cabía más en sí de guapa; aunque también dice Plutarco que Cleopatra no era excesivamente hermosa pero sí tremendamente irresistible y seductora.

Cuando ambos se repliegan, ya asediados por Octavio, en Alejandría, cuando siguiendo con su vida disoluta y desesperada pasan sus últimos días entre banquetes y festines bautizando su relación como “la confraternidad de los que mueren juntos”, el desenlace se torna trepidante, a modo del de Romeo y Julieta: él se suicida creyendo muerta a su amante, que en el fondo le ha traicionado, y ella arrepentida rescata su cadáver para dar fin a su vida también con una famosísima picadura de serpiente. Entre esas líneas hay un pasaje secundario, casi desapercibido para el común lector apabullado por tantos sucesos dramáticos e intrigantes superpuestos, donde fija Kavafis su fija mirada de miope y construye el precioso poema de más arriba: El dios abandona a Antonio. El fragmento de Plutarco es el siguiente:

Se cuenta que en aquella noche, como al medio de ella, cuando la ciudad estaba en el mayor silencio y consternación con el temor y esperanza de lo que iba a suceder, se oyeron repentinamente los acordados ecos de muchos instrumentos y griterío de una gran muchedumbre con cantos y bailes satíricos, como si pasara una inquieta turba de bacantes: que esta turba movió como de la mitad de la ciudad hacia la puerta por donde se iba al campo enemigo, y que saliendo por ella, se desvaneció aquel tumulto, que había sido muy grande. A los que dan valor a estas cosas les parece que fue una señal dada a Antonio de que era abandonado por aquel Dios a quien hizo siempre de parecerse, y en quien más articularmente confiaba.

Y luego llega Cohen y compone la canción que a tantos nos ha enamorado, pero con su acostumbrada humilde discreción deja patente que no copia al maestro y altera una letra en el título para que nos quedemos confusos, desorientados y nos calentemos la cabeza, como yo acabo de hacerlo ahora; por ello estaremos eternamente agradecidos. Y versionando, yo esta vez, a Platón puedo añadir que los caracteres extraordinarios producen tanto monstruosidades como enorme belleza, depende de quién los mire.

De pronto la noche se ha tornado más fría.
El dios del amor se prepara para partir
Alexandra alzada sobre sus hombros
Deslizándose entre los centinelas del corazón.
Mantenidos por las simplezas del placer,
Alcanzan la luz, se entrelazan informes
Y radiantes más allá de toda medida
Caen entre voces y vino.
No es una trampa que a tus sentidos engañan
un sueño interrumpido que la mañana apagará
Dile adiós a la Alexandra que se va
Después dile adiós a la pérdida de Alexandra.
Incluso aunque ella duerme sobre tus satenes
Incluso aunque te despierta con un beso
No digas que el momento fue imaginado
No te rebajes a estratagemas como esa
Como alguien preparado para ello por mucho tiempo
Ve firmemente a la ventana y bébelo
Música exquisita, Alexandra riendo.
Tus primeras promesas tangibles de nuevo
Y tú que tuviste el honor de su velada
y que por su honor tuviste tu sanación
Dile adiós a Alexandra que se va
Alexandra que se va con su señor.
Incluso aunque ella duerme sobre tus satenes…

Como alguien preparado  para la ocasión
Con total mando sobre cada plan que hiciste naufragar
No elijas una explicación cobarde
Que se esconda detrás de la causa y el efecto
Y tú que te desconcertaste por un significado
Cuyo código estaba roto, crucifijo descruzado
Dile adiós a Alexandra que se va
Después, dile adiós a la perdida de Alexandra.

L. Cohen

PD. Muchas gracias, Carmen Roibó, que siempre me dejas miguitas e hilos, no solo para que encuentre la salida sino para que me adentre en laberintos estimulantes.

Share:

Girospiti. El salto

Por 12 mayo, 2016 Etiquetas: , , Comentar (8 Comentarios)

Un techo puede ser lo más parecido a la bóveda celeste; por su forma, por lo elevado, por lo intangible, por lo inabarcable.En el tiempo récord de un año habíamos conseguido reparar el tejado; para estar tan lejos y tan a desmano no estaba mal la plus marca. Ahora tocaba, sin dilaciones, proteger la madera con pintura, sobre todo en la terraza, de las inclemencias del tiempo. Era mi turno. Era verano. Me compré una escalera y una pértiga. Me organicé el trabajo en las jornadas de las que disponía.

– Un planing se llama. – Le decía yo a los gatos que pasaban a fisgonear.

– Y calcular que si todo marcha bien, en una semana podrá estar acabado. –  Se alejaban con los rabos bajos y desilusionados.

Todos los días me levantaba al amanecer y acompañada de una botella de agua congelada me dirigía a mi faena.  Las labores de contorsión no me acobardaban, estaba curtida en trabajos náuticos de posturas invertebradas, pero aquí se añadía la atracción del abismo, encaramada en lo alto, en una terraza sin barandilla. A los dos días tenía una tortícolis de muerte, una centésima del trabajo esperado hecho y una desmoralización preocupante; al tercero me había comprado un compresor. La máquina no mejoró mis músculos maltrechos pero sí me hacía avanzar más rápido. Aunque ante las miradas inquisitoriales de los vecinos con los que me cruzaba decidí no utilizarlo a la hora de la siesta y seguir con el rodillo neolítico; yo era una extranjera y me había dispuesto a pasar desapercibida.

Lo peor era subir todos los utensilios a la casa, porque el pueblo, como muchos otros de las islas, está colgado del monte y no puedes dar dos pasos sin subir una cuesta, lo que lo hace complicado incluso para los automóviles. Los habitantes tienen bombas hidráulicas por corazones y su longevidad es sorprendente, de hecho el nombre Ευγηρος, viene de καλἀ γεράματα, es decir, la buena vejez. Pero a mí me costó coger fondo unos cuantos días de sube y baja.

 

El cabo Ducaton al fondo

A menudo me quedaba obnubilada, observando los campos allá abajo con las ovejas pastando y el cabo Ducaton al fondo, me detenía en cada detalle y me olvidaba del grosor de la brocha que se transformaba en el fino pincel para copiar la naturaleza.  Tenía la sensación del vuelo, planeando sobre las montañas, descendiendo suave sobre el valle y remontando un poco más tarde hasta donde empezaba el mar; para llegar a los blancos acantilados que dan el nombre leuco a la isla de Lefkada. Blanca la pintura, blancas las manos, blanco el tejado, blanco el cuerpo y los ojos, todo era blanco y luminoso. Demasiado.

El cabo Ducaton es conocido por haber servido de trampolín a amantes despechados que querían curarse de su pasión no correspondida y borrar, a través de un salto certero, el dolor corrosivo del desquerer. Si sobrevivían se deshacían en el salto de todas las desdichas y sufrimientos. Sus cortadas se hicieron famosas como recurso infalible para el olvido. Los oficiantes, hacían ofrendas, de las que los sacerdotes daban buena cuenta, y  los pescadores avispados sacaban del mar los despojos, cobrándoles un buen dinero si respiraba todavía. El rescatado pagaba gustoso, anonadado y feliz  por haber sobrevivido ¿Cómo no se le iba a olvidar cualquier cosa? Bastantes pocos consiguieron salir con vida, pero todos, todos, olvidaron. Pero quien acabó por dotar de renombre al cabo para la posteridad fue Safo, la poetisa de Mitilini. Debió penar mucho por su amado barquero Faon, para viajar de una parte a otra de Grecia y suicidarse justamente aquí, en el “Salto de Safo”. Es posible que nada de esto sea cierto, pues muchos relatan que envejeció y murió en Lesbos, su tierra, pero no importa la verdad, la fábula al fin y al cabo, hace más llevadera la vida. Y a mí me entretenía en mi  pintura; que más se puede pedir.

Entre ensueño y espejismo fui acabando mi cometido. Estaba cansada, mareada, veía estrellitas y me movía como un pinocho de madera, con todos los músculos agarrotados. Cuando ya me iba, al pasar por delante de la taberna, alguien me llamó. Yo frené. Girarme no podía. Di marcha atrás. Me olvidé del desnivel. Di marcha atrás. Y sentí un vacío, una pérdida de sustentación, unas ruedas girando en el aire… Me caí a la cancha de baloncesto. Ahí morían mis sueños de vivir de incógnito y no dar el cante, en el bochorno de la tarde y en el de mi amor propio. Cómo envidiaba a Safo en su fatídico salto, para desaparecer de allí cuanto antes.

Cancha de baloncesto

Vula, se asomó a la terraza y sin preguntarme nada empezó a llamar a unos y a otros. Pronto apareció medio pueblo armado con palos, piedras, gatos y planchas; se les notaba acostumbrados a estos menesteres y tras grandes discusiones y forcejeo, lograron sacar el coche de allí. Todos sudábamos y resoplábamos.Durante algún tiempo me resigné a ser la “hispanída” que se había caído a lapista de baloncesto. Pero un día me consoló la estupidez de no ser la única. En una curva me encontré a todo el pueblo vociferando con palos, piedras, gatos y planchas; abajo, despeñado por un barranco estaba el coche de un vecino que venía un poco tarde de tomar ouzos.

Adaptación de Sotiris Kakisis del fragmento 95 de Safo ( libro V) cantado por Eleftheria Arvanitaki.

Ήρθε και τρύπωσε ο Ερμής στο όνειρό μου μέσα
και του είπα·”Αφεντάκο μου, πώς χάθηκε η ζωή μου
Και δε γελώ, δε χαίρομαι, μήτε τα πλούτη θέλω
μα κάποιος πόθος με βαστά, ζητάω να πεθάνω
Τις υγρές να δώ με τους λωτούς, του Αχέροντα τις όχθες”.

Vino y se deslizó Hermes en mi sueño,
y le dije “Mi Señor, cómo se perdió mi vida.
Ni me río, ni me alegro, ni las riquezas busco,
tan solo un deseo me sostiene : quiero morir
Ver las aguas con lotos, las orillas
del Aqueronte”.

Share: