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Tradiciones

Granadas y cebollas por muchos años

Por 30 diciembre, 2016 Etiquetas: , Comentar (10 Comentarios)

Ήρθαμε με ρόδα και με ανθούς να σας ειπούμε χρόνους πολλούς
Venimos con granadas y flores a desearos muchos años.

La frase “romper una granada”, en Grecia, quiere decir que algo comienza con buen pie. La granada es, desde hace milenios, el símbolo de la fertilidad, la abundancia y la buena suerte. Ya había granados, según parece, en los jardines colgantes de Babilonia. Los antiguos griegos rompían una granada en la puerta de su nueva casa antes de entrar a vivir en ella. Hoy todavía, y principalmente en estos últimos días del año, la granada es una forma de invocar buenos augurios y se recomienda romper una la noche del 31 de diciembre. Quizás algo tenga que ver con la costumbre de esperar el nuevo año con ropa interior roja. Como en el caso de la fruta, el color encarnado es algo que no se ve hasta el final, pero se intuye desde el principio.

Así que os deseo un próspero año nuevo deleitándome con estas frutas rojas y vistosas. Espero que por comerlas, como le pasó a Perséfone, no tenga que penar en el infierno seis meses al año.

 

rodi

Y para el que no le gusten los griegos tienen otra sugerencia: cebollas y cebolletas en la puerta de vuestras casas. La cebolla, aunque la entierres vuelve a florecer otra vez y genera más cebollinos. Un símbolo de regeneración y salud.

Nos vemos es año que viene y muchos otros más: Χρόνια Πολλά

Para celebrarlo os regalo esta precios canción de Ludovikos ton Anogión: La granada. Y mi amiga Maria, si me lee desde el Pireo estará entusiasmada con su cantante favorito. Y por supuesto Rodi, cómo no, porque rodi quiere decir exactamente eso: granada. A todos, felicidad.

Στέκει μια κόρη
μπρος στα σκαλιά
κι έχει τα μάτια της χαμηλά

Ρίχνει το ρόδι
μες την αυλή
χίλια ρουμπίνια
σκορπά στη γη

Μες τα λευκά της
τα γιορτινά
κρατεί κανάτι
κι όλο κερνά

Με τα βραχιόλια της να χτυπούν
κάθε που βάνει
κρασί να πιουν

Μόνο η αγάπη
που δεν γερνά
φτερό στο μύλο
που όλο γυρνά

Με τον αέρα
και το νερό
με το τραγούδι
και το χορό.

Pára una muchacha
frente a los escalone
y tiene bajos sus ojos.

Lanza la granada
en el patio
miles de rubies
se desparraman por la tierra.

Con sus blancas
lentejuelas
sujeta una jarra
y a todos invita

Con sus pulseras toca
a cada uno que toma
vino para beber.

Solo el amor
no envejece
pluma en el molino
que siempre gira.

Con el aire
con el agua
con la canción
y con el baile.

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Por el mar llega el nuevo año

Por 28 diciembre, 2015 Etiquetas: , , , , Comentar (13 Comentarios)
Decía Odysseas Elytis que si redujéramos a Grecia a sus elementos esenciales quedaría un olivo, una vid y un barco. No le faltaba razón, sobre todo en el último componente. Es uno de los países que conozco donde la presencia de un barco es tan necesaria como el aire para respirar, ¿Cómo sino podrían transportarse de un lado a otro de este mosaico de islas y golfos, donde la tierra es parca y el agua lo inunda todo como una divina maldición? Los barcos unían familias esparcidas pero también las desmembraban; generaciones de emigrantes marinos buscaron el pan de sus hijos o el futuro de su existencia en tierras lejanas, a merced del mar, en barcos de banderas extranjeras. Las canciones griegas hablan de barcos, su mitología habla de barcos, sus tradiciones y santos viajan en barcos. En Navidades, el día 1 de Enero, San Vasilis  llega en una gran nave con los regalos; obsequios que en otros sitios se transportan en trineos o en camellos. Para celebrarlo se adornan barquitos con luces de colores y los ayuntamientos engalanan figuras de veleros de diferentes aparejos en las plazas principales; son los καραβάκια.

Por lo que he leído, la tradición es muy antigua y nació de la costumbre de los hijos y hermanos de los marinos y pescadores embarcados que en Navidades construían barquitos con maderas y retales para recordarlos y traerlos de vuelta a casa, o para emularlos, esperando algún día zarpar ellos también a mejores mundos, aquellos que fermentaron en su imaginación a fuerza de leer cartas y escuchar relatos de los que conseguían volver. También tenían la esperanza de que San Vasilis se fijara en sus pequeñas naves hermosas y les trajera buenos regalos y felicidad el día primero del año.

Si arriesgamos más podemos relacionar la celebración de la llegada del santo en barco con el dios Dionisos en un ejemplo más de sincretismo de la antigua mitología con el cristianismo. Según el séptimo himno homérico, un día en que Dionisos estaba caminando por la isla de Naxos apareció un barco de piratas y lo secuestraron. Ocurrieron diversos prodigios que dejaron a los marinos estupefactos: el mar se convirtió en vino, del mástil surgió una vid con racimos abundantes mientras que una gran hiedra comenzó a crecer alrededor de la nave. Dionisos se transformó en león y se arrojó rugiendo contra el capitán y la tripulación que aterrorizados cayeron al mar y se transformaron en delfines. El único que quedó ileso fue el buen timonel que ya les había advertido de que era un dios.

El festival de las Dionisíacas Rurales (o Dionisíacas Menores) coincidía con la fase final del proceso de fermentación del vino, que ocurría durante los primeros fríos después del solsticio de invierno, cuando Dionisos renacía.  Y las navidades  se ajustaron a finales de diciembre para coincidir con dicha fecha, cercana al solsticio de invierno. Plinio el Viejo  relata en su  Naturalis Historia que las nonas de enero, sobre el 5 de enero en los calendarios romano y juliano, en la isla de Andros, había un estanque en el templo de Dionisos que se transformaba en  sabor y consistencia como el vino. Al día en que este fenómeno aparecía se lo llamaba “Θεοδοσία”, regalo de Dios.

El primer árbol de navidad, de esencia totalmente nórdica; con esos toques de nieves brillantes, espumillones y bolas que reflejaban una luz escasa de altas latitudes, luz que sobra sin embargo en Grecia; se armó en Navplio para disfrute del rey, Otón de Baviera. Poco a poco el abeto adornado con dorados y platas se fue comiendo al humilde barquito, con esa especie de complejo de inferioridad que tenemos los países del sur que corriendo abandonamos nuestras tradiciones para caer en brazos de otras importadas y más modernas.

Pero de un tiempo a esta parte se los ve convivir a los dos en todas las islas y pueblos, así que este fin de año quiero desearos buenos augurios en un barco como este que me mandan mis amigos, el que ha puesto el ayuntamiento de Lefkada estas navidades para iluminar el puerto.

Fotografía tomada de Lefkada.gr
Por el mar siempre llegan buenas cosas. Vamos a la orilla a esperarlas.
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Ya vienen los días largos

Por 22 diciembre, 2015 Etiquetas: , , Comentar (10 Comentarios)
Feliz Solsticio a todos los lectores, visitantes, husmeadores, copiones, curiosos, amigos, enemigos, spameros, trolles, conocidos y desconocidos que os dejais caer por aquí, por este blog. Os deseo lo mejor en este comienzo de invierno.

Como todo los solsticios, coincide con el inicio de las navidades, esas fiestas que a mi no me gustan mucho pero que nos hacen ponernos a todos sesibles y lloricas; supongo que precisamente por eso no me agradan. Así que he elegido una foto un poco cursi, para no desentonar, pero sin caer en los tópicos de bolas, nieves y renos, ni perder el colorido y el kitsch propio de estas fechas.

Ahora en serio. Qué el año nuevo os traiga a todos una buena isla donde naufragar. Allí nos vemos.

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Me compré unas cacerolas

Por 11 septiembre, 2015 Etiquetas: , , , Comentar (9 Comentarios)
Todo empezó al fondear en una playa de Sifnos, una de las Cícladas, en esas aguas tan transparentes que hacen dudar de su existencia; hasta de la de uno mismo. Buceando un poco y ensimismada con las rocas, las algas móviles y los peces zigzagueantes vi que en el fondo abundaban las piedras rojas, me sumergí para coger alguna y noté que tenían textura de arcilla, parecían restos de vasijas que el mar y el tiempo hubieran redondeado. En la playa había una hermosa casa blanca con unas grandes letras azules donde se leía: “Ceramica Antsonios”, delante de ella un muelle y una barca. Podía ser que el tal Antsonios vertiera sus desperdicios en el mar, pero aquellas piezas de barro romo debían de llevar sus años dando vueltas por la playa. La casa se veía abierta y habitada pero no había nadie a quien preguntar. Entramos a husmear un poco y vimos un antiguo horno de leña y cientos de tipos de vasijas, cacerolas, botijos y jarras desparramados por los jardines. Me picó la curiosidad y el gusanillo de que ahí había alguna historia interesante.

Sifnos es una de las Cícladas “verdes”, es decir, no es solo una roca monda y pelada si no que numerosos árboles y matorrales le dan un aspecto más fresco que el de las islas vecinas. No era la primera vez que estábamos en la isla, de la que ya conocíamos su sublime castro, uno de los más bonitos del Egeo; pero esta vez queríamos rebuscar un poco por sus calas y pueblos para encontrar su corazón. En la playa de Vathi unas sabinas inmensas daban sombra a cuatro mesas y ocho sillas; componían la taberna perfecta. Sentados con un pie en la arena y otro en el agua, con la nisiótika (música del Egeo) sonando y mirando toda la bahía como si fuera obra de un santo milagrero,  le pregunté al tabernero señalando la casa de Antsonios.

– Lleva fabricando cerámica desde 1870. Esta es la cuarta generación que se dedica al oficio.

Acabó de atormentar mi instinto rastreador y me aposté en el barco con los prismáticos dispuesta a bajar corriendo a la alfarería al más mínimo movimiento. Salió un perro a corretear por la playa y en segundos estábamos llamando nosotros a la puerta azul. Un señor muy amable nos enseñó todo el taller por dentro y nos presentó a toda la sonriente familia que se desvivía para que admiráramos su colección de vasijas, cazuelas y botijos de varias bocas que suelen coronar las chimeneas, “kaminades”, de las casas de las Cícladas. Vivían aquí mismo, en esta casa, junto a la playa; de ahí su sonrisa y la cortesía con la que la madre nos ofreció unas golosinas. Se movía con la dulzura y la calma de los que habitan sitios hermosos como este, hasta el perro deambulaba por el taller desnervado, sin temor a derribar un estante con el movimiento de su rabo.

– En esta casa vivieron, en sus tiempos, hasta 20 alfareros y sus ayudantes. Muchos tenían casa en la jora pero la dificultad de los caminos hacía imposible el ir y venir en el día. Aquí formábamos una gran familia, trabajando sin descanso hasta la llegada del caique que se fondeaba en la bahía esperando que le entregáramos la partida de cazuelas de barro. Cuando completaba la carga zarpaba para vender las piezas en otras islas, por toda Grecia, en Malta, en Italia, en Esmirna. Todo eso hasta que llegó el aluminio, irrompible, y la gente empezó a comprar pucheros y chimeneas metálicos. La mayoría de los maestros ceramistas se fueron y os digo una cosa: encuentres la alfarería que encuentres, en cualquier parte del país, os aseguro que serán descendientes de nuestros “mastoras” que se llevaron su oficio allí donde fueron. Ahora seguimos haciendo cacharros de cocina, pero con diseños llamativos para venderlas como decoración.

Ya me imaginaba yo el caique dando balances con el Meltemi y la barca de cacerolas cabeceando con las olas y derramando algo de su carga en el trasvase. Esas eran las piedras rojizas de la playa que habíamos encontrado. Era realmente sorprendente que todavía quedara alguien que pudiera desempeñar un oficio tan antiguo en este lugar tan luminoso, casi emocionaba.

No tuve más remedio que comprar una cazuela y la señora, mientras me la envolvía me preguntaba: ¿De dónde venís? Del jónico. Ah que lejos. Y ¿Cómo es el jónico? ¿Cómo son los de allí? ¿Son buena gente? Podríamos haber estado hablando de la Patagonia en iguales términos. Pensándolo bien ¿Qué se le había perdido a esa feliz señora en otra parte del mundo que no fuera Sifnos y su alfarería frente a la playa dorada?

Fotografía tomada de www.ceramicartsonios.gr

Deambulando por la isla, un día llegamos a Platy Gialos, una bahía inmensa con una gran playa en la que el impulso turístico ya había perpetrado los desmanes caóticos típicos de estos desarrollos no planeados; no era feo pero lo será. Para pasear por la playa hay que ir saltando de bar en bar y de tienda en tienda, todas puestas una junto a la otra, compitiendo por la primera línea de costa; un sitio anodino que debió de ser un espectáculo en su momento.
Pegando brincos por las terrazas pasamos por varias tiendas de cerámica; supuse que venderían piezas de Antsonios. Pero en una tercera vimos que tenía fabricación propia así que nos metimos a cotillear. El hombre era amable, pero no sonriente y en cuanto le rascamos un poco  nos empezó a contar la historia de la alfarería en Platy Gialos ilustrada con preciosas fotografías antiguas tomadas por su primo. En la bahía, en los años 50, solo había 5 o 6 casas, todas dedicadas al barro y bien distanciadas las unas de las otras. Era todo un acontecimiento, cuando el tiempo mejoraba y la oscura proa del caique aparecía en la rada al traspasar el cabo, de cada casa salían apresuradas las barcas cargadas de cazuelas remando con ímpetu; el primero en llegar era el primero en vender, la competencia y las prisas hacían que el día de la calma tras los temporales  fuera un día de nervios. Hasta 3000  personas llegaron a vivir del oficio en Sifnos.

– Luego hicieron la carretera y el caique dejó de venir. Luego vino el aluminio y se acabaron las peticiones de cacerolas. Luego construyeron el hotel del fondo y vinieron los turistas. Luego me destruyeron el horno de leña con las obras del edificio de al lado y lo puse eléctrico. Y por último los turistas que vienen en verano se compran mis cacerolas, ahora bien, repintadas y diseñadas como recuerdo de la isla.-  Yo le compré una ¿Qué otra cosa podía hacer?

Meditaba yo esa noche sobre la frágil armonía de una isla, similar a un ecosistema cerrado en el que la más mínima perturbación; una carretera; puede desequilibrar el medio y perjudicar algunas especies; los caiques, los burros; y que la aparición de individuos nuevos y más resistentes al medio; el aluminio; hacen tambalear los cimientos de todo el delicado mecanismo, lo dejan listo para que nuevas variedades oportunistas; el turismo; lo colonicen y lo transformen en algo totalmente distinto. Me dormí con la cabeza turulata y soñé con  los botijos de 4 bocas de las “kaminades”;  eran indudables extraterrestres; simpáticos por otro lado; que bajaban de sus platillos volantes para posarse sobre las chimeneas blancas de las casas de Sifnos.

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