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Religión

Sopas con fundamento

Por 18 mayo, 2016 Etiquetas: , , , , Comentar (8 Comentarios)

Mafalda aborrecía la injusticia, la pobreza, las guerras y…la sopa. Yo la adoraba; a Mafalda y a la sopa.
Los niños suelen encontrar aburrido ese plato caldoso donde flotan estrellas, letras, fideos y mendrugos y desconocen que es una de las formas de cocinar más antiguas que existen, tampoco les importa. Nada más descubrir el fuego debió ser inmediato el poner agua a hervir con alimentos que le confirieran sabor y algo de consistencia a base de cereales. Desde ahí hasta llegar a nuestras reconfortantes sopas de ajo, minestrone o cebolla hay un interesante camino culinario plagado de anécdotas e historias. Y en esta riada de hervores y experimentos creo que el ingrediente estrella es la harina y su manipulación posterior en forma de panes y pastas. El descubrimiento de ese proceso tan mágico y complicado de la fermentación y subida de la masa para su posterior horneado es uno de los momentos estelares de nuestra evolución. Como ya dije en anterior ocasión, Homero discriminaba entre hombres civilizados o no por su costumbre de alimentarse con pan.

Envié a mis compañeros para que indagaran qué hombres eran de los que comen pan sobre la tierra. Odisea Canto X

trigo espigas

Los misterios de Eleusis, fueron durante más de un milenio un símbolo espiritual del renacimiento primaveral en Grecia que conmemoraba la vuelta de Perséfone al mundo de los vivos, para alegría de su madre, Demeter, diosa de los cultivos y los cereales, que hacía fructificar los campos. Como ya he hablado sobre ello y para no hacerlo largo, al que le interese que lo lea aquí. Se realizaba, durante las ceremonias, diversos ritos iniciáticos y ayunos que finalizaban con la comunión con “kykeón”, un caldo hecho con cereales, cebada principalmente, hierbas, queso y vino. Este sacramento producía el éxtasis y la revelación, posiblemente por las hierbas o la presencia de contaminación de la cebada por el cornezuelo del centeno que contiene alcaloides precursores del LSD.

Pero el Kykeon era ya un brebaje muy antiguo que se utilizaba con fines alimenticios y medicinales, citado por Homero en la Iliada XI 623-641

Hecamede acercó una mesa magnífica, de pies de acero, pulimentada… la mujer, que parecía una diosa, les preparó la bebida: echó vino de Pramnio, raspó queso de cabra con un rallo de bronce, espolvoreó la mezcla con blanca harina y los invitó a beber así que tuvo compuesto el potaje.

También, en la Odisea, canto X, Circe prepara una poción parecida cuando quiere hechizar a Ulises y sus hombres para que permanezcan en la isla.

Los introdujo, los hizo sentar en sillas y sillones, y en su presencia mezcló queso, harina y rubia miel con vino de Pramnio. Y echó en esta pócima brebajes maléficos para que se olvidaran por completo de su tierra patria.

Curiosamente, me comentaba Rodi, que este menjunje se parece mucho a la “Zupa” que ingerían por desayuno los abuelos en Cefalonia antes de tomar el camino del campo. Era pan duro tronchado de trigo o de cebada, mojado en aceite y vino fermentado en un botijo. Lo acompañaban de queso feta cortado en trozos o a veces rallado y espolvoreado por encima.

Pero si hay una sopa que intriga sobremanera a los historiadores es la del “caldo negro” μέλας ζωμός, espartano. Esta comida se tomaba durante la “sisitia” o asamblea del pueblo con el ejército y se la considera símbolo de la frugalidad de las costumbres espartanas. Para su elaboración se recogía la sangre de la matanza y se mezclaba con vinagre para impedir su coagulación. En una sartén se freía la carne con grasa de cerdo y se añadía agua y cebada dejándolo cocer largo rato. Se echaba al final la sangre.

No vale poner cara de asco, ya que en Galicia se cocina la Lamprea con su propia sangre y es un plato bien apreciado. Pero sí que algún chistoso dijo que entendía porqué los espartanos no tenían miedo y estaban dispuestos a morir.

Y ya que hablamos de gracias, he leído en algún sitio una anécdota, posiblemente trola, que hace pensar que la leyenda de los “leperos” que tantos chistes generan en nuestro país, tiene raíces muy antiguas; en la propia Esparta:
Invitaron a comer a un guerrero espartano en la orilla de la playa, degustando diversos frutos del mar, moluscos y erizos entre ellos. Al finalizar la comida el espartano manifestó que no estaba mal. Pero cual fue el estupor del anfitrión cuando constató que su invitado no había dejado ninguna cáscara. Se los había comido enteros.

Hoy repito una hermosa canción: la “Pesadilla de Perséfone”, escrita por Nikos Gatsos y con música de Hatzidakis. Ya la puse cantada por Tania Tsanaklidu, versión que me encanta, pero para no repetirme del todo hoy pongo esta otra que me ha parecido muy original.

Disfrutad y nos vemos en Grecia; no creo que pueda seguir con las recetas de momento; haremos un inciso y las retomaremos más tarde. A partir de ahora os contaré historias tan irreales como la pura realidad griega.

Εκεί που φύτρωνε φλισκούνι κι άγρια μέντα
κι έβγαζε η γη το πρώτο της κυκλάμινο
τώρα χωριάτες παζαρεύουν τα τσιμέντα
και τα πουλιά πέφτουν νεκρά στην υψικάμινο.

Κοιμήσου Περσεφόνη
στην αγκαλιά της γης
στου κόσμου το μπαλκόνι
ποτέ μην ξαναβγείς.

Εκεί που σμίγανε τα χέρια τους οι μύστες
ευλαβικά πριν μπουν στο θυσιαστήριο
τώρα πετάνε αποτσίγαρα οι τουρίστες
και το καινούργιο πάν να δουν διυλιστήριο.

Κοιμήσου Περσεφόνη…

Εκεί που η θάλασσα γινόταν ευλογία
κι ήταν ευχή του κάμπου τα βελάσματα
τώρα καμιόνια κουβαλάν στα ναυπηγεία
άδεια κορμιά σιδερικά παιδιά κι ελάσματα.

Κοιμήσου Περσεφόνη…

Allí donde crecía el poleo y la menta fresca
Donde la tierra hacía brotar los ciclámenes
Ahora, campesinos negocian con cemento
Y los pájaros caen muertos sobre las chimeneas

Duerme Perséfone
En el abrazo de la tierra
Al balcón de este mundo
no salgas más

Allí donde juntaban las manos los iniciados
Reverentemente antes de entrar en el templo
Ahora tiran colillas los turistas
Y van a contemplar la nueva refinería.

Duerme Perséfone…

Allí donde el mar se bendecía
Y los balidos eran la enhorabuena de los prados
Ahora camiones transportan a los astilleros
Cuerpos vacíos de niños de chatarra y chapa

Duerme Perséfone…

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La caída de un ángel

Por 13 enero, 2016 Etiquetas: , , Comentar (4 Comentarios)
Hay una sensibilidad universal para las cosas hermosas. No se discute sobre la belleza del mar, del fuego, de una montaña; existe una especie de gen cósmico para aceptar las cosas naturales como bonitas. Pero si hay una belleza incondicional para todos es la de la contemplación del cielo, sentirlo inconmensurable, penetrar en sus misterios y descubrir que también tiene un ritmo, como la música, una elegancia de movimiento. El alma de un firmamento nocturno es algo que nos apabulla desde el inicio de la humanidad y el afán de explicarlo ha dado lugar a teorías tan diversas como las mitológicas, las religiosas, las astrológicas, las pitagóricas e infinidad de escuelas de astronomía, hasta los complicados análisis matemáticos de ahora. Pero dejando a un lado la sorpresa del universo, si solo atendemos a la estética de la composición, hay dos momentos mágicos del día en el firmamento: el ocaso y el amanecer. Son etapas de transición del día a la noche en el que los últimos, o los primeros, rayos del Sol trasmiten el suspense de que algo nuevo va a suceder.

Durante los amaneceres y anocheceres es posible la contemplación de Venus, el lucero del alba o el lucero vespertino, que se enciende, acompaña  y escolta al “dios Sol” en su viaje celeste. No en vano al planeta se le otorga el nombre de la diosa de la belleza, Venus para los romanos, Afrodita para los griegos; vuelve a ser indiscutible que es uno de los momentos más agraciados de la noche.

El hecho de que solo sea visible durante los crepúsculos es porque es un planeta interno, está más cerca del Sol que la Tierra. De noche, tanto el Sol como los planetas internos están bajo el horizonte y son invisibles. De día la luz del Sol no deja que ningún astro salvo él o la Luna sean visible en el firmamento, a excepción del tránsito del planeta por delante del Sol o de un eclipse solar.

Antiguamente se pensaba que eran dos astros  independientes y se asignaron dos nombres diferentes, Héspero, Ἓσπερος, era el lucero vespertino y  Eósforo, Ἐωσφόρος, el lucero del alba,“el que transporta a Eos”, la que era su madre y diosa del amanecer. También era conocido el lucero matutino como Fósforo, Φωσφόρος, “el que trae la luz” y su transcripción a la mitólogía romana es Lucifer. Más tarde Pitágoras dictaminó que era un solo planeta, una sola divinidad que parecía pasar de un lado al otro de la Tierra.

Resulta sorprendente que un astro dedicado a la belleza de Afrodita o Venus fuera también calificado con un nombre que evoca al mal del mundo y al olor a azufre; que acabaría siendo sinónimo de Satanás, Belcebú o Diablo. El hermoso ángel caído, el más bello de la creación, que arrogante y soberbio quiso ser como Dios provocando una rebelión en los cielos cuyas consecuencias fueron funestas para el mundo. Lucifer es considerado desde entonces como la personificación del mal, el lado oscuro del hombre, el tentador, el pecado, la bestia. Pero su mito está lleno de contradicciones, frutos de un equívoco, de un simple error de traducción no del todo fortuito.

Cuando San Jerónimo escribió la Vulgata, su traducción al latín del hebreo de la Biblia, se encontró con un texto de Isaías que hablaba de  Helel; literalmente “resplandeciente”, en hebreo. Como todo traductor, intentaría conciliar los muchos sentidos que el texto parecía contener, el caso es que utilizó a Lucifer en su trabajo por su relación con la luz y el resplandor.  Se montó un gran lio posterior cuando algunos proceres de la Iglesia creyeron encontrar en aquellas palabras la descripción de la caída de Satanás y encima les venía al pelo que el tal Lucifer fuera hijo de dioses pagános y por tanto aborrecibles. Pero en realidad en el texto de Isaías representaba a Yahvé evocando la derrota de su enemigo, el rey de Babilonia:

¿Cómo has caído del cielo, astro rutilante, hijo de la aurora, y has sido arrojado a la tierra, tú que vencías a las naciones? Tú dijiste en tu corazón: “El cielo escalaré, por encima de las estrellas de El elevaré mi trono y me sentaré en la montaña del encuentro, en los confines del Safón; escalaré las alturas de las nubes, me igualaré a Elyón (el Altísimo)”. Por el contrario, al sol has sido precipitado, al hondón de la fosa» (Is. 14, 12-11). 


San Jerónimo empleó la palabra Lucifer en vez de “astro rutilante” y el pobre Fósforo, Afrodita, Venus, Lucifer fue arrojado a los infiernos de un plumazo no del todo bienintencionado. El mito crecería más tarde alimentándose de leyendas medievales y simbolismos. En realidad Isaías, o el autor de los versos de la Biblia, nada sabían de mitología clásica ni de quien era Venus, pero sí de luchas de poder de dioses y reyes. Posteriormente, alguien se debió dar cuenta del entuerto porque el nombre de Lucifer ya no aparece en ninguna Biblia moderna, aunque sí estuvo representado en las más antiguas. Fue borrado de la historia, pero no del imaginario popular que sentía escalofríos al oir su nombre sin saber que era un bello planeta visible al amanecer.

Dejémonos de historias malignas y centrémonos solo en la belleza.

Το μινόρε της αυγής
Χάρις Αλεξιου

Ξύπνα, μικρό μου, κι άκουσε
 κάποιο μινόρε της αυγής,
 για σένανε είναι γραμμένο
 από το κλάμα κάποιας ψυχής.

 Το παραθύρι σου άνοιξε
 ρίξε μου μια γλυκιά ματιά
 Κι ας σβήσω πια τότε, μικρό μου,
 μπροστά στο σπίτι σου σε μια γωνιά.

El acorde menor del amanecer
Haris Alexiοu


Despierta, pequeño mio, y escucha
un acorde en menor del amanecer
para ti está escrito
desde el llanto de un alma

Abre tu ventana
échame una dulce mirada
mientras me apago, pequeño mio
frente a tu casa, en un rincón.

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El oráculo del sur

Por 27 septiembre, 2014 Etiquetas: , , Comentar (10 Comentarios)
Abandonar la golosa melancolía del Jónico para adentrarse en la generosa luz del Egeo no es algo que se produzca de forma gradual cuando se navega por el sur del Peloponeso; ese lento desaparecer de los tejados rojos y las casas coloridas para dejar paso al blanco de las terrazas eternas y azules infinitos, no sucede. A la altura del cabo Ténaros, el dedo central de la península, hay un salto en el tiempo y el espacio para el cual es difícil preparase, por mucho que uno lea y se informe. En este cabo, la abrupta cordillera del Taigeto comienza a perder fuelle y se agacha hasta sumergirse en el mar; aunque antes se vuelve pérfida y apocalíptica, cuando sus montañas reciben el nombre de Kakovuná; montes malos; o Kakovouliá; malos consejos; según la fuente que consultes. Estos kakovouná se van desvistiendo poco a poco y se deshacen de sus árboles y matorrales en el descenso. Se achicharran la piel con el sol y los temporales, quedándose en cueros o con tan solo unas zarzas, como puercoespines, para dar sombra a las culebras, si las hubiera. Es la región del Máni profundo, la parte más extravagante de Grecia y que fue territorio espartano en su momento glorioso.

Cuando te aproximas con el barco te da el pálpito de que ves una tierra nerviosa, un filete entreverado de fibras y ligamentos difícil de masticar. Debe de ser su color pardo surcado de caminos quebrados que suben a latigazos, o las vallas y linderos de piedra de las propiedades que dibujan un entramado de formas sorprendentes; ya sea en círculos, ya sea en cuadrados o en figuras irregulares de las que a veces sale un cuerno insolente que se adentra en propiedades vecinas. La posesión de estos campos baldíos, a los que nadie en su sano juicio debería dar mucha importancia, fue fuente de graves conflictos y luchas intestinas entre clanes familiares. Me huele que dichas cuitas no deben de estar del todo solucionadas pues algunos terrenos se ven socarrados por el incendio, mientras que los vecinos están intactos; no parece nada serio pues aquí el fuego se extingue por aburrimiento y se apaga sin que nadie lo mire.

El faro del Ténaros en la punta más meridional; que nosotros memorizábamos cómo Matapán; tiene el castillete pintado de un color turquesa, amable y luminoso para sosegar al asustado navegante, porque aunque los montes son malos, los mares peores y los vientos racheados hasta la locura, la procesión de mercantes que transitan de una parte a otra del Mediterráneo es eterna y ahí está él para guiarles a buen puerto. ¿Cuál? Le preguntaría yo, porque si algo le falta a la zona es un puerto abrigado. Pero ¡que se le va a hacer! Si quieres conocer el Máni profundo tienes que ser paciente y esperar al buen tiempo. Veníamos dispuestos a ello.

En las proximidades del faro hubo un oráculo bastante importante que los espartanos venían a consultar antes de la salida de las naves. El lugar albergó también un templo de Apolo que luego fue uno de Poseidón y por último una  iglesia bizantina; dioses diferentes, los unos sobre los otros y las piedras cambiando de culto a capricho de los fieles. Abajo los barcos navegando en fila, siglo tras siglo. El día era el perfecto para poder fondear a sus pies y visitarlo, aunque no hace falta decir que poco queda que dé pistas de cómo fueron los templos o la iglesia. Dejamos caer el ancla sobre una arena suave produciendo una polvareda en el fondo que atrajo a todos los peces buscando el alimento que dejaba al descubierto la nube de granitos plateados que levantaba el fondeo. El color del mar hacía juego con el castillete del faro, a manchas azules y turquesas.  Los pocos visitantes acababan indefectiblemente lanzándose al mar para refrescarse y nadaban entre las barcas, escondiéndose del sol y flotando en la calma.

El recinto se encuentra abierto y estaba casi vacío, tan solo una pareja de inglesas victorianas, con sus pamelas sujetas con lazos, paseaban dando traspiés por las rocas y exclamando ¡Oh my God! a cada momento. Supongo que no entenderían que en el hotel les hubieran interrumpido la partida de bridge para traerlas a este sitio pedregoso, sin carteles, sin guías y sin tienda de suvenires; se hicieron dos fotos y salieron despavoridas en busca de una sombra. Pero a mí me pareció un privilegio sentarme sobre estas piedras calientes a contemplar el infinito y alcanzar ese estado de bienestar nutritivo que producen los templos griegos destruidos hasta sus cimientos. Debe de ser la posibilidad de ensueño que origina el imaginar lo que allí había, pero quedarse ahí quieto y en silencio es un masaje del alma.

Dicen que el Homo sapiens inventó las religiones como medio de supervivencia colectiva, pero también que fue la primera especie en la evolución capaz de ello por que sueña, con sueños elaborados, a diferencia de otros homínidos. Allí estaba ese lugar que lo transmitía todo con una paz total. No tuve más remedio que ofrecer un sacrificio en el redondel del oráculo frente a la gran pitonisa del Ténaros.

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La noche más larga

Por 19 diciembre, 2013 Etiquetas: , , Comentar (17 Comentarios)
Santa Lucía, acorta la noche y alarga el día. Pero ni menguó ni creció hasta que Cristo no nació.
Dicho popular

Es observable que sobre el 13 de diciembre, día de santa Lucía, la tarde se alarga, es decir, el sol se pone más tarde. Pero eso no concuerda con que los días empiezan a crecer a partir del solsticio de invierno, sobre el 21 de diciembre, el día más corto, cuando el sol toma su mayor declinación sur y los rayos inciden más oblicuos sobre nuestro hemisferio.

Para todo hay explicación y esta vez la encontramos en  la segunda ley de Kepler: el radio vector que une a un planeta y el sol, barre áreas iguales en tiempos iguales.

Es ahora, cerca del solsticio de invierno, cuando estamos más cerca del sol, en el perihelio, y para cumplir dicha ley la velocidad de traslación de la tierra tiene que ser mayor. Debido a esta aceleración, el paso del sol por un idéntico punto al del día anterior tarda más pues la tierra debe girar sobre su eje un ángulo extra. Como en nuestros relojes medimos el tiempo con el sol medio, un sol ficticio que viaja siempre a la misma velocidad, este dará las 12 antes de que el sol culmine en nuestro meridiano. Y lo mismo ocurrirá con la puesta del sol y su aurora, ambos fenómenos se retrasarán en nuestro reloj artificial. Por eso alarga la tarde, pero no amanece antes. Al llegar al solsticio, cuando sí empieza a crecer el día de verdad, todavía no somos capaces de ver antes el alba, aunque si vemos el crepúsculo después de manera constatable. Debemos esperar al día de Reyes, el 6 de enero, para que la inclinación del eje terrestre compense el retraso y empiece a notarse que amanecer antes.
Hay que ver esta Santa Lucía, las cosas que nos hace observar; no en vano es la figura del santoral relacionada con la vista y es la que trae la luz, la que trae la luz del sol que crecerá a partir del 21; la luz benefactora. Yo me acuerdo de leer su vida en esos tebeos de vidas ejemplares que nos prestaban, ya muy sobados, en el colegio.  
Santa Lucía nació en  Siracusa, en una buena familia de patricios romanos, que se había convertido al cristianismo. Estaba prometida a un joven noble pagano, pero hizo la promesa de vivir al servicio de Cristo en castidad. Despechado, su pretendiente la acusó al procurador romano por cristiana; este la interrogó y la arrojó a un lupanar para ser violada.  Los soldados la tomaron para llevársela, pero por más que se esforzaban no pudieron con ella,  ni atándola con cuerdas, ni tirando con toros; la muchacha permanecía rígida e inmóvil como una roca. Decidieron entonces sacarle  los ojos, pero siguió viendo;  desesperados, optaron por quemarla y decapitarla. Eran más crueles estos tebeos que las películas de Tarantino. Este culebrón  viene a justificarnos el hecho de que Lucía sea “La portadora de la Luz” y la patrona de los invidentes.  Hay dos estrellas de la Constelación de Tauro, apreciables a simple vista, llamadas “Los ojos de Lucía”. 
Es conocida la afición de los cristianos a asimilar y fagocitar a los antiguos dioses, posiblemente para que el pueblo iletrado no los echara en falta, adaptándolos a su santoral; ya que dios solo podía haber uno, tengamos innumerables virtuosos venerables. De esta manera, muchos de los templos clásicos fueron reconvertidos en basílicas dedicadas a santos que tenían las características o los nombres de sus antiguos titulares. No resulta por tanto extraño que Siracusa fuera en realidad fundada como colonia griega por los Dorios, en el año 734 a.C. y dedicada a Artemisa, la diosa de la Luna, la diosa siempre virgen y  la dadora de luz, la phaesporia. Diosa que fue a su vez usurpadora del trono que ostentaba Selene, la luna, y así aparece en muchas representaciones, con una corona lunar.

Santa Lucía de Siracusa es pues la cristianización de una de las deidades adoradas en el panteón grecolatino, y simboliza a la vez a la anunciadora del Solsticio, el nacimiento o resurrección del dios sol, así como a la luna “la portadora de la Luz”. 

Y la canción  de Sabina Yannatu que viene a continuación quizás no tenga nada que decir, o es posible que mucho; pero me ha parecido preciosa. La traducción la he puesto a pesar de que puede ser tan engañosa como la luna de la que habla. No entiendo como me meto en estos fregados.

¡Salud a todos que ya se van a alargar los días!

Φεγγαράκι απάτητο

Στης σελήνης τη μέση
κατοικεί ένα φεγγάρι
φεγγαράκι απάτητο

Το ξέρω, οι αυγές του τίποτα
σκοτεινιάζουν τις μέρες μου.
Το ξέρω, οι μάγοι λύνουνε τα λόγια τους.

Ω! Τα μικρά χολοσκασμένα λόγια σου…
Ω! Τ’αδύναμα πουλιά μας…

Α! Και το φως πώς άλλαζε από ηλιοβασίλεμα σε ηλιοφέγγαρο πάνω σου…
Α! Και τ’ατλάζια θα μαζέψω…
Α! Και τις σκιες απ’τα παγώνια…
Ω! Και τι ήταν δικό σου…

Lunita engañosa


En la mitad de Selene
Habita una luna
Una lunita engañosa

Lo sé, los amaneceres de la nada
Ensombrecen mis días
Lo sé, los magos lanzan sus hechizos

Oh, tus palabras mortificantes…
Oh nuestros impotentes pájaros…

¡Ah! Y la luz como cambia del ocaso hasta el eclipse sobre ti…
¡Ah! Y yo recogeré los satenes…
¡Ah! Y las sombras de las heladas…
¡Oh! Y qué era tuyo…

 PD. ¡Que Santa Lucía nos conserve la vista! Pues vamos a tener que vivir a oscuras cuando venga el próximo recibo de la luz.
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