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Tabernas

Los peligros del monte

Por 6 junio, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (8 Comentarios)

De vuelta y todo sigue en su sitio. Las conversaciones a mi llegada al país son las mismas que hace 5 meses, pero más enconadas. Han subido los impuestos, han bajado los sueldos y las pensiones a la mitad y los precios se han disparado hasta la estratosfera estelar. Muchos negocios prósperos cierran porque no les sale a cuenta seguir trabajando y todos son más pobres que hace unos meses. En Grecia se da la peculiaridad de que cuando haces la declaración, pagas por lo que has ingresado más una provisión estimada para el año siguiente. Se puede dar la casualidad de que acabes pagando más de lo que cobras y frente a tal expectativa muchos deciden echar el cerrojo.

Pero sigo encontrando chispas en esta tierra peculiar. El recibimiento en el pueblo ha sido excepcional y cálido. Aceitunas, huevos, cariño y muchos abrazos. La panadera está enferma, el pescador vende su barca y el mundo da giros y giros sin que nadie podamos detenerlo. ¿Será que Grecia me la invento o sigue siendo un sitio excepcional?

El caso es que todo el mundo se prepara para la temporada estival: llegan los primeros barcos, llegan las furgonetas, llegan los coches de matrículas extranjeras, pero hay una desesperación general, una sensación de que estos malos tiempos han venido, y como siempre por siglos en este país, para quedarse. Ya no se creen que aparezca ningún Leónidas que les salve milagrosamente por su bravura y heroicidad.

Lefkada es una isla abrupta; los saben sus vientos que la circundan para evitarla, los mares que son tan diferentes en uno y otro lado, los turistas que ruedan y ruedan por sus carreteras circulares para bañarse en sus playas de piedras, nunca adentrándose en su frío, rocoso, pelado y remoto interior. Hay una muralla virtual coronando la cima de la montaña que separa a un mundo de otro, cuando traspasas su puerta, entras en un espacio tan diferente al conocido que imaginas vivir dentro de un espejo. A mí me gusta atravesarlo de vez en cuando para buscar conejos malhumorados y gatos sonrientes.

Estábamos sentados bajo un frondoso árbol, charlando con mi amiga María mientras ella acababa de preparar sus albondiguitas con hierbabuena. De repente, como por ensalmo, en silencio y sin movimiento alguno apareció un hombre desaliñado en la puerta.

– Ay, Tasos, Tasulis, que bueno eres. – Exclamó María.

Y era tan bueno que le traía boñigas de cabra para abonar sus tomates. Dejó caer la bolsa oscura y olorosa frente al portón y se sentó en una mesa a tomarse una cerveza. Era muy delgado y algo deforme y tenía un hablar gangoso que me impedía entender lo que decía. Pero debía necesitar conversación porque se disparó a hablar como si le hubieran dado cuerda, y María no tuvo otro remedio que ir traduciendo la jerga incomprensible. Tasos era pastor y se tiraba gran parte de tiempo en la montaña a solas con sus cabras y sus ovejas. De vez en cuando fruncía el ceño, se quedaba en silencio y afilaba las orejas muy circunspecto, intentado escuchar ruidos que nosotros no oíamos.

-¿Qué oyes, Tasos?

-Los perros están ladrando.

Con la crisis, la cantidad de perros abandonados en la isla, como en todos los sitios, había ido en aumento. Los canes forman jaurías y suben a las montañas, donde está el ganado, atacándolo para alimentarse. Cientos de cabras, dijo Tasos, que había perdido este invierno.

Pero cuando veía pasar el peligro, volvía a su extravagante conversación, mezcla de rebaños y perros, mezcla de sus viajes alrededor del mundo como marino y contrabandista y mezcla de sus múltiples accidentes de los que había salido milagrosamente ileso pero que le habían dejado la cabeza, los brazos, las rodillas y la mayor parte del cuerpo ensamblada con tornillos y tuercas.

-Tasulis siempre se salva porque tiene un buen alma y le protege el cielo. -Me explicó mi amiga mientras el aludido sonreía tanto que parecía que se le fuera a partir el rostro en dos.

-Etoy eno de ecambios.

Mientras nos reíamos aparecieron unas vacas paseando por el pueblo. Parece ser que la CEE subvenciona aquí la cría de vacuno con 3000 € la cabeza. El avispado propietario las deja sueltas por el monte y ellas viven del pillaje, es decir de los huertos y jardines de los vecinos.

-Todos los días tiene una denuncia, pero le da exactamente igual.

Una negra y más grandota se metió en la casa de al lado y la emprendió con la parra. María empezó a gritar y cogió un buen palo para darle en la cabeza.

– Oooo, Maía, ooo. Ete e un macho.

María, llevada por su adrenalina, sin escucharle, cerró el portón del vecino y dejó al toro dentro que empezó a mugir enloquecido. Tasos se desternillaba y yo con mantilla y peineta me disponía a vitorearla y sacarla en hombros cuando a cámara lenta, con la misma velocidad con la que abríamos nuestras bocas de palmo, el torito pegó un brinco y se saltó la valla de dos metros, cayendo de cabeza en la calle y espatarrándose como una bailarina rusa. Para que voy a ser más explícita, yo metí un pie en la casa por precaución española y María levanto el palo como un cruzado. No sonaron las cornetas ni flamearon pañuelos, a lo sumo las carcajadas de Tasos y algún bufido del atontado animal. Este, sacudió la cabeza de un lado al otro y se fue tras una vaca que paseaba entre la maleza resoplando.

-Qué onito, qué onito…- Palmeaba Tasos en la mesa.

vacas en el monte
Pasado el trance disfrutamos de lo lindo recordando los detalles y hasta alguna tonadilla de Mari Fe de Triana. Así que cuando Tasos me invitó a subir a verle a la montaña, no lo dudé un solo momento

-¿Qué día te viene bien?

-Uando ieras.

Había una vez un hombre
tranquilo e inofensivo
tenía casa y campos
y rebaños y perros.
Y una red para cazar pájaros.

Tenía una fuente en su jardín
y un negro ciprés en sus sueños.
Amaba a una mujer
que cantaba a menudo
y hablaba quedamente.

No entendió como la pudo matar
ni como quemó todo lo que amaba
Los campos, los rebaños,
las canciones, los besos.
Y nadie le saco una palabra.

Se quedó de pie frente a las ruinas
y se le salían las lágrimas, ¡dios mío!
“Ojalá tuviera una casa y una mujer
y campos y perros”
Y más tarde se lo llevaron los pájaros.

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La cacerola gástrica

Por 5 abril, 2016 Etiquetas: , , , , Comentar (5 Comentarios)

Cuando un grupo de elementos, principalmente artísticos, se convierte en histórico, suelen aparecer posteriormente supuestos integrantes extraordinarios, que habían permanecido en el anonimato hasta el momento. El ejemplo que me  viene antes a la memoria es el del “quinto Beatle”, calificativo aplicado por la prensa musical sobre una retahíla de personas que tuvieron alguna relación con la famosa banda y que podrían ser merecedores de tal distinción, o la décima sinfonía de Beethoven, esa que nadie sabe si escribió pero que todos elucubran sobre su existencia, y hasta inventan si hace falta.

En el siglo, XVIII Brillant- Savarin, un jurista francés, escribía un tratado de gastronomía, definiéndola como un arte sutil que requería inspiración. Le gustaba tanto la buena mesa que decidió añadir una musa al catálogo de deidades sugerentes de las artes y la llamó Gasterea. Las musas siempre fueron 9, el décimo puesto se lo atribuían a la poetisa Safo y posteriormente, como vemos, a la susodicha Gasterea, hipotética conductora gastronómica y representada por una joven de gran belleza que gustaba de vivir en el Olimpo parisino.

La hermosa Gasterea, la artística gastronomía, el más ácido gástrico, los pobres gasterópodo que comen junto con sus pies, dicen que hasta la voraz gangrena tienen raíces griegas; γάστρης , γαστέρα, γάστρα, términos que en griego, nos remiten a la barriga y la digestión, al útero o la matriz,  y por metonimia al hambre, el apetito y la gula. En el estómago siempre se cocieron los jugos de nuestros anhelos, porque comer es una de los requisitos de cualquier ser vivo sobre la tierra, motivo de disputas y de guerras. El estómago es tan importante en nuestras vidas y en nuestra historia que podríamos relatar muchas peleas y batallas por un plato de lentejas. Y si están bien cocinadas, hasta la guerra de los cien años.

La gastra es también  una cacerola de barro de antepasados micénicos, con tapa, que se puede meter en el horno, encerrando y sellando la comida como en un sarcófago, lo cual probablemente permitía enterrarla en el suelo. Es, como siempre con las cosas griegas, la abuela de todas las cacerolas y yo creo que viene al pelo para hacer un corderito Kleftico; plato que me subyuga y del que ya he hablado en alguna ocasión. ¿Qué sería antes, el estómago o la cacerola? Porque ambos tienen formas y finalidades similares; la digestión, como la cocina, no es más que un proceso agresivo de cocción y desestructuración de los alimentos.

gastra

Y luego por último, los derroteros lingüísticos nos conducen a γλάστρα, glastra, la maceta donde crecen las flores hermosas, tanto como la de la supuesta Gasterea.

Rebuscando entre los intestinos de homero aparecen varias referencias a la acepción digestiva de la palabra,  en el canto XVII, Odiseo vestido de mendigo andrajoso, se adentra con el porquero Eumeo en el palacio de Itaca para combatir a los pretendientes de Penélope que, literalmente, están devorando su hacienda y sus ganados. Así habla Melantio cuando descubre a Odiseo disfrazado:

¿Adónde, miserable porquero, llevas a ese gorrón, a ese mendigo pegajoso, a ese aguafiestas? Arrimará los hombros a muchas puertas para rascarse mientras pide mendrugos, que no espadas ni calderos. Si me lo dieras a mí para vigilante de mi majada, para mozo de cuadra y para llevar brezos a mis chivos, quizá bebiendo leche de cabra echaría gordos muslos. Pero ahora que ha aprendido esas malas artes no querrá ponerse a trabajar, que preferirá mendigar por el pueblo y alimentar su insaciable estómago.

Ya así contesta Ulises al desvergonzado ataque de uno de los pretendientes:

…Antínoo me ha golpeado por causa del miserable estómago, el maldito estómago que proporciona males sin cuento a los hombres… No se pueden disimular las instancias del ávido y funesto vientre, que tantos perjuicios les originan a los hombres y por el cual se arman las naves de muchos barcos que surcan el estéril mar y van a causar daño a los enemigos.

Siempre relacionamos el hambre y la pereza con la picaresca. El apetito y el vacío de estómago agudizan el ingenio de todos los pícaros universales; desde el Lazarillo a Carpanta, sus vidas giraban en torno a la pitanza que deseaban adquirir sin esforzarse demasiado, a base de trampas. La moraleja de la historia nos dejaba adivinar que al final el taimado protagonista acababa trabajando el doble de lo que lo hubiera hecho por las vías legales.

Los griegos tienen un personaje folclórico similar: Karagiosis, una marioneta protagonista de los teatros de sombras. Karagiosis llega a Grecia a través de Asia menor y cuando el país se independiza de la dictadura otomana, el muñeco se heleniza y pierde todo su misticismo y relación con el islam. Karaguiosis es un jorobado griego al que se representa con una mano muy larga, harapiento y descalzo. Vive en una pobre cabaña  con su mujer y sus tres hijos. Las aventuras del desdichado suelen centrarse en engaños y subterfugios para conseguir dinero de los ricos otomanos y alimentar a su familia. La música del teatrillo es parecida a la rebética, la música de los desclasados expulsados de Turquía. Al fin y al cabo, compartían locales y penurias y tanto marionetas como músicos trabajaban simplemente por un plato de comida.

Pues la receta que me trae Rodi , tiene de peculiar que se debe cocinar en una cazuela de barro, una gastra, la cacerola estomacal que hace que los guisos y los sabores aparezcan como por arte de magia. Su nombre y forma originales han variado con el tiempo y se puede hablar de gastras, de giuvetis o de tsikalis; igual que nosotros hablamos de ollas, cazuelas, cacerolas, pucheros o cazos. Yo, sinceramente, no sé diferenciarlas.

Gambas giuvetsi
Ingredientes para 4 personas

24  Gambas
1 Cebolla picada
Dos dientes de ajo
Perejil picado
1 Tomate cortadito en cubitos
Sal & pimienta
1/2 Vaso de vino blanco
250 Gramos “kritharaki”. Es una pasta en forma de pepitas, creo que nosotros le llamaos orzo.

Elaboración

Pelar las gambas dejándoles la cabeza y la cola. Las sofreímos y las reservamos. En un recipiente de barro (Giuvetsi), echamos el aceite de las gambas añadimos la pasta. Cuando cambie de color le añadimos la cebolla, el ajo, el tomate y el perejil. Apagamos con vino blanco al primer hervor y dejamos que se evapore. Añadimos agua y lo dejamos hervir a medio fuego por unos 8 minutos según Añadimos por ultimo las gambas.


La canción que pongo, cantada por Tania Tsanaklidu es parte de un poema mucho más largo de Yianis Ritsos que se titula καπνισμένο τσουκάλι, que podría traducirse como cazuela ahumada y fue compuesto en 1948. Al principio del video se puede oir la propia voz de Ritsos recitando la letra. Tampoco tengo muy claro que sea la suya, pero yo me lo creo y me gusta más.

Ξέρουμε πως ο ίσκιος μας θα μείνει πάνω
στα χωράφια

Πάνω στην πλίνθινη μάντρα
του φτωχόσπιτου

Πάνω στους τείχους των μεγάλων σπιτιών που θα κτίζονται αύριο
Πάνω στην ποδιά της μητέρας που καθαρίζει φρέσκα φασολάκια
Στη δροσερή αυλόπορτα. Το ξέρουμε.

Ευλογημένη ας είναι η πικρά μας
Ευλογημένη η αδελφοσύνη μας.
Ευλογημένος ο κόσμος που γεννιέται.

Sabemos que nuestra sombra permanecera sobre los campos
sobre las paredes de adobe de las moradas de los pobres
sobre los muros de las grandes casas que se construirán mañana
sobre el delantal de la madre que limpia las judías verdes
a la fresca de la puerta del patio. Lo sabemos.

Bendita sea nuestra amargura
Bendita nuestra fraternidad
Bendito el mundo que ahora nace.

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Un toque especial

Por 20 febrero, 2016 Etiquetas: , , , Comentar (2 Comentarios)

Lo prometido es deuda, así que aquí estoy, lanzada a la aventura de las recetas de Ioanna, cocinera a quien no tengo el gusto de conocer personalmente, pero a la que poco a poco voy apreciando gracias a los apuntes que me envía Rodi, mi contacto culinario. Y como ya dije, abriré una pestaña de recetas donde se irán recogiendo estas pequeñas piezas de sabiduría gastronómica adobadas
con comentarios y canciones. Estas recetas se publican en griego todos los jueves en el periódico Αιχμη.

La gastronomía griega, esencialmente mediterránea, está basada en los productos más inmediatos de la tierra y el mar, pero es palpable que convive con fogones de corte oriental. En las mesas griegas se aprecia la influencia de sus vecinos de uno y otro lado, principalmente los turcos, una de las grandes cocinas del mundo; y no nos podemos olvidar de los italianos. Pero como siempre, sin saber si fue antes el huevo o la gallina y como en el caso de la música, posiblemente la sencillez de los platos griegos también contaminó a las especies y fantasías que venían de oriente o a los legionarios y cruzados que asomaban por occidente.

Los refugiados griegos expulsados de Turquía después de 1921, tras la guerra de Asia Menor, llevaban en la maleta su cultura, pero fundamentalmente su música y sus gustos. Las tonadillas populares se enriquecieron con las notas e instrumentos traídos de Esmirna y Estambul y dieron lugar a uno de los estilos musicales más interesantes de la Europa moderna: la rebetika. De la misma forma la cocina se fue alterando por las tradiciones de esos refugiados, venidos de ciudades sibaritas, donde el buen hacer culinario era una faceta esencial de la vida. Recomiendo a todo aquel que no la haya visto, la película “Un toque de canela”, de la que pongo un trocito de su preciosa banda sonora. Ilustra muy bien lo que quiero decir. El protagonista, un cocinero griego criado y refinado en Estambul relata con humor la primera vez que le sirvieron un plato en Grecia, recién llegado en su exilio forzoso desde la ciudad que nunca olvidaría: “Tenía la impresión de que habían salido corriendo de la cocina antes de acabar”. 

 

Bueno, creo que eso no es ajeno a todas las gastronomías, enriquecidas por las aportaciones de emigrante regresados a la patria y viajeros que aprendieron nuevas fórmulas y las amalgamaron con lo ya existente. Así, podríamos remontarnos hasta las patatas y el descubrimiento de América, pero no hay espacio
Este es el caso de esta cocinera que ahora nos ocupa y que le comenta a Rodi en una entrevista que este le hace, lo siguiente:

Los aromas y los sabores como te decía, los atrapé muy joven en Tracia, donde llegamos refugiados, como si fuesen nubes, de mi abuela y de mi madre. Mi congénita sed para la cocina me embrujó y me condujo desde entonces hacia los infinitos senderos de olores y sabores.
Cuanto conocí a la Sra Joanna, no tenía ni idea que la mitad de su corazón pertenecía también a la diaspora y la otra mitad había sucumbido irremediablemente bajo la incansable insistencia de aquel Homérico Cefalonita, “corazón de León”, que no se separaba un instante de su lado, agradeciéndola incesantemente su simple existencia. Entre nosotros, creo, que la culpa de la mayor por tal veneración la tenía aquellos aromas culinarios que como mi inolvidable abuela Anastasia, transportaba la señora Joanna en su alma.

– Me casé. Y qué casualidad, entré en una familia con gran tradición en los fogones. Ha sido como si me hubiesen guardado desde siempre un puesto en la cocina, en paralelo a aquella que me guardaron en su corazón. El Sr Andronikos, mi suegro, regentaba una taberna típica en Lixouri, cerca del antiguo reino de Ulises. Cuando la gente pasaba por delante de la
puerta, el olor de conejo en salsa que “endiosaba” soberbiamente mi suegra, les desgarraba. Yo acurrucada a su lado, sedienta, empezaba a absorber
sus genuinas recetas caseras y las mezclaba mentalmente con las que había traído como dote de mi patria chica y de la diáspora. A veces confundía la cocina de Cefalonia con la de Macedonia y Tracia pero me gustaba. Me divertía. Me entusiasmaba la complejidad y la mezcla.

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La receta que hoy nos deja es, Linguini con dátiles de mar.

Siento presentaros este plato en España, donde os va a ser difícil probarlo, pues acabo de leer que está prohibida la venta de dátiles. Una lástima, porque está realmente sabrosos.
Por otro lado ya sé que estáis pensando, que es una receta de pasta y por tanto más italiana que griega. Pero, aquí está el suspense, y para mitigar la impaciencia vuelvo a transcribir las palabras de Rodi, que espero que no se moleste por desvelar un poco el misterio que luego piensa desarrollar; pero las novelas, como las recetas tienen que tener intriga.

La pasta, no sentimos decirlo, la pasta es y ha sido “genuinamente” Helena! (Ελληνική)! ¡Como El trigo Verde!

Los linguini, las lengüitas, son de procedencia Italiana. En Grecia se les llama Λαζάνια, Lazania ¿A qué suena bastante a lasaña? La antigua λάγανον, palabra ya utilizada por Homero hace más de tres milenios para referirse a unas cintas hechas de masa de harina y agua.Todo el que pueda que salga de estampida areleer la Odisea y la Ilíada en griego clásico y a ver si lo encuentra.

Los ingredientes
Un tomate rojo troceado.
Perejil fresco picadito fino.
Medio vaso de aceite virgen.
Un vaso de vino blanco suave y afrutado y si es Robola de
Cefalonia mejor.
Ajo picado.
Un paquete de medio kilo de
linguíni. Aquí llamados tallarines.
Finalmente, un kilo y doscientos gramos de dátiles del mar. En griego πετροσωλήνες, que quiere decir literalmente tubos
de mar.
Sal y pimienta.

La elaboración
Ponemos la pasta a hervir en agua y sal.
En una sartén con un poco de aceite de oliva, rehogamos los dátiles espolvoreados con el ajo, para que se abran. Cuando asoman les añadimos el tomate, el perejil, la pimienta negra recién molida y el vino.
Los dejamos dar un hervor lo juntamos con la pasta Sacudimos suavemente para que se mezclen y se desprenda el exceso de líquidos.

Los servimos preferiblemente en amplia bandeja ovalada y después respetamos el último consejo de nuestra protagonista: “Añadir un pocomás de tomate fresco y picadito y otro tanto de perejil, por encima.
Pues nada más por hoy. Buen provecho a todos.

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Sostiene María

Por 7 junio, 2015 Etiquetas: , , Comentar (13 Comentarios)
Sostiene María que esto no hay quien lo sostenga.
Hay razones de peso para subir a la montaña de Lefkada al anochecer. Podrían ser las vistas sobre el  archipiélago al crepúsculo, recorte de islas negras sobre mares en calma, podría ser ver el monte en su plenitud
nocturna, cuando seres vivos se preparan unos para el descanso otros para la caza, podrían ser unas albóndigas. Pero en primavera, si te interesa un espectáculo luminoso, tienes que subir por las luciérnagas voladoras. Cuando la penumbra comienza a sombrear lo oscuro con más oscuro y el azul profundo con negro, entonces y solo entonces comienza el bosque a mostrar chispas y lentejuelas, destellos sutiles y desapercibidos que poco a poco te encantan y te conducen a un cuento pequeño. Si no existen las hadas ¿Qué es esto? Vuelan aquí y allá, sin previo aviso, se esfuman, se agrupan, flotan; dejan los arboles tan llenos de estrellas como un cielo de purpurina. Centellas fugaces que persigoa manotadas sin alcanzarlas. Si no fuera por las serpientes y las tarántulas, me quedaría quieta a esperar al alba sin respirar. Soñar que se vive en un sueño.
Sostiene Maria que yo vine aquí por sus keftedakia. Sí, eso es verdad, pero no solo, que también los genios me llamaron con sus flautas. Pero fundamentalmente es que charlar con ella es un placer, la ninfa buena y amable
del bosque; la de las bolitas de hierbabuena y albahaca.  Y sin hacerse de rogar, a los postres te canta la canción del sol y la luna, mientras mira al techo donde los tiene dibujados; para no perderlos de vista. Sostengo, María, que cenar en tu taberna contigo es un honor impagable.
Cuando la conocí cuidaba a una cría de búho que se había caído de un árbol. Atado con una cinta de raso rosa en una pata para que no escapase. María lo lanzaba al aire entre risas sujetando la cinta con una mano.

-Tiene que aprender a volar. ¡Vuela!-  No supimos qué pensar, si era locura o sadismo; el desdichado
pájaro se daba unos morrones descomunales. Nunca supo volar porque lo mato un gato.

– Era un gato “agrio”.- Dícese en Grecia por salvaje. Lo contó con una cara de misterio;  bajito y exquisitamente
pronunciado lo de agrio; que nos hacía imaginar un tigre de Bengala furibundo.- Se lo comió.
Desde entonces, subir para ver luciérnagas, búhos y albóndigas mentoladas es visita tan obligada como el Partenón en Atenas.
Sostiene María que ha llegado a un punto en que ya no se creen nada. Que ningún futuro es peor al que están viviendo.

– En Atenas. Aj, en Atenas vi a un viejito empujando a un coche con un bebé mientras buscaba en las
basuras para darle de comer.
Y nosotros, haciéndonos pasar por abogados diablescos, le argumentamos que fuera de Europa quizás sería una catástrofe. ¿Más?
Sostiene María. Sostiene que es posible pero que no importa. Que los griegos como ella están cansados de que les llamen vagos y tramposos. Cuando tiene extranjeros a la mesa; de hecho su local es muy famoso entre la población germana que vive en la isla; no quiere ni oír hablar del tema.

– No comento con ellos nada aunque me hagan alusiones o indirectas. Después de levantarme a las 6 de la mañana para regar el huerto, recolectar la verdura, limpiar la taberna, bajar a comprar, cocinar y servir
las mesas, si me dicen que somos indolentes y mentirosos no sé qué les haría. Me pregunto por qué se han venido a vivir aquí, si es qué Grecia no les gusta.-  Sostiene María, como Diógenes, que le quitan el sol y le hacen sombra.

Sombras alargadas y pálidas de bárbaros norteños con garras afiladas que se cierran sobre su cuello sin darle descanso.

Sostiene María que Tsipras es un buen chico y que ella quiere que todo le salga bien para que no se vaya, porque es el primer presidente del gobierno honrado y que no les roba.
Sostiene María que ha trabajado desde que tiene uso de razón y que religiosamente todas sus facturas e impuestos. Sostiene María que es muy doloroso que en Europa los traten como apestados. Y que digan eso de que España no es Grecia ¿Por qué? ¿Es un deshonor?
Y cuando me marcho me da un abrazo emocionado que me levanta en vilo, como un éxtasis de tebeo de  “vidas ejemplares”;  y comienza el baile de luces, en el bosque y en mi cabeza. La bruja buena te hechiza con sus mimos y carantoñas ; te pone polvos en las albóndigas para que te quedes turulato por siempre y no pienses más que en volver a sus dominios. Sostengo.

 Ορφέας Περίδης. Παραμύθι

Τον ήλιο το φεγγάρι τη θάλασσα
ρωτάω μην την είδαν αντάμωσαν
κι ο ήλιος μου απαντάει απ’ το βουνό
θα φέξω όλο τον κόσμο και θα τη βρω

Μου λέει το φεγγάρι και μου γελά
στης μάνας της κοιμάται την αγκαλιά
εγώ θα την ξυπνήσω όταν τη δω
εμένανε μ’ ακούει σαν της μιλώ

Κι η θάλασσα μου λέει απ’ τα βάθη της
εσύ θα ‘σαι για πάντα η αγάπη της
τα κύματα θα στείλω του ωκεανού
να παν να της δροσίσουν καρδιά και νου

Κι η θάλασσα μου λέει απ’ τα βάθη της
εσύ θα ‘σαι για πάντα η αγάπη της
εγώ όλα τα ενώνω να σε χαρώ
τα δυο τα κάνω ένα γη κι ουρανό

Cuento
Letra y música: Orfeas Perídis

Al sol, la luna, el mar
Pregunto si la vieron
Y el sol me responde desde los montes
Iluminaré todo el mundo para encontrarla

Me dice la luna y se ríe
En los brazos de su madre duerme
Yo la despertaré cuando la vea
Ella me escucha cuando le hablo

Y el mar me dice desde sus profundidades
Tú siempre serás su amor
Te mandaré las olas de los océanos
Para le refresquen el corazón y el espíritu

Y el mar me dice desde sus profundidades
Tú siempre serás su amor
Lo uniré todo para agradarte
De la tierra y el cielo haré uno.

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