Llevo ya un tiempo sin publicar nada y siento que la interrupción ha sido brusca, inesperada y sin muchas explicaciones; como la vida misma. Algunas historias se han quedado en el tintero y ya irán saliendo en su momento y poco a poco, como les gusta a ellas. Pero de lo que me he dado cuenta es que este mes se cumplen 6 años de vida de esta bitácora y me ha dado un poco de vértigo. Este espacio que empezó como un juego de agradecimiento y acabó convertido en mi ocupación más estimulante, en mi actividad plutónica (plutos es riqueza en griego) donde tanto él como yo cambiábamos con el paso de los años. Como era de esperar las publicaciones han perdido espontaneidad e inocencia; ahora me cuesta más encontrar ideas que sean interesantes, suficientemente buenas, redondas, llamativas, bien construidas y me esfuerzo más en buscar música y canciones a la vez que me produce terror meter la pata al traducirlas, cuando antes me lanzaba al abismo con facilidad, humildad y sin miedo a las equivocaciones; cada entrada me lleva días cuando antes eran horas.

Los caminos de este viaje interminable están escritos en el agua. El mar, a diferencia de la tierra firme, no tiene memoria ni deja rastro; las estelas se estiran y se desdibujan a nuestro paso para quedar convertidas en eternas olas y superficies en calma; los caminos se pierden para siempre. Solo importa la partida, la arribada y las recaladas para aprovisionarte en el camino. Durante todo este tiempo he buscado entre las estrellas, he indagado sobre los vientos, sobre sus nombres, sobre barcos que derivan, sobre islas que aparecen, sobre secretos escondidos y colores inolvidables; he hablado con personajes excepcionales, he hecho amistades enormes, he escudriñado entre las palabras, entre las piedras rotas y vencidas, he acariciado animales, los he visto volar y nadar con alegría, he saboreado manjares exquisitos, he merodeado por los mostradores de las tabernas, he cocinado en marmitas de formas inimaginables y bebido vinos que traían el aroma de miles de lustros. He sentido síndromes parecidos al de Stendhal, y he llorado ante la acumulación de belleza de la arquitectura más sencilla y popular. Y en cada uno de los casos he tirado de hilos que me llevaban por laberintos inquietantes y vericuetos que se encadenaban como cuentas de un rosario, con sus enigmas gozosos y dolorosos, y daban pie a historias que nacían unas de otras, como la reproducción de las amebas. He sido feliz y me he hecho más sabia. He cumplido los mandamientos de Kavafis como si fuera un catecismo. Y han pasado 6 años.

Hace unos días volvía de Grecia en mi coche acompañada de mi amiga y tabernera favorita, Vula, que quería visitar a su hija en Italia. La despedida fue melancólica como siempre, porque Lefkada tiene el defecto de ponerse hermosa en octubre, cuando las lluvias tornan brillantes sus campos; y mis ojos. Pero en el fondo fue un adiós entrañable, salió a saludar todo el pueblo mientras Vula cargaba el coche, hasta el límite del estallido, con patatas, huevos, pollos y vino. Los vecinos andaban tristones también porque se vaciaban las calles y solo quedaban cientos de gatos hambrientos y peleones. Pero Vula les dio las llaves para que siguieran jugando a cartas y tomando café como si nada; a cambio ellos debían dar de comer a las gallinas, pasear a las cabras y regar las plantas si se terciaba.

Cuando emprendimos el camino yo tenía la imaginación constreñida por los sucesos de la vida y se había cerrado la espita de las cosas que normalmente salían de mi cabeza, como un torrente por estas épocas del año, en forma de cuentos para contar. Vula se puso a charlar por los codos entre saltos de huevos con patatas y a contarme tantas cosas de Grecia, de los griegos, de cómo han cambiado, de cómo era Lefkada cuando ella la conoció, de cómo antes la gente se peleaba por invitar a un forastero a su casa y ahora el turismo todo lo ha alterado, de cómo se prepara la trajaná; una pasta artesanal y nutritiva; de cómo habla con sus cabras, de cómo se indigna por que las playas se llenen de tumbonas sin dejar espacio, de que el mar esté sucio, de los restos arqueológicos abandonados, de la horrible bota germanoeuropea, de las navidades y del Panigiri de agosto, de cotilleos de Evgiros y de afrentas jamás olvidadas. Y yo sin grabadora en el coche. Pero poco a poco, con su cháchara inacabable, se fueron destapando los tapones de mi cabeza como “plofs” espumosos, dejando fluir un poco de linfa por mi cerebro. Si el viaje hubiera continuado y en vez de en Pescara se hubiera bajado en Moscú; con sus pollos y sus huevos dejados caer en medio de la Plaza Roja; ahora mismo tendría argumentos para escribir un novelón más extenso que Guerra y Paz.

Así que hoy me permito felicitarme a mí misma por mi 6º cumpleaños, con la esperanza de que me dure el fuelle por muchos más. Y para celebrarlo he elegido esta canción de Giorgos Kazantzis que lleva en el título el nombre de mi barco: La Maga. Hace mucho tiempo que llevo dándole vueltas pero la traducción de la letra me ha resultado dificultosa y aun hoy por hoy no estoy segura de haberle dado el giro adecuado. Así que se admiten correcciones; bueno, eso siempre. La interpreta Fotiní Belesiotu, una voz quebrada y oscura que sorprende desde los primeros compases pero de la que no te puedes despegar, me gusta todo lo que canta. Ya publiqué otra hermosa canción suya y también me costó mucho de traducir, de hecho se quedó solo apuntalada.

Hasta la próxima y buena suerte.

 

Αγγελος ή μάγισσα.

Νύχτα θα φορέσω κι ας χαθώ
νύχτα να φωτίζει τη ματιά μου.
Λίγο αν σε φτάσω, θα χαρώ.
Πάλι αν σε κερδίσω, χάρισμά μου.

Έκαψα για σένα τα σημάδια μου,
λίγο θλίψη, λίγο χάδι, λίγο ράγισμα.
Έπαιξα στ’ αστέρια τα σκοτάδια μου,
να με θες σα νά ‘μουν άγγελος ή μάγισσα.

Κόκκινα τραγούδια θα σου πω
κι όλα σου τα μαύρα θα τα ρίξω
πίσω από του χρόνου το γκρεμό
μέσα στου φιλιού το πρώτο ρίσκο.

Έκαψα για σένα …

Angel o maga

Me vestiré de noche aunque me pierda
y que la noche ilumine mi mirada.
Poco antes de alcanzarte gozaré
Si te recupero serás mi premio.

Quemé por ti todas mis marcas
algo de pena, algo de caricias, algo de quebranto
Representé en las estrellas mi lado oscuro
para que me quieras como a un ángel o una maga.

Te cantaré canciones encarnadas
para arrojar tu mala suerte
antes del momento del abismo
dentro del peligro del primer beso.

Quemé por ti…

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